lunes, 27 de octubre de 2014

ANTECEDENTES Y FOMENTO DE LA FRAGMENTACIÓN SINDICAL



  En la comprensión de las relaciones de trabajo de una sociedad determinada, entendida ella como la relación necesaria entre empresa y trabajadores para los hechos productivos, una tarea fundamental es el conocimiento de trabajadores y sus organizaciones como también de empresarios y sus gremios. Ambos han de ser comprendidos en su dimensión interna, como en sus relaciones entre si, y muy especialmente en sus relaciones con el Estado y particularmente con los Gobiernos. Hoy la sociedad venezolana vive difíciles relaciones en este esquema. Es por lo que nos planteamos comentar sobre la evolución sindical, entendiendo que desde sus origines ha sido una fuerza que nació enfrentando al status quo, por lo que ha sido natural que a lo largo del camino enfrentara oposiciones y obstáculos. De su evolución derivan varias consideraciones, algunas bien estudiadas, otras no, por lo que también hay creencias y especulaciones.

   En la vida económica de las sociedades que llegaron más temprano al capitalismo -países europeos-, desde sus inicios se empezaron a formular planteamientos dirigidos al reconocimiento y a los derechos de los trabajadores y sus organizaciones. Es muy importante tener presente que tenían una orientación bien diferente a las organizaciones previas que congregaban a los trabajadores organizados a partir del oficio, es decir los gremios de quienes como artesanos tenían una situación de relativa ventaja, por el conocimiento y el control de los procesos productivos que ejecutaban. Pero la fábrica y el maquinismo en general, degradó el trabajo artesanal y colocó a los trabajadores en una situación menos ventajosa para la defensa y conquista de un tratamiento justo. Esta historia tiene dos y tres siglos en los países europeos.

  Mientras todo esto pasaba en el viejo mundo, por estos lares tropicales de la Venezuela de entonces, estábamos en guerra primero por la independencia y luego la de los caudillos regionales contra quienes se adueñaron del poder central, y ahí se nos fue todo el siglo XIX. Empezando el siglo XX el gobierno central finalmente se impuso y liquido los últimos levantamientos de montoneras y caudillos. En todas estas etapas, por supuesto no dejo de realizarse el trabajo predominantemente agrícola y pecuario, pero con formas de propiedad y organización productiva pre capitalistas, más que obreros asalariados lo que movía esta producción eran campesinos, jornaleros y peones. En tanto que por los patronos se trataba fundamentalmente de vestigios de oligarquías, terratenientes y campesinos ricos, y no de alguna burguesía. El país figuraba en el mundo solo con su mapa geográfico, pero no con el económico. 

   Empezamos a aparecer en mapas económicos y geopolíticos con el descubrimiento de los yacimientos petroleros en la segunda década del siglo XX, justamente hace cien años. Las labores emprendidas por las compañías petroleras en los primeros años requirieron grandes contingentes de mano de obra, pero para tareas elementales vinculadas a las labores que permitieran auscultar nuestra geografía en el propio terreno, lo que implicaba abrir caminos, campamentos, desplazamientos en zonas inhóspitas por lo que por cada gringo habían decenas y centenas de trabajadores locales y hasta importados muy especialmente de las Antillas, habida cuenta que sus pobladores portaban la condición de súbditos de las monarquías británicas y holandesas, pioneras en la inversión exploratorio e inicial de esta etapa.

  Como ya Venezuela aparecía en el mapa económico y geopolítico, inmigración de todo el orbe empezó a llegar al país. En lo político el país seguía siendo atrasado, modesta evolución en 1936, otros ensayos entre 1945-48, breve lapso de medidas avanzadas que fueron las que al fin permitieron mostrar una fisionomía a las relaciones de trabajo, porque hasta entonces o no había nada o lo poco que había era simplemente formal, como fue por un período la misma ley del trabajo de 1936. Muy ponderada en alguna bibliografía, justamente por eso porque no había nada previamente; aunque los trabajadores hicieron sus esfuerzos por crear sindicatos y federaciones. Pero véase que con toda la riqueza que succionaban las compañías petroleras desde la segunda década del siglo XX, no fue sino hasta 1945 y 1946 cuando se produjeron las primeras negociaciones entre sindicatos y compañías petroleras, que es decir al fin su reconocimiento. 

   Este inicio tardío de las relaciones de trabajo aun hoy marca aspectos que son vitales para la comprensión de este campo. Hoy caracterizamos las acciones regulatorias de la revolución bolivariana por aprobar importantes beneficios individuales para los trabajadores, haciendo el papel del gestor o dador de los mismos, al tiempo que restringe el accionar de las organizaciones propias de los trabajadores. Queda la idea que es el gobierno quien da los beneficios, y no es el producto o logro del accionar colectivo de los propios trabajadores, o que estas conquistas sean propias del desarrollo institucional laboral venezolano.  En otros tiempos era común oír “las prestaciones sociales nos las dio Carlos Andrés”, hoy se oye “la pensión me la dio Chávez”. Quizás se pueda subrayar que en el primer caso, se asociaba la conquista tanto con el caudillo como con su partido. 

  Así como la Ley del Trabajo de 1936 fue avanzada en beneficios individuales, al mismo tiempo dejó para el sindicalismo una estructura perversa de atomización y fragmentación, dando amplio poder discrecional al estado y gobiernos para invadir la vida sindical, castrando posibilidades de esta organización antes de ser incluso un movimiento nacional. 

  Hoy, en la revolución bolivariana ha sido una constante aprobar regulaciones para restringir el campo de actuación autónoma a las organizaciones de los trabajadores, condensadas ellas en el Decreto con rango y fuerza de ley orgánica del trabajo, los trabajadores y trabajadoras, pero ademas se fomentan otras regulaciones que privilegian la organización a partir del territorio, de la comunidad y de otros criterios, pero no del trabajo ni la producción. A todo esto se sumará, aún pendiente en manos gubernamentales implementar los consejos de trabajadores, que agregarían más fragmentación y dispersión entre los trabajadores. 



martes, 21 de octubre de 2014

LOS TRABAJADORES ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD


  El discurso oficial destaca que la revolución bolivariana tiene en los trabajadores su principal apoyo y destinatario, para lograr sus propósito de transformación de la sociedad venezolana a estadios superiores de bienestar y de felicidad.

  Los trabajadores han expresado opinión y pareceres sobre lo afirmado, y siguen haciéndolo, en las oportunidades que no son muchas por cierto, de realización de ejercicios democráticos de decisión electoral en las urnas.

  El inicio de la revolución bolivariana fue muy entusiasta en promover las elecciones hasta más allá incluso de los cargos públicos, como fue el referéndum para obligar al movimiento sindical - entes privados-,  a hacer elecciones supervisadas por un ente externo estatal -CNE-, como fueron las únicas de carácter general y nacional -en el 2001- llevadas a cabo hasta ahora, y con un resultado favorable a fuerzas opositores, el perdedor -el gobierno- al desconocer los resultados optó por violar la regla básica del que compite en una contienda, es decir aceptarlos aún mas cuando el órgano que administró este proceso era del total control gubernamental, como sigue siéndolo. Han pasado trece años, y el oficialismo tiene control de algunos entes sindicales nacionales, incluyendo una central o confederación, pero se abstiene de llevar a cabo elecciones, igual ocurre con unas cuantas de las federaciones bajo su control. 

