En las Relaciones de Trabajo no hay institución más familiar para los trabajadores y las empresas que las Convenciones Colectivas. Aunque quienes la disfrutan sólo aquellos sectores en donde existe organización sindical. De no existir esta, las empresas prefieren mantener los beneficios y las condiciones de trabajo en el nivel de la relación individual. Por tanto, se puede mencionar contundentemente que la vigencia de las convenciones colectivas está ligada a la existencia real de un ambiente de libertad sindical.
Aunque la población sindicalizada puede no alcanzar a porcentajes mayoritarios de la población económicamente activa, como pasa excepcionalmente en los países nórdicos, pero esta institución ofrece características que extienden sus efectos a colectivos más allá de la población sindicalizada. Por ejemplo, una empresa que cuenta en su nómina con un mil trabajadores, entre obreros y empleados, y sólo están organizados sindicalmente una cuarta parte de ellos, resulta que lo negociado y acordado se extiende a los trabajadores no sindicalizados, esto multiplica sus efectos. Además facilita la gestión de las personas, por sistematizar y homologar los beneficios. De no homologarlos, pone en evidencia discriminaciones mal vistas en la subjetividad de los trabajadores.
Además, aquellos beneficios que se consolidan año tras año, y que se repiten en distintos convenios colectivos, tienden a generalizarse, ya sea por que el Estado lo hace extensivo al resto de los asalariados, o porque los propios actores sociales, trabajadores y empresarios, en las medianas y pequeñas empresas – aún sin organización sindical- no están encapsulados y algo de los beneficios contenidos en los convenios, van a formar parte de sus condiciones de trabajo. Esto se potencia mucho más, cuando se producen las relaciones de empresas en tanto proveedoras o clientes, y los sujetos que intervienen en estos servicios aprenden de los niveles de condiciones y beneficios de sus pares trabajadores.
La mirada anterior de esta institución ha dado demostraciones universales de brindar alternativas para la convivencia, la justicia, el mejoramiento productivo, la participación y la redistribución en las relaciones capital y trabajo.
En la historia de las relaciones de trabajo en el país, esta institución tuvo un interesante crecimiento. Cierto que en lo cualitativo, importantes deficiencias no lograron superarse. Era obviamente una tarea a ir resolviendo. La principal deficiencia histórica estuvo ligada a razones estructurales del funcionamiento de las relaciones de trabajo y la existencia de carencias en la libertad sindical.
Pero en estos años recientes, los últimos veinte años se aprecian unos datos preocupantes. En primer lugar por la constatación de su marcada declinación. Véase que en 1988, se negociaron y registraron un mil novecientos noventa y cinco convenios colectivos, y el último año visto en los registros oficiales -2009-, se indica la negociación de sólo trescientos sesenta. Si bien estos son los números extremos, el hecho es que la institución ha venido reduciéndose a extremos preocupantes, para el desenvolvimiento de las relaciones de trabajo y de la situación de los trabajadores en general. Se pudiera argumentar que se ha venido construyendo un proceso de integración de las organizaciones sindicales, y que estos 360 convenios atienden y benefician a un número mayor de trabajadores, pero nuevamente las evidencias no lo indican así. Hay deformaciones en al ambiente de la libertad sindical.
Las razones son diversas, y hay que analizarlas detenidamente. Sin embargo, un adelanto de algunas de ellas, pero con el compromiso de analizarlas posteriormente. En primer lugar, hay que tener en cuenta cual es el modelo de desarrollo que se impulsa; tanto en lo económico, social y político. La negociación colectiva supone compartir, intercambiar y acordar. Se trata de meta valores, que implica el respeto de la opinión del otro, de sus argumentaciones y planteamientos. Esencial, cumplir con lo pactado. Si bien hay intereses contradictorios entre capital y trabajo, la unión de ambos es base para el sustento de la producción de bienes y servicios. Que el capital que sea propietario de una entidad productiva determinada sea estatal o privado, sea extranjero o nacional, no son motivos para que los valores mencionados estén de lado.
La convención colectiva ha de estar inserta en el modelo de desarrollo que se aspire construir. Igualmente corresponde tener presente vasos comunicantes entre las políticas en el más alto nivel, con los procesos de acuerdos al nivel de la rama y en los centros productivos específicos.
viernes, 13 de agosto de 2010
sábado, 7 de agosto de 2010
Fragmentación de las Relaciones de Trabajo: Punto de Partida y Evidencias.
Desde hace un par de décadas le hemos venido prestando atención al fenómeno de la fragmentación en las Relaciones de Trabajo. Con ello se quiere destacar la fractura de los mecanismos de representación de los actores sociales. El levantamiento social de febrero 1989, fue la revelación cruda que sorprendió a quienes fungían de líderes de las organizaciones sociales, económicas y políticas. Los liderazgos y la integración de la sociedad estaban desconectados. Desde entonces se intenta encontrar modos y caminos de proyectos de consensos.
Para entonces, en las Relaciones de Trabajo ya se venía experimentado un desgaste. El hecho de que sus instituciones y mecanismos venían perdiendo capacidad de cobertura, era la evidencia. Los empleos estables, tutelados, que mejoraban año tras años, venían siendo sustituidos por trabajos sin tutelas, inestables y desmejoramiento progresivo de las conquistas logradas desde los años cuarenta en adelante. De esto se trata cuando hablamos de fragmentación de las Relaciones de Trabajo.
La Fragmentación de las Relaciones de Trabajo no es un fenómeno que aparece de súbito. Bastante se ha abonado para que haya alcanzado dimensiones preocupantes. Véase el caso del caos de lo laboral en el sector de la construcción y en las empresas básicas, aparte de la desaparición de un buen número de centros productivos.
