El Correo del Caroní publica interesante reportaje ..
"En la víspera de las primeras elecciones de la era post-Chávez, personalidades del mundo de la cultura, del turismo, de las universidades, de las ONG, del trabajo comunitario, entre otros sectores de la vida pública regional, compartieron sus apreciaciones sobre la importancia de votar.
Se puede ver en:
http://www.correodelcaroni.com/index.php?option=com_content&view=article&id=226574&catid=54
domingo, 14 de abril de 2013
sábado, 13 de abril de 2013
TRABAJO DECENTE Y RELACIONES LABORALES
Sobre “Trabajo Decente y las Relaciones Laborales” se nos solicitó hacer una presentación en las I Jornadas de Salud Ocupacional, organizadas por el Instituto de Altos Estudios de Salud “Arnoldo Gabaldon”, este jueves 11 del presente en Maracay.
El concepto de trabajo decente es una formulación ya difundida y globalizada por la OIT. Desde un principio para los países de habla castellana la palabra decente levanto cierta inquietud por significado de su opuesto, indecente. Es por lo que en nuestro medio es frecuente que leamos la expresión trabajo digno, como la misma formulación que provino de los debates y acuerdo en el seno de OIT. También vale considerar la expresión trabajo seguro, mencionada y destacada por algunos colegas participantes en la aludida jornada.
En cuanto al tema de fondo, es decir ¿que aborda y contiene esta formulación? No hay duda que refiere a garantizar y elevar la protección del trabajador, habida cuenta que los consensos para su aprobación, ocurrió luego del período en que el neoliberalismo fue la doctrina dominante en la mayor parte de las economías del mundo. Por tanto con el convenio de las normas fundamentales o derechos mínimos de 1998, se admite la concreción y punto de partida de esta formulación universal que gradualmente ha venido siendo acogida por las sociedades.
Elementos centrales del trabajo decente se recogen en los llamados derechos mínimos, que incluyen enfrentar los abusos con el trabajo infantil y el trabajo forzoso, enfrentar toda discriminación para el ingreso y conservación del empleo. Completando con los derechos necesario para la defensa y avance de la situación de los trabajadores, en concreto la libertad sindical y la de negociar colectivamente las condiciones de trabajo. Por el objetivo planteado en la conferencia, nos centramos en estos dos últimos elementos; concentrando la atención en registro sindical, dialogo social y negociaciones colectivas. Necesariamente el planteo en estos elementos es crítico de la acción estatal, por el hecho de su abierta indiferencia al cumplimiento de los elementos esenciales que permitan dar garantías a estos conceptos del trabajo decente o digno.
En otras contribuciones hemos abundado en análisis que profundizan y ofrecen datos de cuanto nos alejamos del concepto de trabajo decente o digno, en lo que tiene que ver con el registro sindical, altamente intervenido por la administración del trabajo; la ausencia de diálogo social, tanto con representantes de los trabajadores como de los empleadores, y las dificultades y obstáculos al libre desarrollo de las negociaciones colectivas. Los indicadores son elocuentes en evidenciar que de no haber rectificaciones profundas, estaremos ensanchando la brecha entre nuestras políticas laborales en esas materias y lo requerido por los convenios internacionales que hemos suscrito.
También es importante destacar que cuando desde instituciones locales se formulan quejas y denuncias sobre los déficits y desviaciones en los temas que analizamos, no se manifiesta en la respuesta oficial una postura transparente para que se clarifiquen las denuncias. Suele hacerse referencia al tema de la soberanía como excusa para no permitir el escrutinio e investigación en los asuntos denunciados ante instancias internacionales. El país no sacrifica su soberanía cuando es miembro de instituciones que discuten con transparencia los asuntos controvertidos, y que cualquier posible escrutinio es construido con el consenso de las autoridades nacionales. Hay que tener presente que a esas instancias se recurre cuando localmente no se consiguen las aperturas y garantías para el o los afectados.
Para quien desee ampliar en este tema, en el siguiente vínculo se accede a las actas de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de OIT:
http://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/102/reports/reports-submitted/WCMS_205508/lang--es/index.htm
Una referencia importante vista la incorporación al Mercosur, es el hecho de que en estos países existen programas de fomento del trabajo decente, que llevan a toda la sociedad la divulgación de sus conceptos y elementos. Por ello en las escuelas primaria, básica, vocacional, formación profesional, está presente en los programas curriculares los principios que sustentan el trabajo decente, y además hay campañas que lo extienden a los espacios productivos y públicos.