  Es interesante tener presente que el devenir de la economía y la producción venezolana han evolucionado en dirección contraria a ofrecer un contexto favorable al desarrollo sindical. Empecemos por tener claro que como condición primaria para este desarrollo es necesario la existencia de empresas y de sectores productivos con estabilidad en su funcionamiento.  

  En general los sistemas económicos mundiales han evolucionado en una dirección que no facilitan las condiciones para el desarrollo sindical. En algunos casos es el desempleo, pero en otros es éste más el deterioro del mercado del trabajo, sea por la vía de informalidad y la precarización. Igual complejidad acusan los procesos de reestructuración productiva para reemprender el crecimiento.

  Nuestro país no está al margen de ello, muchos menos con una situación de clara recesión económica, siendo el único país del continente con este cuadro de crisis. En cuanto a afirmarse oficialmente que nuestro desempleo es de sólo 6.7%, no quiere ello decir que de nuestra población económicamente activa de catorce millones apenas en ella estarían desempleados algo más de novecientas mil personas, y que el resto son sujetos que tienen una relativa facilidad para organizarce sindicalmente. Pero la realidad es más compleja por la informalidad y la precariedad, ambas situaciones implican una muy compleja posibilidad de sindicalizarce. 

  Con todos los registros que aportan los sindicatos así como las empresas, perfectamente el ministerio del ramo pudiera informar la tasa de sindicalización, así como otros índices de importancia para hacer el seguimiento de las relaciones de trabajo. No lo hace, pero si entendemos que esta tasa sumamente baja, apenas superara el 10% de la población económicamente activa.

  En el medio oficial predomina un discurso que menciona la centralidad del trabajo y de un aparente apoyo a los trabajadores, sin embargo predomina una política que gradualmente ha venido minando y erosionando al movimiento de los trabajadores y sus organizaciones sindicales. Se privilegia ofrecer beneficios a los trabajadores en tanto individuos, pero no a ellos mismos en tanto afiliados a organizaciones colectivas, por eso la muy frecuente dificultad para la negociación de convenios colectivos, la represión a la protesta laboral, que muy justificadamente se ha multiplicado y ha alcanzado desde hacer varios años la razón de protesta más frecuente en el país, incluso por encima aquellas motivadas por necesidades y problemas de aguda repercusión en la vida familiar y social, sean por la inflación, el desabastecimiento, la inseguridad, el deterioro de los servicios públicos, la violación de los derechos humanos.  

  Predomina igualmente un discurso anti empresa, que ha dado lugar a la existencia de casos que los propios trabajadores hagan causa común con muchos empresarios que se ven acosados y en dificultades derivado de las dificultades del modelo económico, recientemente el caso de Venoco. 

   Este fenómeno se ve complementado con el hecho de que las empresas que por acoso no continúan funcionando al pasar a manos del gobierno, quienes en ella continúan trabajando pasan a experimentar diversas situaciones de incertidumbre, las que se agregan a las ya existentes de prestar servicios en una empresas que venía mostrando señalas criticas en la producción y funcionamiento en general. 

  No es de menor importancia señalar, que la incertidumbre se prolonga ahora con un patronato oficial que suele pasar la conducción de empresas a nuevos criterios donde se cuestiona lo que se venía haciendo. Se inicia un proceso de reestructuración en la mayoría de los casos conducido por personas ajenas a la actividad productiva del ente. La incertidumbre crece. En todo esto la revolución desconfía de los sindicatos y del movimiento de los trabajadores, sólo confía en sus cuadros, que dirigen organizaciones sin autonomía y que siguen las directrices de altos funcionarios gubernamentales preocupados primariamente en mantener el modelo, antes que los intereses de los trabajadores. Urgente la unidad de organizaciones de trabajadores que cada día menos se justifica su dispersión y atomización.


lunes, 13 de octubre de 2014

PROPUESTAS DE EMPLEO Y DE FUTURO PARA LOS JOVENES


La puesta en vigencia de una ley para estimular el primer empleo en el marco de la ley habilitante,  dio lugar a la firma del decreto Ley de Empleo Juvenil y Emprendimiento Productivo,  este martes 7 del presente mes y año. El hecho mismo de que su aprobación haya sido en el marco de una ley habilitante nos plantea como consecuencia el haber sido considerada al margen de la discusión parlamentaria, lo cual le quita a la sociedad la oportunidad de conocer el debate y análisis que el caso amerita. 

  Con esta ley se repite lo ocurrido con la aprobación del Decreto con rango y fuerza de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y Trabajadoras, sobre la cual se hizo algo de ruido, con noticias y declaraciones de diversos voceros del ejecutivo, con el nombramiento de una comisión presidencial de integración unilateral con respecto a las visiones y perspectivas que el tema trabajo implica, de aquí que al final el país se enteró de lo aprobado como un hecho cumplido, en un texto que la sociedad conoció cuando ya estaba redactada en la propia gaceta oficial; incluso ocurrió que algunos miembros de la comisión presidencial no logran explicar el porque de ciertos textos incluidos en la versión definitiva del Decreto-Ley. Al final criterios desconocidos, se hicieron presente en un texto tan vital para la convivencia y la producción. 

  Volviendo a esta Ley de Empleo Juvenil y Emprendimiento Productivo, a la fecha de hoy el texto  aun no ha aparecido en gaceta oficial, sin embargo ello no obsta que nos permita ejercicios de análisis del tema, así como estimular reflexiones entre los involucrados. 

  Sobre las leyes habilitantes siempre ha de manifestarse que es un mecanismo que transfiere la función legislativa de su lugar natural como es el parlamento al poder presidencial, y que sólo aplica para situaciones de emergencia. Realmente el tema del empleo para los jóvenes no es un tema de emergencia, no por eso menos importante, sino más bien que es un tema estructural que adolece el mercado laboral en nuestro país y en las sociedades latinoamericanas en general. El tema amerita un genuino debate parlamentario y muy especialmente del debate de toda la sociedad que le compete el tema, que obviamente no es sólo a los jóvenes y a su familia que los apoya económicamente, sino también a los adultos y muy especialmente a las instituciones vinculadas con la actividad productiva y educativa, obviamente además de las políticas públicas relacionadas. 

   El joven es un actor en una condición etaria que se distingue claramente de los niños, de los adultos y de la tercera edad. En el ámbito de las estadísticas demográficas la categoría se ubica entre los 15 y los 24 años. Esto es importante para fines de la comparabilidad entre países y en un mismo país a lo largo del tiempo. 

  Sobre los jóvenes en los tiempos actuales hay que destacar que cuentan con competencias, calificaciones e informaciones mucho mayores que las que tuvieron los adultos de hoy en esa misma etapa etaria. Digamos que quienes hoy son adultos y/o de la tercera edad tuvieron menores competencias en varios campos como idiomas, en uso de tecnologías, en acceso a la información universal de todos los ámbitos humanos, todo ello les permite a los jóvenes estar más conectada con el mundo y el acceso a mayores posibilidades de identificar salidas y respuestas a interrogantes de los problemas que aquejan a la sociedad, no sólo en lo relativo a los problemas de su edad, sino de la sociedad en su conjunto. En las redes sociales, de tanto protagonismo hoy y se estima que para mañana, predominan los jóvenes. 

