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Estudios del trabajo en América Latina, con énfasis en Venezuela
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De nuevo abordamos la insatisfacción de los trabajadores complementando el artículo de la semana pasada. Se trata de investigación emprendida con Hermes Carmona, dirigida a indagar en el tema de la insatisfacción de los trabajadores papeleros venezolanos, examinando la situación de la fuerza de trabajo existente en las empresas productoras de papel y cartón, en las regiones consideradas de alta propensión industrial en Venezuela, como lo son los Estados Aragua y Carabobo. En estas empresas laboran aproximadamente ocho mil trabajadores, distribuidos en seis empresas. Además se destaca el eslabonamiento aguas abajo que este sector tiene con otros como las artes gráficas, el sector de empaque y embalaje, productos de aseo, higiene personal y el sector educativo.
Es oportuno destacar que el Instituto Nacional de Estadísticas, tiene un notable atraso con la elaboración de las encuestas industriales cuantitativas, su más reciente publicación es del año 2004, y sólo ofrece datos globales del sector manufacturero. Es una limitante no sólo para la investigación en los medios académicos, sino más grave aún, para la propia planificación y elaboración de políticas públicas. Es esta información la que nos dice sobre la demanda de trabajo y de insumos en general.
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Retomando el tema de la insatisfacción, y el análisis que los trabajadores se comprometan con su trabajo, lo principal es diagnosticar la situación, conocer las diferentes percepciones de los problemas, y luego poder generar soluciones de acuerdo a la realidad de cada organización. Para ello es necesaria la comprensión global del fenómeno y la construcción de un modelo evaluador, utilizando adecuadamente los métodos cualitativos y cuantitativos de investigación social, los cuales reflejan un resultado integral, con una visión más apropiada de la totalidad del problema
Se enfocó el fenómeno de la insatisfacción laboral en tanto se ha demostrado por investigadores, su íntima relación con la calidad de vida en el trabajo. La insatisfacción viene siendo la respuesta a una mala gestión de los recursos humanos y a una economía en crisis (desequilibrios estructurales, baja productividad, baja capacidad social, pobreza, corrupción y asistencialismo). En este segmento se formuló el problema de investigación, fundamentándose en el aporte que se pretende dar a este aspecto de las ciencias sociales, al establecer una teoría de insatisfacción laboral, que enriquezca a la teoría bifactorial que comprime las causas solamente a factores higiénicos y motivadores; hay otros factores que resurgen en estas latitudes, como el poder, la identidad de la tarea, y la ideología, que permiten explicar algunas conductas laborales.
Por estas razones, se decidió abordar el tema de la insatisfacción laboral de los trabajadores papeleros, con el propósito de explicar los cambios recientes en las relaciones de trabajo en el sector industrial y diseñar un modelo para medir esta insatisfacción laboral a través de las variables que afectan la organización del trabajo en las empresas papeleras venezolanas.
El aporte fundamental de esta investigación estuvo centrado en la comprensión de todos estos cambios sociales, y en un segundo plano, en la elaboración de un modelo para monitorear la situación de los trabajadores del sector papelero ubicado en Aragua y Carabobo.
El poder de los trabajadores, proveniente de los nuevos esquemas de gestión empresarial, pudo haber sido un satisfactor importante para el trabajador papelero venezolano,aún cuando en algunos casos, bajen los rendimientos en la producción. En el sector papelero, al igual que en el resto de las relaciones de trabajo del país, se ha incentivado la creación de nuevos sindicatos, para oponerlos a los que ya existían, dando lugar en el fondo al debilitamiento del movimiento de los trabajadores.
¿Cómo se relacionan las competencias y la insatisfacción laboral? El análisis muestra una correlación baja entre insatisfacción y competencias, pero es significativa la correlación entre competencias y estrés e identidad de la tarea, las competencias pueden entonces ayudar a reducir el estrés y en consecuencia a reducir la insatisfacción, la otra lectura que se le puede dar a estos resultados es que las competencias en general de estos trabajadores es baja. El comentario cualitativo que normalmente hicieron los Gerentes era el siguiente “el trabajador malo de hace 15 años, es el bueno de ahora”.
¿Cómo han respondido los trabajadores a estas nuevas situaciones? ¿Qué tipo de ajustes han hecho en sus hábitos y en sus relaciones? La investigación sugiere que la motivación interna de los sujetos tiene un efecto directo sobre su situación laboral. Las personas insatisfechas durarán menos tiempo empleados en puestos denigrantes, o desempleados porque desarrollarán competencias para optar por nuevos empleos o se convertirán en emprendedores. En este caso, la pérdida del empleo anterior se convierte en un acicate para la independencia económica, aunque casi siempre en condiciones precarias e informales. A menos empleos industriales formales, más pobreza en la producción y en la calidad de vida de las personas.
En los últimos años compartiendo con Hermes Carmona, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, hemos trabajado en investigación cuyo objetivo principal fue explicar la insatisfacción laboral, debida a los cambios en el trabajo en las empresas papeleras venezolanas. Se planteó que los cambios laborales afectaron los niveles de insatisfacción percibida en los trabajadores papeleros.
La importancia de los trabajadores ha sido revalorizada en la política laboral actual, se le ha apoyado mediante modificaciones al marco regulatorio, nuevos ordenamientos legales y la emisión de decretos que intentan garantizar la estabilidad del trabajador y mejorar sus condiciones laborales, pero el problema de fondo (la insatisfacción) subsiste. Son pocas las empresas que se dan cuenta que muchas veces su única ventaja en el mundo competitivo empresarial es su personal, cuando los factores que causan insatisfacción laboral han sido reducidos o eliminados por completo.
