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sábado, 17 de agosto de 2013

FUTURO DE LOS JUBILADOS Y JUBILABLES




Desde el mismo momento que se redacto la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela se le dio debida jerarquía a la Seguridad Social. Se mencionaron las protecciones que debían brindarse a la población trabajadora. Un abanico amplio y avanzado con relación a nuestra trayectoria, e incluso avanzado en el nivel de países de la región. Pero se fijaron plazos que no se han cumplido. Estamos a casi catorce años de vigencia de la constitución y persisten los retrasos en esta materia. Los temas jubilaciones y salud son los postergados. Otros campos de la seguridad social han logrado que sus regulaciones se hayan aprobado, aunque también algunos aún tienen la mora por no haberse avanzado en la creación de sus instituciones y mecanismos de funcionamiento. 

Pero el caso concreto de las jubilaciones ha sido amortiguado con un incremento importante del número de ellos. Haber pasado de quinientos mil jubilados cobrando su pensión a dos millones y medio millones en casi catorce años es un hecho relevante. Sin embargo el esquema del sistema no tiene el sustento y ni la institucionalidad que amerita y exige la estabilidad financiera para un colectivo tan importante. Por ello inquieta que para pagar las pensiones del presente año se recurre a la emisión de bonos de deuda pública, con vencimientos entre el 2015 y el 2027. Que futuro construimos para las generaciones venideras, si le estamos dejando deudas adquiridas para pagar pensiones, así como también para prestaciones y salarios. Teóricamente las deudas se adquieren para aumentar la capacidad productiva e infraestructura del país. 

Veamos, tras el anuncio de la devaluación del pasado 8 de febrero, el ministro de Planificación Jorge Giordani, llegó a expresar que "¿De dónde se van a sacar los reales para mantener los 2 millones y medio de pensionados? Eso es justo, nadie discute la justicia, pero eso cuesta" (Mayela Armas en El Universal, 20-7-2013). Para este año cómputos realizados en el primer semestre prevén que el monto del gasto para la cancelación de las pensiones aumenta 32%. Para el final del año, creemos que es una cifra conservadora si tomamos en cuenta dos consideraciones, que en septiembre viene un incremento de un 10% en las pensiones, y que en el 2012, el incremento del gasto social por pensiones aumentó en un 87%. De 31.5 millardos se salto a 59. ! Cómo se ve, la inflación es terrible!

Los receptores de esas pensiones de jubilación y la sociedad toda, requiere que un pago que es para vital para la sobrevivencia no  tenga tal fragilidad. Destacamos esto último porque la pensión es una contribución al sostenimiento del jubilado, pero evidentemente no le cubre todas sus necesidades, incluso la cesta alimentaria esta por encima de su monto, y más aún la cesta normativa. Sin duda no es una sobrevivencia digna.

Recientemente,  un par de referencias  nos han llamado la atención que personas de 70 o más años continúan trabajando en empleos dependientes. Subrayamos esto último porque los trabajadores por cuenta propia en nuestro país, pocos beneficios derivan de la seguridad social y por tanto pasan de largo la edad de la jubilación y forzosamente tienen que atender cotidianamente sus tareas. Las referencias en cuestión son, un primer caso nos enteramos por conversaciones con trabajadores que prestan servicios a Sidor. El otro caso proviene de twittero que destaca este fenómeno en empresa Domínguez y Compañía. 

 En torno a estos casos, cabe destacar que la expectativa  de vida del venezolano ha venido incrementando. Si bien la edad mínima para la jubilación por legislación de la seguridad social es de 55 años para la mujer y 60 para los hombres, es baja al comparar con países de equivalente desarrollo que el nuestro. Lo otro es que en estos tiempo de alta inflación y por otro lado haberse restituido el pago de las prestaciones sociales  multiplicando el último salario por el número de años de servicio, agrega una cantidad importante de recursos a cobrar en el cheque de liquidación de las prestaciones sociales. De aquí que en aquellos casos de una prolongada prestación de servicios a un mismo empleador tenga sentido prolongar la edad de dejar la vida activa. Aparte del hecho que un porcentaje importante de trabajadores han retirado sus prestaciones con el régimen que inicio su vigencia con la reforma de la LOT en 1997, sistema que persiste pero que no favorece a los trabajadores de alta antigüedad y aún menos en tiempos de alta inflación como los que vivimos; aunque si favorece en los casos opuestos, es decir trabajadores con poca antigüedad.