  Los adultos que han manejado el país, y por tanto han dirigido las instituciones sociales, económica y políticas, en buena medida han errado en sus conceptos y funciones, sino como se explica el fracaso que señalaron quienes accedieron al poder en 1998 y luego el estado que el país muestra tres lustros más tarde. La más cuantiosa riqueza que país alguno en el continente haya recibido en su historia ha sido despilfarrada, dejando un oscuro panorama para los jóvenes de hoy y de mañana. Los señalamientos caben para generaciones que han gobernado en las pasadas tres décadas y media. Dejamos de ser la sociedad del ascenso desde el inicio de los ochenta al día de hoy.

  Por primera vez existe en el mundo la diáspora venezolana. Cantidades de ciudadanos de este país dispersos por todo el mundo. Algunos por exclusión para el ejercicio de sus capacidades laborales y profesionales, digamos que la otrora tristemente celebre lista Tascón aventó una porción de venezolanos a otros lugares, también el genocidio laboral con el cual se cerró el paro petrolero y nacional de diciembre 2002-enero 2003. Pero la emigración sigue su ritmo, fuga de talentos con formación superior. Se agregan otros móviles, entre ellos la inseguridad, los bajos salarios, la poca calidad de los empleos, el deterioro de las condiciones de vida. Casi todos los países de la región ofrecen mayores posibilidades para sus jóvenes, sin riqueza petrolera pero administrando mejor lo que tienen. A los jóvenes les inquieta la incertidumbre de lo que vendrá mañana. 


  Los adultos que hoy gobiernan y los dirigentes en general, les ofrecen a los jóvenes un tratamiento de como si estuviéramos en tiempos ya pasados, con soluciones que buscan más bien entretener sean en propuestas deportivas con canchas e implementos para juegos, emprendurismos  improvisados y sin resultados probados, conciertos y bailoterapias, graffitis y tatuajes. Algunos jóvenes que acceden a posiciones de altas responsabilidades políticas igual se contagian de estas salidas, envejecen desde las alturas del poder con retóricas dogmáticas. Proposiciones que no asumen el eje que inquieta a los jóvenes, que es su aspiración a ser tratados como actores de transformación social de su realidad incierta y opaca. En definitiva, los jóvenes son más adultos de lo que se cree.  

martes, 7 de octubre de 2014

LOS JÓVENES Y LAS DIFICULTADES DE EMPLEO


   Sigue siendo un tema relevante abordar asuntos vinculados con los jóvenes, es por lo que volvemos a destacar su situación con relación al trabajo. No olvidar que sus indices de desempleo son el doble del indice general y el triple del de adultos. Pero también en otras dimensiones laborales muestran índices ampliamente desventajosos, aunque no dejamos de tener presente que el inicio de la vida laboral y en esos primeros años se manifiesten resultados no similares a los trabajadores adultos, ya que tiene sentido reconocer el valor de la experiencia y competencias que se adquieren en el ejercicio de la vida laboral. Pero el tema inquietante son las brechas que se ahondan entre las condiciones laborales de los adultos y las de los jóvenes, así como la desesperanza que les embarga por las dificultades de acceder a buenos empleos.

   Según Informe “Trabajo Decente y Juventud en América Latina. Políticas para la acción” Edit OIT, 2013, se señalan datos sobre la crisis del empleo juvenil en América Latina (15-24 años), que afecta a casi ocho millones de jóvenes que están desempleados y a otros 27 millones que están ocupados pero en condiciones de informalidad, generalmente con bajos ingresos, inestabilidad laboral, sin protección social ni derechos.

   La tasa regional de desempleo juvenil urbano y rural es de 13,9%, triplica a la de los adultos, por otra parte seis de cada 10 jóvenes que sí consiguen ingresar al mercado laboral lo hacen en condiciones de informalidad. De aquellos que lo hacen en la formalidad un 40% labora en pequeñas empresas que usualmente tienen problemas para ofrecer las mejores condiciones de trabajo, y frecuentemente por sus limitaciones incurren en violaciones de normas laborales.

  En cuanto a la protección social, el Informe aludido destaca que un 39% de los jóvenes cotizan para un régimen de pensiones, lo que representa un 13% menos que los trabajadores adultos. En todos los países se observa una fuerte correlación entre el nivel de ingreso de los hogares y la tasa de cobertura de la seguridad social, dado que los trabajadores de hogares del quintil más rico de la distribución del ingreso presentan tasas de contribución sistemáticamente superiores que las de los trabajadores pertenecientes al quintil más pobre. Cabe mencionar que a medida que se desciende en la escala de ingresos, el porcentaje de trabajadores por cuenta propia aumenta, lo que explica en parte el menor acceso a los sistemas de seguridad social.

  Estos datos regionales del informe de la OIT conviene asociarlos con la realidad venezolana en la misma temática. Lo primero a destacar que seguimos midiendo la informalidad con la encuesta de hogares utilizando el concepto establecido por PREALC-OIT 1976, que solo toma como informales a los cuentapropistas  no profesionales, los ayudantes familiares no remunerados, quienes trabajan en microempresas -no profesionales- y el trabajo doméstico. 

  Este concepto fue revisado y ampliado en el 2003, a partir de la XVII Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo, que acuerda Resolución sobre las Estadísticas del Empleo en el Sector Informal, la que a su vez toma en cuenta resolución de la XV -1993- conferencia de la misma entidad.   

   Las categorías originales siguen siendo válidas, pero han de ampliarse ya que las transformaciones en el mercado laboral en los ochenta, específicamente su deterioro daban lugar al fomento de empleos y situaciones de inserción laboral que si bien ocurrían en el sector formal, no cumplían con los supuestos del empleo formal propiamente entendido, que supone la cobertura y tutela de la legislación laboral y de seguridad social (Ver en blog nuestro artículo "La informalidad real y la oculta ").

  En la política oficial se actúa con un doble discurso, por un lado se emiten regulaciones y políticas dirigidas al fomento de la laboralizacion en el ámbito privado, por lo que en las empresas se hacen inspecciones en ese sentido, pero en paralelo se promueve la informalidad en el sector público y una de sus expresiones es la masificación de contratados, que laboran en condiciones desventajosas con respecto a quienes tienen nombramiento. Es por lo que recientes fusiones de ministerios han levantado zozobras entre los trabajadores, particularmente ya que hay mas de un millón doscientos mil contratados sin nombramientos (según dirigentes de la UNT), y cuya precariedad ha quedado en evidencia en pasadas fusiones como el caso de los despachos de Planificación y de Finanzas, que dejó en el 2010 a más de 1200 trabajadores por fuera, casi todos contratados. Recientemente se han fusionado varios despachos ministeriales y vuelven los contratados a temblar por la precariedad e informalidad de su situación.

  Algunos juicios u opiniones dan la impresión de considerar que la opción de trabajar en la informalidad, es una alternativa que depende de la decisión personal y que es voluntaria. Necesario profundizar los procesos que llevan a estar en una situación u otra. Desde la mayor parte de los estudios muy poco se concluye que sea predominante la voluntad personal, y que mas bien son las políticas macroeconómicas, las de mercado laboral, las oportunidades de empleo y otras características estructurales lo que determinan el problema. 

