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domingo, 17 de agosto de 2014

NEGOCIACIONES COLECTIVAS Y CONVIVENCIA PRODUCTIVA EN SIDOR-SUTISS: ENTRE AUTONOMÍA E INTERVENCIONISMO



 La negociación de un convenio colectivo es una oportunidad para que trabajadores y patronos hagan una revisión de las condiciones de la convivencia productiva que los vincula. Obviamente para los trabajadores la prioridad de este mecanismo es la revisión de las condiciones de trabajo, que empiezan por los ingresos monetarios cotidianos, igual aquellos que se perciben a lo largo del año y de la carrera laboral, también las condiciones bajo las cuales se prestan los servicios, así como aquellos asociados al bienestar de la condición de trabajador, incluidos por tradición en los convenios colectivos. 


  Pero para la empresa, la negociación es igualmente una oportunidad para exponer y discutir con sus argumentos en la condición de administrador y dueño o su representante, las condiciones de funcionamiento, operatividad y factibilidad productiva. 


  Con la concertación del acuerdo las partes logran un lapso, generalmente de dos años, para disponer de un marco de la convivencia productiva. Por supuesto que dos años para algunos aspectos puede ser un lapso muy largo, y es previsible que puedan haber cambios en las condiciones que estuvieron presentes al momento de elaborar las peticiones reivindicativas y del acto de negociar, es por lo que se requiere que se fijan mecanismos de administración y seguimiento no sólo de lo firmado por las partes, sino del contexto en el cual se desenvuelven las actividades productivas. Esto determina que el cierre de la negociación requiere ser un acto realmente consensuado. No puede ser el resultado de trapisondas y madrugonazos, e intervenciones oscuras, ya que la negociación colectiva pierde su razón esencial de marco de la convivencia productiva.


  En las relaciones laborales venezolanas hay experiencias en procesos de negociaciones colectivas, sin embargo no dejan de presentarse situaciones que afectan estos procesos, especialmente provenientes del contexto, y aquí cabe incluir aquellas autoridades públicas que se extralimitan en su papel institucional, de la influencia de factores políticos, económicos y también comunitarios, que entran en colisión con el funcionamiento laboral autónomo. Esto es factible de ocurrir porque las relaciones laborales en nuestro caso tienen la característica que está centrada en la empresa, sin vasos comunicantes con el nivel sectorial y el macro socio-económico, que construya marcos amplios para los procesos negociales en las empresas. 


  Un sistema de relaciones laborales que no conecte estos tres niveles, pierde la necesaria capacidad para concretar acuerdos con mayores posibilidades de cumplimiento, de contribución al desarrollo productivo y lo más importante para los trabajadores,  se convierte lo convenido en reiterados casos de incumplimiento, en una fuente de desgaste personal e institucional que afectan expectativas y lesiona el instrumento fundamental para la evolución del movimiento como son sus organizaciones históricas. 


  Todo esto también lesiona a las empresas, pero con la diferencia que su capacidad de reconstituirse es más expedita, dada su naturaleza de organización vertical y teóricamente con unidad de mando, en contraste con las organizaciones de los trabajadores que por principio responden a amplios colectivos, que son plurales, que construyen y mantienen instancias de representación que han de ser fluidas, abiertas y democráticas, que privilegien a los afiliados en primer lugar, antes que demandas y exigencias del entorno, las que como afirmamos han debido ser parte de las ya mencionadas instancias sectoriales y macro socio-económicas.  

  Instancias  que por supuesto han de estar constituidas con participación de las partes o actores sociales, y es  aquí donde el modo como se vienen desenvolviendo las relaciones laborales deja ver una notoria y elemental brecha. Estos mecanismos que deploramos no tenerlos, y que desde el poder se pretende sean ocupados por las puras acciones del  Ejecutivo Nacional, además que tampoco tiene contrapesos por la acción de otros poderes públicos, y agreguemos la tendencia militarizante en la conducción de lo civil. Todo esto configura que a las relaciones laborales se le dificulta ser el vehículo para el mejoramiento productivo y de quienes contribuyen a su fortalecimiento, en primer lugar los trabajadores, así también las empresas. 


  Con la accidentada negociación del convenio colectivo de Sidor-Sutiss, la empresa ha sido más observada por todo el país, y ello ha permitido apreciar que quienes la han dirigido sea desde la instancia que ha dispuesto quienes han de ocupar los niveles directivos y gerenciales, así como el propio ejercicio de estos, han respondido a directrices de funcionamiento que hoy muestra un indiscutible caos. Sobre todo, predomina la opacidad y la falta de transparencia. Son obstáculos de difícil superación. 

  Todo esto ha conducido que hoy, emergen temores de intervención y de traspaso de la empresa, creando incertidumbre. Por lo que el hecho de una firma de un convenio en un madrugonazo en condiciones irritas, ignorando a directivos y a instancias legítimas e históricas de esta organización sindical, más bien enardece el ambiente, y trae a la memoria momentos críticos como la intervención de Sutiss en 1982. Igualmente aquel capítulo ocurrió  en el marco de una accidentada negociación de convenio colectivo, intervención que a la larga sirvió para que siete años más tarde quienes habían sido intervenidos y sancionados asumieran por decisión democrática de los trabajadores la conducción sindical, pero fueron siete años de castigo al comportamiento sindical autónomo, por parte de cúpulas burocráticas oficialistas, que impidieron la convivencia productiva, y con ello el bienestar de los trabajadores y de una empresa de todos los venezolanos. 