El concepto de trabajo decente es una formulación ya difundida y globalizada por la OIT. Desde un principio para los países de habla castellana la palabra decente levanto cierta inquietud por significado de su opuesto, indecente. Es por lo que en nuestro medio es frecuente que leamos la expresión trabajo digno, como la misma formulación que provino de los debates y acuerdo en el seno de OIT. También vale considerar la expresión trabajo seguro, mencionada y destacada por algunos colegas participantes en la aludida jornada.
En cuanto al tema de fondo, es decir ¿que aborda y contiene esta formulación? No hay duda que refiere a garantizar y elevar la protección del trabajador, habida cuenta que los consensos para su aprobación, ocurrió luego del período en que el neoliberalismo fue la doctrina dominante en la mayor parte de las economías del mundo. Por tanto con el convenio de las normas fundamentales o derechos mínimos de 1998, se admite la concreción y punto de partida de esta formulación universal que gradualmente ha venido siendo acogida por las sociedades.
Elementos centrales del trabajo decente se recogen en los llamados derechos mínimos, que incluyen enfrentar los abusos con el trabajo infantil y el trabajo forzoso, enfrentar toda discriminación para el ingreso y conservación del empleo. Completando con los derechos necesario para la defensa y avance de la situación de los trabajadores, en concreto la libertad sindical y la de negociar colectivamente las condiciones de trabajo. Por el objetivo planteado en la conferencia, nos centramos en estos dos últimos elementos; concentrando la atención en registro sindical, dialogo social y negociaciones colectivas. Necesariamente el planteo en estos elementos es crítico de la acción estatal, por el hecho de su abierta indiferencia al cumplimiento de los elementos esenciales que permitan dar garantías a estos conceptos del trabajo decente o digno.
En otras contribuciones hemos abundado en análisis que profundizan y ofrecen datos de cuanto nos alejamos del concepto de trabajo decente o digno, en lo que tiene que ver con el registro sindical, altamente intervenido por la administración del trabajo; la ausencia de diálogo social, tanto con representantes de los trabajadores como de los empleadores, y las dificultades y obstáculos al libre desarrollo de las negociaciones colectivas. Los indicadores son elocuentes en evidenciar que de no haber rectificaciones profundas, estaremos ensanchando la brecha entre nuestras políticas laborales en esas materias y lo requerido por los convenios internacionales que hemos suscrito.
También es importante destacar que cuando desde instituciones locales se formulan quejas y denuncias sobre los déficits y desviaciones en los temas que analizamos, no se manifiesta en la respuesta oficial una postura transparente para que se clarifiquen las denuncias. Suele hacerse referencia al tema de la soberanía como excusa para no permitir el escrutinio e investigación en los asuntos denunciados ante instancias internacionales. El país no sacrifica su soberanía cuando es miembro de instituciones que discuten con transparencia los asuntos controvertidos, y que cualquier posible escrutinio es construido con el consenso de las autoridades nacionales. Hay que tener presente que a esas instancias se recurre cuando localmente no se consiguen las aperturas y garantías para el o los afectados.
Para quien desee ampliar en este tema, en el siguiente vínculo se accede a las actas de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de OIT:
http://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/102/reports/reports-submitted/WCMS_205508/lang--es/index.htm
Una referencia importante vista la incorporación al Mercosur, es el hecho de que en estos países existen programas de fomento del trabajo decente, que llevan a toda la sociedad la divulgación de sus conceptos y elementos. Por ello en las escuelas primaria, básica, vocacional, formación profesional, está presente en los programas curriculares los principios que sustentan el trabajo decente, y además hay campañas que lo extienden a los espacios productivos y públicos.
