A propósito de los resultados electorales del pasado domingo 26S, retomamos nuestra entrega en esta columna del pasado 11 de julio –“Protestas Sociales y Laborales-Se confirma que las protestas laborales han de seguirse por medios no oficiales, dada la deuda que el despacho del ramo tiene con esta obligación elemental de ofrecer pormenorizadamente las estadísticas laborales del caso.
El documento “Manifestaciones Públicas Enero-Junio 2010” –Provea y Espacio Público- da claramente cuenta de la tendencia del incremento de las protestas públicas. Esta tendencia es similar a la observada en el pasado año 2009. De tal manera que estos dos años son los que muestran la mayor conflictividad en las últimas dos décadas.
Los ocho estados con mayor conflictividad son en este mismo orden Zulia, Distrito Capital, Carabobo, Miranda, Aragua, Anzoátegui, Bolívar y Lara. Representan más del 80% de la conflictividad del país.
Lo otro importante para valorar los conflictos y composición de la población, es el hecho de que estos Estados concentran la mayor parte de la población del país. Los datos de nuestra fuente, destacan que el mayor porcentaje de las motivaciones de los conflictos es por asuntos laborales -30,61%-, se destaca en un análisis de veintiséis razones diversas que motivan la conflictividad social, pero las protestas laborales representan un alto peso, al punto de duplicar a la segunda causa de protestas; que refiere por cierto a necesidades de servicios básicos, por supuesto que nada ajenos a los trabajadores.
Con lo planteado lo que se trata de subrayar es la reemergencia de la protesta laboral como elemento a considerar en los análisis. Esto es importante por el hecho de que en el lapso que va desde 1999 hasta el 2008, la protesta laboral no fue predominante. Además el sector de los trabajadores mostraba algo de confianza en la conducción oficialista, dando margen a confiar en los dirigentes y en los mecanismos de intermediación oficialista.
Lo anterior obliga a mirar que ha pasado en estos estados con la mayor conflictividad laboral y con la mayor población del país. De esos ocho estados, en cinco de ellos el dominio oposicionista es amplio, casos como Zulia con una ventaja del 20%, Miranda con 16%, Anzoátegui con 11%, Carabobo con 10%. En Lara sumando las dos corrientes oposicionistas, sacan un 10% por encima del gobierno nacional. Pero en los dos estados en donde el oficialismo conserva su mayoría, comparando estos resultados con las elecciones pasadas –Referéndum Febrero 2009-. La ventaja del oficialismo se redujo en Aragua de un 22% a 4%, y en Bolívar de un 16% se redujo a 3%. El Distrito Capital de una ventaja del 4% se pasó la igualación.
Socialismo sin Movimiento de los Trabajadores
En el conjunto del país es de destacar que una propuesta autodenominada socialista es victoriosa en los estados en donde no hay predominio de los trabajadores organizados, más bien con un componente rural y de actividades tradicionales importante. En cambio muestra debilidades en los estados en donde si predomina el movimiento organizado de los trabajadores. Visto lo anterior, luce simplificador el uso de denominaciones de votación de la “ultraderecha” o de la “oligarquía”. Confiamos que pronto han de conocerse análisis que se adentren en este fenómeno, y se salgan de esquematismos.
Para terminar, es importante destacar que la creciente población prestando servicios al Estado, sea como trabajadores directos o indirectos, sea como contratistas, cooperativas, suman una porción importante de fuerza de trabajo. Véase que lo primeros –directos- ya van por los 2.300.000, agréguele los indirectos y las otras categorías mencionadas, y estaríamos llegando por lo menos a unos cuatro o cinco millones de trabajadores. Ahora, éstos y sus familiares ¿donde están votando? Fíjense que dejamos de lado a la amplia población misionera, por considerar que no se vinculan con el proyecto oficialista por razones productivas, sino por ser beneficiarios de tradicionales prácticas asistencialistas, aunque la calidad de la asistencia pudiera estar planteando reservas, pero ese sería un análisis en otro momento. El asunto es que el asistencialismo resta peso a las posiciones de autonomía de pensamiento y acción; lo que marca una diferencia clave con la vinculación por razones productivas. Por tanto, todo parece indicar que mucha gente en contacto directo con las políticas oficialistas, por su condición laboral, no ha sido cautivada por el proyecto socialista.
sábado, 2 de octubre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
ACCIDENTES, PREVENCIÓN Y PARTICIPACION
La ocurrencia y frecuencia de accidentes de trabajo, trae a la consideración algunos problemas de las políticas públicas y del accionar de las Relaciones de Trabajo.
Un primer elemento a destacar es cuan importante es tener presente la participación de los actores sociales en la prevención. Es un área que ofrece similares niveles de interés para trabajadores y empresarios. La integridad de quienes laboran en un centro productivo, es una prioridad de los que cotidianamente se encuentran y comparten el quehacer productivo. Estas premisas hacen de este tema un área favorable para la participación de trabajadores y empresarios en su planificación, conducción y evaluación. Por otra parte, no es de menor importancia, tener presente que un accidente laboral impacta negativamente en el ambiente del centro productivo, y si el accidente fuera mortal, el impacto en la moral colectiva es inconmensurable.
En las relaciones de trabajo este campo ha sido de la primaria responsabilidad de los empleadores, dado ser el responsable de las condiciones bajo las cuales opera y funciona el centro productivo. Para los sindicatos, en su facultades ha estado siempre el tema. Sin embargo por un largo tiempo, el área se soslayó a cambio de priorizar los temas económicos reivindicativos. Hay que convenir que esto era entendible, dado los bajos salarios, que obligaba a la agenda sindical a concentrar en lo económico sus mayores esfuerzos.
Fueron muy contados los casos, en los cuales se pudo observar la colocación de las condiciones de trabajo como tema central de una agenda reivindicativa efectiva, al punto de ir incluso hasta una paralización de actividades. Por supuesto que las deficientes condiciones de trabajo, siempre servían para incluirlas en un petitorio reivindicativo, pero más para abultarlo que para batirse por su mejoramiento hasta las últimas consecuencias. Apenas se lograban las metas económicas, aunque fuera parcialmente, se dejaban a un lado las exigencias de prevención y mejoramiento de las condiciones ambientales de trabajo.
En las políticas públicas es de destacar el notable fomento de los delegados de prevención y los comités bipartitos al interior de las empresas. Indudablemente se le ha impreso un notable apoyo. De acuerdo con las cifras del Inpsasel se han registrado hasta el tercer trimestre de 2008 (los datos más recientes de su pagina web) la cantidad 18.106 Comités de Prevención y 7.262 Comités de Seguridad y Salud en el Trabajo, y ya se acumulan para entonces –desde el 2005- más de 80.000 Delegados de Prevención. Todo un colectivo institucional y de trabajadores para encarar el tema de la prevención.