El segundo factor a destacar, es el problema que al dejar la condición de activo la generalidad de los trabajadores pasan a recibir sólo la pensión del Seguro Social que invariablemente equivale en nuestro caso al salario mínimo, cualquiera haya sido el nivel salarial con el cual haya cotizado el trabajador en su vida laboral. Esto representa para quien  devengue ingresos que estén por encima del salario mínimo un desmejoramiento de sus ingresos y de calidad de vida. Este es el caso que creemos corresponde a los trabajadores de Domínguez y Compañía, y en general de los trabajadores dependientes que sólo disponen de la pensión del seguro social al finalizar su vida laboral activa.

Sobre el mismo tema de las jubilaciones un hecho que es importante no olvidar, es el desfalco ocurrido con el Fondo de Jubilaciones de los Petroleros. Un fondo creado con los aportes de los trabajadores que hace dos años fue objeto de un multimillonario desfalco -540 millones de US $-, descubierto en los EEUU cuya justicia ha tomado medidas, pero que lamentablemente las instituciones públicas venezolanas aún no han cumplido con sus obligaciones y con los trabajadores afectados, todo ello causando un perjuicio a los  contribuyentes del fondo ( http://hectorlucena.blogspot.com/2011/03/seguridad-social-insegura.html). En los dos últimos años los miembros del fondo han dejado de percibir un noventa por ciento de los dividendos que corresponderían para el capital del fondo.

Sin duda hay que prestarle atención a la organización social y gremial de los jubilados,  entendida como una conquista laboral pero que la débil institucionalidad que hoy muestra, la coloca en delicada situación de fragilidad, desde ya tengamos conciencia que todos somos jubilables.






sábado, 3 de agosto de 2013

CONFLICTOS LABORALES Y ALIANZAS NECESARIAS




En todo conflicto laboral es importante considerar el tema de las alianzas, en primer lugar entre los trabajadores vinculados con la organización en conflicto, en segundo lugar con los sectores que aún sin ser trabajadores forman parte del servicio. Y en tercer lugar con otros sectores laborales organizados.

       La referencia a los trabajadores toma en cuenta que una actividad productiva implica la convergencia de varios segmentos de trabajadores. 

      Una clásica división laboral refería a los obreros y a los empleados. En la literatura se identificaban como los “bragas azules” y los “cuellos blancos”. En algunas actividades es muy marcada esta distinción, como es el caso en las empresas privadas. Transformaciones modernizadoras en la organización del trabajo le han venido quitando visibilidad a estas distinciones.  Por el lado de lo regulatorio, el Decreto con rango y fuerza de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores  y Trabajadoras –Dlottt- ya  casi hace desaparecer esta distinción. 

       En el sector público la distinción entre obreros y empleados persiste, ya que los marcos regulatorios que atienden sus reglas con empleadores son diferentes. Sin embargo gradualmente hay la tendencia a borrar diferencias.

       Históricamente en el mundo sindical son los obreros los que tomaron la delantera en organizarse y por supuesto tomar el liderazgo en las grandes centrales. Pero gradualmente esto ha venido  cambiando. En las centrales sindicales con mayor numero de afiliados en el continente, como serían la CUT – Brasil- y la AFL-CIO –EEUU-, en sus órganos directivos son visibles los dirigentes que provienen de los sindicatos de empleados públicos, de los bancarios y sector financiero, de la educación de todos los niveles, es decir los de cuello blanco.  