domingo, 7 de abril de 2013
VIOLENCIA SINDICAL SIN DOLIENTES
La revista CONTROVERSIA, arbitrada e indexada, No 198 Junio 2012 - Cuarta etapa)
editada por el Instituto Popular de Capacitación (IPC); Foro Nacional por Colombia; CINEP/PPP; Corporación Región; Escuela Nacional Sindical (ENS),
publica nuestro artículo VIOLENCIA SINDICAL SIN DOLIENTES EN VENEZUELA
editada por el Instituto Popular de Capacitación (IPC); Foro Nacional por Colombia; CINEP/PPP; Corporación Región; Escuela Nacional Sindical (ENS),
publica nuestro artículo VIOLENCIA SINDICAL SIN DOLIENTES EN VENEZUELA
Le invitamos a consultarlo en :
sábado, 6 de abril de 2013
POST CHAVISMO Y TRABAJO
Con la desaparición del Presidente H Chávez, se levantan
preguntas en todos los ámbitos del quehacer nacional en cuanto a las
expectativas que vivirá la sociedad venezolana al no estar presente su enorme liderazgo
y conducción.
El asunto
es analizar el chavismo sin Chávez. Por supuesto que la naturaleza de nuestra
columna apunta el análisis a los temas vinculados con el trabajo, que no son
pocos ni tampoco fáciles de considerar.
Veamos en
primer lugar una síntesis apretada de lo que encontró el chavismo en materia de
trabajo, al inicio de su gestión y lo que hoy tenemos.
Hemos
destacado que desde los años posteriores a la desaparición del otro largo
gobierno que tuvimos en el siglo XX, el de Juan Vicente Gómez, 27 años en el
poder, se inició un período de crecimiento social, económico y político que
cubrió casi el resto del siglo, con el interregno de los años del gobierno
militar 1948-58, que si bien los índices económicos continuaron mejorando un poco
menos ocurrió con los sociales, y sin duda desmejoraron los políticos. Todo
este lapso fue de creciente mejoramiento económico y social; hasta que en los
años ochenta empezaron a revertirse, y de ahí el “viernes negro” de 1983, los
sucesos de 27 y 28 de febrero de 1989, y luego los del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, y la destitución
de un Presidente electo en 1993. Así que
cuando el chavismo se hace del poder en 1998, encuentra una década y media de
desmejoramiento y crisis institucional y política, pero a su vez no hay que
olvidar que previo hubo un prolongado período de mejoramiento económico,
político y social.
El
trabajo, sea el asalariado o el
independiente, experimentó una creciente extensión y masificación. No olvidemos que esto no necesariamente
refiere a que se hubiese alcanzado una avanzada redistribución del ingreso. Se
mantenía su injusta distribución. Pero aun así el ingreso petrolero drenaba y
la familia venezolana mejoraba de una generación a otra. Migraciones masivas
del campo y pueblos menores a las medianas y grandes ciudades cambiaban el mapa urbano, extendiéndolo,
cierto que con rápido surgimiento de franjas y cinturones de pobreza, que en un
principio se pudo asimilar a condiciones que mejoraron las precedentes en los
sitios de origen, pero que gradualmente fueron quedando porciones no
asimiladas, zonas duras de pobreza que empezaron a ilegitimar el sistema
político, y contribuyen a explicar las explosiones y levantamientos civiles y
militares.
Por otro lado, el país durante
seis décadas atraía grandes contingentes de migrantes procedentes de América
Latina y Europa, quienes salían de sus países al conocer de las grandes
posibilidades que ofrecía Venezuela. Lo que confirmaba lo que al interno
ocurría con las migraciones locales. Sin duda que las poblaciones que procedían
de países con mayores niveles de educación y experiencia productiva moderna,
rápidamente se posicionaron en actividades económicas que contribuyeron al fortalecimiento del
aparato productivo nacional, ya sea como fuerza de trabajo calificada e incluso
como emprendedores.
Es importante mirar el país en
una perspectiva temporal amplia. Que las comparaciones no sólo se miden entre
la situación nacional post 1998 y la
década y media inmediata a la llegada del chavismo al poder, sino la Venezuela
que al menos en dos o tres generaciones evolucionó a mejores niveles de vida.