Al anterior esfuerzo institucional, conviene destacarle un par de observaciones. Primero, que en muchos casos el fomento de estas nuevas figuras de la representación laboral se solapa con la actividad sindical, o peor aún, existen casos en donde se convierten en mecanismos de confrontación intra laboral, en una o dos vertientes, ya sea contra el sindicato, o en posiciones confrontativas con los empleadores. Claro que no es de sorprenderse que surgan estas consecuencias. En primer lugar el tamaño de las empresas nuestras no es muy grande, salvo contadas excepciones, lo que significa que ademas de sindicatos organizados por empresas, convivan estructuras de representación especializada, como es la de los delegados de prevencion y los comités de seguridad y salud en el trabajo.
Lo anterior da lugar a que facilmente se levanten roces entre actores empoderados por el fuero sindical, y que en el caso de los delegados de prevención son portadores de un empoderamiento oficial explicito como lo evidencia, la Memoria del Ministerio del Poder Popular del Trabajo y de la Seguridad Social 2008 “Con la consolidación de éste proceso revolucionario, los Delegados y Delegadas de Prevención se han convertido en una pieza fundamental capaz de brindar un gran impulso a la transformación de las condiciones en los centros de trabajo, donde la participación y protagonismo de los trabajadores y trabajadoras, la solidaridad, la equidad y la justicia social, a favor de su propia dignificación, se han convertido en un baluarte que progresivamente han ido atesorando en la conciencia de un colectivo.”-pag 333-. Por otro lado, con los sindicatos opera más bien una política restrictiva, lo que agudiza una situación de fragmentación al interior de los trabajadores, con el acompañamiento de una atmósfera complicada para el fomento de la productividad y el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de la calidad de vida, basado en una base material sostenible.
Terminando, esta pendiente una evaluación amplia, efectiva y responsable de estas políticas públicas.
Un primer elemento a destacar es cuan importante es tener presente la participación de los actores sociales en la prevención. Es un área que ofrece similares niveles de interés para trabajadores y empresarios. La integridad de quienes laboran en un centro productivo, es una prioridad de los que cotidianamente se encuentran y comparten el quehacer productivo. Estas premisas hacen de este tema un área favorable para la participación de trabajadores y empresarios en su planificación, conducción y evaluación. Por otra parte, no es de menor importancia, tener presente que un accidente laboral impacta negativamente en el ambiente del centro productivo, y si el accidente fuera mortal, el impacto en la moral colectiva es inconmensurable.
En las relaciones de trabajo este campo ha sido de la primaria responsabilidad de los empleadores, dado ser el responsable de las condiciones bajo las cuales opera y funciona el centro productivo. Para los sindicatos, en su facultades ha estado siempre el tema. Sin embargo por un largo tiempo, el área se soslayó a cambio de priorizar los temas económicos reivindicativos. Hay que convenir que esto era entendible, dado los bajos salarios, que obligaba a la agenda sindical a concentrar en lo económico sus mayores esfuerzos.
Fueron muy contados los casos, en los cuales se pudo observar la colocación de las condiciones de trabajo como tema central de una agenda reivindicativa efectiva, al punto de ir incluso hasta una paralización de actividades. Por supuesto que las deficientes condiciones de trabajo, siempre servían para incluirlas en un petitorio reivindicativo, pero más para abultarlo que para batirse por su mejoramiento hasta las últimas consecuencias. Apenas se lograban las metas económicas, aunque fuera parcialmente, se dejaban a un lado las exigencias de prevención y mejoramiento de las condiciones ambientales de trabajo.
En las políticas públicas es de destacar el notable fomento de los delegados de prevención y los comités bipartitos al interior de las empresas. Indudablemente se le ha impreso un notable apoyo. De acuerdo con las cifras del Inpsasel se han registrado hasta el tercer trimestre de 2008 (los datos más recientes de su pagina web) la cantidad 18.106 Comités de Prevención y 7.262 Comités de Seguridad y Salud en el Trabajo, y ya se acumulan para entonces –desde el 2005- más de 80.000 Delegados de Prevención. Todo un colectivo institucional y de trabajadores para encarar el tema de la prevención.
Al anterior esfuerzo institucional, conviene destacarle un par de observaciones. Primero, que en muchos casos el fomento de estas nuevas figuras de la representación laboral se solapa con la actividad sindical, o peor aún, existen casos en donde se convierten en mecanismos de confrontación intra laboral, en una o dos vertientes, ya sea contra el sindicato, o en posiciones confrontativas con los empleadores. Claro que no es de sorprenderse que surgan estas consecuencias. En primer lugar el tamaño de las empresas nuestras no es muy grande, salvo contadas excepciones, lo que significa que ademas de sindicatos organizados por empresas, convivan estructuras de representación especializada, como es la de los delegados de prevencion y los comités de seguridad y salud en el trabajo.
Lo anterior da lugar a que facilmente se levanten roces entre actores empoderados por el fuero sindical, y que en el caso de los delegados de prevención son portadores de un empoderamiento oficial explicito como lo evidencia, la Memoria del Ministerio del Poder Popular del Trabajo y de la Seguridad Social 2008 “Con la consolidación de éste proceso revolucionario, los Delegados y Delegadas de Prevención se han convertido en una pieza fundamental capaz de brindar un gran impulso a la transformación de las condiciones en los centros de trabajo, donde la participación y protagonismo de los trabajadores y trabajadoras, la solidaridad, la equidad y la justicia social, a favor de su propia dignificación, se han convertido en un baluarte que progresivamente han ido atesorando en la conciencia de un colectivo.”-pag 333-. Por otro lado, con los sindicatos opera más bien una política restrictiva, lo que agudiza una situación de fragmentación al interior de los trabajadores, con el acompañamiento de una atmósfera complicada para el fomento de la productividad y el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de la calidad de vida, basado en una base material sostenible.
Terminando, esta pendiente una evaluación amplia, efectiva y responsable de estas políticas públicas.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Poderes Públicos, Sindicatos y Violencia
Continuando con el análisis de nuestra interrogante ¿A que tipo de conflicto responde la violencia sindical? Nos detendremos en el análisis del tipo de conflicto entre los Poderes Públicos y Sindicatos.
Conviene tener presente la homogenización que en la última década caracteriza al conjunto de los distintos poderes involucrados. Es frecuente el señalamiento que destaca la inexistencia del clásico balance entre estos poderes, que todos responden a la voluntad presidencial. Que si no hay un llamado decidido del poder presidencial a actuar en una determinada área de estos otros poderes, estos no formulan acciones autónomas. Este elemento es relevante al observar la inacción de los poderes públicos ante el problema de la violencia laboral. En los últimos dos años, que acumulan más de cien casos de asesinatos, tan sólo en tres ha habido sentencia.
Es oportuno señalar que la sociedad ha venido perdiendo su confianza en los órganos de recepción de denuncias, investigación y de justicia. Por ello la aprobación del linchamiento en porcentajes cercanos al 70%, como lo revelan las encuestas del Observatorio Venezolano de la Violencia –OVV-. También ocurre, aunque cuesta mencionarlo, que el sicariato al haber alcanzado tal grado de difusión, sus contratantes entienden que hacen “justicia”.