Un trabajador comprometido y motivado, conserva un talante positivo frente a sus labores, compañeros y organización, tiene mejor desempeño, se siente parte integrante de la misma, con lo cual logra alcanzar sus objetivos a través de la consecución de los logros de la organización ya que da ese extra que es lo que distingue a las organizaciones exitosas de las demás. Toda organización debe identificar las oportunidades de mejora e influir positivamente en su personal.
¿Cuáles fueron los factores que mejor determinan la insatisfacción laboral de los trabajadores papeleros venezolanos? De acuerdo a los resultados; el salario, compañeros de trabajo, percepción del tiempo de trabajo y gusto por el trabajo son las preguntas más poderosas para medir insatisfacción. En segundo lugar el estrés laboral, cuando las demandas de la tarea, superan a las habilidades y competencias. En tercer lugar la identidad de la tarea, el sentido de la misma y la posibilidad de ver el proceso de principio a fin, la desagregación del trabajo hace que el trabajador no tenga claro el sentido final de lo que hace. En cuarto lugar, la falta de autonomía, la imposibilidad de usar su propio juicio, el no ser tomados en cuenta. En quinto lugar la no satisfacción de sus necesidades, muy relacionada con la manera como los sindicatos y la empresa negocian los contratos, prácticamente a espaldas de los trabajadores. En sexto lugar los problemas ergonómicos (esfuerzo, calor, ruido, posturas) no resueltos.
¿Qué factores afectan la insatisfacción laboral? Esta investigación sugirió inicialmente que los niveles de insatisfacción laboral en el sector industrial papelero venezolano están siendo afectados por otros factores que se agregan a las necesidades tradicionalmente estudiadas en los cursos de dirección y administración de empresas. El estrés en los trabajadores aparece con la mayor correlación con la insatisfacción. Las relaciones laborales, en especial los sistemas de contratación y la conflictividad sindical aparecen como grandes perturbadores del trabajo.
¿Cómo afecta el sistema de gestión la insatisfacción laboral? En Venezuela se observaron al menos tres tipos de culturas o sistemas de gestión. En la empresa Invepal se realizó un experimento inicialmente basado en cogestión y cooperativismo, y que finalmente se ha convertido en otra empresa estatal ineficiente y pocos resultados que mostrar, pero con mucho resentimiento y explotación, sin convención colectiva y un lugar peligroso como sitio de trabajo.
Los molinos de capital nacional tienen esquemas autárquicos de gestión, estas empresas intentan sobrevivir, pero con poca inversión, y existen empresas trasnacionales que responden a las directrices externas, que han crecido en medio de la incertidumbre. Los mejores salarios son pagados por las trasnacionales. Los esquemas cogestionarios produjeron muchas insatisfacciones laborales.
Este artículo adelanta estas conclusiones preliminares, luego se aportarán otros resultados. Se tiene la convicción de la necesidad de estudiar las experiencias de gestión que acompañan los procesos de estatización y expropiación masiva de entidades productivas. Se trata, en la mayoría de los casos, de esfuerzos productivos que venían funcionando, y desde el punto de vista productivo, lo que se trata es que la nueva forma de organización y gestión supere a la anterior.
Lo anterior lleva a replantear elementos fundamentales de los mercados laborales. De eso se trata esta contribución. El análisis de los mercados laborales debe ocupar un lugar privilegiado en las políticas laborales, ya que es en este mercado en donde se ubica la fuerza de trabajo y en donde se produce la interacción con el capital. La naturaleza de las Relaciones de Trabajo estará determinada por factores históricos, culturales, políticos, nivel de desarrollo material y los mercados laborales. Su tratamiento implica consideraciones demográficas, el empleo, las remuneraciones, la productividad, las calificaciones, nuevas tecnologías y la formación de la fuerza de trabajo. Para la fuerza de trabajo, se trata del medio de sobrevivencia y de reproducción. Para los empleadores, se trata del elemento esencial para mover el aparato productivo que provee bienes y servicios al mercado, y le retribuye una rentabilidad.
El tema del empleo se asocia detenidamente con la composición de la población y los cambios demográficos y de mercado laboral, que se vienen observando. Hay que destacar que seguimos manteniendo un crecimiento demográfico alto -2 %-, por encima del promedio latinoamericano y por tanto comprometedor para las políticas de empleo. Lo que hace del tema, no tanto un asunto económico y social, sino cada vez más político.
Pero lo más importante es tener presente la cada vez mayor participación de una fuerza laboral, que se le hace casi imposible en su proyecto de vida, contar con un empleo de largo plazo en una organización determinada y en una ocupación específica. Que su entrada y salida al mercado laboral ocurrirá varias veces en su vida, que cambiará de ocupación, que entrará y saldrá del empleo asalariado al independiente y viceversa, que tendrá ocasionalmente ciclos de pluriempleo, compuesto por uno asalariado y otro independiente, o también varias actividades independientes, y también ciclos de desempleo; que estudiará una carrera determinada, y, desempeñará ocupaciones bien diferentes. En fin la incertidumbre dominará su existencia en el mundo del trabajo. Si las empresas afirman que viven en situaciones de incertidumbre en estos tiempos de globalización y mercados abiertos, difícilmente se pueda pensar lo contrario con quienes son los débiles de la relación laboral, cuya incertidumbre afecta al individuo, a la familia y a la sociedad en general.
En la última década el Estado se ha convertido en el gran empleador, superando ya los dos y medio millones de servidores, casi el 21% de la población ocupada. Uno de cada cinco empleados en Venezuela depende directamente del empleo estatal, aparte de la existencia de cooperativas, contratistas y proveedores que viven de ser prestadores exclusivos o casi exclusivos de servicios como personas jurídicas a entes estatales, lo que agrega a otros dependientes económicos de las actividades estatales. Esta dimensión extraordinaria del empleo público no ha venido acompañada de la generación de mayor riqueza y bienestar. Analizarlo es un capítulo pendiente. Por ser el empleo un derecho fundamental de los ciudadanos, es necesaria la apertura de un debate sobre el tema.