En el marco anterior toca
analizar como se han comportado los niveles de vida de la familia venezolana,
no sólo en lo material sino también en lo cultural, político y espiritual. Es
una temática que desborda este breve artículo, pero si vale enfatizar que un
país, una sociedad, debe pensarse en mediano y largo plazo. Porque si bien hay
indicadores que con relación al trabajo mejoraron en los años del chavismo, hay
otros que desmejoraron. No es un asunto simple que se circunscriba a decir los
ciudadanos ahora estamos mejores, antes estábamos peor, o viceversa. También
hay que ver como está el país, que es la casa de todos
La calidad de los trabajos cada
vez más precarizados, sus ingresos y beneficios, las carreras laborales sin un mediano y largo plazo, la no
discriminación para el ingreso y la estadía laboral, el mejoramiento técnico y
profesional, las organizaciones sindicales no autónomas, fracturadas y
debilitadas, las negociaciones colectivas accidentadas e incumplidas, la
violencia no controlada en medios sindicales y espacios laborales, las
entidades de la administración del trabajo parcializadas y sectarias, el
relajamiento de la disciplina laboral, son algunos de los asuntos que han de revisarse
y mejorarse. Cierto que hay otros que muestran indicadores favorables, como el
incremento de las pensiones y su pago oportuno, el acceso de discapacitados al
trabajo, el acceso a la justicia laboral así como su fluidez, la incorporación
de las mujeres al trabajo, la protección de la maternidad, entre otros.
Es importante agregar que estas
valoraciones sobre que nos deja el chavismo, tienen la dificultad que dada la
frescura de la reciente desaparición del líder y caudillo, más una campaña
electoral en pleno desarrollo, no facilitan hacer las valoraciones que
requerimos para identificar que ha de mantenerse, que ha de rectificarse y que
ha de crearse en la etapa que está por iniciarse, del post chavismo. El país
está partido en dos visiones. Las elecciones levantan pasiones y tensiones que
tienden a mirar las cosas en blanco o negro, sabemos que no son unicolor.
El trabajo requiere un mínimo de
visión compartida para que realmente rinda frutos tanto al país como a su
población. A partir del 15 de Abril estos temas esperan la atención de un
liderazgo responsable de la conducción del país, sea tanto en el gobierno como
en la oposición.
domingo, 31 de marzo de 2013
REFORMA LABORAL: Amenazas y Oportunidades
La Revista COMPENDIUM del Decanato de Administración y Contaduría de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado acaba de publicar su Número 28, correspondiente a Julio de 2012, Año 15, pp 71 a 90, y en su contenido se incluye artículo de nuestra autoría con el título arriba indicado, puede consultarse en:
http://www.ucla.edu.ve/dac/compendium/Revista28/Documento_Compendium_28.pdf
http://www.ucla.edu.ve/dac/compendium/Revista28/Documento_Compendium_28.pdf
| COMPENDIUM Revista de Investigación Científica |
| Decanato de Administración y Contaduría. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto. Estado Lara. Venezuela. |
domingo, 17 de marzo de 2013
COOPERATIVISMO Y JESUITAS
El nombramiento de un jesuita como conductor de la Iglesia Católica en el orbe, nos estimula a reflexionar sobre los aportes de los miembros de esta orden religiosa en asuntos que son de interés en el orden laboral. Concretamente en el nacimiento y fomento del cooperativismo en nuestro país.
Recordemos que en un primera etapa del proceso político bolivariano se le dio un impulso inusitado a esta forma de organizar el trabajo y la producción, fundada en la asociatividad de colectivos, es decir cooperativas.
Ya la euforia gubernamental en esta forma de organización social y productiva ha pasado. Pero en su momento pico – 2007 y 2008- los registros alcanzaron la constitución de cerca de doscientos mil organizaciones cooperativas y cerca de dos millones de afiliados. Luego se fue precisando que estos registros no eran reales. Un censo cooperativo colocó los datos en su lugar, y el número de cooperativas apenas superaba una quinta parte de lo anterior. Acompañado este crecimiento de un costo respetable, el Ministerio de Economía Comunal en el año 2008 citaba que entre 1999 y el 2008 se habían otorgado créditos por 1.5 millardo – de los viejos-, citado por V Álvarez, alto funcionario gubernamental. Buena parte de estos recursos no se recuperaron.
De esta experiencia de un fomento cooperativo improvisado y costoso, pocas cuentas se conocen, menos aún de las frustraciones que quedaron al levantar ilusiones de independencia productiva que no lograron la auto sustentabilidad propia y universal de estas organizaciones que desde el siglo XIX se plantearon ser una alternativa al desarrollo del capitalismo liberal.