La violencia en el medio sindical no ha sido atacada por las autoridades. Los casos que las autoridades judiciales han llegado a penalizar son aislados, y a pesar de la naturaleza de muertes por encargo en la mayoría de los asesinatos, son pocos los casos en donde las investigaciones policiales han dado lugar a la detención de los acusados del hecho material, y lo mas grave es que no se ha llegado a la identificación de los responsables intelectuales.
En 1998 por cada cien homicidios, se hacían 111 detenciones. En tanto en el 2009, por cada cien homicidios se realizan 9 detenciones. Por ello se habla de 91%de impunidad, con la concesión de que una detención no es sinónimo de juicio, sino de una averiguación que si no arroja resultados, el sospechoso o testigo queda libre (OVV).
Esta inercia de los poderes públicos lleva a la hipótesis que este problema es un conflicto tácito entre el Estado y el Sindicalismo; ya que el dejar hacer, el no hacer intervenir los poderes públicos, da lugar a interpretar, que se trata de una política de Estado, que en el fondo apunta al desprestigio del mundo sindical y la pérdida de adherentes buscando con ello su mayor subordinación y/o sustitución por otras formas de representación. De hecho el Estado ha promovido sistemáticamente el paralelismo sindical que fomenta la división y la violencia entre los trabajadores, así como otras formas de representación, cuya diversidad y complejidad amerita un análisis aparte.
También se ha querido soslayar y minimizar la situación, al señalarse como una “colombianización” del problema. Pero, lamentablemente en el vecino país, en donde la violencia verdaderamente existe y es de vieja data, pero tiene raíces diferentes. Y al menos hay una gran sensibilidad social y hasta internacional por el problema, hasta el punto, que el tema ha sido clave en dificultar la firma del tratado comercial Estados Unidos-Colombia, no obstante llevar consigo altos intereses económicos; así también es un elemento permanente de la agenda de la OIT, dando lugar al inicio en el 2006 de un programa de dialogo y varias medidas para combatir el problema – “Acuerdo sobre Libertad Sindical y Democracia”-, que incluye la instalación permanente de una misión de OIT coadyuvando a la solución del problema. La Comisión de Aplicación de Normas de la OIT informa de los adelantos, entre ellos el aumento de las sentencias condenatorias, la creación de un fondo de reparación para las víctimas de la violencia. La Comisión sigue considerando bajo el número de de condenas, y que las sentencias que han sido dictadas sólo refieren a los autores materiales de la violencia y no a los instigadores.
De las tímidas acciones del gobierno, se registra un esfuerzo del Ministro Roberto Hernández, cuando estuvo al frente del Despacho del Trabajo en el 2008, quién promovió mesas de diálogo en la zona de mayor violencia sindical –Guayana-, de hecho puede apreciarse que para entonces se venía en el país, de 45 asesinatos en el 2005, 48 en el 2006, 29 en el 2007, y ese año – el 2008-, con ese modesto esfuerzo institucional, bajó a 19 casos de asesinatos, pero al abandonarse la iniciativa (cambio de Ministro, incluido; su estadía fue breve), en el 2009 se volvió a los niveles escalofriantes de 46 asesinados. Tanto antes como después no ha existido promoción del diálogo en esta materia. Además no hay que dejar de considerar, que el puro diálogo no resuelve el problema, pero al menos es el punto de partida. Eso si se convoca a los involucrados, y se asumen compromisos realmente institucionales.
Conviene tener presente la homogenización que en la última década caracteriza al conjunto de los distintos poderes involucrados. Es frecuente el señalamiento que destaca la inexistencia del clásico balance entre estos poderes, que todos responden a la voluntad presidencial. Que si no hay un llamado decidido del poder presidencial a actuar en una determinada área de estos otros poderes, estos no formulan acciones autónomas. Este elemento es relevante al observar la inacción de los poderes públicos ante el problema de la violencia laboral. En los últimos dos años, que acumulan más de cien casos de asesinatos, tan sólo en tres ha habido sentencia.
Es oportuno señalar que la sociedad ha venido perdiendo su confianza en los órganos de recepción de denuncias, investigación y de justicia. Por ello la aprobación del linchamiento en porcentajes cercanos al 70%, como lo revelan las encuestas del Observatorio Venezolano de la Violencia –OVV-. También ocurre, aunque cuesta mencionarlo, que el sicariato al haber alcanzado tal grado de difusión, sus contratantes entienden que hacen “justicia”.
La violencia en el medio sindical no ha sido atacada por las autoridades. Los casos que las autoridades judiciales han llegado a penalizar son aislados, y a pesar de la naturaleza de muertes por encargo en la mayoría de los asesinatos, son pocos los casos en donde las investigaciones policiales han dado lugar a la detención de los acusados del hecho material, y lo mas grave es que no se ha llegado a la identificación de los responsables intelectuales.
En 1998 por cada cien homicidios, se hacían 111 detenciones. En tanto en el 2009, por cada cien homicidios se realizan 9 detenciones. Por ello se habla de 91%de impunidad, con la concesión de que una detención no es sinónimo de juicio, sino de una averiguación que si no arroja resultados, el sospechoso o testigo queda libre (OVV).
Esta inercia de los poderes públicos lleva a la hipótesis que este problema es un conflicto tácito entre el Estado y el Sindicalismo; ya que el dejar hacer, el no hacer intervenir los poderes públicos, da lugar a interpretar, que se trata de una política de Estado, que en el fondo apunta al desprestigio del mundo sindical y la pérdida de adherentes buscando con ello su mayor subordinación y/o sustitución por otras formas de representación. De hecho el Estado ha promovido sistemáticamente el paralelismo sindical que fomenta la división y la violencia entre los trabajadores, así como otras formas de representación, cuya diversidad y complejidad amerita un análisis aparte.
También se ha querido soslayar y minimizar la situación, al señalarse como una “colombianización” del problema. Pero, lamentablemente en el vecino país, en donde la violencia verdaderamente existe y es de vieja data, pero tiene raíces diferentes. Y al menos hay una gran sensibilidad social y hasta internacional por el problema, hasta el punto, que el tema ha sido clave en dificultar la firma del tratado comercial Estados Unidos-Colombia, no obstante llevar consigo altos intereses económicos; así también es un elemento permanente de la agenda de la OIT, dando lugar al inicio en el 2006 de un programa de dialogo y varias medidas para combatir el problema – “Acuerdo sobre Libertad Sindical y Democracia”-, que incluye la instalación permanente de una misión de OIT coadyuvando a la solución del problema. La Comisión de Aplicación de Normas de la OIT informa de los adelantos, entre ellos el aumento de las sentencias condenatorias, la creación de un fondo de reparación para las víctimas de la violencia. La Comisión sigue considerando bajo el número de de condenas, y que las sentencias que han sido dictadas sólo refieren a los autores materiales de la violencia y no a los instigadores.