Otro debate prioritario en la materia, es la calidad de los empleos. En el sector público el tema de la discriminación, la congelación y la pérdida de beneficios históricos, son asuntos muy visibilizados, con el agravante de la inacción de la administración del trabajo. Todo ello se traduce en un continuado deterioro de los empleos estatales. En el sector privado, no obstante de un continuado proceso de creación de regulaciones protectoras, la falta de garantías y confianza para las actividades empresariales privadas, se combinan para que los empleos que se crean sean cada vez más en actividades informales.
Terminamos recordando la Declaración relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo aprobada por los países miembros de la OIT en 1998, por supuesto nuestro país incluido. Comprende la libertad de asociación; la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva; la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio; la abolición efectiva del trabajo infantil; y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación. En este marco se construye el empleo de calidad, que es aquel definido como de productividad aceptable, que permite por lo tanto una remuneración digna, con cierta estabilidad en el trabajo, acceso a protección social y a mejoras de formación, sustentable con ello a lo largo del tiempo, teniendo presente, la necesidad de que los mismos sean dentro de principios de inclusión y no discriminación.
Venezuela Bicentenaria ha celebrado en el último año dos fechas constitutivas de su nacionalidad, el 19 de Abril y el 5 de Julio. Recogen dos procesos promovidos por elites civiles que luego dieron lugar a una cruenta guerra que terminó diez años más tarde en el Campo de Carabobo. Sin embargo las elites militares continuaron sus campañas bélicas independentistas en los países andinos, hasta bien entrada la tercera década del siglo XIX.
Lo anterior nos conduce a destacar que el siglo XIX estuvo muy marcado por lo militar. Por un lado, una larga guerra independentista. Notablemente más larga y costosa que la de países que rápidamente lograron un mayor desarrollo socioeconómico que Venezuela, tales son los casos de Argentina, Uruguay, Brasil, Chile. Luego un siglo XIX que testificó una gran cantidad de conflictos armados en el interior del país. Agregándose el consenso que predomina entre los historiadores en considerar que en Venezuela el siglo XX empezó en 1936, con el fin de la dictadura de J V Gómez, por el dique que representaba este régimen para el desarrollo cívico.
Todo ello dando lugar a inestabilidad y dificultades para la construcción de una nación. Entre 1830 y 1936, Venezuela tuvo diez y ocho Constituciones Nacionales. En los últimos setenta y cinco años (1936 a la fecha), el país ha sido regido por seis Constituciones; siendo la de 1961, que estuvo vigente durante treinta y ocho años hasta 1999, el más largo y estable período en la historia constitucional de la República. Se deduce que este hecho contribuyó en cierta medida a brindar mayores oportunidades para el desarrollo institucional del país.
La estabilidad institucional es condición necesaria para el desarrollo de los procesos productivos, por tanto en las primeras décadas del siglo XX, el país ofrecía una estructura productiva atrasada. La economía venezolana se caracterizaba por ser exportadora agropecuaria. Los rubros más importantes de exportación y factores
dominantes en la balanza de pagos eran café, cacao y ganado vacuno. Tales actividades daban ocupación y modestos ingresos a un porcentaje sustancial de la población activa venezolana.
La actividad agropecuaria se caracterizaba por ser técnicamente atrasada, uso de instrumentos y métodos de trabajo rudimentarios, baja productividad, con una estructura de tenencia y explotación de la tierra bajo formas latifundistas, lo que determinaba unas relaciones de trabajo precapitalistas. Para los volúmenes de producción el campo estaba sobrepoblado, con una productividad mínima.
Cuando hablamos de la existencia de regímenes precapitalistas en el campo, referimos específicamente al régimen del peonaje y del campesinado.
Aunque los peones eran trabajadores libres, esta relación laboral que incluye a la familia, que incorpora una reducida superficie de tierra, el pago en especie de la remuneración o en todo caso en vales o fichas que sólo tenían poder adquisitivo en la hacienda, todos estos elementos establecen una relación de dependencia del peón con respecto a las tierras de su amo y anula su libertad; a esto debemos sumarle el progresivo endeudamiento del trabajador.
Obviamente no estamos en presencia de relaciones de producción capitalista. Se trata de una heterogénea figura que admite parcialmente el salario, pero simultáneamente se observan elementos típicos de la servidumbre y algunos vestigios del esclavismo.
Coexistiendo con el régimen del peonaje, existen los campesinos arrendatarios. Sus relaciones de explotación con los propietarios de la tierra se hacen sobre la base de la renta-trabajo, renta-especie y renta-dinero. Se trata de tres diferentes manifestaciones del régimen del latifundismo.
En el primer caso la explotación se fundamenta en la obtención por parte del latifundista de trabajo gratis, a cambio de la concesión de un reducido lote de tierra para el campesino con su familia, para que lo trabajen y subsistan. El segundo caso se trata de compartir el producto resultante del trabajo del campesino, sistema también denominado medianería, y el tercer caso la renta-dinero, se trata de pagar un determinado canon de arrendamiento al propietario de la tierra. Este régimen constituye el menos atrasado de los descritos y tiene su mayor auge al iniciarse el ausentismo latifundista.
Venezuela tiene ochenta años de explotación y exportación de petróleo, que le han brindado la oportunidad de desarrollarse. También se han modernizado y han nacido otras actividades productivas. Ciertamente el país de los años veinte y treinta del siglo pasado es otro al que hoy tenemos. Aunque la dominación de la monarquía española ya no existe, en este Bicentenario persisten dependencias muy importantes que no se han logrado vencer y superar. Además de celebrar, se impone reflexionar sobre las carencias y precariedades que como sociedad persisten.