En sus mejores momentos, las Relaciones de Trabajo abrieron opciones para que se mirara el futuro con expectativas positivas, con esperanzas. Claro que ellas no llegaron con sus mecanismos a toda la sociedad y esa era la debilidad que había que resolver. La administración pública, las empresas grandes y medianas, fueran privadas o públicas, albergaban los mejores empleos, que constituían la población cubierta por los mecanismos en cuestión. En la periferia de este núcleo funcionaba un vasto número de pequeñas empresas, en donde se observan situaciones muy diversas, desde la real existencia y funcionamiento de los mecanismos, hasta casos de absoluta desprotección.
Con la apertura económica de los ochenta, la búsqueda de la disminución de los costos se convirtió en un acelerante que fue llevando al aparato productivo a la implantación de estrategias para sobrevivir. Desde el Estado no hubo definiciones para construir estrategias de adaptación a los procesos de apertura, que permitiera suavizar las consecuencias. Ante ello, fue ganando terreno una estrategia perversa como la de la disminución de los costos. Otras estrategias, como la de fortalecimiento del capital humano, la de fomento de la innovación, la de la especialización y aprendizajes productivo, carecieron de un plan ambicioso y liderado por quienes condujeron las políticas públicas de entonces. Desde el capital, las adecuaciones dominantes era sobrevivir según las opciones que el mismo determinaba.
Ante este dilema, las organizaciones de los trabajadores, ejecutoras de un patrón reivindicativo no centrado en lo productivo, carecieron de proposiciones. El mismo patrón reivindicativo consumía las energías de su liderazgo, dejo abandonada la construcción y fomento de proposiciones productivas propias, que fueran alternativas a la clásica opción empresarial de la reducción de costos. Se ha considerado que la última preocupación sistemática del movimiento de los trabajadores por construir alternativas más allá de lo reivindicativo, y con elementos importantes de definición de los modelos productivos, fue el Manifiesto de Porlamar, aprobado en el congreso cetevista de 1980. Aunque es importante mencionar que su contenido tenía un basamento construido fundamentalmente por asesores profesionales y académicos, pero que el liderazgo y el movimiento asumió como propio, pero sólo en lo formal, ya que transcurrido el congreso y su impacto inicial, su liderazgo dejó de lado aquellos postulados.
Para entonces, en las Relaciones de Trabajo ya se venía experimentado un desgaste. El hecho de que sus instituciones y mecanismos venían perdiendo capacidad de cobertura, era la evidencia. Los empleos estables, tutelados, que mejoraban año tras años, venían siendo sustituidos por trabajos sin tutelas, inestables y desmejoramiento progresivo de las conquistas logradas desde los años cuarenta en adelante. De esto se trata cuando hablamos de fragmentación de las Relaciones de Trabajo.
La Fragmentación de las Relaciones de Trabajo no es un fenómeno que aparece de súbito. Bastante se ha abonado para que haya alcanzado dimensiones preocupantes. Véase el caso del caos de lo laboral en el sector de la construcción y en las empresas básicas, aparte de la desaparición de un buen número de centros productivos.
En sus mejores momentos, las Relaciones de Trabajo abrieron opciones para que se mirara el futuro con expectativas positivas, con esperanzas. Claro que ellas no llegaron con sus mecanismos a toda la sociedad y esa era la debilidad que había que resolver. La administración pública, las empresas grandes y medianas, fueran privadas o públicas, albergaban los mejores empleos, que constituían la población cubierta por los mecanismos en cuestión. En la periferia de este núcleo funcionaba un vasto número de pequeñas empresas, en donde se observan situaciones muy diversas, desde la real existencia y funcionamiento de los mecanismos, hasta casos de absoluta desprotección.
Con la apertura económica de los ochenta, la búsqueda de la disminución de los costos se convirtió en un acelerante que fue llevando al aparato productivo a la implantación de estrategias para sobrevivir. Desde el Estado no hubo definiciones para construir estrategias de adaptación a los procesos de apertura, que permitiera suavizar las consecuencias. Ante ello, fue ganando terreno una estrategia perversa como la de la disminución de los costos. Otras estrategias, como la de fortalecimiento del capital humano, la de fomento de la innovación, la de la especialización y aprendizajes productivo, carecieron de un plan ambicioso y liderado por quienes condujeron las políticas públicas de entonces. Desde el capital, las adecuaciones dominantes era sobrevivir según las opciones que el mismo determinaba.
Ante este dilema, las organizaciones de los trabajadores, ejecutoras de un patrón reivindicativo no centrado en lo productivo, carecieron de proposiciones. El mismo patrón reivindicativo consumía las energías de su liderazgo, dejo abandonada la construcción y fomento de proposiciones productivas propias, que fueran alternativas a la clásica opción empresarial de la reducción de costos. Se ha considerado que la última preocupación sistemática del movimiento de los trabajadores por construir alternativas más allá de lo reivindicativo, y con elementos importantes de definición de los modelos productivos, fue el Manifiesto de Porlamar, aprobado en el congreso cetevista de 1980. Aunque es importante mencionar que su contenido tenía un basamento construido fundamentalmente por asesores profesionales y académicos, pero que el liderazgo y el movimiento asumió como propio, pero sólo en lo formal, ya que transcurrido el congreso y su impacto inicial, su liderazgo dejó de lado aquellos postulados.
sábado, 31 de julio de 2010
RELACIONES LABORALES: DE LO REIVINDICATIVO A LO PRODUCTIVO
La semana pasada elaboramos entrega con el nombre “Lo Laboral Productivo y Distributivo”. Su propósito fue ir las raíces que nos explicaran el porqué de un modelo reivindicativo centrado en lo distributivo, como ha sido el dominante en las Relaciones de Trabajo en nuestro país.