De las tímidas acciones del gobierno, se registra un esfuerzo del Ministro Roberto Hernández, cuando estuvo al frente del Despacho del Trabajo en el 2008, quién promovió mesas de diálogo en la zona de mayor violencia sindical –Guayana-, de hecho puede apreciarse que para entonces se venía en el país, de 45 asesinatos en el 2005, 48 en el 2006, 29 en el 2007, y ese año – el 2008-, con ese modesto esfuerzo institucional, bajó a 19 casos de asesinatos, pero al abandonarse la iniciativa (cambio de Ministro, incluido; su estadía fue breve), en el 2009 se volvió a los niveles escalofriantes de 46 asesinados. Tanto antes como después no ha existido promoción del diálogo en esta materia. Además no hay que dejar de considerar, que el puro diálogo no resuelve el problema, pero al menos es el punto de partida. Eso si se convoca a los involucrados, y se asumen compromisos realmente institucionales.
domingo, 12 de septiembre de 2010
¿A qué tipo de conflicto responde la violencia sindical?
Los conflictos en el mundo del trabajo en donde el Sindicato participa, se pueden observar en cinco grandes situaciones.
1. Sindicatos vs Empresa Empleadora
2. Sindicatos vs Autoridades Públicas (Estado, Gobierno Nacional, Estadal, Municipal, u otros Poderes Públicos)
3. Sindicatos vs otras instituciones o actores Privados (Partidos Políticos, Gremios Empresariales, Organizaciones Vecinales, Comunidades y Estudiantiles)
4. Sindicatos vs Sindicatos
5. Sindicato vs Combinaciones entre varios de los actores mencionados.
Esta clasificación reconoce que no hay delimitaciones nítidas en los conflictos laborales. Se observa el predominio de una de las cuatro primeras categorías, pero con algún grado de vinculación entre sí.
Las relaciones entre empresas y sindicatos conllevan encuentros y desencuentros. Existen intereses comunes así como contradictorios. Lograr hacer descansar la relación con predominio de los primeros exige una amplia política y programas de gestión y participación, que no son predominantes en las relaciones con el personal obrero, aunque en alguna medida si ocurre con el personal empleado. Una característica de las personas involucradas en la violencia sindical es que refiere a personal obrero.
Destacamos que la eventual tensión empresa – sindicato, tiene un sustrato que le da sentido. En primer lugar, tener presente que esta relación aborda un elemento complejo como es la determinación del precio de la fuerza de trabajo, no sólo las remuneraciones sino además un conjunto de otros beneficios que implican costos en el servicio o producto. Las relaciones de trabajo comprenden el estudio de esta relación, y la manera como aborda y resuelven este asunto complejo. A favor del empleador abona el mercado de trabajo, que casi siempre le permite disponer de fuerza de trabajo excedentaria. Limitándolo, operan los marcos regulatorios, tanto los establecidos por las políticas públicas, como los convenidos contractualmente con las organizaciones sindicales fuertes. Aunque se reconoce que una empresa puede poner en práctica, políticas y programas de gestión que permitan alcanzar niveles de satisfacción tales, que los trabajadores no sientan la necesidad de construir su organización reivindicativa, pero esto es excepcional, y generalmente en empresas con personal predominantemente empleados de alta calificación.
Una característica central de la violencia sindical extrema que se ha observado en los últimos años, es que no responde al clásico conflicto Sindicato vs Empresas. Se trata de conflictos del cuarto tipo, según nuestra tipología, es decir inter-sindicales e intra-sindicales. Obviamente con un comportamiento pasivo del actor estatal, no obstante que su papel le obliga a tener un mayor protagonismo en esta problemática. Igualmente hay ramificaciones con otras categorías, como se sugiere en el quinto tipo.
En el medio sindical hay antecedentes de bandas armadas para atemorizar a los opuestos. Ha predominado que la violencia ha estado de lado de quienes cuentan con el amparo de las autoridades. Ocurrió en el período de predominio de los adecos especialmente en los años sesenta y setenta. Renacen estas prácticas en los años dos mil al volverse violento el ambiente sindical, en el marco de la confrontación y el antagonismo político; y nuevamente la licencia para actuar con violencia la tienen aquellos que igualmente cuentan con el amparo y protección de las autoridades, o al menos su indiferencia y la impunidad reinante.
El asunto se complejiza más porque han surgido propuestas o salidas cuasi militares, tal es el caso de la corriente sindical oficialista conocida como Marea Socialista al emitir pronunciamiento:
“Séptimo: Autorización, preparación y entrenamiento de autodefensa para los trabajadores, luchadores sociales, obreros, campesinos, estudiantiles, en común con la milicia bolivariana y desarrolla en los lugares de trabajo, los centros de estudio revolucionarios y las comunidades.
Octavo: organización de defensa y seguridad para los dirigentes sociales desde las bases.”
http://www.aporrea.org/trabajadores/n134093.html
Aunque también esta reacción se entiende por la inercia gubernamental ante el problema. De todos modos esta reacción conlleva riesgos de mayor violencia.
Sobre esta violencia sindical los empresarios son parcos en formular declaraciones, a pesar de la ocurrencia de algunos casos de asesinatos de personal de altos niveles gerenciales, representantes de empresas, asesinatos vinculados a las controversias con sindicatos. Un alto ejecutivo de la Mitsubishi, asesinado junto a su hijo, y el caso del gerente de Recursos Humanos de la principal empresa constructora del ferrocarril en el tramo del Estado Carabobo.
Como vemos, una tarea titánica por emprender es recomponer las deterioradas y fragmentadas Relaciones de Trabajo.
1. Sindicatos vs Empresa Empleadora
2. Sindicatos vs Autoridades Públicas (Estado, Gobierno Nacional, Estadal, Municipal, u otros Poderes Públicos)
3. Sindicatos vs otras instituciones o actores Privados (Partidos Políticos, Gremios Empresariales, Organizaciones Vecinales, Comunidades y Estudiantiles)
4. Sindicatos vs Sindicatos
5. Sindicato vs Combinaciones entre varios de los actores mencionados.
Esta clasificación reconoce que no hay delimitaciones nítidas en los conflictos laborales. Se observa el predominio de una de las cuatro primeras categorías, pero con algún grado de vinculación entre sí.
Las relaciones entre empresas y sindicatos conllevan encuentros y desencuentros. Existen intereses comunes así como contradictorios. Lograr hacer descansar la relación con predominio de los primeros exige una amplia política y programas de gestión y participación, que no son predominantes en las relaciones con el personal obrero, aunque en alguna medida si ocurre con el personal empleado. Una característica de las personas involucradas en la violencia sindical es que refiere a personal obrero.
Destacamos que la eventual tensión empresa – sindicato, tiene un sustrato que le da sentido. En primer lugar, tener presente que esta relación aborda un elemento complejo como es la determinación del precio de la fuerza de trabajo, no sólo las remuneraciones sino además un conjunto de otros beneficios que implican costos en el servicio o producto. Las relaciones de trabajo comprenden el estudio de esta relación, y la manera como aborda y resuelven este asunto complejo. A favor del empleador abona el mercado de trabajo, que casi siempre le permite disponer de fuerza de trabajo excedentaria. Limitándolo, operan los marcos regulatorios, tanto los establecidos por las políticas públicas, como los convenidos contractualmente con las organizaciones sindicales fuertes. Aunque se reconoce que una empresa puede poner en práctica, políticas y programas de gestión que permitan alcanzar niveles de satisfacción tales, que los trabajadores no sientan la necesidad de construir su organización reivindicativa, pero esto es excepcional, y generalmente en empresas con personal predominantemente empleados de alta calificación.