No hay duda que el desarrollo del cooperativismo necesita del apoyo del Estado, así como lo recibe el empresariado en el fomento de la industrialización, o los productores del campo para mejores alimentos y materias primas. En fin es tarea propia de quién administra la renta petrolera así como los recursos tributados por la sociedad en general, volcarlos a los que producen para que lo hagan en las mejores condiciones y satisfagan necesidades de la vida de los ciudadanos.
Volviendo a las raíces del cooperativismo en nuestro país, Nelson Freitez, Profesor de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, lo ha venido investigando, concentrando su espacio de investigación en el Estado Lara, que desde hace décadas muestra las más sólidas experiencias de cooperativismo de base y de integración cooperativa. Su investigación releva la acción promotora del Estado y de la Iglesia Católica, especialmente vía el Centro Gumilla, organización de los jesuitas, en la etapa de resurgimiento del cooperativismo que lo ubica en la década del sesenta.
Freitez nos precisa que el Centro Gumilla se creo en Barquisimeto en 1966 y desde ese mismo momento promueve un plan de formación orientado a la expansión e integración cooperativa. En un primer momento se promocionaron las cooperativas de ahorro y crédito, era de una de las necesidades más sentidas de la gente popular y relativamente fáciles de manejar y se podían ver los beneficios pronto. Un convenio con Fundacomun en 1969 permitió sustentar y ampliar las acciones extendiéndola a más de diez entidades del país.
En los años setenta la organización cooperativa llega a las zonas altas del Estado Lara, así como al Municipio Torres, contribuyendo a la producción de alimentos.
De este esfuerzo nació un cooperativismo que con recursos propios y modesta ayuda estatal alcanzó su sustentabilidad y autonomía. Que si bien ha pasado por momentos de auge y de crisis, ahí está cargado de experiencias y de valores, cumpliendo su misión.
De las experiencias cooperativas más estudiadas y conocidas que tienes su asiento en el Estado Lara, destacamos la Ferias de Consumo Familiar, adonde semanalmente aportan sus productos unos 300 productores constituidos en cooperativas y en asociaciones civiles de productores, también 10 unidades de producción comunitaria que agrupan a 60 personas. Esta producción es llevada semanalmente a 28 centros de ventas en la ciudad, donde actúan 50 agrupaciones cooperativas, trabajando alrededor de 900 personas en labores de comercialización. Los compradores, cincuenta y cinco mil familias se benefician en la calidad, los precios y la organización. Todo esto no le cuesta nada al Estado, es el trabajo cooperativo genuino de colectivos con educación y principios cooperativos.
A lo largo de esos cincuenta años de desarrollo cooperativo, los jesuitas y los colectivos de ciudadanos practicantes de la solidaridad, que han aportado a la construcción y funcionamiento de esta organización socio productiva, nos ofrecen la oportunidad de aprender el hacer trabajo cooperativo.
Recordemos que en un primera etapa del proceso político bolivariano se le dio un impulso inusitado a esta forma de organizar el trabajo y la producción, fundada en la asociatividad de colectivos, es decir cooperativas.
Ya la euforia gubernamental en esta forma de organización social y productiva ha pasado. Pero en su momento pico – 2007 y 2008- los registros alcanzaron la constitución de cerca de doscientos mil organizaciones cooperativas y cerca de dos millones de afiliados. Luego se fue precisando que estos registros no eran reales. Un censo cooperativo colocó los datos en su lugar, y el número de cooperativas apenas superaba una quinta parte de lo anterior. Acompañado este crecimiento de un costo respetable, el Ministerio de Economía Comunal en el año 2008 citaba que entre 1999 y el 2008 se habían otorgado créditos por 1.5 millardo – de los viejos-, citado por V Álvarez, alto funcionario gubernamental. Buena parte de estos recursos no se recuperaron.
De esta experiencia de un fomento cooperativo improvisado y costoso, pocas cuentas se conocen, menos aún de las frustraciones que quedaron al levantar ilusiones de independencia productiva que no lograron la auto sustentabilidad propia y universal de estas organizaciones que desde el siglo XIX se plantearon ser una alternativa al desarrollo del capitalismo liberal.