En esta ocasión nos planteamos como convertir a que el modelo reivindicativo priorice lo productivo. Es un asunto complejo y no se resuelve por un decreto. Claro, hay que empezar de alguna manera. De hecho, una buena cantidad de empresas han cedido a las dificultades económicas, especialmente la crisis del 2002-2003, y finalmente cerraron, de ahí una buena parte de las empresas cerradas y tomadas, y luego diversas experiencias de reactivación. La mayoría accidentadas y sin alcanzar su normalización.
Es distintivo en los años que corren post crisis 2002-2003, que las empresas cerradas y tomadas por los trabajadores lo fueron, no para solamente asegurar el cobro de pasivos laborales, sino más importante aún, para tratar de preservar la fuente de producción y empleo. Tradicionalmente las tomas de empresas en dificultades por parte de los trabajadores, se circunscribían a asegurar el cobro de las prestaciones o algún otro pasivo laboral y ahí terminaba todo. Esto ya representa un elemento novedoso de estos tiempos. Entre las razones, hay que mencionar el discurso oficial que empoderaba a los trabajadores, que se enmarcaba en una suerte de venganza gubernamental contra aquellos empresarios que pasaron abiertamente a ser actores políticos, y en la confrontación resultaron doblemente perdedores, por un lado la derrota política y por la otra, la pérdida de sus empresas. También es importante destacar, que con la crisis argentina del 2001-2002 -“argentinazo”- se pudo conocer ese antecedente, divulgado por las cadenas informativas internacionales, y por los lazos que se fomentaron entre dirigentes laborales.
Al estar las empresas en manos de los trabajadores, porque actuaron en los momentos críticos para estar presente vigilando y cuidando, y contrarrestar así los vaciamientos y vandalismos, que permitiera reactivar las empresa en las mejores condiciones posibles. Por supuesto buscando la asistencia gubernamental, quién estuvo presto y atento.
Las evidencias de las limitaciones
A partir de aquí quedaron en evidencias dos problemas cruciales. Uno, que el modelo reivindicativo fundado en lo distributivo, dejaba en evidencia las serias limitaciones que este modelo había acumulado para encarar la conducción de las empresas. Décadas de un accionar sindical, que no había asumido los problemas de la producción y administración, ya que sus rutinas en lo reivindicativo distributivo le consumían sus energías y atención. Al tener que asumir la conducción de lo productivo y administrativo, se hacía evidente un notable déficit de control y conocimientos, que se hacía más notable, ya que se trataba de empresas que venían de dificultades de producción, ventas y falta de inversión.
El otro problema crucial, el segundo, refiere a que las empresas en dificultades tomadas por los trabajadores, éstos vieron en el Gobierno la panacea. Es decir la asistencia en todos los órdenes, la varita mágica. Pero los resultados han sido contradictorios. Por un lado la construcción e imposición de formas organizacionales elaboradas un tanto rápido e improvisada. Lo que daría lugar al poco tiempo a problemas de operatividad. Por otro lado, la imposición de un manejo sesgado de la conducción de estos entes, no priorizando la profesionalidad, el talento, la experiencia y el conocimiento, más bien subordinándolo a lealtades y cercanías que no siempre han sido compatibles con las lógicas de la conducción productiva. De alguna manera el ensayo y error se ha financiado desde recursos ajenos a estos centros productivos, pero ese mismo dinero se le ha restado a otras áreas de la vida social y económica. El país es uno sólo y hay que analizarlo en su integridad.
En esta ocasión nos planteamos como convertir a que el modelo reivindicativo priorice lo productivo. Es un asunto complejo y no se resuelve por un decreto. Claro, hay que empezar de alguna manera. De hecho, una buena cantidad de empresas han cedido a las dificultades económicas, especialmente la crisis del 2002-2003, y finalmente cerraron, de ahí una buena parte de las empresas cerradas y tomadas, y luego diversas experiencias de reactivación. La mayoría accidentadas y sin alcanzar su normalización.
Es distintivo en los años que corren post crisis 2002-2003, que las empresas cerradas y tomadas por los trabajadores lo fueron, no para solamente asegurar el cobro de pasivos laborales, sino más importante aún, para tratar de preservar la fuente de producción y empleo. Tradicionalmente las tomas de empresas en dificultades por parte de los trabajadores, se circunscribían a asegurar el cobro de las prestaciones o algún otro pasivo laboral y ahí terminaba todo. Esto ya representa un elemento novedoso de estos tiempos. Entre las razones, hay que mencionar el discurso oficial que empoderaba a los trabajadores, que se enmarcaba en una suerte de venganza gubernamental contra aquellos empresarios que pasaron abiertamente a ser actores políticos, y en la confrontación resultaron doblemente perdedores, por un lado la derrota política y por la otra, la pérdida de sus empresas. También es importante destacar, que con la crisis argentina del 2001-2002 -“argentinazo”- se pudo conocer ese antecedente, divulgado por las cadenas informativas internacionales, y por los lazos que se fomentaron entre dirigentes laborales.
Al estar las empresas en manos de los trabajadores, porque actuaron en los momentos críticos para estar presente vigilando y cuidando, y contrarrestar así los vaciamientos y vandalismos, que permitiera reactivar las empresa en las mejores condiciones posibles. Por supuesto buscando la asistencia gubernamental, quién estuvo presto y atento.
Las evidencias de las limitaciones
A partir de aquí quedaron en evidencias dos problemas cruciales. Uno, que el modelo reivindicativo fundado en lo distributivo, dejaba en evidencia las serias limitaciones que este modelo había acumulado para encarar la conducción de las empresas. Décadas de un accionar sindical, que no había asumido los problemas de la producción y administración, ya que sus rutinas en lo reivindicativo distributivo le consumían sus energías y atención. Al tener que asumir la conducción de lo productivo y administrativo, se hacía evidente un notable déficit de control y conocimientos, que se hacía más notable, ya que se trataba de empresas que venían de dificultades de producción, ventas y falta de inversión.