Una característica central de la violencia sindical extrema que se ha observado en los últimos años, es que no responde al clásico conflicto Sindicato vs Empresas. Se trata de conflictos del cuarto tipo, según nuestra tipología, es decir inter-sindicales e intra-sindicales. Obviamente con un comportamiento pasivo del actor estatal, no obstante que su papel le obliga a tener un mayor protagonismo en esta problemática. Igualmente hay ramificaciones con otras categorías, como se sugiere en el quinto tipo.
En el medio sindical hay antecedentes de bandas armadas para atemorizar a los opuestos. Ha predominado que la violencia ha estado de lado de quienes cuentan con el amparo de las autoridades. Ocurrió en el período de predominio de los adecos especialmente en los años sesenta y setenta. Renacen estas prácticas en los años dos mil al volverse violento el ambiente sindical, en el marco de la confrontación y el antagonismo político; y nuevamente la licencia para actuar con violencia la tienen aquellos que igualmente cuentan con el amparo y protección de las autoridades, o al menos su indiferencia y la impunidad reinante.
El asunto se complejiza más porque han surgido propuestas o salidas cuasi militares, tal es el caso de la corriente sindical oficialista conocida como Marea Socialista al emitir pronunciamiento:
“Séptimo: Autorización, preparación y entrenamiento de autodefensa para los trabajadores, luchadores sociales, obreros, campesinos, estudiantiles, en común con la milicia bolivariana y desarrolla en los lugares de trabajo, los centros de estudio revolucionarios y las comunidades.
Octavo: organización de defensa y seguridad para los dirigentes sociales desde las bases.”
http://www.aporrea.org/trabajadores/n134093.html
Aunque también esta reacción se entiende por la inercia gubernamental ante el problema. De todos modos esta reacción conlleva riesgos de mayor violencia.
Sobre esta violencia sindical los empresarios son parcos en formular declaraciones, a pesar de la ocurrencia de algunos casos de asesinatos de personal de altos niveles gerenciales, representantes de empresas, asesinatos vinculados a las controversias con sindicatos. Un alto ejecutivo de la Mitsubishi, asesinado junto a su hijo, y el caso del gerente de Recursos Humanos de la principal empresa constructora del ferrocarril en el tramo del Estado Carabobo.
Como vemos, una tarea titánica por emprender es recomponer las deterioradas y fragmentadas Relaciones de Trabajo.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Raíces y Consecuencias del Paralelismo Sindical
Al sindicalismo se le señala críticamente su falta de unidad y dispersión. Conviene mirar hacia atrás para entenderlo. Del otro lado, de los empresarios, este no es un problema relevante en los señalamientos a su organización gremial.
En anterior entrega, se señaló que la estructura sindical con la cual nació el movimiento sindical venezolano, la establecida en la Ley del Trabajo de 1936, impuso un modelo que fragmentaba y atomizaba a los sindicatos. Se puede señalar que fue una concesión, pero con el costo enorme de sus consecuencias. También el procedimiento establecido para la constitución y registro de un sindicato fue altamente intervencionista, dándole al gobierno suprapoderes en la concesión del registro. Dos plomos en las alas de un incipiente movimiento.
Con el devenir del tiempo estas dos negativas características se consolidaron, y se acompañaron de otros fenómenos, destacándose la partidización subordinadora del movimiento; y con ello la subordinación a los estamentos que estén en un momento dado controlando el Gobierno. Es verdad que el movimiento sindical no puede estar ajeno a las construcciones y proposiciones, de los modelos de desarrollos políticos y económicos hacia donde ha de dirigirse la sociedad. Pero ha de tener identidad y propuestas propias.
En América Latina, en tiempos de crisis del sindicalismo, como resultante principalmente de las transformaciones de los modelos productivos experimentadas en los ochenta y los noventa, que restringieron la creación de los empleos tradicionales, que implicaban grandes aglomeraciones de trabajadores con contratos a tiempo indeterminado, sustituyéndose por reestructuraciones, descentralización y deslocalizaciones productivas, en muchos casos con privatizaciones, en donde los empleos se redujeron y perdieron calidad; en todo este desarrollo, el único movimiento sindical que muestra una continuada ascensión en el fortalecimiento de su estructura tanto en el plano productivo como en el ámbito global de la sociedad, ha sido el movimiento de los trabajadores brasilero, fundamentalmente el organizado en la CUT -Central Unica dos Trabalhadores-. En este movimiento destacan como características claves, primero una estructura sindical por ramas industriales o sectoriales (antídoto contra la fragmentación y atomización), segundo un movimiento con proyectos propios en lo productivo, y más allá, es decir en propuestas y programas de desarrollo económico-social y político (antídoto contra las concesiones subordinantes). No es por azar, que el partido gobernante es el PT -Partido de los Trabajadores-, nacido al calor y con el auspicio de la CUT.
Retomando el caso venezolano, el tema de la estructura en los setenta y cuatro años que van de 1936 al presente, no ha sido posible dar el salto a una estructura sindical de ramas productivas. Algunos esfuerzos en momentos de ascenso y movilizaciones, como en 1958-59, y luego en el año 1980, permitieron al menos abrir un debate desde las bases que reconocieron la importancia de superar el modelo sindical dominante, como es de empresa. De paso, este es el modelo que ha promovido el neoliberalismo, ya que es más frágil y de menor capacidad de acción. Es importante un alerta, ya que un aglutinamiento sindical impuesto, como una concesión estatal, puede resultar tan perverso como la misma fragmentación de hoy. Este es un fenómeno que ha de nacer del propio movimiento.
Paralelismo del Siglo XXI
Al momento de realizarse las elecciones sindicales impuestas por el gobierno bolivariano en el 2001, fueron registrados 2.900 sindicatos. Pero en los años subsiguientes se han registrado otros 5.000 nuevos sindicatos, agravando el problema de la estructura. Además hay que destacar que no se trata que estos nuevos sindicatos, estén organizando a segmentos laborales nuevos, que antes no hayan tenido organización, sino lo más perverso, son sindicatos que surgen en donde ya estos existen.
Ahora, hay que preguntarse el por que de este fenómeno. Primeramente no es un fenómeno proveniente de las bases, no es autónomo ni genuino. Es impuesto, dada la perversa intervención gubernamental característica del modo atrasado como funcionan las Relaciones de Trabajo en el país. Se evidencia al observar que el propio Ministerio del ramo –Trabajo- se fija metas de registro sindical. Es así que se fijó para el 2007: 637 a nivel local y 20 nacionales. Meta cumplida. Para el 2008: 1016 nivel local y 42 nacionales; y para el 2009: 898 y 66 respectivamente. Por otro lado, con miles de sindicatos adicionales, presenciamos una disminución alarmante de los convenios colectivos, así como de pérdida de conquistas históricas, temas muy importante para tratar en otro momento.
