domingo, 14 de abril de 2013

¡Votar es decidir!

El Correo del Caroní publica interesante reportaje ..

"En la víspera de las primeras elecciones de la era post-Chávez, personalidades del mundo de la cultura, del turismo, de las universidades, de las ONG, del trabajo comunitario, entre otros sectores de la vida pública regional, compartieron sus apreciaciones sobre la importancia de votar.

Se puede ver en: 

http://www.correodelcaroni.com/index.php?option=com_content&view=article&id=226574&catid=54

sábado, 13 de abril de 2013

TRABAJO DECENTE Y RELACIONES LABORALES

Sobre “Trabajo Decente y las Relaciones Laborales” se nos solicitó hacer una presentación en las I Jornadas de Salud Ocupacional, organizadas por el Instituto de Altos Estudios de Salud “Arnoldo Gabaldon”, este jueves 11 del presente en Maracay.

El concepto de trabajo decente es una formulación ya difundida y globalizada por la OIT. Desde un principio para los países de habla castellana la palabra decente levanto cierta inquietud por significado de su opuesto, indecente. Es por lo que en nuestro medio es frecuente que leamos la expresión trabajo digno, como la misma formulación que provino de los debates y acuerdo en el seno de OIT. También vale considerar la expresión trabajo seguro, mencionada y destacada por algunos colegas participantes en la aludida jornada.

En cuanto al tema de fondo, es decir ¿que aborda y contiene esta formulación? No hay duda que refiere a garantizar y elevar la protección del trabajador, habida cuenta que los consensos para su aprobación, ocurrió luego del período en que el neoliberalismo fue la doctrina dominante en la mayor parte de las economías del mundo. Por tanto con el convenio de las normas fundamentales o derechos mínimos de 1998, se admite la concreción y punto de partida de esta formulación universal que gradualmente ha venido siendo acogida por las sociedades.

Elementos centrales del trabajo decente se recogen en los llamados derechos mínimos, que incluyen enfrentar los abusos con el trabajo infantil y el trabajo forzoso, enfrentar toda discriminación para el ingreso y conservación del empleo. Completando con los derechos necesario para la defensa y avance de la situación de los trabajadores, en concreto la libertad sindical y la de negociar colectivamente las condiciones de trabajo. Por el objetivo planteado en la conferencia, nos centramos en estos dos últimos elementos; concentrando la atención en registro sindical, dialogo social y negociaciones colectivas. Necesariamente el planteo en estos elementos es crítico de la acción estatal, por el hecho de su abierta indiferencia al cumplimiento de los elementos esenciales que permitan dar garantías a estos conceptos del trabajo decente o digno.

En otras contribuciones hemos abundado en análisis que profundizan y ofrecen datos de cuanto nos alejamos del concepto de trabajo decente o digno, en lo que tiene que ver con el registro sindical, altamente intervenido por la administración del trabajo; la ausencia de diálogo social, tanto con representantes de los trabajadores como de los empleadores, y las dificultades y obstáculos al libre desarrollo de las negociaciones colectivas. Los indicadores son elocuentes en evidenciar que de no haber rectificaciones profundas, estaremos ensanchando la brecha entre nuestras políticas laborales en esas materias y lo requerido por los convenios internacionales que hemos suscrito.

También es importante destacar que cuando desde instituciones locales se formulan quejas y denuncias sobre los déficits y desviaciones en los temas que analizamos, no se manifiesta en la respuesta oficial una postura transparente para que se clarifiquen las denuncias. Suele hacerse referencia al tema de la soberanía como excusa para no permitir el escrutinio e investigación en los asuntos denunciados ante instancias internacionales. El país no sacrifica su soberanía cuando es miembro de instituciones que discuten con transparencia los asuntos controvertidos, y que cualquier posible escrutinio es construido con el consenso de las autoridades nacionales. Hay que tener presente que a esas instancias se recurre cuando localmente no se consiguen las aperturas y garantías para el o los afectados.