  En nuestro país, se viene anunciando desde el gobierno un proyecto de ley del primer empleo para los jóvenes, es interesante que su texto salga del ámbito oficial y se discuta también con empresarios, sindicatos y la academia, para cruzar opiniones entre diversas visiones del problema. Hasta ahora, algunas notas de prensa sobre su difusión luce más bien como intercambios propagandísticos y no analíticos. Vivimos una etapa de muy limitada creación de empleos, y sin duda ello afecta más a los jóvenes, por lo que todo esfuerzo ha de ser con amplitud.

lunes, 29 de septiembre de 2014

El control del trabajo en empresas privadas y publicas


En contribución reciente abordamos el control del trabajo destacando que la militarización venía haciéndose presente en el ejercicio del control del trabajo en las empresas estatales, siendo en el presente el caso Sidor el más visible, dado el hecho del desenlace que promovió la empresa para poner término a la prolongada discusión del contrato colectivo, estilo de control del trabajo que ha mostrado las más grotescas formas de su ejercicio por parte de quienes dirigen la empresa, con el acompañamiento de las autoridades vinculadas con el ámbito laboral, lo que deja en situación de orfandad a los trabajadores a quienes se les intentan violar derechos patrimoniales y conquistas históricas.

  Significamos que el control del trabajo había evolucionado paulatinamente en el sentido de poner en práctica conceptos, medios e instrumentos, que hacían innecesario el uso de la fuerza como medio de control; y no obstante se lograban los propósitos que permitían a la empresa lograr sus objetivos productivos y generar la ganancia. Estos logros acompañaban conceptos que contaban con el consentimiento de los trabajadores y sus organizaciones, sin que ello significará para éstas la pérdida o minimización de su compromiso primario, como es la representación de sus afiliados.

  Con la intervención de organismos y elementos armados, sean militares, policiales o civiles, como aliados de la gerencia publica para ejercer el control del trabajo, damos un retroceso de casi un siglo en las relaciones de trabajo en la sociedad venezolana. Volvemos al tiempo del gomecismo y del caciquismo, subordinando una civilidad insuficientemente organizada ante quienes portaban las armas y ejercían la violencia tanto en la vida ciudadana como en la vida laboral.

  En la empresa privada no ha dejado de ejercerse el control del trabajo, pero sin la necesidad de la adopción de las grotescas formas que se observan en algunas empresas de gestión estatal, así como también en aquellas asociadas con el patrono estado, que se asumen que cuentan con los apoyos estatales para un ejercicio arbitrario y rudo del control del trabajo.

  Así mismo en la empresa privada su mayor punto de apoyo para ejercer el control del trabajo ha sido el despido, tanto el determinarlo como decidirlo unilateralmente, pero la
continuada estabilidad e inamovilidad ha sacado de las manos de la gerencia, el más cotidiano y efectivo medio del ejercicio del control del trabajo. Es por lo que al gerente privado al no contar con este medio sancionador, por supuesto que se la han alebrestado sus otroras dóciles piezas del ajedrez productivo, porque se subordina la decisión del despido a una autoridad gubernamental quien finalmente emite la autorización para despedir, sino que además ésta no se comporta como un tercero neutral, sino como un ente comprometido con una política enmarcada en una animadversión contra la propiedad y gerencia privada, empoderando consciente e inconscientemente a los trabajadores, quienes al saber que su caso reposa y se decide en la sede de las autoridades de la administración del trabajo, llegan a confiar su estabilidad mas en el peso de este órgano gubernamental que en su propio desempeño productivo o en su vínculo con su propia organización gremial. Pero hay que reiterar que este proceso de empoderamiento no opera cuando el patrono es el gobierno y este toma la decisión de prescindir de trabajadores, sino todo lo contrario.

  Lo anterior determina que la gerencia privada se ve obligada a hacer mayores esfuerzos para administrar el control del trabajo. La sutileza se hace imperiosa. Nos relataba un gerente del área laboral de una transnacional automotriz, que anteriormente si encontraba a un "trabajador durmiendo cómodamente en su jornada laboral en una amplia camioneta, lo reportaba inmediatamente para que le hicieran su liquidación". En estos tiempos, administra la situación de manera muy diferente, no tomando ninguna medida sancionadora, a cambio de sentarse a su lado mientras transcurría su sueño y al despertarse solicitarle su apoyo para determinadas tareas que muestran retraso.

  A la gerencia privada le quedan no obstante algunos medios y recursos de control del trabajo como los cambios de puesto o de condición de trabajo para atender solicitudes del trabajador; las promociones y los ascensos, los aumentos salariales discrecionales; bonificaciones; concesión de permisos.

  Persiste una condición que en alguna medida preserva el poder de la empresa, como es la existencia de un mercado laboral que casi no crea empleos formales, ya que al final del día los trabajadores reconocen que este tipo de empleo, por su mayor estabilidad, protección y beneficios, y que apenas se crean empleos formales en una proporción de dos de cada diez, son ampliamente mejores que los informales y los precarios, ampliamente multiplicados en el contexto de una situación económica de empobrecimiento general de los asalariados.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El control en el trabajo: coercitivo, sutil y con fusiles



  El control patronal sobre el trabajo es un factor clave para alcanzar los fines de la empresa, es decir producir y ganar. Desde la esclavitud el control ha sido un tema importante para lograr este objetivo. Para esa forma de trabajo, la aplicación del látigo era el medio de control, además de alimentar y dar techo, que era la retribución recibida por el esclavo, y según criterios del patrono suministraba estos bienes. Como se ve, la coerción en manos del patrono es ejercida con total rudeza y crueldad (La película ganadora del Oscar 2013 “12 años de esclavitud”, lo muestra con toda claridad).

  Al superarse la esclavitud como sistema productivo, los esclavos pasaron a ser hombres y mujeres libres, y su relación con el trabajo pasó a ser a base del salario. Nacieron los asalariados y la sociedad salarial. El patrono ya no aplicaba el látigo. 

  Modernamente el control no deja de ser ejercido pero ahora con otros métodos. El control de la actividad productiva, va acompañado de una dosis de consentimiento de los trabajadores. Son mecanismos mediante los cuales la empresa busca poner la inteligencia y la voluntad de los trabajadores al servicio de la misma, y a la vez integrarlo y hacerlo sentir parte de ella.

  No todo es coerción. A más coerción menos identidad, más rechazo y tensión laboral. Lo que se traduce en dificultades para la producción y la ganancia. Los métodos de control han pasado fundamentalmente por la supervisión, originalmente muy estricta, aunque gradualmente con el tiempo y la evolución de las organizaciones sociales, de las políticas públicas y de la legislación laboral, se ha tornado más laxa. 

  Pero la laxitud de la supervisión no implica menos controles sobre los trabajadores, sólo que cambiaron los instrumentos y los métodos. El desarrollo de la tecnología y los procesos de trabajo ha contribuido a que los controles sean menos directos. Se fijan metas, se registran y luego se analizan los resultados. Las metas son de cantidad, de calidad, de tiempos, de satisfacción del cliente, de compromiso, de lealtad, en fin el patrono dispone de resultados para mantener el control en sus manos, según se alcancen o no estas metas. Los criterios y las prioridades siguen estando en sus manos. 

  En nuestro tiempo presente, sin duda el patrono privado privilegia con la actividad productiva a la ganancia y estabilidad de su negocio. Sea transnacional o nacional, grande o pequeño, industrial o de comercio, estos objetivos son prioritarios. 

  Sin embargo en nuestro medio el gran patrono, el Estado venezolano, tiende a atender a otras lógicas distintas a la producción y la ganancia. Se trata de colocar el compromiso y la lealtad con el proceso político como prioridad. Por ello no se detiene en que los resultados y objetivos de cantidad o de calidad de los producido sea un bien o un servicio, no se alcancen, así tampoco los tiempos de ejecución, la satisfacción del cliente. Pero lo que si es esencial es que la lealtad y el compromiso de los trabajadores con el proceso político en ejecución no guarde dudas. Se entiende que esta condición es funcional al mantenimiento del régimen y su estabilidad, eso si sacrificando resultados productivos. De ahí la postración generalizada de muchas entidades productivas. 