La riqueza otorgada por la naturaleza -lo que la economía clásica identifica como el factor tierra-, junto a capital y trabajo constituyen los factores básicos de producción con los cuales se logran los bienes y servicios necesarios para el consumo social.
La nación venezolana devino en el siglo XX en un país predominantemente minero, el petróleo en primer lugar, y luego el hierro y otros minerales, todo gracias a la generosidad de la naturaleza, aunado a la importancia que estos productos han tenido en la vida moderna.
A estas alturas del desarrollo de la humanidad se puede advertir que ningún país en la faz de la tierra, logra alcanzar un bienestar importante por la pura tenencia y explotación de estos recursos primarios. Ni siquiera aquellos que lo hacen plenamente con sus propias empresas y recursos tecnológicos. Así que las llamadas ventajas comparativas, por sí sola no representan la clave del bienestar y estabilidad económica. A estos productos primarios toca desarrollar actividades de transformación que le aumenten el valor de uso y de cambio, y ese es el reto que tenemos por delante.
Le brindamos primacía al factor Trabajo como clave del desarrollo; entendiéndolo en una dimensión amplia, que va desde el trabajo operativo, el trabajo obrero, hasta el trabajo gerencial y directivo. Todo acompañado del sistema de ciencia y tecnología, en donde tienen lugar fundamental las instituciones capacitadoras y académicas formadoras de las calificaciones a todo nivel, y las instituciones que profundizan en la adecuación, transferencia y la búsqueda de conocimientos y saberes.
Por supuesto, dado que somos un país minero por la generosidad de la naturaleza, toca a partir de ahí, construir la plataforma que ha de servir de pilar para el desarrollo sostenible e independiente, en el entendido de la normalidad de los intercambios propios de las relaciones entre los países, por los mecanismos de integración y complementación.
Si petróleo, hierro y aluminio han de servir al desarrollo, habría que manejar las actividades productivas en estos campos de una manera ejemplar y modélica. Si de esos sectores han de salir los recursos que le extraemos a la naturaleza, propiedad de la nación, para convertirlos en productos comercializables en el resto de la economía del país y en el mundo, no se concibe que actualmente estas empresas estén altamente endeudadas y con problemas de funcionamiento, que incluso comprometen con financistas extranjeros gubernamentales y privados, su presente y futuro. Todo comprometiendo la soberanía nacional.
Por ello el funcionamiento de las empresas primarias y de los sectores básicos, reciben la atención preferente y vigilante de la sociedad. Y lo que más se vigila es el funcionamiento de factor Trabajo, pero entendido desde sus niveles directivos hasta la más sencilla actividad laboral.
En la historia de las sociedades que alcanzan los más altos niveles de bienestar y estabilidad, su elemento clave ha sido el factor Trabajo. No basta la riqueza tierra o naturaleza. Hay que convertirla a base del trabajo y del capital en productos, que mientras más trabajo y conocimiento tengan, más valor adquiere y brinda más bienestar a la sociedad que lo genera.
Ese ha sido el desafío del siglo XX, y persiste en este inicio del siglo XXI, para la sociedad venezolana y para toda América Latina. Aquí cabe invocar que el factor Trabajo conlleva construir los esquemas y acuerdos, que hagan de él un elemento decisivo y constructivo en la búsqueda del la producción y el bienestar.
En los acuerdos y esquemas que orientan el desarrollo del factor Trabajo, juega papel determinante el factor ética y valores. La cultura del trabajo se viene a menos si no se construye y mantiene una ética en el ejercicio laboral desde el nivel más alto.
Los tropiezos y escándalos ocurridos frecuentemente en las empresas estatales que atienden los sectores mencionados, de no ser atacados ejemplarmente corroen la cultura del Trabajo, y seguiremos dependiendo de la más pobre de las riquezas, como es basar la sostenibilidad económica en la explotación minera.
El rol de los trabajadores cobra sentido protagónico, en tanto exista un nivel de organización del movimiento que permita construir democráticamente sus propuestas y lograr la adhesión del mayor número de seguidores, incluidos también sectores aliados, como pueden ser aquellos provenientes de los sectores profesionales e intelectuales. Este enunciado remite a que en el seno de los propios actores laborales ha de ocurrir la elaboración de sus posiciones.
Desde inicios de los ochenta los trabajadores han venido perdiendo poder adquisitivo, así también la remuneración del trabajo a nivel macroeconómico ha venido disminuyendo. Según datos de la Cepal, la participación del capital y del trabajo en los ingresos nacionales, era de 60% y 40% respectivamente en 1998, ha pasado en el 2008 a 69% y 31%, el primero ha subido sustancialmente y el segundo ha bajado.
Ello lleva a justificar un replanteo de la relación de los trabajadores con los empleadores. Así también la sindicación y la contractualización han venido disminuyendo. Por otro lado se ha estancado la generación de empleos formales. Esta situación conduce al dilema de si más empleo o más regulación. Hay un debate entre los investigadores del tema, en donde algunos consideran que a más regulaciones más informalidad, porque los empresarios entonces evitan crear empleos, y hasta el mismo gobierno recurre a la informalización. Pero también se considera que el ataque estatal a las evasiones de protección o tutela laboral por parte de empleadores, demanda a su vez regulaciones, con el fin último de formalizar la situación de los informarles.
Si bien este no necesariamente es un dilema explícito en las políticas públicas y en el accionar empresarial, al final de cuentas ocurre que en la generación de empleos la mayor parte se ubica en empleos desprotegidos y de baja calidad. Incluso es un fenómeno que igualmente ocurre en los ámbitos privados y públicos.