Para quien desee ampliar en este tema, en el siguiente vínculo se accede a las actas de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de OIT:

http://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/102/reports/reports-submitted/WCMS_205508/lang--es/index.htm

Una referencia importante vista la incorporación al Mercosur, es el hecho de que en estos países existen programas de fomento del trabajo decente, que llevan a toda la sociedad la divulgación de sus conceptos y elementos. Por ello en las escuelas primaria, básica, vocacional, formación profesional, está presente en los programas curriculares los principios que sustentan el trabajo decente, y además hay campañas que lo extienden a los espacios productivos y públicos.

domingo, 7 de abril de 2013

VIOLENCIA SINDICAL SIN DOLIENTES

La revista CONTROVERSIA, arbitrada e indexada, No 198 Junio 2012 - Cuarta etapa)
editada por el Instituto Popular de Capacitación (IPC); Foro Nacional por Colombia; CINEP/PPP; Corporación Región; Escuela Nacional Sindical (ENS), 
publica nuestro artículo VIOLENCIA SINDICAL SIN DOLIENTES EN VENEZUELA


Le invitamos a consultarlo en :

sábado, 6 de abril de 2013

POST CHAVISMO Y TRABAJO


Con la desaparición del Presidente H Chávez, se levantan preguntas en todos los ámbitos del quehacer nacional en cuanto a las expectativas que vivirá la sociedad venezolana al no estar presente su enorme liderazgo y conducción.

            El asunto es analizar el chavismo sin Chávez. Por supuesto que la naturaleza de nuestra columna apunta el análisis a los temas vinculados con el trabajo, que no son pocos ni tampoco fáciles de considerar.

            Veamos en primer lugar una síntesis apretada de lo que encontró el chavismo en materia de trabajo, al inicio de su gestión y lo que hoy tenemos.

            Hemos destacado que desde los años posteriores a la desaparición del otro largo gobierno que tuvimos en el siglo XX, el de Juan Vicente Gómez, 27 años en el poder, se inició un período de crecimiento social, económico y político que cubrió casi el resto del siglo, con el interregno de los años del gobierno militar 1948-58, que si bien los índices económicos continuaron mejorando un poco menos ocurrió con los sociales, y sin duda desmejoraron los políticos. Todo este lapso fue de creciente mejoramiento económico y social; hasta que en los años ochenta empezaron a revertirse, y de ahí el “viernes negro” de 1983, los sucesos de 27 y 28 de febrero de 1989, y luego los del 4 de febrero y  el 27 de noviembre de 1992, y la destitución de un Presidente electo en 1993.  Así que cuando el chavismo se hace del poder en 1998, encuentra una década y media de desmejoramiento y crisis institucional y política, pero a su vez no hay que olvidar que previo hubo un prolongado período de mejoramiento económico, político y social.

            El trabajo,  sea el asalariado o el independiente, experimentó una creciente extensión y masificación.  No olvidemos que esto no necesariamente refiere a que se hubiese alcanzado una avanzada redistribución del ingreso. Se mantenía su injusta distribución. Pero aun así el ingreso petrolero drenaba y la familia venezolana mejoraba de una generación a otra. Migraciones masivas del campo y pueblos menores a las medianas y grandes ciudades  cambiaban el mapa urbano, extendiéndolo, cierto que con rápido surgimiento de franjas y cinturones de pobreza, que en un principio se pudo asimilar a condiciones que mejoraron las precedentes en los sitios de origen, pero que gradualmente fueron quedando porciones no asimiladas, zonas duras de pobreza que empezaron a ilegitimar el sistema político, y contribuyen a explicar las explosiones y levantamientos civiles y militares.

Por otro lado, el país durante seis décadas atraía grandes contingentes de migrantes procedentes de América Latina y Europa,  quienes salían  de sus países al conocer de las grandes posibilidades que ofrecía Venezuela. Lo que confirmaba lo que al interno ocurría con las migraciones locales. Sin duda que las poblaciones que procedían de países con mayores niveles de educación y experiencia productiva moderna, rápidamente se posicionaron en actividades económicas  que contribuyeron al fortalecimiento del aparato productivo nacional, ya sea como fuerza de trabajo calificada e incluso como emprendedores. 

Es importante mirar el país en una perspectiva temporal amplia. Que las comparaciones no sólo se miden entre la situación nacional  post 1998 y la década y media inmediata a la llegada del chavismo al poder, sino la Venezuela que al menos en dos o tres generaciones evolucionó a mejores niveles de vida.