El otro problema crucial, el segundo, refiere a que las empresas en dificultades tomadas por los trabajadores, éstos vieron en el Gobierno la panacea. Es decir la asistencia en todos los órdenes, la varita mágica. Pero los resultados han sido contradictorios. Por un lado la construcción e imposición de formas organizacionales elaboradas un tanto rápido e improvisada. Lo que daría lugar al poco tiempo a problemas de operatividad. Por otro lado, la imposición de un manejo sesgado de la conducción de estos entes, no priorizando la profesionalidad, el talento, la experiencia y el conocimiento, más bien subordinándolo a lealtades y cercanías que no siempre han sido compatibles con las lógicas de la conducción productiva. De alguna manera el ensayo y error se ha financiado desde recursos ajenos a estos centros productivos, pero ese mismo dinero se le ha restado a otras áreas de la vida social y económica. El país es uno sólo y hay que analizarlo en su integridad.
sábado, 24 de julio de 2010
LO LABORAL PRODUCTIVO Y DISTRIBUTIVO
En la pasada columna se destacó que una característica central de las Relaciones Laborales es su construcción histórica. No es una relación en la que todo se explica por factores o determinantes universales. Nuestra idea es que hemos construido un modelo de relaciones laborales determinado.
En la construcción histórica de las relaciones entre empresas y trabajadores en nuestro país, ejerció notable influencia el modelo que se implantó en la industria pionera de la modernización de estas relaciones, como fue la petrolera. Fue un tipo de relación que prestó atención relevante a las condiciones de vida y de la reproducción de la fuerza de trabajo, más que a las negociaciones y acuerdos sobre las condiciones cotidianas y directas de la producción.
Este modelo se replico más tarde en las empresas mineras del hierro. Se trata de enclaves productivos instalados en zonas de limitado desarrollo urbano, y que llevó a las relaciones de trabajo a dar atención preferente a un patrón reivindicativo centrado en las condiciones de lo social reproductivo.
También hay que señalar que los modelos reivindicativos no son puros, siempre se encontraran combinaciones entre un modelo que se concentra en los beneficios sociales y económicos para el mejoramiento del bienestar y de calidad de vida de los trabajadores, y por otro lado, modelos que privilegian la producción y la organización del trabajo, con sus diversas implicaciones, lo cual es bien importante, ya que ahí es donde se produce la riqueza.
Por el lado del capital, las empresas favorecieron este patrón reivindicativo, pero a cambio de monopolizar la gestión, por eso se desarrolló el concepto de “prerrogativas gerenciales”, que condujo a un desarrollo de las relaciones de trabajo, más centrada en la distribución que en la producción. Lo primero era el eje de la negociación bilateral (empresa-sindicato), y lo segundo un terreno unilateral de la gerencia.
Luego, al modernizarse otras áreas del aparato productivo, por el desarrollo industrial vía sustitución de importaciones, por el arranque de las empresas básicas, por el desarrollo de la administración pública nacional y regional, resulta que el patrón reivindicativo de las petroleras y mineras del hierro, se traslado a estas actividades, que se desarrollaban en los espacios urbanos, en donde sí existían los servicios e instalaciones que no tuvieron en sus inicios los enclaves petrolero y minero.
Esto determinó que se siguió dejando en la gerencia el problema productivo, y que por otro lado se presionaba a la empresa para que diera respuesta a los temas de reproducción de la fuerza de trabajo, como los relativos a salud (HCM, clínica, farmacia), educación (becas, escuelas), atención a la familia (guarderías), recreación (deportes, turismo, celebraciones festivas).
Todo lo anterior determinó, que desde el movimiento de los trabajadores no se presionaba al Estado en la atención y mantenimiento de esos servicios, que son de su competencia y responsabilidad directa, ya que por la vía de las Relaciones Laborales se obtenían los beneficios. Pero todo esto, con una consecuencia nada menor, como fue el ir dejando a un lado a aquellos segmentos –gradualmente mayoritarios-, que no accedían a las relaciones colectivas de trabajo en grandes centros productivos y en la administración pública. Esto también se tradujo en problemas de segmentación en el conjunto de los trabajadores, y dificultades en la construcción de un vigoroso movimiento de los trabajadores con propuestas sociopolíticas nacionales.
Con lo anterior se sugieren múltiples consecuencias en las relaciones Capital, Trabajo y Estado. Por ahora, rápidamente, se tiene el que el Estado no es objeto de presiones que guarden la debida correspondencia con los déficits de atención social que resultan de su mal funcionamiento. Por ello, sigue practicando la tentación corporatista autoritaria. Por otro lado, la gestión en manos de la Gerencia, ha profundizado una organización del trabajo, que desaprovecha las capacidades y conocimientos que provienen de los trabajadores, para que ellos contribuyan con todo su potencial al desarrollo productivo. Y finalmente al movimiento de los trabajadores no le es fácil pasar de un accionar predominantemente reivindicativo a uno productivo. Todo luce, que es necesario un replanteo profundo de los tres actores, es decir del funcionamiento global productivo y distributivo.
Nota: Este texto puede ser leído en columna "El Mundo del Trabajo" los días domingo en Correo del Caroní http://www.correodelcaroni.com, sin embargo, un error nuestro, no permitió que apareciera en la edición impresa del del 25-7-10, aunque si se incluirá en la versión on line.
En la construcción histórica de las relaciones entre empresas y trabajadores en nuestro país, ejerció notable influencia el modelo que se implantó en la industria pionera de la modernización de estas relaciones, como fue la petrolera. Fue un tipo de relación que prestó atención relevante a las condiciones de vida y de la reproducción de la fuerza de trabajo, más que a las negociaciones y acuerdos sobre las condiciones cotidianas y directas de la producción.