  A propósito de la situación laboral de Sidor y los intentos de arrancar su producción, un titular reciente de las declaraciones de un miembro de la directiva sindical de esta empresa indica “Con fusil y con la Guardia en la pata de los hornos, haciendo terrorismo de Estado, arrancan la planta”. Vemos que el control perdió la sutileza de estos tiempos de modernas formas de organización del trabajo, y regresa a ser ejercido con métodos rudos y coercitivos. Sin duda es una forma resultante de la militarización y distinta a los principios del dialogo y la convivencia productiva.

lunes, 15 de septiembre de 2014

RECESIÓN ECONOMICA, VIDA FAMILIAR Y EMPLEO


Técnicamente con al menos tres trimestres sin crecimiento un país está en recesión; es la situación económica de nuestro país. Los productores y consumidores bien lo saben y viven. Cada uno con las dificultades para poder producir y para consumir. 

Todo encuentro familiar, de amigos o conocidos, gira en torno a plantear si conseguiste tal o cual producto y donde. Incluso poco se pregunta por la marca y el precio, para algunos bienes es como mucho pedir en estos tiempos. No obstante, también hay quienes consiguen los vericuetos para encontrar productos y bienes que para la gran mayoría escasean, lo que para los demás levanta desde el interés hasta la envidia y encono.


Pero aún cuando la recesión sea sentida y vivida por los productores y consumidores, es decir los trabajadores y las familias, no se ha convertido ni ha dado lugar aún a una respuesta que corresponda a la gravedad de un estado de recesión económica. Las respuestas son en principio individuales, familiares, o de grupos de amigos, con sus correspondientes limitaciones. Las respuestas colectivas, comunitarias y de organizaciones sociales son aún insuficientes, al menos para ejercer una mayor influencia en la corrección y ajustes de las políticas económicas. Los gobernantes siguen desafiando la paciencia de la población, ni siquiera cambian el discurso. Obviamente todo esto evidencia un déficit en la eficacia de los movimientos sociales.

Con la recesión uno de los bienes más volátiles son las oportunidades de empleo, que se hace más difícil conseguirlos. Se mantienen los de bajo nivel y calidad. Por ejemplo se menciona la escasez de trabajadoras residenciales y domésticas, así como de vigilantes. Empleos de bajos salarios. Predominan los empleos de salario mínimo, no obstante que esta cantidad no cubre la cesta normativa, ni siquiera la cesta básica.

Se acentúa la tendencia a la mayor creación de empleos en el sector informal, así como de empleos precarizados tanto en la misma informalidad como en la formalidad. En Venezuela los pocos empleos que se crean son mayormente informales. La situación económica ha dado lugar a que personas con pequeños negocios pasan de la formalidad a la informalidad, con el objeto de abaratar su funcionamiento, ya que las cargas y exigencias de regulaciones de diferente índole complejizan la gestión.

Esta demostrado que en la mayor parte de la informalidad, las personas obtienen menores ingresos y ejecutan su trabajo en condiciones de mayor precariedad, y para la economía nacional y la sociedad en su conjunto hay un menor aporte a la creación de riqueza. Igualmente en ella se inscriben actividades que están en la frontera entre lo legal e ilegal, lo que coloca en situación de riesgo a quienes las ejercen, y por tanto eventualmente las autoridades ya sea abierta o subrepticiamente le impone sanciones o práctica chantajes.

Dentro de los diversos componentes de la informalidad, el que ocupa un mayor número de personas es el cuentapropismo, ya sea para el comercio, servicios o elaboración de bienes de modesta complejidad. De cada cien empleos que se crearon entre 1997 y el 2011, treinta y dos son cuentapropistas. Ha sido y sigue siendo el empleo predominante en el mercado laboral venezolano. Es por lo que en la comercialización se agregan eslabones de intermediación para facilitar a los compradores las dificultades que se acrecientan para conseguir los bienes para consumo familiar, con un saldo neto de encarecimiento. Sin embargo en las empresas hay una mayor permisividad para uso del tiempo laboral en la persecución y caza de productos básicos. Una razón adicional para mas ausentismo del que ya se ha derivado, de las nuevas concepciones incluidas en el nuevo Decreto-Ley sobre el trabajo -DLOTTT-.

Todo esto es un consumo de energías humanas y de tiempo, que deja de ser productivo para pasar a ser parte de las estrategias de sobrevivencia de la población. Las colas en los establecimientos de productos básicos, mas los esfuerzos de las personas en encontrar suministros es central a las preocupaciones de las familias. Contrasta todo esto, con lo característico de varias décadas atrás, se decía que las únicas colas que hacia el venezolano era para sellar el cuadro de caballos los días domingo en la mañana, y para entrar a los stadiums a ver los juegos de béisbol profesional de los equipos favoritos.

domingo, 7 de septiembre de 2014

MOVIMIENTOS SOCIALES: CONTROL Y PROTESTA



Con frecuencia se observan declaraciones condenatorias de la debilidad de la oposición partidista venezolana al gobierno bolivariano, sin embargo se deja de lado que la oposición no es sólo la que se ejerce vía partidos políticos, por lo que interesa reflexionar en torno a varios asuntos e interrogantes.

  Empecemos por ponernos de acuerdo ¿que es la oposición?, y luego por considerar si es válida la tesis de la debilidad de la oposición. Al responder que es la oposición, esto lleva a verla en distintas perspectivas. Por un lado lo más convencional, como es verla sólo en términos de partidos políticos y sus dirigentes. Creo es lo que predomina, además los medios de comunicación han contribuido a verla en esos términos, por la mayor accesibilidad brindada en función de liderazgo y pertenencia a partidos políticos. Recién es cuando se brinda mayor accesibilidad a voceros de los movimientos sociales. 

  Pero la oposición al régimen va más allá de partidos políticos, sin necesidad de sugerir esta reflexión una invitación a la anti política. Es lo que exige mirar a otras organizaciones de la sociedad. Aquí es central tomar en cuenta la categoría movimientos sociales, que como es conocido refiere a grupos y acciones no formales que se expresan en la vida socio-política y económica, apuntando a presionar o sostener determinados cambios. Con el devenir del tiempo estos movimientos también adoptan mecanismos formales, sea por el interés estatal o de los propios movimientos. 

  Con lo expuesto importa entonces detenerse en analizar el peso y la fuerza de los movimientos sociales. Admitimos que existe una gama diversa de movimientos sociales en distintas esferas de la vida del país, ya sea en el mundo del trabajo -movimiento de los trabajadores y el movimiento cooperativo-, en el mundo de los estudiantes, así como en el de los campesinos, de las comunidades y vecinos, de las mujeres, de los derechos humanos, de ecologistas, de grupos étnicos, el movimiento LGBT, entre otros.

  En nuestro país la mayoría de estos movimientos son de fecha reciente, salvó los tres primeros los restantes cuentan con pocas décadas o años de existencia. También es destacable mencionar que si bien estos movimientos han surgido de las propias comunidades, dos actores siempre han intentado cooptarlos, sea por una parte el estado y/o los partidos políticos. Este interés es una constante en la historia moderna del país, digamos que con la restauración democrática de 1958 hasta el día de hoy no ha habido cambios al respecto.  