  No es fácil que la pura política laboral o la de relaciones laborales pueda concretar lo que expusimos al inicio de este artículo, que la negociación colectiva es una oportunidad para que trabajadores y patronos hagan una revisión de las condiciones de la convivencia productiva que los vincula, conspira que hay en el entorno responsabilidades mal asumidas y compromisos incumplidos.

lunes, 21 de julio de 2014

NEGOCIACIONES Y CONFLICTIVIDAD POST ESTATIZACION

En el 2008, el estancamiento de las negociaciones de un convenio colectivo dio lugar a  la estatización de Sidor, mejor decir a la re estatización; recordemos que esta empresa había sido estatal desde su nacimiento hasta 1997, cuando fue adquirida por un consorcio de capitales argentino, mexicano, brasileño y venezolano, para entonces los mayores productores del ramo siderúrgico en América Latina. En el consorcio lideraba la empresa Techint-Ternium, uno de los grandes en la siderurgia mundial.


  Hoy se repita una nuevo estancamiento en las negociaciones de la renovación del primer contrato colectivo en esta breve pero turbulenta etapa re estatizada. En el 2008, con los propietarios privados el estancamiento negocial había alcanzado los 15 meses, en el presente el contrato vencido ya lleva tres años. Se trata del contrato que fue firmado inmediatamente al asumir el Gobierno venezolano la dirección de esta empresa. Ya de por sí esto llama la atención, que transcurrido seis años desde entonces se haya tornado tan compleja la negociación de un convenio colectivo, lo que para las relaciones laborales es un mecanismo regular y tradicional en la relación y convivencia entre capital y trabajo. 


  Si en algo las relaciones laborales venezolanas, de las décadas previas, adquirieron un desenvolvimiento regular era en los procesos de negociación. Se puede afirmar que en esta empresa, como en general en las empresas estatales y privadas en el país, la negociación de los convenios colectivos tenía mucho de ritualismo, se seguían pasos que cada parte entendía y le era familiar, ambos se aproximaban bastante a predeterminar las acciones del otro actor. El ritual empezaba con un ante proyecto ambicioso, unas negociaciones que iniciaban con las cláusulas de menor complejidad, gradualmente se iban acercando a las de mayor envergadura, sea por la administración o por los costos. En tanto los sindicatos, aquellos que se desenvolvían democráticamente,  preparaban a sus afiliados a mantenerse alerta, con asambleas y comunicaciones sobre el proceso. Si el ritmo de negociaciones se enlentecía o dificultaba más allá del ritual, las partes apelaban a la intervención de instancias políticas y/o gubernamentales. Por el lado sindical, la movilización y propaganda eran sus armas más a la mano, y alguna que otra vez se llegaba a la huelga.

  

  Hoy el escenario en el cual se negocia es diferente. Han habido cambios en las regulaciones que le han sustraído facultades y autonomía a los actores de las relaciones de trabajo. A cambio se han fortalecido las del actor estatal. El resultado es que los sindicatos se han fragmentado y han perdido autonomía y ya no solo son objeto de la influencia patronal sino también de la estatal. Que de paso también ocurría en el pasado, sólo que esta dependencia encontraba a un sindicalismo con mayores recursos para defenderse, negociar y presionar en todas las esferas de poder, desde el centro de trabajo hasta en el nivel presidencial y parlamentario, y que estaba menos fragmentado.   


  La re estatización trajo en el ámbito laboral más conflictividad, se ha incrementado el nivel de incumplimientos contractuales y legales. Adicional a esto hemos destacado la fragmentación de las representaciones de los trabajadores, en el caso del Sidor re estatizado, en el 2009 surge el sindicato de nómina de conducción, así llamado el segmento de trabajadores con funciones supervisoras desde el período que la empresa estuvo en manos de transnacional Techint-Ternium. En la estructura de Sutiss se prevé atender y representar a estos sectores, pero luego de la re estatización, la empresa influyó para que se constituyera esta nueva organización.  Este mismo año se crea se crea el Frente Siderúrgico Bolivariano de Prevención, Salud y Seguridad Laboral, que si bien formalmente no es un ente sindical, actúa como tal tanto por los temas abordados como por las práctica que ejecuta.  En el 2010 actúan doce organizaciones de trabajadores contratados, además recién se registro la organización  sindical Estiba Socialista, con apoyo de 580 trabajadores que laboran en muelles, que se agregan a dos sindicatos que ya existían en esta lugar. En el seno de las instalaciones de Sidor, actúan organizaciones sindicales del ramo de la construcción ejerciendo métodos poco convencionales en las relaciones de trabajo. También se observan organizaciones de trabajadores cooperativizados, ex asalariados que no dejan de comportarse como tales en sus acciones y reclamos. 


  Un señuelo a favor de las re estatizaciones fue el discurso anti tercerización. Las nóminas aligeradas de las empresas antes de pasar al Estado, fueron incrementadas al poco tiempo, y no necesariamente con incorporación de tercerizados, muchos de estos más bien fueron conducidos y obligados a cooperativizarse, y en esa categoría adquirían un status diferente a la de los asalariados. El peor de los problemas es que a las plantillas se incorporaron activistas por llamarlos de alguna manera, que están en la nómina, pero no en las actividades productivas ni administrativas. El Director Laboral de Sidor, Rafael Tizamo: “Según sus cuentas en esa empresa hay 2.500 trabajadores que cobran sin trabajar. Son fichas de los dirigentes sindicales de la empresa y quienes participan con más fuerza en las protestas que allí se producen, lo cual viene siendo su único trabajo.”  Según la versión de Tizamo, cada uno de ellos “devenga 25 mil bolívares mensuales, por lo que la siderúrgica roja rojita, que cada vez produce menos acero, se gasta 62,5 millones al mes”. Agréguele el impacto que esto tiene en la moral de los trabajadores que si trabajan y cumplen.