En anterior entrega, se señaló que la estructura sindical con la cual nació el movimiento sindical venezolano, la establecida en la Ley del Trabajo de 1936, impuso un modelo que fragmentaba y atomizaba a los sindicatos. Se puede señalar que fue una concesión, pero con el costo enorme de sus consecuencias. También el procedimiento establecido para la constitución y registro de un sindicato fue altamente intervencionista, dándole al gobierno suprapoderes en la concesión del registro. Dos plomos en las alas de un incipiente movimiento.
Con el devenir del tiempo estas dos negativas características se consolidaron, y se acompañaron de otros fenómenos, destacándose la partidización subordinadora del movimiento; y con ello la subordinación a los estamentos que estén en un momento dado controlando el Gobierno. Es verdad que el movimiento sindical no puede estar ajeno a las construcciones y proposiciones, de los modelos de desarrollos políticos y económicos hacia donde ha de dirigirse la sociedad. Pero ha de tener identidad y propuestas propias.
En América Latina, en tiempos de crisis del sindicalismo, como resultante principalmente de las transformaciones de los modelos productivos experimentadas en los ochenta y los noventa, que restringieron la creación de los empleos tradicionales, que implicaban grandes aglomeraciones de trabajadores con contratos a tiempo indeterminado, sustituyéndose por reestructuraciones, descentralización y deslocalizaciones productivas, en muchos casos con privatizaciones, en donde los empleos se redujeron y perdieron calidad; en todo este desarrollo, el único movimiento sindical que muestra una continuada ascensión en el fortalecimiento de su estructura tanto en el plano productivo como en el ámbito global de la sociedad, ha sido el movimiento de los trabajadores brasilero, fundamentalmente el organizado en la CUT -Central Unica dos Trabalhadores-. En este movimiento destacan como características claves, primero una estructura sindical por ramas industriales o sectoriales (antídoto contra la fragmentación y atomización), segundo un movimiento con proyectos propios en lo productivo, y más allá, es decir en propuestas y programas de desarrollo económico-social y político (antídoto contra las concesiones subordinantes). No es por azar, que el partido gobernante es el PT -Partido de los Trabajadores-, nacido al calor y con el auspicio de la CUT.
Retomando el caso venezolano, el tema de la estructura en los setenta y cuatro años que van de 1936 al presente, no ha sido posible dar el salto a una estructura sindical de ramas productivas. Algunos esfuerzos en momentos de ascenso y movilizaciones, como en 1958-59, y luego en el año 1980, permitieron al menos abrir un debate desde las bases que reconocieron la importancia de superar el modelo sindical dominante, como es de empresa. De paso, este es el modelo que ha promovido el neoliberalismo, ya que es más frágil y de menor capacidad de acción. Es importante un alerta, ya que un aglutinamiento sindical impuesto, como una concesión estatal, puede resultar tan perverso como la misma fragmentación de hoy. Este es un fenómeno que ha de nacer del propio movimiento.
Paralelismo del Siglo XXI
Al momento de realizarse las elecciones sindicales impuestas por el gobierno bolivariano en el 2001, fueron registrados 2.900 sindicatos. Pero en los años subsiguientes se han registrado otros 5.000 nuevos sindicatos, agravando el problema de la estructura. Además hay que destacar que no se trata que estos nuevos sindicatos, estén organizando a segmentos laborales nuevos, que antes no hayan tenido organización, sino lo más perverso, son sindicatos que surgen en donde ya estos existen.
Ahora, hay que preguntarse el por que de este fenómeno. Primeramente no es un fenómeno proveniente de las bases, no es autónomo ni genuino. Es impuesto, dada la perversa intervención gubernamental característica del modo atrasado como funcionan las Relaciones de Trabajo en el país. Se evidencia al observar que el propio Ministerio del ramo –Trabajo- se fija metas de registro sindical. Es así que se fijó para el 2007: 637 a nivel local y 20 nacionales. Meta cumplida. Para el 2008: 1016 nivel local y 42 nacionales; y para el 2009: 898 y 66 respectivamente. Por otro lado, con miles de sindicatos adicionales, presenciamos una disminución alarmante de los convenios colectivos, así como de pérdida de conquistas históricas, temas muy importante para tratar en otro momento.
sábado, 28 de agosto de 2010
CONQUISTAS Y CONCESIONES LABORALES
Distinguir entre una conquista laboral alcanzada a partir de las acciones del movimiento de los trabajadores y una concesión recibida de los otros actores laborales, sean las Empresas o el Estado, es el problema a abordar. Las primeras son la resultante de un proceso genuino de acciones que implican en primer lugar la comprensión de la meta o asunto a alcanzar. En cambio las segundas –las concesiones-, de entrada plantean interrogantes básicas ¿que hay detrás de esto?
Se reconoce que hay diversos segmentos en un colectivo tan amplio como el movimiento de los trabajadores; en donde unos estarán más avanzados y otros más rezagados. También entre los empresarios pasa otro tanto. Los segmentos más avanzados, históricamente corresponden a perfiles en donde las condiciones de trabajo son mas penosas y hostiles, en donde se produce mayor riqueza estratégica para el desarrollo nacional, o aquellos cuya actividad de trabajo los coloca en contacto directo con la información y formación. Ejemplos con estos perfiles serían los trabajadores pioneros en el sector petrolero, minero del hierro y siderúrgicos; por otro lado, ejemplos serían los trabajadores gráficos, los de la educación y la prensa o medios de comunicación en general.
Estos segmentos cuentan en su construcción histórico un importante patrimonio de conquistas; por ello, se ven expuestos a mayores riesgos y acechanzas, por disponer de un patrimonio que han de preservar, y las conquistas se pueden ir perdiendo. Para los patronos (públicos y privados), los segmentos con mayor patrimonio, representan una comparación inconveniente, especialmente cuando tienen que satisfacer a demandas procedentes de diversas actividades de producción y de servicios públicos. De ellos es el patrono estatal, quien tiene mayores facilidades para enfrentar las conquistas avanzadas de los trabajadores, es quién tiene la capacidad de actuar con mayor homogeneidad, discrecionalidad y tiene la posibilidad de poner a su servicio al Estado Regulador, al Inspector, al Fiscalizador y Justiciero, en fin dispone de más medios coercitivos, por supuesto que desnaturalizando el papel de actor del Estado como un tercer elemento en el funcionamiento de las Relaciones de Trabajo. Por ello en estos sectores ocurren constantes tensiones, que se agudizan en tiempos de crisis y recesión, más aún cuando está ausente un dialogo genuino y democrático entre actores laborales.