En el marco anterior toca analizar como se han comportado los niveles de vida de la familia venezolana, no sólo en lo material sino también en lo cultural, político y espiritual. Es una temática que desborda este breve artículo, pero si vale enfatizar que un país, una sociedad, debe pensarse en mediano y largo plazo. Porque si bien hay indicadores que con relación al trabajo mejoraron en los años del chavismo, hay otros que desmejoraron. No es un asunto simple que se circunscriba a decir los ciudadanos ahora estamos mejores, antes estábamos peor, o viceversa. También hay que ver como está el país, que es la casa de todos

La calidad de los trabajos cada vez más precarizados, sus ingresos y beneficios, las carreras laborales  sin un mediano y largo plazo, la no discriminación para el ingreso y la estadía laboral, el mejoramiento técnico y profesional, las organizaciones sindicales no autónomas, fracturadas y debilitadas, las negociaciones colectivas accidentadas e incumplidas, la violencia no controlada en medios sindicales y espacios laborales, las entidades de la administración del trabajo parcializadas y sectarias, el relajamiento de la disciplina laboral, son algunos de los asuntos que han de revisarse y mejorarse. Cierto que hay otros que muestran indicadores favorables, como el incremento de las pensiones y su pago oportuno, el acceso de discapacitados al trabajo, el acceso a la justicia laboral así como su fluidez, la incorporación de las mujeres al trabajo, la protección de la maternidad, entre otros.   

Es importante agregar que estas valoraciones sobre que nos deja el chavismo, tienen la dificultad que dada la frescura de la reciente desaparición del líder y caudillo, más una campaña electoral en pleno desarrollo, no facilitan hacer las valoraciones que requerimos para identificar que ha de mantenerse, que ha de rectificarse y que ha de crearse en la etapa que está por iniciarse, del post chavismo. El país está partido en dos visiones. Las elecciones levantan pasiones y tensiones que tienden a mirar las cosas en blanco o negro, sabemos que no son unicolor.

El trabajo requiere un mínimo de visión compartida para que realmente rinda frutos tanto al país como a su población. A partir del 15 de Abril estos temas esperan la atención de un liderazgo responsable de la conducción del país, sea tanto en el gobierno como en la oposición.

domingo, 31 de marzo de 2013

REFORMA LABORAL: Amenazas y Oportunidades

La Revista COMPENDIUM del Decanato de Administración y Contaduría de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado acaba de publicar su Número 28, correspondiente a Julio de 2012, Año 15, pp 71 a 90, y en su contenido se incluye artículo de nuestra autoría con el título arriba indicado,  puede consultarse en:

http://www.ucla.edu.ve/dac/compendium/Revista28/Documento_Compendium_28.pdf

COMPENDIUM Revista de Investigación Científica
Decanato de Administración y Contaduría. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto. Estado Lara. Venezuela.

domingo, 17 de marzo de 2013

COOPERATIVISMO Y JESUITAS

El nombramiento de un jesuita como conductor de la Iglesia Católica en el orbe, nos estimula a reflexionar sobre los aportes de los miembros de esta orden religiosa en asuntos que son de interés en el orden laboral. Concretamente en el nacimiento y fomento del cooperativismo en nuestro país.

Recordemos que en un primera etapa del proceso político bolivariano se le dio un impulso inusitado a esta forma de organizar el trabajo y la producción, fundada en la asociatividad de colectivos, es decir cooperativas.

Ya la euforia gubernamental en esta forma de organización social y productiva ha pasado. Pero en su momento pico – 2007 y 2008- los registros alcanzaron la constitución de cerca de doscientos mil organizaciones cooperativas y cerca de dos millones de afiliados. Luego se fue precisando que estos registros no eran reales. Un censo cooperativo colocó los datos en su lugar, y el número de cooperativas apenas superaba una quinta parte de lo anterior. Acompañado este crecimiento de un costo respetable, el Ministerio de Economía Comunal en el año 2008 citaba que entre 1999 y el 2008 se habían otorgado créditos por 1.5 millardo – de los viejos-, citado por V Álvarez, alto funcionario gubernamental. Buena parte de estos recursos no se recuperaron.