No hay duda que el desarrollo del cooperativismo necesita del apoyo del Estado, así como lo recibe el empresariado en el fomento de la industrialización, o los productores del campo para mejores alimentos y materias primas. En fin es tarea propia de quién administra la renta petrolera así como los recursos tributados por la sociedad en general, volcarlos a los que producen para que lo hagan en las mejores condiciones y satisfagan necesidades de la vida de los ciudadanos.
Volviendo a las raíces del cooperativismo en nuestro país, Nelson Freitez, Profesor de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado, lo ha venido investigando, concentrando su espacio de investigación en el Estado Lara, que desde hace décadas muestra las más sólidas experiencias de cooperativismo de base y de integración cooperativa. Su investigación releva la acción promotora del Estado y de la Iglesia Católica, especialmente vía el Centro Gumilla, organización de los jesuitas, en la etapa de resurgimiento del cooperativismo que lo ubica en la década del sesenta.
Freitez nos precisa que el Centro Gumilla se creo en Barquisimeto en 1966 y desde ese mismo momento promueve un plan de formación orientado a la expansión e integración cooperativa. En un primer momento se promocionaron las cooperativas de ahorro y crédito, era de una de las necesidades más sentidas de la gente popular y relativamente fáciles de manejar y se podían ver los beneficios pronto. Un convenio con Fundacomun en 1969 permitió sustentar y ampliar las acciones extendiéndola a más de diez entidades del país.
En los años setenta la organización cooperativa llega a las zonas altas del Estado Lara, así como al Municipio Torres, contribuyendo a la producción de alimentos.
De este esfuerzo nació un cooperativismo que con recursos propios y modesta ayuda estatal alcanzó su sustentabilidad y autonomía. Que si bien ha pasado por momentos de auge y de crisis, ahí está cargado de experiencias y de valores, cumpliendo su misión.
De las experiencias cooperativas más estudiadas y conocidas que tienes su asiento en el Estado Lara, destacamos la Ferias de Consumo Familiar, adonde semanalmente aportan sus productos unos 300 productores constituidos en cooperativas y en asociaciones civiles de productores, también 10 unidades de producción comunitaria que agrupan a 60 personas. Esta producción es llevada semanalmente a 28 centros de ventas en la ciudad, donde actúan 50 agrupaciones cooperativas, trabajando alrededor de 900 personas en labores de comercialización. Los compradores, cincuenta y cinco mil familias se benefician en la calidad, los precios y la organización. Todo esto no le cuesta nada al Estado, es el trabajo cooperativo genuino de colectivos con educación y principios cooperativos.
A lo largo de esos cincuenta años de desarrollo cooperativo, los jesuitas y los colectivos de ciudadanos practicantes de la solidaridad, que han aportado a la construcción y funcionamiento de esta organización socio productiva, nos ofrecen la oportunidad de aprender el hacer trabajo cooperativo.
lunes, 4 de marzo de 2013
LA IDENTIDAD Y AUTONOMIA DE LOS TRABAJADORES
De los diversos problemas que encara un proceso de unidad de
los trabajadores, uno de ello es el de la identidad con la condición concreta
de ser trabajador. De lograr desprenderse de la tutela del poder, y de
reconocer las fuerzas propias que como trabajadores se tiene.
Tengamos en cuenta que todos respondemos a
diversas identidades, ya que tenemos pertenencias a lo largo de nuestra vida a
distintas condiciones o status. Empecemos por la condición de un recién nacido,
de un bebe, sin duda en los primeros años de vida quedamos marcados por la
relación materna y paterna, en todo caso se construye la relación familiar. Los
valores y creencias familiares se transmiten a los hijos, en el marco del
contexto cultural en donde se vive.
Llega el
momento del contacto más frecuente de los hijos con la calle, la escuela desde
primaria hasta superior, los medios de comunicación, los compañeros de
estudios, los residentes de la zona en donde se habita, y todo ello se amalgama
con lo que se ha venido construyendo en el seno familiar. En todo ese proceso
se van construyendo identidades además de las familiares, ya aparecen
identidades religiosas, nacionales, locales, paisanaje, políticas, y otras
según las circunstancias.