  Llegado al presente se advierte que los movimientos sociales mantienen su presencia y acciones en la vida del país, pero sin que ello hubiese sido determinante en las grandes decisiones de la vida nacional, cuando desviaciones y deformaciones se han hecho dominantes.

  Mirando en perspectiva de 1957 para acá, las acciones de trabajadores y estudiantes se movilizaron para contribuir al derrocamiento del régimen autoritario de entonces, pero lo determinante fue la acción de los militares. Así ocurrió a lo largo de la convulsa primera mitad de la década del sesenta, los gobiernos constitucionales con el apoyo militar redujeron y controlaron las diversas protestas, y juntó a ellos buena parte de los movimientos de protesta de calle e insurreccional fueron cooptados. Ello permitió un gradual y sostenido control partidista y estatal de las manifestaciones y acciones de los movimientos sociales.

  Pero años más tarde el agotamiento de la evolución política y económica, trajo de nuevo protestas abiertas como lo ocurrido en febrero de 1989, que no está del todo claro que ello haya sido una acción organizada por movimiento social alguno, claro que algunos a posteriori reclamaron su conducción u orientación, pero por supuesto sin convencimiento alguno. 

  Más auténtico fue lo realizado por el movimiento sindical -CTV-, que admitiendo haber sido desbordada por los acontecimientos de protesta, convoco a posteriori -mayo de 1989-, un paro nacional contra las políticas económicas del gobierno, pero que perdió su ímpetu y energía al plantearse desde el aparato partidista gubernamental -Buró Sindical de Acción Democrática- que el paro era contra la especulación y con ello diluyó el impacto de la convocatoria y la acción de protesta anti gubernamental En todo caso  fue una protesta cruentamente reprimida por el ejército. 

  Este escaso desarrollo de los movimientos sociales, tiene que ver con el hecho que el protagonismo contestatario surgiera del propio seno del órgano represor, como fueron los levantamientos militares de 1992, si bien no lograron sus propósitos, el devenir siguiente dejo más visible las debilidades del sistema político vigente, y una de ellas fue que no habían movimientos sociales autónomos y representativos para asumir los vacíos que la crisis política mostraba, planteando demandas y llevarlas a su destino. El camino quedo despejado para que una opción para entonces ajena a los movimientos sociales, asumiera el liderazgo y la victoria electoral que desplazó a los actores que ejercieron la tutoría de los controlados movimientos sociales del momento. 

  Con el advenimiento de la revolución bolivariana se plantea un renacer y expectativa de los movimientos sociales. Los que nuevamente vuelven a ser objeto de los intentos de la cooptación estatal y partidista, y he aquí el estado donde nos encontramos, la disyuntiva entre intervención y autonomía.

  En lo que tiene que ver con el movimiento de los trabajadores, los intentos estatales de reducir su autonomía son constantes. Sin embargo la protesta laboral no deja de ocurrir. Así se puede ver en los registros del Observatorio de la Conflictividad Social, destacando que del año 2008 al 2013, se hicieron 16.297 protestas. De éstas, el 37% tuvo una causa laboral. Cuando se agreguen las que se acumularan en este 2014, es de asegurar que no bajará este porcentaje. Además la mayor contribución de las protestas laborales será contra el Estado, especialmente en su condición de patrono.  

  Finalizando, los movimientos sociales se han lanzado a sus reclamos y acciones. Son mayormente manifestaciones de oposición a acciones, decisiones y políticas del estado. Si vemos la oposición solo en términos de partidos políticos no se aprecia lo que realmente ocurre en el país, es necesario verla además en términos que incluyan a los movimientos sociales. 

domingo, 31 de agosto de 2014

DEL DESARROLLISMO E INCIPIENTE DESARROLLO INSTITUCIONAL A LA REVOLUCION BOLIVARIANA ¿QUE VENDRÁ DESPUÉS?

Para el estudio de las relaciones de trabajo entender el marco económico y político es condición necesaria, es por lo que importa dar una mirada en larga perspectiva a la evolución del país, por lo demás Venezuela ha llamado la atención por parte de estudiosos de otros campos de las ciencias sociales, por singularidades y relevancia que sintetizamos en  los siguientes procesos y etapas:

1- Es de notable relevancia en la historia económica, el sostenido crecimiento económico sustentado en la riqueza petrolera que experimentó el país en un largo período con baja inflación y estabilidad cambiaria entre los años veinte y setenta.  Ochoa, O. da cuenta con datos y análisis en “La institución fiscal y el rentismo en el desempeño económico de Venezuela” 2008.

2- En el marco del crecimiento anterior, la ciencia política ha destacado la transición del autoritarismo a la democracia -de 1958 en adelante-, que si bien pactada por las elites le dio al país oportunidad de preservar el crecimiento de la etapa anterior y emprender una importante evolución social, política e institucional. Esta transición fue objeto de atención por cientistas sociales y políticos de España y algunos países del Cono Sur, cuando les tocó emprender transiciones del autoritarismo a la democracia. 

3- A las dos etapas anteriores le sigue la pérdida de la estabilidad macroeconómica y la caída del crecimiento económico desde fines de los años setenta hasta el presente. En todo ello la continua dependencia de las exportaciones petroleras desde los años veinte a pesar de diversos intentos para ampliar la base productiva y exportadora del país.

4- Finalmente por la emergencia de la revolución bolivariana, que ante los signos de agotamiento de la etapa anterior ocurrieron manifestaciones cuestionadoras del sistema -viernes negro, caracazo y golpes de estado-, por lo que se abrió una oportunidad que la aprovecharon fuerzas emergentes despertando expectativas y esperanzas especialmente entre los pobres, trabajadores y sectores medios, pero que en quince años se han esfumado, y vuelven a renacer frustraciones y turbulencias, parecidas y aun no se sabe si hasta peores a las que vimos a fines de los ochenta y noventa. Por supuesto que existe en las ciencias sociales el compromiso de evaluar cuanto de bueno y de malo nos deja esta etapa; tarea más por hacer que realizada.

  Dentro de estas distintas etapas hay que destacar que el país se ha debatido entre autoritarismo, desarrollismo y experimentos democráticos que han intentado construir instituciones sin estabilizarlas del todo. Como se sabe el desarrollismo planteaba una fuerte presencia del Estado para dirigir el desarrollo, en contraposición a las señales del mercado.

  Es importante caracterizar que no hemos sido un país en donde el neoliberalismo se haya implantado establemente, si se han observado elementos neoliberales en políticas públicas, pero no vemos que ello dé elementos para caracterizar como tal alguna etapa sostenida en el desarrollo político y económico de la Venezuela moderna. Tal sólo el breve intento en el gobierno de Carlos Andrés Perez II, iniciado en 1989 que no pudo culminar por protestas e inestabilidad.  

  En materia laboral las medidas tomadas en los noventa con la aprobación de la Ley Orgánica del Trabajo -1990- y su posterior reforma en 1997, no llegan a niveles de profundización neoliberal como se pudo ver en otros países de América Latina, de hecho expertos de la OIT - Ermida, O. entre o otros- no calificaron estas reformas como típicas de la desregulación. Si se colaron algunas muy puntuales disposiciones desreguladoras en el Reglamento de la LOT en 1999, por ejemplo con respecto a las empresas de trabajo temporal.

  Con igual comentario, de no profunda desregulación, nos inclinamos en lo relativo a cambios en la seguridad social, que más bien lo que ha pasado es que se han dejado de tomar medidas y se desliza este campo por la vía de la inercia, sustentado en el hecho de estar constituidos por mecanismos de muy escasa vigilancia y control, y ampliamente sostenidos por la renta petrolera. 