Este modelo se replico más tarde en las empresas mineras del hierro. Se trata de enclaves productivos instalados en zonas de limitado desarrollo urbano, y que llevó a las relaciones de trabajo a dar atención preferente a un patrón reivindicativo centrado en las condiciones de lo social reproductivo.
También hay que señalar que los modelos reivindicativos no son puros, siempre se encontraran combinaciones entre un modelo que se concentra en los beneficios sociales y económicos para el mejoramiento del bienestar y de calidad de vida de los trabajadores, y por otro lado, modelos que privilegian la producción y la organización del trabajo, con sus diversas implicaciones, lo cual es bien importante, ya que ahí es donde se produce la riqueza.
Por el lado del capital, las empresas favorecieron este patrón reivindicativo, pero a cambio de monopolizar la gestión, por eso se desarrolló el concepto de “prerrogativas gerenciales”, que condujo a un desarrollo de las relaciones de trabajo, más centrada en la distribución que en la producción. Lo primero era el eje de la negociación bilateral (empresa-sindicato), y lo segundo un terreno unilateral de la gerencia.
Luego, al modernizarse otras áreas del aparato productivo, por el desarrollo industrial vía sustitución de importaciones, por el arranque de las empresas básicas, por el desarrollo de la administración pública nacional y regional, resulta que el patrón reivindicativo de las petroleras y mineras del hierro, se traslado a estas actividades, que se desarrollaban en los espacios urbanos, en donde sí existían los servicios e instalaciones que no tuvieron en sus inicios los enclaves petrolero y minero.
Esto determinó que se siguió dejando en la gerencia el problema productivo, y que por otro lado se presionaba a la empresa para que diera respuesta a los temas de reproducción de la fuerza de trabajo, como los relativos a salud (HCM, clínica, farmacia), educación (becas, escuelas), atención a la familia (guarderías), recreación (deportes, turismo, celebraciones festivas).
Todo lo anterior determinó, que desde el movimiento de los trabajadores no se presionaba al Estado en la atención y mantenimiento de esos servicios, que son de su competencia y responsabilidad directa, ya que por la vía de las Relaciones Laborales se obtenían los beneficios. Pero todo esto, con una consecuencia nada menor, como fue el ir dejando a un lado a aquellos segmentos –gradualmente mayoritarios-, que no accedían a las relaciones colectivas de trabajo en grandes centros productivos y en la administración pública. Esto también se tradujo en problemas de segmentación en el conjunto de los trabajadores, y dificultades en la construcción de un vigoroso movimiento de los trabajadores con propuestas sociopolíticas nacionales.
Con lo anterior se sugieren múltiples consecuencias en las relaciones Capital, Trabajo y Estado. Por ahora, rápidamente, se tiene el que el Estado no es objeto de presiones que guarden la debida correspondencia con los déficits de atención social que resultan de su mal funcionamiento. Por ello, sigue practicando la tentación corporatista autoritaria. Por otro lado, la gestión en manos de la Gerencia, ha profundizado una organización del trabajo, que desaprovecha las capacidades y conocimientos que provienen de los trabajadores, para que ellos contribuyan con todo su potencial al desarrollo productivo. Y finalmente al movimiento de los trabajadores no le es fácil pasar de un accionar predominantemente reivindicativo a uno productivo. Todo luce, que es necesario un replanteo profundo de los tres actores, es decir del funcionamiento global productivo y distributivo.
Nota: Este texto puede ser leído en columna "El Mundo del Trabajo" los días domingo en Correo del Caroní http://www.correodelcaroni.com, sin embargo, un error nuestro, no permitió que apareciera en la edición impresa del del 25-7-10, aunque si se incluirá en la versión on line.
sábado, 17 de julio de 2010
Relaciones Laborales: evolución e involución
Las Relaciones Laborales o de Trabajo tienen dos características centrales que son universales. Una, es su carácter de construcción histórica; la otra, refiere a la relación de fuerzas que capital y trabajo ponen en juego para modelarlas.Veamos una y otra.
Con lo de la construcción histórica, se señala que en cada sociedad y modelos productivos predominantes, se construyen los rasgos que van modelando el tipo de relaciones o convivencia entre el capital y el trabajo. Esto se ve más claramente, por ejemplo al observar que hay más semejanzas entre las relaciones laborales de Toyota y General Motors, como empresas operando en Venezuela, que las semejanzas de las relaciones laborales predominando en los países Japón, EEUU y Venezuela, los tres involucrados. El ejemplo del sector automotriz es deliberado, porque es un sector que ha hecho intentos por globalizar sus sistemas productivos. Pero no obstante ello, la manera como se relacionan las empresas y los trabajadores organizados, depende mayormente del contexto local. Las empresas procedentes de los países desarrollados transfieren prácticas operativas y administrativas, pero son más cautelosas en cuanto a transferir los modos como se relacionan en sus países de origen con las organizaciones representativas de los trabajadores.
La otra característica central al funcionamiento de las Relaciones Laborales o de Trabajo, es que se trata de una relación de fuerza entre capital y trabajo. Para empezar, es claro que no hay relaciones laborales hasta tanto uno y otro no se reconozcan en tanto actores con capacidad para construir reglas que faciliten la convivencia. Este proceso de reconocimiento no es gratuito, ya que empieza por una relación en donde el capital no admite una convivencia distinta a la unilateralidad de sus decisiones en el ámbito productivo. Tanto la construcción histórica como la relación de fuerzas, van a ir llevando la unilateralidad a la bilateralidad en estas relaciones, en el sentido de que compete a ambos la convivencia y sus reglas.