Al
incorporarse la persona al mundo del trabajo, nos encontramos un cierto grado
de segmentación, según como ocurra la inserción laboral. En tiempos lejanos de
la Venezuela pre petrolera, e incluso ya en la petrolera en sus primeras
décadas, la inserción dominante era al mundo del trabajo del campo, con una
notable marca de la influencia familiar.
Con la
modernización que los mismos recursos provenientes del petróleo permitieron,
ocurrió un acelerado proceso de urbanización que dio lugar a que Venezuela
fuera en este orden el país del proceso más rápido de toda la Latinoamérica y
el Caribe, y eso es un asunto que conlleva complejidades. Estamos hablando de
los años cincuenta para acá. Esto cambió el mapa demográfico nacional, tanto en
su crecimiento como en su distribución espacial.
Hace 70 años el país tenía cuatro
millones de habitantes, hoy tiene ocho veces más. Igualmente el país en esa
época era predominantemente rural, y hoy las migraciones internas y los flujos
de inmigrantes de varias décadas (especialmente de los cincuenta a los setenta)
han dado lugar a que más del noventa por ciento de la población reside hoy en asentamientos urbanos.
En esos
setenta años el país cambio, y con ello las identidades se complejizaron. A las
identidades tradicionales como la familia, la religión, la escuela, el sitio de
vida, se agregaron las propias de la vida moderna, vinculadas con las
migraciones, con las ocupaciones y las diversas inserciones laborales, con los
vínculos que los intercambios culturales y la amplia información a la cual se
tiene acceso van permitiendo.
Se reconoce
que desde los años treinta hasta los años ochenta el país permitió condiciones
para que buena parte de su población
mejorara sus condiciones de vida, para brindar oportunidades y expectativas de
una mejor condición en las familias de una generación con relación a sus
antecesores. En la literatura de autores europeos para referirse a un proceso
de expansión continuada suelen hablar de los treinta años dorados, los
gloriosos treinta que fueron del fin de la segunda guerra mundial hasta los
años de la primera crisis petrolera, de la primera mitad de los setenta. En
nuestro caso son los gloriosos cincuenta años.
Ahora cabe
preguntarse si todo ese proceso en cuanto al mejoramiento de la vida de la
población y de la construcción de la infraestructura del país estuvo sustentado
por las luchas unitarias de una clase trabajadora autónoma. Pensamos que si
hubo contribuciones a las conquistas, pero que fundamentalmente nuestro caso
obliga a tener muy presente la renta petrolera, y su administración y
distribución por parte de quienes han detentado el poder del Estado. Lo que
conllevó a que todas las clases sociales, la de los propietarios y las de los
trabajadores se constituyeran en dependientes, ya que en alguna medida fueron
beneficiarios del modo de reparto de esa renta.
Con lo
anterior se observa que se construyó por parte de los trabajadores una
identidad muy poderosa con aquellos que ocupan las posiciones de control del
poder del Estado, es decir una identidad con el poder, que connota posturas de
sumisión y subordinación, y que contrarrestan y dificultan el desarrollo de
posiciones autónomas en la construcción de las organizaciones de clase, y en
este caso de la clase trabajadora.
Agréguese
que desde los ochenta ha habido un proceso de desmejoramiento constante de la
situación material y política de la clase trabajadora, que no ha sido
contrarrestado con la implantación de un modelo efectivo de cambios en las
relaciones de poder y al mismo tiempo en el diseño y aplicación de un nuevo
patrón productivo, que brinde oportunidades a la población nacional del momento
y las que vienen, que no siga sustentado simplemente en el consumo de la renta
petrolera.
En estos
últimos años el nivel de desarrollo de las organizaciones de los trabajadores
han venido siendo restringidas en sus derechos y capacidades, para poder jugar un papel realmente
protagónico en la actual etapa transicional. Se trata de una restricción que no
sólo es la histórica del capital en su constante proceso de asegurarse tasas de
ganancia y mecanismos de control suficiente para preservar su hegemonía, sino
de quienes ejercen el poder del Estado que promueve nuevas maneras de
relacionarse con el capital y el trabajo. Por ello es imprescindible la
identidad de los trabajadores en su condición de tales.
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