  La revolución bolivariana emerge con un discurso y un conjunto de acciones para combatir un neoliberalismo radical que no existió en la conducción de gobiernos, aunque fuerzas pro neoliberales siempre están medrando. Igualmente apela a una lucha contra el fascismo, pero el caso es que este es mucho más visible  en las propias fuerzas gubernamentales. Más bien lo que combatía con su discurso y acciones era a un modesto desarrollo institucional no consolidado de democracia. 

  Pero hoy como se dice popularmente hemos perdido el chivo y el mecate, se cortó un desarrollo institucional que pudo profundizarse, recordemos que hasta fue posible la destitución de un Presidente que había sido electo con amplia popularidad apenas cuatro años antes. A cambio se han propuesto un conjunto de instituciones que no logran resolver problemas, en no pocos casos los profundizan, no obstante toda la ventaja de la abundancia de divisas e ingresos que se ha tenido en estos años, además de haber gobernado casi sin oposición, con predominio de leyes habilitantes y todos los poderes bajo la hegemonía presidencial.  

  El escenario que se ha venido formando con esta errática experiencia de conducción que vive el país, es que efectivamente la derecha tan mencionada por los líderes oficialistas, realmente se convierta por primera vez en la historia moderna de Venezuela en una alternativa política. Creo que el país ha sido gobernado en el lapso 1958-1998 por alternativas más bien de centro, como fueron y son la socialdemocracia y el socialcristianismo criollo.

 Por otro lado esta etapa contribuye a la deconstrucción de alternativas realmente de izquierda, por que así se postula y es ampliamente entendida la revolución bolivariana, una vez que en el sentimiento de la mayorÍa de la población, en función de lo que hicieron en los gobiernos, no percibe que habría mucha diferencia entre unos y otros. Además, cuando se reprime a la protesta popular, estudiantil y obrera organizada en sus sindicatos, así como su criminalización, se le está haciendo la cama a la derecha, pero la de verdad, sin ignorar tampoco aquella sin escrúpulos que forma parte del propio gobierno. 

lunes, 25 de agosto de 2014

TENDENCIAS AUTORITARIAS Y CONFLICTOS LABORALES LATENTES

El pasado 23 de Julio el Presidente de la Asamblea Nacional encabezó delegación estatal que se traslado a Ciudad Guayana para fijar posición sobre el conflicto laboral de Sidor en ese momento en curso y tratar de buscar una solución. Pero sus planteamientos obraron en dirección opuesta. Sus descalificaciones y amenazas más bien soliviantaron los ánimos, que se tradujeron en reacciones de malestar obrero, declaraciones y masivas movilizaciones unitarias con y alrededor de los sidoristas. 

  Daba la impresión que sin querer las palabras del Presidente de la AN lograron lo que pacientemente no ha sido posible por quienes hacen esfuerzos por avanzar en la reunificación del movimiento sindical. Pero  ello no es tan fácil, por lo que nos detendremos en escudriñar la complejidad de esta reunificación en el contexto de regímenes que obstaculizan la propia existencia del movimiento sindical. 

  El sindicalismo encuentra su mayor oposición en dos sistemas político-económicos que no le ofrecen o le limitan espacios para su desarrollo. Ellos son el neoliberalismo y el autoritarismo. El primero prefiere que el sistema económico se desenvuelva sin la interferencia de los sindicatos. Los considera perturbaciones y por tanto es mejor eliminarlos. Sin embargo dada la tradición existente y los logros alcanzados por esta institución, no puede eliminarlos, y finalmente el neoliberalismo establece límites y frenos para su mayor desarrollo.

  En cuanto al autoritarismo, previamente conviene distinguir que por un lado tiene una nítida expresión militar pura sin origen electoral sino la victoria armada sobre el régimen anterior, que en este momento en América Latina sólo se observa en el caso de Cuba, sin espacio para la pluralidad sino al pensamiento único. Pero también se observa otra expresión que mejor llamamos tendencia autoritaria de naturaleza cívico-militar de origen electoral, como es el caso venezolano que al haber evolucionado por la vía electoral, convive en el marco de una sociedad que permite la coexistencia con tendencias críticas al régimen. 

  En el primer caso el sindicalismo es permitido pero como un instrumento del Estado. En nuestro caso coexisten tendencias que se comportan de esa manera como aquellas otras que manifiestan un comportamiento propio de sociedades plurales. Las primeras entienden que su apoyo al régimen es el camino correcto al mejoramiento de la clase trabajadora y junto a ello ceden su autonomía, llegando a sacrificar principios fundamentales así como conquistas históricas del movimiento de los trabajadores.

En este contexto se plantea que la organización y el desempeño del sindicalismo han de someterse a políticas estatales incluso aquellas que son contrarias al desarrollo sindical. La evolución electoral del régimen ha venido promoviendo y construyendo desde un primer momento una institucionalidad que gradualmente reduce los espacios y facultades de las organizaciones sindicales. Es por lo que tanto el neoliberalismo como el autoritarismo, en sus diversas expresiones, coinciden en el fondo en oponerse al desarrollo sindical. Por supuesto no se oponen de la misma manera. Los regímenes de orientación civico-militar de origen electoral, se consiguen al llegar al poder un desarrollo sindical anterior, por lo que ha de convivir con él, y es gradualmente en la construcción de nuevas institucionalidades como se propone ir restringiendo los espacios de acción del sindicalismo. En principio lo hace con la oposición abierta de los liderazgos sindicales que en el período político previo eran los conductores del movimiento de los trabajadores. Gradualmente el régimen los coopta, o en caso que éstos perseveren en posturas opositoras los enfrenta con represión y criminalización.

Por otro lado aquellos dirigentes contrarios al régimen anterior que en un principio adhieren entusiastamente al nuevo poder político y su institucionalidad, muchos de ellos gradualmente experimentan frustraciones y disensiones, pasando a formar una tercera posición. Obviamente todo esto abona a procesos de fragmentación ideológica y política, que en sí mismo representa una debilidad y es en el fondo una aspiración de la tendencia autoritaria.

Enfrentar la fragmentación y reconstruir una estructura sindical nacional y regional articulada es una tarea prioritaria del movimiento sindical autónomo. La muy alta conflictividad laboral que ha venido acrecentándose no ha logrado conquistas suficientes por la carencia de articulación entre sí. Por ejemplo las violaciones patronales y muy especialmente del patronato estatal, de las condiciones de trabajo, de la estabilidad laboral, de los convenios colectivos, de los sesgos de las autoridades laborales, y el deterioro de la calidad de la vida, son suficientes problemas para unas acciones más contundentes de movimiento de los trabajadores, sin embargo son contados los esfuerzos de estas acciones que se conectan entre centros de trabajo del mismo sector o de la misma región, porque los esfuerzos de la protesta son localizados y en muchos casos aislados. 

Más grave que lo anterior es la afonía del movimiento de los trabajadores en temas macroeconómicos, que tanto determinan la situación en los centros de trabajo, empezando por el propio empleo. El régimen si apela a los trabajadores para que le apoyen, y a cambio otorga reivindicaciones de corto alcance, pero les obstruye su fortalecimiento y protagonismo en el diseño de políticas macroeconómicas.