Concesiones Laborales
Cuando estas aparecen en el escenario laboral, que no responden a un esfuerzo propio del movimiento de los trabajadores, se impone un análisis detenido; hay la necesidad de entender el propósito que persigue. También hay que tener presente, que hay heterogeneidad en el desarrollo de los diversos sectores laborales, lo que en un sector puede ser una conquista, un avance, en otro puede no serlo. Pero es importante, dirigir la mirada hacia los sectores más organizados, para evaluar el fenómeno bajo análisis.
Remontándose a procesos de construcción histórica que evidencian la tesis expuesta, en primer lugar véase la estructura sindical concebida en la Ley del Trabajo de 1936. Se trata de un proceso que categorizamos de concesivo, por la ausencia de movimiento de los trabajadores en la definiciones de esta estructura sindical. Esta fue fragmentadora y atomizadora de la organización de los trabajadores. Sindicatos podían crearse por profesión, por empresa, por estado, por distrito, por municipio, en fin, todo lo ideal para un desarrollo ulterior debilitante. Claro que con el tiempo se pudieron desarrollar mecanismos contrarrestantes, como fue en un determinado período el papel de las Federaciones y las Confederaciones, que de alguna manera aglutinaban y cohesionaban las pequeñas y frágiles organizaciones de empresas y de pequeñas regiones. Pero con el pago de un precio, este modelo también contribuyo al burocratismo.
Otro caso de concesión, fue la implantación de los Directores Laborales en 1966. En el fondo se observaba que tendía al fomento del burocratismo y de premio a las lealtades a las cúpulas sindicales y políticas partidistas, ya que los Directores Laborales en una primera etapa eran escogidos por el dedo burocrático de la partidocracia, y no por las bases laborales. De todos modos, una concesión puede ser transformada y ponerla al servicio del movimiento de los trabajadores. Como ocurrió posteriormente, cuando se reivindicó que los Directores Laborales fueran electos democráticamente por la fuerza laboral de la institución en donde ejercerían sus funciones.
En el marco de esta tesis, hay muchas otras concesiones que es necesario analizar, como los Consejos de Trabajadores y el Control Obrero.
Se reconoce que hay diversos segmentos en un colectivo tan amplio como el movimiento de los trabajadores; en donde unos estarán más avanzados y otros más rezagados. También entre los empresarios pasa otro tanto. Los segmentos más avanzados, históricamente corresponden a perfiles en donde las condiciones de trabajo son mas penosas y hostiles, en donde se produce mayor riqueza estratégica para el desarrollo nacional, o aquellos cuya actividad de trabajo los coloca en contacto directo con la información y formación. Ejemplos con estos perfiles serían los trabajadores pioneros en el sector petrolero, minero del hierro y siderúrgicos; por otro lado, ejemplos serían los trabajadores gráficos, los de la educación y la prensa o medios de comunicación en general.
Estos segmentos cuentan en su construcción histórico un importante patrimonio de conquistas; por ello, se ven expuestos a mayores riesgos y acechanzas, por disponer de un patrimonio que han de preservar, y las conquistas se pueden ir perdiendo. Para los patronos (públicos y privados), los segmentos con mayor patrimonio, representan una comparación inconveniente, especialmente cuando tienen que satisfacer a demandas procedentes de diversas actividades de producción y de servicios públicos. De ellos es el patrono estatal, quien tiene mayores facilidades para enfrentar las conquistas avanzadas de los trabajadores, es quién tiene la capacidad de actuar con mayor homogeneidad, discrecionalidad y tiene la posibilidad de poner a su servicio al Estado Regulador, al Inspector, al Fiscalizador y Justiciero, en fin dispone de más medios coercitivos, por supuesto que desnaturalizando el papel de actor del Estado como un tercer elemento en el funcionamiento de las Relaciones de Trabajo. Por ello en estos sectores ocurren constantes tensiones, que se agudizan en tiempos de crisis y recesión, más aún cuando está ausente un dialogo genuino y democrático entre actores laborales.
Concesiones Laborales
Cuando estas aparecen en el escenario laboral, que no responden a un esfuerzo propio del movimiento de los trabajadores, se impone un análisis detenido; hay la necesidad de entender el propósito que persigue. También hay que tener presente, que hay heterogeneidad en el desarrollo de los diversos sectores laborales, lo que en un sector puede ser una conquista, un avance, en otro puede no serlo. Pero es importante, dirigir la mirada hacia los sectores más organizados, para evaluar el fenómeno bajo análisis.
Remontándose a procesos de construcción histórica que evidencian la tesis expuesta, en primer lugar véase la estructura sindical concebida en la Ley del Trabajo de 1936. Se trata de un proceso que categorizamos de concesivo, por la ausencia de movimiento de los trabajadores en la definiciones de esta estructura sindical. Esta fue fragmentadora y atomizadora de la organización de los trabajadores. Sindicatos podían crearse por profesión, por empresa, por estado, por distrito, por municipio, en fin, todo lo ideal para un desarrollo ulterior debilitante. Claro que con el tiempo se pudieron desarrollar mecanismos contrarrestantes, como fue en un determinado período el papel de las Federaciones y las Confederaciones, que de alguna manera aglutinaban y cohesionaban las pequeñas y frágiles organizaciones de empresas y de pequeñas regiones. Pero con el pago de un precio, este modelo también contribuyo al burocratismo.
Otro caso de concesión, fue la implantación de los Directores Laborales en 1966. En el fondo se observaba que tendía al fomento del burocratismo y de premio a las lealtades a las cúpulas sindicales y políticas partidistas, ya que los Directores Laborales en una primera etapa eran escogidos por el dedo burocrático de la partidocracia, y no por las bases laborales. De todos modos, una concesión puede ser transformada y ponerla al servicio del movimiento de los trabajadores. Como ocurrió posteriormente, cuando se reivindicó que los Directores Laborales fueran electos democráticamente por la fuerza laboral de la institución en donde ejercerían sus funciones.
En el marco de esta tesis, hay muchas otras concesiones que es necesario analizar, como los Consejos de Trabajadores y el Control Obrero.
sábado, 21 de agosto de 2010
CONVENIOS COLECTIVOS: REDISTRIBUCION Y LIBERTAD SINDICAL. Parte II
Dos categorías claves para el desarrollo de los convenios colectivos son los meta valores y el modelo de desarrollo. Con el primero, se insiste en el significado del respeto y reconocimiento de los actores en los procesos de negociaciones. Aquellas posturas que dificulten que entre los actores centrales haya un reconocimiento pleno, a la larga obstaculizarán las negociaciones colectivas.
Las convenciones colectivas figuran en las regulaciones venezolanas tan lejos como los años treinta, sin embargo no fue sino hasta los años sesenta, cuando alcanzó un desarrollo sostenido que se mantuvo por varias décadas. La explicación de esta brecha estriba en el insuficiente desarrollo del aparato productivo, y la negativa empresarial y estatal a reconocer las capacidades del movimiento de los trabajadores para ejercer estas facultades universales, salvo en un breve interregno en el trienio famoso (1946-48), de estimulo estatal breve, porque no se consolidaron los factores para que tanto el movimiento sindical como la institución de la negociación colectiva se preservaran, como quedó evidenciado en el retroceso experimentado en la década militar siguiente. Tanto es así, que hasta las negociaciónes colectivas del sector petrolero fueron suspendidas y sustituidas por decreto como respuesta gubernamental represiva ante la huelga de 1950.