      Otra distinción que se observa entre los trabajadores y que de alguna manera ha de tenerse presente en el análisis de las acciones reivindicativas, es la que hace referencia a los trabajadores con empleo fijo por un lado y los contratados por el otro. En el sector privado es un asunto menos extendido por la misma política laboral estatal de vigilancia sobre el tema; pero en el sector público es notable la gran cantidad de contratados, personal precarizado sin nombramiento ni estabilidad y en situación de debilidad para la misma acción sindical, y consecuentemente para el acceso a los beneficios contractuales. Claro, la vigilancia pública no mira sus propias deficiencias.

       Los jubilados y pensionados constituyen otro segmento laboral creciente. El aumento de la expectativa de vida y el desarrollo de la seguridad social van dando lugar a que se incrementen estos colectivos. Según el formato de la sindicalización se podrá apreciar la vinculación entre los trabajadores activos y los pasivos. Veamos que el sindicalismo predominante en nuestro país es por empresa; un tipo de organización que exige para afiliarse el estar en la nómina del ente productivo, obviamente al alcanzarse la edad de jubilación o quedar pensionado por una determinada incapacidad permanente, el trabajador sale de la plantilla y al mismo tiempo queda fuera del sindicato. Esto es un absurdo, ya que se rompe un vinculo que es importante para las acciones que en esta nueva condición han de ponerse en práctica. Hay que tener presente que los que permanecen en la plantilla del empleador son todos jubilables. 

       En determinados servicios públicos se constituyen verdaderas comunidades de convivencia con cierta continuidad, tal es el caso de la educación universitaria. Es una etapa que implica una estadía de al menos cinco años para los estudiantes, quienes en su mayoría son jóvenes adultos, que ingresan a la universidad recién alcanzada la mayoría de edad; pero también en muchos casos se trata de simplemente adultos que ingresan a la educación superior luego o en paralelo de una activa vida laboral. 

     Por lo anterior es por lo que se resalta en la Ley de Universidades, el artículo 1º.  “La universidad es fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre” .

      Esta larga continuidad de la convivencia, que da lugar a la comunidad universitaria no es observable en otros servicios públicos como para dar el sentido justamente de comunidad, pero si  existen las vinculaciones de usuarios con servicios que empiezan a tomar cuerpo dando incipientes pasos a favor de organizarse como tales, es el caso en usuarios de servicios públicos de salud, de transporte, de aeropuertos, entre otros.  

      La nueva Ley Orgánica de Educación -2009- extiende el concepto de comunidad para elegir autoridades, ya que agrega el voto del personal administrativo, personal obrero y egresados. Como esta disposición aún no se ha reglamentado y más bien se observa un letargo, y por lo demás sí se observa que en muchas de las Universidades experimentales y todas las de reciente creación, se caracterizan por procesos de participación mas bien regresivos con respecto a la vigente Ley de Universidades de 1970, es decir que sus autoridades son impuestas desde el gobierno central, conllevando la perdida de la esencia autonómica tan vital para el desarrollo de la investigación y la formación. 

     Con lo anterior es notable el propósito oficial de buscar canales para acceder a posiciones de control de las universidades que han alcanzado un cierto grado de participación. Parece que tiene más sentido que se emprendan esfuerzos por democratizar a las universidades que aún no han alcanzado los mínimos que las más evolucionadas hoy muestran. 

     Una alianza de los docentes con los estudiantes, es importante pero incompleta, otros segmentos forman parte del servicio educativo universitario y por tanto importan los intercambios y los canales de participación. En este sentido las instituciones muestran distintos niveles de logros  y prácticas en apertura y participación democrática, que también se manifiestan en los niveles académicos. El país y la sociedad en su conjunto necesitan instituciones universitarias sólidas y de vanguardia. 

    Para terminar, un conflicto laboral se mantiene por la justedad de sus demandas y por las alianzas que se construyan.

hector.lucena@gmail.com
@hl_lucena