Sobre las nuevas formas de RR.II. hay un potencial importante para su replanteamiento. Veamos elementos constitutivos o básicos de las mismas. Por un lado el grado de difusión de las RR.II. maduras, llamemos aquellas en donde los trabajadores están organizados y logran con los empleadores una relación de reconocimiento y respeto mutuo que da lugar a relaciones contractualizadas estables. Este segmento de las RR.II. ha venido disminuyendo, y hoy refiere a una minoría de la población trabajadora. La mayoría no está organizada sindicalmente ni disfruta de relaciones contractualizadas, aunque una parte de ella son receptoras de los beneficios básicos de la legislación laboral, pero al final el conglomerado excluido es de magnitudes respetables.
Conspira en contra de este propósito el que en el seno del movimiento se experimenten desgastes derivados de confrontaciones internas. Mientras, se carece de capacidades consistentes para conducir los procesos productivos. A pesar de las proposiciones estatales en construir y desarrollar opciones productivas que sean más avanzadas en producción, solidaridad y eficiencia que las formas tradicionales capitalistas, los resultados han sido opuestos. Pudiera al final sugerirse que los trabajadores tuvieron oportunidades de dirigir empresas y no pudieron. Resultan discutibles las tales oportunidades. La investigación tiene ahí una tarea importante.
Conviene reiterar que el sector que mayores aportes ha brindado a las innovaciones en el ámbito de RR.II. ha sido el sector manufacturero, incluyendo al petrolero –refinerías–. Resulta que este aparato productivo se ha venido reduciendo, tanto en aportes al producto interno bruto, como en su fuerza de trabajo.
Por otro lado, en las nuevas institucionalidades se privilegia la organización de movimientos sociales a partir de los espacios de vida, y no de producción. En ese orden se ubican los consejos comunales, entre otras formas organizativas al margen de la producción. Pero a estas formas se les dota, desde las políticas públicas de importantes recursos y áreas de influencia, que llegan incluso a los espacios productivos, en donde las RR.II. experimentan efectos que fragmentan sus instituciones.
Estamos viviendo el desarrollo laboral de una sociedad en un proceso de revisión institucional. Si las nuevas instituciones emergentes echarán raíces, es difícil anticiparlo. El panorama es complejo, por tanto no es un ejercicio fácil precisar el curso que han de tomar las RR.II. Ha de seguirse en la profundización interminable del análisis de las transformaciones en curso, aunque también ha de tenerse presente, que al cabo de varios años pudieran ser propuestas de las cuales poco se hable. En la historia hay evidencia de que aquellos procesos o instituciones que no internalizan los propios actores del mundo del trabajo, finalmente no encajan sus raíces en el funcionamiento de las RR.II.
Un intercambio reciente sobre las formas de representación de los trabajadores, replantea la preocupación por el hecho de observar en las políticas laborales publicas que se viene adelantando y promoviendo, un conjunto diverso de formas de representación.
Un hecho reconocido históricamente es la asimetría de poder entre el patrono y el trabajador. A lo sumo en las pequeñas organizaciones de poca generación de riqueza, la relación de ambos guarda una desigualdad moderada. Pero en la medida que las empresas logran avances en la producción y crecimiento, se va abriendo una brecha del poder de ella y los trabajadores; es ahí es donde se dan las condiciones para que éstos sientan la necesidad de organizar alguna forma de representación e intercambio con la patronal, que ha de traducirse en mecanismos de negociación y acuerdos.
La forma de representación dominante en la historia de las relaciones empresas y trabajadores ha sido el sindicato de asalariados. En los países de capitalismo más antiguo este hecho nos remonta a la segunda mitad del siglo XIX. En países de desarrollo capitalista tardío y además dependiente, como es el caso nuestro, es un fenómeno más reciente, digamos el segundo tercio del pasado siglo. Aunque sin que fuera un fenómeno de extensión nacional, sino sólo en actividades muy puntuales, que por su estructura económica y productiva ofrecieron las condiciones para la organización sindical de los trabajadores.
En nuestro caso, con una estructura económica que adopto la industrialización tardíamente, apenas en los años cincuenta y sesenta; y que paradójicamente, por otro lado empezó tempranamente a desindustrializarce. Ya en los ochenta se hacen evidentes signos en tal sentido, que se agudizan en los noventa y en lo que va de siglo XXI.
Se reconoce que el hábitat más propicio para el desarrollo sindical, es el industrial o manufacturero, aquel en donde los procesos productivos y la organización del trabajo requieren de un liderazgo empresarial, tanto en el nivel directivo como gerencial, de una notable dosis de emprendimiento, innovación y creatividad, así como de una compleja relación con la fuerza de trabajo, por las calificaciones y destrezas que esta adquiere.
Con lo anterior se destaca que se trata de una organización representativa que nació y creció, a tono con las actividades productivas predominantes en la estructura económica en el país, y ellas fueron en primer término actividades vinculadas con el sector primario, tal es el caso del petrolero y del minero. El primero evidenciando organizaciones sindicales constituidas en los años treinta y el segundo en los años cincuenta.
Tenemos entonces que las organizaciones de trabajadores vinculadas con las actividades de transformación, donde se incluyen los siderúrgicos, los procesadores de aluminio, de electricidad, de bienes de consumo industrial y doméstico derivados de procesos de transformación, son parte de nuestra historia laboral de apenas los años sesenta para acá. En términos históricas son organizaciones con un pasado corto. A lo sumo esto nos remite a dos generaciones de población obrera sindicalizada, en estos sectores.
Ha habido es este corto lapso un proceso en muchas de las organizaciones productivas de nacimiento, aprendizaje, sostenimiento, crisis y declinación. En esta consideración, cabe hacer la distinción que las organizaciones cuando provienen del capital extranjero, cuentan en su haber con la experiencia adquirida en otros lares, por supuesto que ello abona del lado patronal. Teniendo presente que esas experiencias que trae la inversión extranjera, ya sea por tenencia de la propiedad o por asociación con inversores locales, estatales o privados, brinda ventajas que se hacen presentes en los diversos ámbitos de funcionamiento empresarial, sea productivo, administrativo como laboral.