El repunte de las convenciones colectivas a partir de los años sesenta, responde a dos fundamentales factores, uno el desarrollo político que facilitaba el protagonismo de los actores en los ámbitos laborales. El otro fue el modelo de desarrollo productivo asumido, por un lado la industrialización por sustitución de importaciones con capitales extranjeros y nacionales privados, y el desarrollo de las industrias básicas con inversión y gestión estatal. Lo que se sumaba al modelo petrolero ya dominante desde los años veinte. Este modelo en lo relativo a regiones, se expresó mayormente en los estados centrales y la región guayanesa. El mismo requería condiciones propicias para el funcionamiento productivo, y ahí los consensos fueron necesarios. En los años que van en toda la década del sesenta y setenta, los salarios reales, las condiciones de trabajo y los empleos mejoraron, a ello contribuyó significativamente la acción de los mecanismos de las Relaciones de Trabajo.
Hemos indicado que la convención colectiva vive en estos últimos veinte años una declinación sostenida, agudizada en los últimos diez, y en ellos, se ha reducido notablemente en el último quinquenio. En el lapso de los veinte años, hay que destacar en primer lugar los agotamientos del modelo productivo. Una economía con un deterioro de más de veinte años continuos. Notable el proceso de desindustrialización prematura, sin que se haya construido un modelo alterno.
Todo ello se ha traducido en menor número de establecimientos con capacidades para estos procesos de negociaciones, agravándose con el hecho de la preeminencia de un modelo sindical que se concentra sólo en las empresas de tamaño medio y grande, lo que en un país de predominio de empresas pequeñas es un contrasentido. Tema relevante para continuar su análisis en otro momento.
Es notable la dificultad en construir un modelo de productivo que asegure la participación amplia de las fuerzas productivas del país, más las que se puedan agregar, vía capital extranjero, y que logren la eficiencia y efectividad necesaria que permita proveer a la sociedad de mejores condiciones de vida, que diversifiquen la producción (que la hagan menos dependiente de un solo producto), que aminore la dependencia de importaciones de productos esenciales para el consumo.
Todo ello ha venido dando lugar a ensayos diversos de modelos productivos, que tienen en común la aversión a la actividad de los trabajadores organizados en sindicatos, y con ello a las negociaciones colectivas, las que se intentan suplantar con propuestas que si bien se formulan con discursos de avanzada, al final coinciden con postulados neoliberales, como es la implantación de procesos de tercerización, ahora en forma de cooperativas u otras modalidades que son presentadas como la economía comunal, o empresas que desmejoran las condiciones de trabajo, al extremo de precarizarlas, ya no para generar una mayor plusvalía al capital, ni una mayor producción de bienes y servicios para la sociedad, sino para subsistir en condiciones de gestión erráticas, por su improvisación y sesgos, lo que inevitablemente ocurre al subordinar el conocimiento, la disciplina productiva y la autonomía de los trabajadores, a modelos cargados de retorica y poca sustancia.
Las convenciones colectivas figuran en las regulaciones venezolanas tan lejos como los años treinta, sin embargo no fue sino hasta los años sesenta, cuando alcanzó un desarrollo sostenido que se mantuvo por varias décadas. La explicación de esta brecha estriba en el insuficiente desarrollo del aparato productivo, y la negativa empresarial y estatal a reconocer las capacidades del movimiento de los trabajadores para ejercer estas facultades universales, salvo en un breve interregno en el trienio famoso (1946-48), de estimulo estatal breve, porque no se consolidaron los factores para que tanto el movimiento sindical como la institución de la negociación colectiva se preservaran, como quedó evidenciado en el retroceso experimentado en la década militar siguiente. Tanto es así, que hasta las negociaciónes colectivas del sector petrolero fueron suspendidas y sustituidas por decreto como respuesta gubernamental represiva ante la huelga de 1950.
El repunte de las convenciones colectivas a partir de los años sesenta, responde a dos fundamentales factores, uno el desarrollo político que facilitaba el protagonismo de los actores en los ámbitos laborales. El otro fue el modelo de desarrollo productivo asumido, por un lado la industrialización por sustitución de importaciones con capitales extranjeros y nacionales privados, y el desarrollo de las industrias básicas con inversión y gestión estatal. Lo que se sumaba al modelo petrolero ya dominante desde los años veinte. Este modelo en lo relativo a regiones, se expresó mayormente en los estados centrales y la región guayanesa. El mismo requería condiciones propicias para el funcionamiento productivo, y ahí los consensos fueron necesarios. En los años que van en toda la década del sesenta y setenta, los salarios reales, las condiciones de trabajo y los empleos mejoraron, a ello contribuyó significativamente la acción de los mecanismos de las Relaciones de Trabajo.
Hemos indicado que la convención colectiva vive en estos últimos veinte años una declinación sostenida, agudizada en los últimos diez, y en ellos, se ha reducido notablemente en el último quinquenio. En el lapso de los veinte años, hay que destacar en primer lugar los agotamientos del modelo productivo. Una economía con un deterioro de más de veinte años continuos. Notable el proceso de desindustrialización prematura, sin que se haya construido un modelo alterno.
Todo ello se ha traducido en menor número de establecimientos con capacidades para estos procesos de negociaciones, agravándose con el hecho de la preeminencia de un modelo sindical que se concentra sólo en las empresas de tamaño medio y grande, lo que en un país de predominio de empresas pequeñas es un contrasentido. Tema relevante para continuar su análisis en otro momento.
Es notable la dificultad en construir un modelo de productivo que asegure la participación amplia de las fuerzas productivas del país, más las que se puedan agregar, vía capital extranjero, y que logren la eficiencia y efectividad necesaria que permita proveer a la sociedad de mejores condiciones de vida, que diversifiquen la producción (que la hagan menos dependiente de un solo producto), que aminore la dependencia de importaciones de productos esenciales para el consumo.
Todo ello ha venido dando lugar a ensayos diversos de modelos productivos, que tienen en común la aversión a la actividad de los trabajadores organizados en sindicatos, y con ello a las negociaciones colectivas, las que se intentan suplantar con propuestas que si bien se formulan con discursos de avanzada, al final coinciden con postulados neoliberales, como es la implantación de procesos de tercerización, ahora en forma de cooperativas u otras modalidades que son presentadas como la economía comunal, o empresas que desmejoran las condiciones de trabajo, al extremo de precarizarlas, ya no para generar una mayor plusvalía al capital, ni una mayor producción de bienes y servicios para la sociedad, sino para subsistir en condiciones de gestión erráticas, por su improvisación y sesgos, lo que inevitablemente ocurre al subordinar el conocimiento, la disciplina productiva y la autonomía de los trabajadores, a modelos cargados de retorica y poca sustancia.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)