Hasta aquí todo parece fácil de entender. El problema se complejiza al tener presente al Estado. ¿En donde se ubica su papel? Con el Estado hay dos cualidades que han de estar en el análisis, una es su condición clásica de regulador de la relación capital y trabajo. El otro papel, es el del Estado patrono o productor en muchos casos. La distinción viene a propósito del hecho que las funciones clásicas estatales, constituyen un ámbito de las Relaciones de Trabajo con características propias que también implican para su evolución el reconocimiento de que el Estado patrono, provea o admita a quienes le sirven en su condición actores colectivos. El campo de la Carrera Administrativa o del Estatuto de la Función Pública, no es ajeno a la relación de fuerzas entre el Estado patrono y los trabajadores organizados en este ámbito.
Cuando el Estado es patrono no por las funciones de administrar las áreas clásicas estatales, sino que deviene en Estado patrono por ser productor de bienes y servicios. Entonces se tiene al Estado además de Regulador, ahora Productor. Es un doble papel que se presta al solapamiento de uno y del otro. Teóricamente este asunto se resuelva cuando el Estado Productor se somete a las mismas reglas de funcionamiento a las cuales está sometido el Privado Productor. Para los trabajadores el asunto de que la propiedad la tengan los privados o la tenga el Estado, o sea mixta, no altera en su esencia la relación de poder en la cual está inmerso, al menos para que en el ámbito productivo haya justicia, equidad y progresividad en las condiciones de trabajo . Se entiende que el Estado propietario de una fábrica de tubos, de cemento, o un supermercado, ha de fabricar esos productos o brindar esos servicios con el mayor esmero productivo, para responderles a los accionistas que en este caso es toda la sociedad, y los trabajadores han de hacer otro tanto, para lo cual aspiran que no se solapen las funciones del Estado Regulador con la de Productor.
Con lo de la construcción histórica, se señala que en cada sociedad y modelos productivos predominantes, se construyen los rasgos que van modelando el tipo de relaciones o convivencia entre el capital y el trabajo. Esto se ve más claramente, por ejemplo al observar que hay más semejanzas entre las relaciones laborales de Toyota y General Motors, como empresas operando en Venezuela, que las semejanzas de las relaciones laborales predominando en los países Japón, EEUU y Venezuela, los tres involucrados. El ejemplo del sector automotriz es deliberado, porque es un sector que ha hecho intentos por globalizar sus sistemas productivos. Pero no obstante ello, la manera como se relacionan las empresas y los trabajadores organizados, depende mayormente del contexto local. Las empresas procedentes de los países desarrollados transfieren prácticas operativas y administrativas, pero son más cautelosas en cuanto a transferir los modos como se relacionan en sus países de origen con las organizaciones representativas de los trabajadores.
La otra característica central al funcionamiento de las Relaciones Laborales o de Trabajo, es que se trata de una relación de fuerza entre capital y trabajo. Para empezar, es claro que no hay relaciones laborales hasta tanto uno y otro no se reconozcan en tanto actores con capacidad para construir reglas que faciliten la convivencia. Este proceso de reconocimiento no es gratuito, ya que empieza por una relación en donde el capital no admite una convivencia distinta a la unilateralidad de sus decisiones en el ámbito productivo. Tanto la construcción histórica como la relación de fuerzas, van a ir llevando la unilateralidad a la bilateralidad en estas relaciones, en el sentido de que compete a ambos la convivencia y sus reglas.
Hasta aquí todo parece fácil de entender. El problema se complejiza al tener presente al Estado. ¿En donde se ubica su papel? Con el Estado hay dos cualidades que han de estar en el análisis, una es su condición clásica de regulador de la relación capital y trabajo. El otro papel, es el del Estado patrono o productor en muchos casos. La distinción viene a propósito del hecho que las funciones clásicas estatales, constituyen un ámbito de las Relaciones de Trabajo con características propias que también implican para su evolución el reconocimiento de que el Estado patrono, provea o admita a quienes le sirven en su condición actores colectivos. El campo de la Carrera Administrativa o del Estatuto de la Función Pública, no es ajeno a la relación de fuerzas entre el Estado patrono y los trabajadores organizados en este ámbito.
Cuando el Estado es patrono no por las funciones de administrar las áreas clásicas estatales, sino que deviene en Estado patrono por ser productor de bienes y servicios. Entonces se tiene al Estado además de Regulador, ahora Productor. Es un doble papel que se presta al solapamiento de uno y del otro. Teóricamente este asunto se resuelva cuando el Estado Productor se somete a las mismas reglas de funcionamiento a las cuales está sometido el Privado Productor. Para los trabajadores el asunto de que la propiedad la tengan los privados o la tenga el Estado, o sea mixta, no altera en su esencia la relación de poder en la cual está inmerso, al menos para que en el ámbito productivo haya justicia, equidad y progresividad en las condiciones de trabajo . Se entiende que el Estado propietario de una fábrica de tubos, de cemento, o un supermercado, ha de fabricar esos productos o brindar esos servicios con el mayor esmero productivo, para responderles a los accionistas que en este caso es toda la sociedad, y los trabajadores han de hacer otro tanto, para lo cual aspiran que no se solapen las funciones del Estado Regulador con la de Productor.
sábado, 10 de julio de 2010
Protestas sociales y laborales
Toda protesta social es laboral, pero las primeras abarcan algo más que lo laboral. Por ejemplo pueden referirse a los servicios públicos, a la falta de vivienda, a la inseguridad reinante, entre tantas carencias.
Con la protesta social, la organización no gubernamental Provea lleva registros que nos informan de sus magnitudes y características, que da oportunidad para un inicial acercamiento a lo cualitativo. Otras ong´s atienden ámbitos de la vida social que también llevan registros de protestas sociales. Pero con respecto a las protestas laborales, lamentablemente se carece de un registro oficial confiable. El despacho del Trabajo (MPPTSS), pasó un año y medio largo, con su página web en construcción. Había expectativa, que tan largo período sin ofrecer data que nos informe del mundo de lo laboral, concluiría con brindar a los usuarios de esta información de una página que estuviera a la altura del país.