En el país son pocas las organizaciones empresariales que muestran un historial que cubra este lapso de sesenta años de crecimiento y desarrollo sostenido, con una conducción autónoma, que al mismo tiempo sea innovadora y creativa en los procesos productivos, y que todo ello permita el hábitat para el desarrollo de las organizaciones autónomas de los trabajadores, traducido en mejoramiento continuo de las condiciones de trabajo y de la calidad de vida. Se trata de un escenario de escasez de este tipo de organización productiva.
Con este artículo, en el fondo se quiere llamar la atención que no es viable un desarrollo genuino en lo sindical en tanto igualmente no ocurra un desarrollo productivo. Un empresariado sostenido de la renta petrolero, así como un Estado empresario improvisado y arbitrario, no construyen la estructura productiva generadora de riquezas y condiciones para un desarrollo sindical sólido.
Por ello, así como un alto porcentaje del empresariado se ha caracterizado por arrimarse a las ventajas estatales, otro tanto ha hecho buena parte del sindicalismo. Pero este problema no se resuelve con la creación desde el Estado de nuevas formas de representación, sean consejos, delegados, milicias o el nombre que adopten. Más bien, todo esto remite a ser interpretado como una nueva forma de anti sindicalismo, que llevaría a los colectivos laborales a situaciones que parecían superadas.
La Reducción del Tiempo de Trabajo y algunas de sus consideraciones es el tema de análisis. Algunas razones en el orden legislativo invitan a tenerlo presente, aunque por otro lado existen razones que le quitan primacía o vigencia a este tema, al menos en la actual coyuntura venezolana.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela señala en su Artículo 95 “… Se propenderá a la progresiva disminuciónde la jornada de trabajo dentro del interés social y del ámbito que se determine y se dispondrá lo conveniente para la mejor utilización del tiempo libre en beneficio del desarrollo físico, espiritual y cultural de los trabajadores y trabajadoras.”
Desde hace ya largo tiempo, el tema de la reducción de la jornada es motivo de propuestas que enganchan relativamente fácil al mundo de los trabajadores. Aunque cuando los ingresos son insuficientes, en muchos casos se convierten en formulas para finalmente trabajar más, ya que se dan posibilidades para un segundo empleo.
Si bien el compromiso constitucional se intentó materializar con la propuesta planteada por el Ejecutivo de reforma constitucional del 2007, en donde se incluía una pronunciada disminución de la jornada de trabajo, que como se sabe no resultó victoriosa en el referéndum de entonces.
Cuatro años más tarde, según el Presidente de la República, el planteamiento ha quedado descartado. Observamos que el país ha venido obteniendo resultados productivos menguados. Sus índices de producción y productividad vienen en declive. Además diversas y complejas situaciones en el funcionamiento social y económico, hacen la vida de las ciudades complicadas. Temas como transporte, vialidad e inseguridad, atentan contra los ciudadanos, pero con mayor fuerza a los sectores más pobres. Todo ello repercute en el tiempo de trabajo y de vida.
Conviene recordar que el tiempo de trabajo no es independiente de todos los tiempos en los cuales participa el ciudadano y la familia en su conjunto. El tiempo productivo y el tiempo reproductivo no son ajenos. Se complementan e integran. Más notorio ante el hecho de la reducción del tamaño de la familia, y la orientación hacia la estructura nuclear, que hace descansar en la pareja la atención del hogar, de los descendientes y eventualmente de algún ascendiente.
En el tiempo de trabajo no hay que dejar de mencionar la dimensión temporal que se tome como referente. En nuestro medio, predomina en los análisis la dimensión diaria, refiriéndose al máximo de horas que se dedican al trabajo. Pero la dimensión semanal, mensual, anual y de ciclos aún más largos, hasta llegar a la vida laboral total, son referentes que contribuyen a un mejor análisis del fenómeno.
Lo anterior no resta importancia a la dimensión al interior de la jornada misma. En donde está el tema de la intensificación y control. No es por azar que el desarrollo de las técnicas empresariales para optimizar los procesos de trabajo, prestan especial atención al tema de la porosidad de la jornada de trabajo. La clásica reducción del tiempo muerto.
El aporte de los datos que contribuyan al entendimiento y análisis del tema tiempo de trabajo, es una acción que se espera de los órganos públicos y privados relacionados con el problema. Hace falta conocer el número de horas efectivamente trabajadas según la diversidad de sectores productivos, y a lo largo del año. Las autoridades exigen los horarios de trabajo, demandan permisos para trabajo extraordinario, entre otros asuntos vinculados con el problema, pero poco o nada se hace con dicha información. Si toca decidir sobre tiempo de trabajo, los insumos se entregan periódicamente. Claro, falta organizarlos y publicarlos, para que la sociedad junto con sus experiencias contribuya al análisis del problema y la presentación de propuestas.
Acaba de salir de imprenta el Cuaderno No 6 “Una lectura Sociológica de la Venezuela Actual” dedicado al tema de la Violencia. Esta publicación es editada por la Universidad Católica “Andrés Bello”; recoge el Prólogo de Verónica Zubillaga y tres trabajos de investigación sobre el tema: “Violencia en el hogar y en las relaciones intimas” – Tito Lacruz-, “Alternativas a la Violencia: lecciones de los Evangélicos”, de David Smilde, y “Violencia Sindical” de nuestra autoría. Destacaremos algunos planteamientos del prólogo vinculándolos con el mundo del trabajo, dejando para otras fechas reflexiones sobre los otros temas.