De esta experiencia de un fomento cooperativo improvisado y costoso, pocas cuentas se conocen, menos aún de las frustraciones que quedaron al levantar ilusiones de independencia productiva que no lograron la auto sustentabilidad propia y universal de estas organizaciones que desde el siglo XIX se plantearon ser una alternativa al desarrollo del capitalismo liberal.

No hay duda que el desarrollo del cooperativismo necesita del apoyo del Estado, así como lo recibe el empresariado en el fomento de la industrialización, o los productores del campo para mejores alimentos y materias primas. En fin es tarea propia de quién administra la renta petrolera así como los recursos tributados por la sociedad en general, volcarlos a los que producen para que lo hagan en las mejores condiciones y satisfagan necesidades de la vida de los ciudadanos.

Volviendo a las raíces del cooperativismo en nuestro país, Nelson Freitez, Profesor de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, lo ha venido investigando, concentrando su espacio de investigación en el Estado Lara, que desde hace décadas muestra las más sólidas experiencias de cooperativismo de base y de integración cooperativa. Su investigación releva la acción promotora del Estado y de la Iglesia Católica, especialmente vía el Centro Gumilla, organización de los jesuitas, en la etapa de resurgimiento del cooperativismo que lo ubica en la década del sesenta.

Freitez nos precisa que el Centro Gumilla se creo en Barquisimeto en 1966 y desde ese mismo momento promueve un plan de formación orientado a la expansión e integración cooperativa. En un primer momento se promocionaron las cooperativas de ahorro y crédito, era de una de las necesidades más sentidas de la gente popular y relativamente fáciles de manejar y se podían ver los beneficios pronto. Un convenio con Fundacomun en 1969 permitió sustentar y ampliar las acciones extendiéndola a más de diez entidades del país.

En los años setenta la organización cooperativa llega a las zonas altas del Estado Lara, así como al Municipio Torres, contribuyendo a la producción de alimentos.

De este esfuerzo nació un cooperativismo que con recursos propios y modesta ayuda estatal alcanzó su sustentabilidad y autonomía. Que si bien ha pasado por momentos de auge y de crisis, ahí está cargado de experiencias y de valores, cumpliendo su misión.

De las experiencias cooperativas más estudiadas y conocidas que tienes su asiento en el Estado Lara, destacamos la Ferias de Consumo Familiar, adonde semanalmente aportan sus productos unos 300 productores constituidos en cooperativas y en asociaciones civiles de productores, también 10 unidades de producción comunitaria que agrupan a 60 personas. Esta producción es llevada semanalmente a 28 centros de ventas en la ciudad, donde actúan 50 agrupaciones cooperativas, trabajando alrededor de 900 personas en labores de comercialización. Los compradores, cincuenta y cinco mil familias se benefician en la calidad, los precios y la organización. Todo esto no le cuesta nada al Estado, es el trabajo cooperativo genuino de colectivos con educación y principios cooperativos.

A lo largo de esos cincuenta años de desarrollo cooperativo, los jesuitas y los colectivos de ciudadanos practicantes de la solidaridad, que han aportado a la construcción y funcionamiento de esta organización socio productiva, nos ofrecen la oportunidad de aprender el hacer trabajo cooperativo.

lunes, 4 de marzo de 2013

LA IDENTIDAD Y AUTONOMIA DE LOS TRABAJADORES


De los diversos problemas que encara un proceso de unidad de los trabajadores, uno de ello es el de la identidad con la condición concreta de ser trabajador. De lograr desprenderse de la tutela del poder, y de reconocer las fuerzas propias que como trabajadores se tiene.

 Tengamos en cuenta que todos respondemos a diversas identidades, ya que tenemos pertenencias a lo largo de nuestra vida a distintas condiciones o status. Empecemos por la condición de un recién nacido, de un bebe, sin duda en los primeros años de vida quedamos marcados por la relación materna y paterna, en todo caso se construye la relación familiar. Los valores y creencias familiares se transmiten a los hijos, en el marco del contexto cultural en donde se vive.

            Llega el momento del contacto más frecuente de los hijos con la calle, la escuela desde primaria hasta superior, los medios de comunicación, los compañeros de estudios, los residentes de la zona en donde se habita, y todo ello se amalgama con lo que se ha venido construyendo en el seno familiar. En todo ese proceso se van construyendo identidades además de las familiares, ya aparecen identidades religiosas, nacionales, locales, paisanaje, políticas, y otras según las circunstancias.