Reabierta la página, en cuanto a estadísticas laborales se ofrece una limitada información que puede encontrarse en la página del Instituto Nacional de Estadística. Cabe preguntarse por qué no se procesa la rica información que ofrecen las empresas por las misma exigencias legales y que son entregadas a la Administración del Trabajo. Además toda la información que se recoge en la inspección del trabajo, y en las sedes de las Inspectorías del Trabajo.
En cuanto al tema que se indica en el título de este artículo, la protesta laboral, es de recordar que hasta los años ochenta la memoria del Despacho en cuestión, indicaba las huelgas legales, los paros intempestivos, los establecimientos y los trabajadores involucrados, las horas pérdidas, se incluía un consolidado nacional y además por entidad federal, y todo sin los fabulosos recursos tecnológicos que hoy se tienen. Con el tiempo la información fue menguando y se llegó a la situación de los últimos años, que sobre estos asuntos no se informa casi nada.
Los registros de la protesta laboral son de interés para apreciar la conformidad o la insatisfacción con las políticas laborales estatales y con el comportamiento de los empleadores, además de los asuntos intersindicales e intrasindicales, agudizados en los últimos años por el fomento de paralelismo como política pública, exteriorizada en la fijación de metas de creación y legalización de nuevos sindicatos.
Es cierto que hoy se está ante un diverso espectro de actores laborales, así como también de modelos productivos, que demandan definir categorías y unidades de análisis, para el acercamiento a este ámbito de la protesta laboral.
En el país hay protestas laborales en magnitudes que se registran limitadamente en entidades no gubernamentales, en los medios de comunicación, pero está pendiente el registro del ente oficial que dispone de los instrumentos y capacidades, para decirle al país sobre este particular. Pero no se deja de pensar, que si omitir y no referirse al tema es una opción de política pública, para con ello evitar reconocer los malestares e inconformidades que vienen del mundo del trabajo.
Con la protesta social, la organización no gubernamental Provea lleva registros que nos informan de sus magnitudes y características, que da oportunidad para un inicial acercamiento a lo cualitativo. Otras ong´s atienden ámbitos de la vida social que también llevan registros de protestas sociales. Pero con respecto a las protestas laborales, lamentablemente se carece de un registro oficial confiable. El despacho del Trabajo (MPPTSS), pasó un año y medio largo, con su página web en construcción. Había expectativa, que tan largo período sin ofrecer data que nos informe del mundo de lo laboral, concluiría con brindar a los usuarios de esta información de una página que estuviera a la altura del país.
Reabierta la página, en cuanto a estadísticas laborales se ofrece una limitada información que puede encontrarse en la página del Instituto Nacional de Estadística. Cabe preguntarse por qué no se procesa la rica información que ofrecen las empresas por las misma exigencias legales y que son entregadas a la Administración del Trabajo. Además toda la información que se recoge en la inspección del trabajo, y en las sedes de las Inspectorías del Trabajo.
En cuanto al tema que se indica en el título de este artículo, la protesta laboral, es de recordar que hasta los años ochenta la memoria del Despacho en cuestión, indicaba las huelgas legales, los paros intempestivos, los establecimientos y los trabajadores involucrados, las horas pérdidas, se incluía un consolidado nacional y además por entidad federal, y todo sin los fabulosos recursos tecnológicos que hoy se tienen. Con el tiempo la información fue menguando y se llegó a la situación de los últimos años, que sobre estos asuntos no se informa casi nada.
Los registros de la protesta laboral son de interés para apreciar la conformidad o la insatisfacción con las políticas laborales estatales y con el comportamiento de los empleadores, además de los asuntos intersindicales e intrasindicales, agudizados en los últimos años por el fomento de paralelismo como política pública, exteriorizada en la fijación de metas de creación y legalización de nuevos sindicatos.
Es cierto que hoy se está ante un diverso espectro de actores laborales, así como también de modelos productivos, que demandan definir categorías y unidades de análisis, para el acercamiento a este ámbito de la protesta laboral.
En el país hay protestas laborales en magnitudes que se registran limitadamente en entidades no gubernamentales, en los medios de comunicación, pero está pendiente el registro del ente oficial que dispone de los instrumentos y capacidades, para decirle al país sobre este particular. Pero no se deja de pensar, que si omitir y no referirse al tema es una opción de política pública, para con ello evitar reconocer los malestares e inconformidades que vienen del mundo del trabajo.
domingo, 4 de julio de 2010
MODELOS DE ORGANIZACIÓN PRODUCTIVA EN LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI.
La organización de la producción es una materia de vital interés en una sociedad. De ella deriva que se disponga de bienes y servicios, suficientes y adecuados para el bienestar. El Capital ha sido el adelantado en prestar detenida atención en cómo organizar la producción, en tanto el Trabajo ha carecido de propuestas. El Estado ha privilegiado la gobernabilidad y la atención a las demandas de los distintos sectores, incluidas por supuesto las necesarios para la producción.
En el período de mayor estabilidad productiva y política del país, como es el iniciado en 1958 hasta la década de noventa, se distinguen dos etapas, una que concertó un marco para la actividad productiva, y que le dio impulsó al modelo de sustitución de importaciones, con protagonismo del capital extranjero y el nacional asociado, y que por supuesto permitió un crecimiento del empresariado local. Por otro lado, continuó el desarrollo de las empresas básicas con recursos y gestión estatal y sus vínculos con el sector privado. Cabe tener presente que para el desarrollo industrial, el estado aportó una buena porción de recursos, con créditos y exoneraciones. Esta etapa se ve nítidamente reflejada en el período que va desde los sesenta hasta los ochenta. Fue una etapa que mostró señales de crecimiento y mejoramiento social durante los primeros veinte años.