En este marco de políticas fragmentadoras se ha tolerado en niveles extremos, que espirales de violencia hayan escalado las magnitudes que conocemos sin que el régimen se haya sensibilizado para implementar políticas y acciones que lo enfrenten. Ciertos sectores del mundo sindical han caído en manos del hampa, lo que no es un hecho natural y espontáneo. Es el resultado de una intervención errática de las políticas públicas en los asuntos internos del mundo sindical. Haber promovido indiscriminadamente desde el poder oficial organizaciones sindicales artificiales, tanto en la base como en las cúpulas, no es un hecho inocente. Ello tiene sus riesgos y consecuencias, que los paga en primer lugar el propio movimiento con sus víctimas, su imagen y desprestigio, así como el caos que deriva del uso de una violencia en principio ajena. Caos que igual se extiende al funcionamiento de los centros de trabajo, con perjuicio de toda la sociedad. Luego de haber llegado a este lugar, el régimen mira para otro lado y se ha cruzado de brazos, y lo explica con argumentos banales, como lo expuso un representante ministerial en OIT, que el problema era porque se construían muchas viviendas y los contratos colectivos eran buenos.

Indudablemente que en el movimiento sindical hay insuficiencias y errores, pero se trata de un problema que quienes activan en el movimiento han de resolver.  Entendamos que no es un asunto a ser resuelto por agentes externos, aunque sí es un asunto a ser discutido entre el movimiento y los sectores con los cuales se relaciona, sin menoscabo de su autonomía. Ya bastante interferencia externa en el marco del desarrollo político de las últimas décadas ha ocurrido con resultados nefastos. La aparente resolución del paro de Sidor, con la polémica firma del convenio colectivo sólo confirma la difícil relación entre el Estado y el Sindicalismo, dejando el conflicto latente.  

domingo, 17 de agosto de 2014

NEGOCIACIONES COLECTIVAS Y CONVIVENCIA PRODUCTIVA EN SIDOR-SUTISS: ENTRE AUTONOMÍA E INTERVENCIONISMO



 La negociación de un convenio colectivo es una oportunidad para que trabajadores y patronos hagan una revisión de las condiciones de la convivencia productiva que los vincula. Obviamente para los trabajadores la prioridad de este mecanismo es la revisión de las condiciones de trabajo, que empiezan por los ingresos monetarios cotidianos, igual aquellos que se perciben a lo largo del año y de la carrera laboral, también las condiciones bajo las cuales se prestan los servicios, así como aquellos asociados al bienestar de la condición de trabajador, incluidos por tradición en los convenios colectivos. 


  Pero para la empresa, la negociación es igualmente una oportunidad para exponer y discutir con sus argumentos en la condición de administrador y dueño o su representante, las condiciones de funcionamiento, operatividad y factibilidad productiva. 


  Con la concertación del acuerdo las partes logran un lapso, generalmente de dos años, para disponer de un marco de la convivencia productiva. Por supuesto que dos años para algunos aspectos puede ser un lapso muy largo, y es previsible que puedan haber cambios en las condiciones que estuvieron presentes al momento de elaborar las peticiones reivindicativas y del acto de negociar, es por lo que se requiere que se fijan mecanismos de administración y seguimiento no sólo de lo firmado por las partes, sino del contexto en el cual se desenvuelven las actividades productivas. Esto determina que el cierre de la negociación requiere ser un acto realmente consensuado. No puede ser el resultado de trapisondas y madrugonazos, e intervenciones oscuras, ya que la negociación colectiva pierde su razón esencial de marco de la convivencia productiva.


  En las relaciones laborales venezolanas hay experiencias en procesos de negociaciones colectivas, sin embargo no dejan de presentarse situaciones que afectan estos procesos, especialmente provenientes del contexto, y aquí cabe incluir aquellas autoridades públicas que se extralimitan en su papel institucional, de la influencia de factores políticos, económicos y también comunitarios, que entran en colisión con el funcionamiento laboral autónomo. Esto es factible de ocurrir porque las relaciones laborales en nuestro caso tienen la característica que está centrada en la empresa, sin vasos comunicantes con el nivel sectorial y el macro socio-económico, que construya marcos amplios para los procesos negociales en las empresas. 


  Un sistema de relaciones laborales que no conecte estos tres niveles, pierde la necesaria capacidad para concretar acuerdos con mayores posibilidades de cumplimiento, de contribución al desarrollo productivo y lo más importante para los trabajadores,  se convierte lo convenido en reiterados casos de incumplimiento, en una fuente de desgaste personal e institucional que afectan expectativas y lesiona el instrumento fundamental para la evolución del movimiento como son sus organizaciones históricas. 


  Todo esto también lesiona a las empresas, pero con la diferencia que su capacidad de reconstituirse es más expedita, dada su naturaleza de organización vertical y teóricamente con unidad de mando, en contraste con las organizaciones de los trabajadores que por principio responden a amplios colectivos, que son plurales, que construyen y mantienen instancias de representación que han de ser fluidas, abiertas y democráticas, que privilegien a los afiliados en primer lugar, antes que demandas y exigencias del entorno, las que como afirmamos han debido ser parte de las ya mencionadas instancias sectoriales y macro socio-económicas.  

  Instancias  que por supuesto han de estar constituidas con participación de las partes o actores sociales, y es  aquí donde el modo como se vienen desenvolviendo las relaciones laborales deja ver una notoria y elemental brecha. Estos mecanismos que deploramos no tenerlos, y que desde el poder se pretende sean ocupados por las puras acciones del  Ejecutivo Nacional, además que tampoco tiene contrapesos por la acción de otros poderes públicos, y agreguemos la tendencia militarizante en la conducción de lo civil. Todo esto configura que a las relaciones laborales se le dificulta ser el vehículo para el mejoramiento productivo y de quienes contribuyen a su fortalecimiento, en primer lugar los trabajadores, así también las empresas. 


  Con la accidentada negociación del convenio colectivo de Sidor-Sutiss, la empresa ha sido más observada por todo el país, y ello ha permitido apreciar que quienes la han dirigido sea desde la instancia que ha dispuesto quienes han de ocupar los niveles directivos y gerenciales, así como el propio ejercicio de estos, han respondido a directrices de funcionamiento que hoy muestra un indiscutible caos. Sobre todo, predomina la opacidad y la falta de transparencia. Son obstáculos de difícil superación. 

  Todo esto ha conducido que hoy, emergen temores de intervención y de traspaso de la empresa, creando incertidumbre. Por lo que el hecho de una firma de un convenio en un madrugonazo en condiciones irritas, ignorando a directivos y a instancias legítimas e históricas de esta organización sindical, más bien enardece el ambiente, y trae a la memoria momentos críticos como la intervención de Sutiss en 1982. Igualmente aquel capítulo ocurrió  en el marco de una accidentada negociación de convenio colectivo, intervención que a la larga sirvió para que siete años más tarde quienes habían sido intervenidos y sancionados asumieran por decisión democrática de los trabajadores la conducción sindical, pero fueron siete años de castigo al comportamiento sindical autónomo, por parte de cúpulas burocráticas oficialistas, que impidieron la convivencia productiva, y con ello el bienestar de los trabajadores y de una empresa de todos los venezolanos. 


  No es fácil que la pura política laboral o la de relaciones laborales pueda concretar lo que expusimos al inicio de este artículo, que la negociación colectiva es una oportunidad para que trabajadores y patronos hagan una revisión de las condiciones de la convivencia productiva que los vincula, conspira que hay en el entorno responsabilidades mal asumidas y compromisos incumplidos.