La violencia es caracterizada por los estudiosos como urbana y social, ya que la mayor parte de los homicidios ocurren en las urbes donde se concentran mayor riqueza y movimiento económico, y mayor desigualdad social, tales son los casos de Caracas, Maracaibo, Valencia y Ciudad Guayana. La prologuista también caracteriza esta violencia de carácter difuso, pues no se trata de un conflicto central sino una conflictividad expandida. Por un lado, una dimensión económica, orientada hacia el control de los recursos o actividades económicas clandestinas, como el tráfico de las drogas, de armas y el crimen organizado. La expresión en el mundo del trabajo, es el tráfico y mercantilización de los puestos de trabajo.
Por otro lado una dimensión social o más bien infrapolítica, expresada en el quiebre del vínculo social, en la incapacidad de reconocer la humanidad del otro, con una letalidad que en Venezuela los saldos de víctimas equivalen a los niveles de un conflicto armado.
Finalmente concluye el prologo “esta situación conlleva un miedo, que ha penetrado en la cotidianidad de nuestras vidas y escenarios del acontecer diario, tales como las calles por donde transitamos, el hogar, la escuela, los lugares de trabajo, el espacio público, revelando de manera descarnada nuestra conciencia de vulnerabilidad y dependencia de otro que se revela predador, y frente al cual nos hallamos desamparados”.
Véase que se menciona lugares que hasta hace poco eran santuarios, tal es el caso de los sitios de trabajo. Espacio caracterizado por la convivencia necesaria para el acto productivo, y para ganar el sustento de los actores laborales. Cierto que en estos espacios no dejaba de ocurrir arbitrariedades, pero que los sindicatos usando los mecanismos de diálogos, quejas y presiones, ante el patrono o ante las instancias de la administración del trabajo y/o la justicia laboral podían ir resolviendo.
Pensamos que se había quedado atrás la figura de las bandas armadas en y alrededor de los espacios de trabajo, como métodos violentos permitidos por las autoridades en los años sesenta y setenta, pero hoy renacen los mismos métodos, eso sí con nuevos discursos, y ante la mirada pasiva de quienes la sociedad les ha entregado el monopolio de las armas.
La confrontación de elementos que habían tenido una participación protagónica en la lucha contra la dictadura militar, no tardó en aflorar. Es así que se produjo un cisma entre las fuerzas políticas, dando lugar a una polarización que se mantuvo presente de manera aguda por varios años, incluyendo acciones terroristas de ambos lados, así como lucha armada focalizada en algunas zonas del país.
En el marco de la situación planteada, queremos recordar un aspecto peligroso en las etapas iniciales de la confrontación. Se trata de la promoción de lo que llamaríamos enfrentar a pueblo contra pueblo.
Justamente en los primeros años de la década del sesenta, 1960-1961, recordando a Barquisimeto, el Liceo “Lisandro Alvarado” era el epicentro de la protesta estudiantil, incluso un poco más allá de este sector, por vinculaciones existentes con líderes de otras esferas sociales. En dicho liceo convergían estudiantes de todo el estado Lara, era el único liceo público en todo el estado, además se incorporaban estudiantes provenientes de estados vecinos, Portuguesa y Yaracuy.
Lo que interesa destacar en este artículo es el hecho de que la protesta estudiantil lisandrista, la combatió el gobierno regional apelando a la estrategia de enfrentar pueblo contra pueblo. Para entonces el gobernador del Estado Lara, era Eligio Anzola Anzola, un dirigente acciondemocratista que había tenido participación relevante en su partido desde su misma fundación, y funcionaba como en todo el país, la alianza gubernamental con Copei.
Pues bien, la sede del “Lisandro Alvarado” era asediada por vehículos pertenecientes al Ministerio de Obras Públicas –MOP-. Se trataba de obreros y militantes del partido oficial que obstaculizaban las protestas que tenían como punto de partida el liceo, e incluso los militantes armados disparaban a los estudiantes. Las victimas no tenían adonde ir a plantear estos abusos, y los agresores gozaban de impunidad.
Después se multiplicaron las confrontaciones y radicalizaciones que ya nadie pudo detener. Al final de la década el balance mostraba un listado de víctimas, quizás minimizado por que la mayor parte de ellas eran obviamente del lado de los perdedores.
Hoy, cincuenta años más tarde, volvemos a observar la estrategia de promover la confrontación pueblo contra pueblo, y concretamente trabajadores contra trabajadores. Es por lo que vale la pena recordar aquel capítulo, ya que no sirvió para el avance de la sociedad ni para el bienestar del pueblo. Más bien, éste puso las victimas – sean muertos y heridos- así como a los agresores visibles, dejando traumas que pervivieron por años. Enfrentar consejos comunales con sindicatos, así como grupos de un sector productivo contra otros grupos laborales, es enfrentar pueblo contra pueblo y trabajadores contra trabajadores ¿A quién beneficia esta estrategia?
En el mundo del trabajo los problemas y asuntos que le son propios ofrecen distintos tipos de atención pública. Un tema cuya relevancia es prioritaria para el ciudadano es el del empleo. Todo el mundo aspira tener un ingreso a partir de una actividad productiva determinada. Estar haciendo algo legitimo. Lo deseable es tener un empleo protegido, estable y con oportunidades de progresar. Hay quienes aspiran esto mismo por la vía de un emprendimiento. Quienes vienen de una familia que ya ha empezado este esfuerzo, se consiguen el camino adelantado.
El conjunto de las actividades productivas que se ejecutan día a día en una determinada sociedad, responden también a la necesidad de proveer de los bienes y servicios que ella requiere. Así que el trabajo ofrece una doble solución, su ejecución brinda oportunidades a la gente para tener una actividad que le provee de ingresos, y por otra parte el producto del trabajo ofrece a la sociedad lo que ella necesita para su funcionamiento.