            Al incorporarse la persona al mundo del trabajo, nos encontramos un cierto grado de segmentación, según como ocurra la inserción laboral. En tiempos lejanos de la Venezuela pre petrolera, e incluso ya en la petrolera en sus primeras décadas, la inserción dominante era al mundo del trabajo del campo, con una notable marca de la influencia familiar.

            Con la modernización que los mismos recursos provenientes del petróleo permitieron, ocurrió un acelerado proceso de urbanización que dio lugar a que Venezuela fuera en este orden el país del proceso más rápido de toda la Latinoamérica y el Caribe, y eso es un asunto que conlleva complejidades. Estamos hablando de los años cincuenta para acá. Esto cambió el mapa demográfico nacional, tanto en su crecimiento como en su distribución espacial.

Hace 70 años el país tenía cuatro millones de habitantes, hoy tiene ocho veces más. Igualmente el país en esa época era predominantemente rural, y hoy las migraciones internas y los flujos de inmigrantes de varias décadas (especialmente de los cincuenta a los setenta) han dado lugar a que más del noventa por ciento de la población reside  hoy en asentamientos urbanos.

            En esos setenta años el país cambio, y con ello las identidades se complejizaron. A las identidades tradicionales como la familia, la religión, la escuela, el sitio de vida, se agregaron las propias de la vida moderna, vinculadas con las migraciones, con las ocupaciones y las diversas inserciones laborales, con los vínculos que los intercambios culturales y la amplia información a la cual se tiene acceso van permitiendo.

            Se reconoce que desde los años treinta hasta los años ochenta el país permitió condiciones para  que buena parte de su población mejorara sus condiciones de vida, para brindar oportunidades y expectativas de una mejor condición en las familias de una generación con relación a sus antecesores. En la literatura de autores europeos para referirse a un proceso de expansión continuada suelen hablar de los treinta años dorados, los gloriosos treinta que fueron del fin de la segunda guerra mundial hasta los años de la primera crisis petrolera, de la primera mitad de los setenta. En nuestro caso son los gloriosos cincuenta años.

            Ahora cabe preguntarse si todo ese proceso en cuanto al mejoramiento de la vida de la población y de la construcción de la infraestructura del país estuvo sustentado por las luchas unitarias de una clase trabajadora autónoma. Pensamos que si hubo contribuciones a las conquistas, pero que fundamentalmente nuestro caso obliga a tener muy presente la renta petrolera, y su administración y distribución por parte de quienes han detentado el poder del Estado. Lo que conllevó a que todas las clases sociales, la de los propietarios y las de los trabajadores se constituyeran en dependientes, ya que en alguna medida fueron beneficiarios del modo de reparto de esa renta.

            Con lo anterior se observa que se construyó por parte de los trabajadores una identidad muy poderosa con aquellos que ocupan las posiciones de control del poder del Estado, es decir una identidad con el poder, que connota posturas de sumisión y subordinación, y que contrarrestan y dificultan el desarrollo de posiciones autónomas en la construcción de las organizaciones de clase, y en este caso de la clase trabajadora.

            Agréguese que desde los ochenta ha habido un proceso de desmejoramiento constante de la situación material y política de la clase trabajadora, que no ha sido contrarrestado con la implantación de un modelo efectivo de cambios en las relaciones de poder y al mismo tiempo en el diseño y aplicación de un nuevo patrón productivo, que brinde oportunidades a la población nacional del momento y las que vienen, que no siga sustentado simplemente en el consumo de la renta petrolera.

            En estos últimos años el nivel de desarrollo de las organizaciones de los trabajadores han venido siendo restringidas en sus derechos y capacidades,  para poder jugar un papel realmente protagónico en la actual etapa transicional. Se trata de una restricción que no sólo es la histórica del capital en su constante proceso de asegurarse tasas de ganancia y mecanismos de control suficiente para preservar su hegemonía, sino de quienes ejercen el poder del Estado que promueve nuevas maneras de relacionarse con el capital y el trabajo. Por ello es imprescindible la identidad de los trabajadores en su condición de tales.