La otra etapa que muestra un patrón diferente en la organización productiva predominante, ya es visible en la década del ochenta, que abre lugar a orientaciones neoliberales en el modelo económico y por supuesto con obvias repercusiones en la organización productiva, alterando el funcionamiento de las relaciones laborales que se desarrollaron con dinamismo en la etapa anterior.
Tanto en el primer período como en el segundo, en el país y en el exterior, hay un buen material de análisis que evidencian las características y limitaciones de cada modelo. De ahí su justificada revisión. Persisten por supuesto posiciones encontradas en cuanto al balance del desarrollo productivo de estas etapas, hay condenatorias y también nostalgias. Se continúan sus análisis.
Ensayo tras ensayo
Con el nuevo siglo, entramos en una nueva etapa en la organización productiva, respondiendo a un modelo de desarrollo que ha pasado por distintas denominaciones y caracterizaciones. Una de las primeras fue la búsqueda y coincidencia con la llamada “tercera vía”, acompañada de la democracia ahora protagónica en vez de representativa. Inmediatamente se desestimó la tercera vía y se pasó al desarrollo endógeno, hasta llegar al socialismo del siglo XXI, o también del socialismo a secas.
En este camino reciente, de más de una década, se han ensayado varias proposiciones en la organización productiva. Entre ellas se cuenta el estimulo a las pymes, aunque no tan novedoso porque en el discurso y accionar de las etapas previas siempre estuvo en agenda, aunque sin pretensión de estimular para enfrentarlas con las empresas grandes.
El cooperativismo también recibió la venia de las políticas públicas multiplicándo las unidades cooperativas. Se inventaron las EPS, con conceptos diversos. La crisis económica y política hizo aparecer un sector de empresas recuperadas, y tomadas. Se multiplicaron las estatizaciones, las re estatizaciones, las nacionalizaciones y expropiaciones, alterando y promoviendo nuevos valores y categorías con repercusiones en la organización productiva.
Evaluar y profundizar que resultados se han logrado en todas estas experiencias es una tarea necesaria. Mientras, cada ensayo que es costoso y complejo, pudiera ir llevando a la sociedad venezolana, no al socialismo del siglo XXI sino a un capitalismo más salvaje del que conocemos, como costos de la destrucción de un tejido productivo y la no sustitución eficiente por otro, amén de los compromisos y relaciones económicas que se destruyen y son sustituidas por otras inciertas y con insuficientes transparencias.
Nota:Ver este texto en edición de hoy: http://www.correodelcaroni.com/content/view/156567/149
En el período de mayor estabilidad productiva y política del país, como es el iniciado en 1958 hasta la década de noventa, se distinguen dos etapas, una que concertó un marco para la actividad productiva, y que le dio impulsó al modelo de sustitución de importaciones, con protagonismo del capital extranjero y el nacional asociado, y que por supuesto permitió un crecimiento del empresariado local. Por otro lado, continuó el desarrollo de las empresas básicas con recursos y gestión estatal y sus vínculos con el sector privado. Cabe tener presente que para el desarrollo industrial, el estado aportó una buena porción de recursos, con créditos y exoneraciones. Esta etapa se ve nítidamente reflejada en el período que va desde los sesenta hasta los ochenta. Fue una etapa que mostró señales de crecimiento y mejoramiento social durante los primeros veinte años.
La otra etapa que muestra un patrón diferente en la organización productiva predominante, ya es visible en la década del ochenta, que abre lugar a orientaciones neoliberales en el modelo económico y por supuesto con obvias repercusiones en la organización productiva, alterando el funcionamiento de las relaciones laborales que se desarrollaron con dinamismo en la etapa anterior.
Tanto en el primer período como en el segundo, en el país y en el exterior, hay un buen material de análisis que evidencian las características y limitaciones de cada modelo. De ahí su justificada revisión. Persisten por supuesto posiciones encontradas en cuanto al balance del desarrollo productivo de estas etapas, hay condenatorias y también nostalgias. Se continúan sus análisis.
Ensayo tras ensayo
Con el nuevo siglo, entramos en una nueva etapa en la organización productiva, respondiendo a un modelo de desarrollo que ha pasado por distintas denominaciones y caracterizaciones. Una de las primeras fue la búsqueda y coincidencia con la llamada “tercera vía”, acompañada de la democracia ahora protagónica en vez de representativa. Inmediatamente se desestimó la tercera vía y se pasó al desarrollo endógeno, hasta llegar al socialismo del siglo XXI, o también del socialismo a secas.
En este camino reciente, de más de una década, se han ensayado varias proposiciones en la organización productiva. Entre ellas se cuenta el estimulo a las pymes, aunque no tan novedoso porque en el discurso y accionar de las etapas previas siempre estuvo en agenda, aunque sin pretensión de estimular para enfrentarlas con las empresas grandes.
El cooperativismo también recibió la venia de las políticas públicas multiplicándo las unidades cooperativas. Se inventaron las EPS, con conceptos diversos. La crisis económica y política hizo aparecer un sector de empresas recuperadas, y tomadas. Se multiplicaron las estatizaciones, las re estatizaciones, las nacionalizaciones y expropiaciones, alterando y promoviendo nuevos valores y categorías con repercusiones en la organización productiva.
Evaluar y profundizar que resultados se han logrado en todas estas experiencias es una tarea necesaria. Mientras, cada ensayo que es costoso y complejo, pudiera ir llevando a la sociedad venezolana, no al socialismo del siglo XXI sino a un capitalismo más salvaje del que conocemos, como costos de la destrucción de un tejido productivo y la no sustitución eficiente por otro, amén de los compromisos y relaciones económicas que se destruyen y son sustituidas por otras inciertas y con insuficientes transparencias.
Nota:Ver este texto en edición de hoy: http://www.correodelcaroni.com/content/view/156567/149
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