A la gente además de proveerle de ingresos, el trabajo tiene muchos otros significados, “No sólo de pan vive el hombre”. Pero indudablemente la cosa empieza por el ingreso para subsistir. Asegurar la subsistencia es la razón más antigua que induce al individuo a trabajar. Después viene lo demás, que la afirmación personal, la autoestima, la identidad, el reconocimiento, que el compromiso social y ético, la responsabilidad pública. En la sociedad moderna, todos estos significados adquieren una enorme importancia para el funcionamiento social. De lo anterior se deriva que la carencia de trabajo trae consigo complejas implicaciones, que van más allá del sólo hecho de no tener los elementos para la sustentación material.
Pero el mundo del trabajo es objeto de la atención ciudadana por lo que se transmite de él. Así que la atención mediática la captan fenómenos extraordinarios del mundo del trabajo. Lo cotidiano no es noticioso. El acto de producir y convivir en los ambientes productivos, para que funcione establemente y progrese el individuo, la familia, las instituciones vinculadas con el trabajo – empresas, sindicatos y entes públicos relacionados-, y la sociedad en su conjunto, no es noticia.
Lo dominante en lo noticioso, lo que capta la atención pública es aquello que más bien se opone a lo planteado en el párrafo anterior. Temas como la violencia sindical y laboral en general, que registra ya cientos de personas asesinadas, todo vinculado con asuntos sindicales; las frecuentes protestas, llegando a niveles de acciones temerarias y extremas, a tal punto que las huelgas de hambre se han tornado en hechos ordinarios; la criminalización de la protesta laboral, que igualmente se traduce en cientos de personas incriminadas; las paralizaciones y ocupaciones de centros productivos cuya frecuencia desbordante, ya ni siquiera registran las autoridades responsables de hacerlo. Este tipo de fenómeno es que el llama la atención.
Toda esta reflexión viene a propósito de la conveniencia de dirigir la mirada hacia el ámbito productivo, apuntando al funcionamiento organizacional, la creación e innovación y la disciplina que demanda. Es de ahí de donde se deriva un producto o un servicio para satisfacer necesidades sociales, finalmente una riqueza que ha de repartirse entre los que contribuyen a crearla. Este es el camino que contrarresta la creciente violencia que vive el ambiente laboral.
Nuevamente y por quinto año consecutivo la Fundación Universitas convoca a un congreso internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Isla de Margarita. Más de quinientas personas desde distintos rincones de la geografía nacional, interesadas en estos temas respondieron a la convocatoria.
Los jóvenes organizadores directivos de Universitas han tenido éxito en esta iniciativa. Un esfuerzo eminentemente privado, sin el patrocinio estatal, al cual adhieren algunas instituciones académicas, más bien prestando sus logos para figurar en el material impreso.
El programa abordado lo dominan los temas del Derecho del Trabajo, y más bien la Seguridad Social aparece como un acompañante de bajo perfil.
En los temas del Derecho del Trabajo se destacan aquellos que son del interés para la práctica judicial; es decir para la relación de los profesionales de este campo con las instituciones de la administración de justicia. Obviamente atendiendo el interés de sus representados, sean empresas o trabajadores.
La vedette temática del evento fue a nuestro parecer los llamados derechos fundamentales laborales acompañado de los derechos inespecíficos laborales. Es una discusión fresca y motivadora que alienta a tener muy en cuenta que el trabajador en los centros productivos es antes que nada un ciudadano, un ser humano, que integra en su persona los derechos alcanzados por su condición de ciudadano, con los que en el centro productivo emergen por su condición de trabajador asalariado dependiente.
Que al tiempo que se reclama por ejemplo un salario justo o una libertad sindical para el desenvolvimiento de su organización que lo representa, también es un ciudadano que es portador de un derecho a expresar libremente su pensamiento, a no ser discriminado por razones de su pensamiento o ideas políticas, religiosas o por el color de su piel.
El énfasis de este tema descansa en prestar atención al individuo. Interesante el asunto, en tiempos que se pretende subsumirlo en categorías colectivizadoras, que si bien se acompañan de la oferta de una sociedad superior en reconocimientos y en bienestar, mientras tanto el individuo es ahogado por la carrera que ha de llevarlo a la meta superior.
En esta carrera por una sociedad superior se corre el riesgo de sacrificar a los individuos. Que la meta superior es más importante que ellos, ya que a la larga la igualdad y la equidad que se buscan, al lograrlas compensarán con creces el haber rendido lo individual a lo colectivo. Es una vieja discusión que va y viene.
En los ámbitos productivos parecería estar la clave de la construcción de la sociedad. Se ha considerado desde determinados enfoques que el trabajo es lo esencial en la vida humana. Pero con la traída al debate de los llamados derechos inespecíficos laborales, y colocarlos frente a frente con los derechos laborales que en esta particular reflexión llamaríamos tradicionales, y que determinan que el operario u obrero de producción, o la oficinista del área administrativa porta en su persona, la condición de ciudadano, de vecino, de miembro de una organización política, religiosa, educativa, o una organización no gubernamental veladora de los derechos humanos, todo ello da lugar a que el trabajo y las otras instancias de vida y participación de la gente se integran y confunden.
El patronato autoritario, vertical, unilateral, desconsiderado e indiferente al avance social de los ciudadanos trabajadores tendrá más dificultades, que aquel que concilia y reconoce en la relación con la fuerza de trabajo que comparte con él el quehacer productivo, la clave del progreso de ambos.
Luce como que esa integración apunta al progreso y una mejor convivencia tanto en el mundo del trabajo y de la vida en general. Veremos si los patronos públicos y privados, respetan el desarrollo humano y social ya alcanzado en los textos constitucionales y legales.