lunes, 16 de mayo de 2011
Consejos obreros ¿Qué sustituye y qué aporta?
Distinguir entre una conquista laboral alcanzada a partir de las acciones del movimiento de los trabajadores y una concesión recibida de los otros actores laborales, sean las Empresas o el Estado, es un problema fundamental. Las primeras son la resultante de un proceso genuino de acciones que implican en primer lugar la comprensión de la meta o asunto a alcanzar. En cambio las segundas -las concesiones-, de entrada plantean interrogantes básicas, ¿qué hay detrás de esto?
Cuando se le entregan concesiones al movimiento de los trabajadores, sea desde el Estado o desde el Patronato, que no responden a un esfuerzo propio del movimiento de los trabajadores, se impone un análisis detenido; necesario entender el propósito que persiguen. Tener presente, que existe heterogeneidad en el desarrollo de los diversos sectores laborales, lo que en un sector puede ser una conquista, un avance, en otro puede no serlo.
Por ejemplo, la implantación de los directores laborales en 1966. En el fondo se observaba que tendía al fomento del burocratismo y de premio a las lealtades a las cúpulas sindicales y políticas partidistas, ya que los directores laborales en una primera etapa eran escogidos por el dedo burocrático de la partidocracia, y no por las bases laborales. De todos modos, una concesión puede ser transformada y ponerla al servicio del movimiento de los trabajadores. Como ocurrió posteriormente, cuando se reivindicó que los directores laborales fueran electos democráticamente por la fuerza laboral de la institución en donde ejercerían sus funciones.
Es conveniente un análisis de la muy breve experiencia del control obrero, propuesta apenas a mediados del pasado año por el Patronato, al igual como se promovieron experiencias identificadas como Cogestión, Autogestión y Cooperativización en varias empresas públicas, luego se dejaron de lado y se pasa a otros esquemas productivos y organizacionales, sin detenerse a un mínimo esfuerzo de evaluación.
¿Quiénes en los niveles más elevados son responsables de haberlas promovido y bajo cuales supuestos? que se le diga a quienes se sumaron o fueron adheridos, u obligados, y a la sociedad en general, se trata de bienes públicos, ¿Por qué estas experiencias no fueron continuadas y fracasaron, o qué dejaron de bueno? ¿Cuánto se ha perdido en recursos humanos, tiempo, financieros y frustraciones? ¿Qué es lo que debe hacerse para no repetir errores?
Importa también plantearse por qué este esquema sólo se promueve en las empresas básicas de Guayana. Tendrá que ver con las características de la militancia obrera de la zona, o con el estado crítico de las empresas, y se trata de una última tabla de salvamento que compromete al liderazgo sindical, en condiciones incluso más desventajosas que las tenidas por administradores previos que no pudieron evitar el deterioro de las mismas. Por tanto al hacer la lista de los ensayos aplicados y fracasados, se agregará el del control obrero, al lado de las gerencias tecnocráticas, burocráticas partidistas, o cualquier otra involucrada en la gestión de los últimos años.
No debiera hablarse de control obrero sin un mínimo de control social. Cierto que existen instituciones como la Contraloría General de la República, pero parece que este ámbito no existe para ella. Por otro lado instituciones como las organizaciones -consejos- comunales, tienen prioridades en la vida de la comunidad misma, en sus carencias y problemas. No están dotados de los elementos para incursionar en algún tipo de control en los ámbitos productivos y en los problemas propios de éstos.
En cuanto a las posturas sindicales, hay que tener presente que una de las características de la política laboral en los últimos años, ha sido la puesta en práctica de mecanismos que fragmentan a los colectivos laborales. El surgimiento de nuevas propuestas de representación, que hacen vida en los mismos espacios productivos en donde desde décadas existen los sindicatos, indudablemente crea y fomenta problemas como roces institucionales. No es descartable que a la larga, sindicatos y las nuevas formas de representación logren una suerte de refuerzos mutuos, pero la interferencia de elementos externos a ambos, no lo hace fácil.
La autonomía de las organizaciones sindicales, siempre está en riesgo; sea por aspiraciones patronales de restarle influencia entre los trabajadores, o por aspiraciones gubernamentales de ponerlas acríticamente al servicio de su proyecto. Por supuesto hay espacio para que las organizaciones sindicales a partir de sus propios proyectos coincidan y apoyen propuestas políticas, que se promueven desde el Estado. Pero se trata de un sindicalismo que acompañe el accionar reivindicativo con la acción sociopolítica. Esto demanda estudios y debates. No es espontáneo que la formación sociopolítica florezca. No es lo dominante en nuestro caso. Sin embargo, hay algunos momentos y experiencias que son rescatables en ese sentido.
TRABAJADORES CIUDADANOS
Nuevamente y por quinto año consecutivo la Fundación Universitas convoca a un congreso internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Isla de Margarita. Más de quinientas personas desde distintos rincones de la geografía nacional, interesadas en estos temas respondieron a la convocatoria.
Los jóvenes organizadores directivos de Universitas han tenido éxito en esta iniciativa. Un esfuerzo eminentemente privado, sin el patrocinio estatal, al cual adhieren algunas instituciones académicas, más bien prestando sus logos para figurar en el material impreso.
El programa abordado lo dominan los temas del Derecho del Trabajo, y más bien la Seguridad Social aparece como un acompañante de bajo perfil.
En los temas del Derecho del Trabajo se destacan aquellos que son del interés para la práctica judicial; es decir para la relación de los profesionales de este campo con las instituciones de la administración de justicia. Obviamente atendiendo el interés de sus representados, sean empresas o trabajadores.
La vedette temática del evento fue a nuestro parecer los llamados derechos fundamentales laborales acompañado de los derechos inespecíficos laborales. Es una discusión fresca y motivadora que alienta a tener muy en cuenta que el trabajador en los centros productivos es antes que nada un ciudadano, un ser humano, que integra en su persona los derechos alcanzados por su condición de ciudadano, con los que en el centro productivo emergen por su condición de trabajador asalariado dependiente.
Que al tiempo que se reclama por ejemplo un salario justo o una libertad sindical para el desenvolvimiento de su organización que lo representa, también es un ciudadano que es portador de un derecho a expresar libremente su pensamiento, a no ser discriminado por razones de su pensamiento o ideas políticas, religiosas o por el color de su piel.
El énfasis de este tema descansa en prestar atención al individuo. Interesante el asunto, en tiempos que se pretende subsumirlo en categorías colectivizadoras, que si bien se acompañan de la oferta de una sociedad superior en reconocimientos y en bienestar, mientras tanto el individuo es ahogado por la carrera que ha de llevarlo a la meta superior.
En esta carrera por una sociedad superior se corre el riesgo de sacrificar a los individuos. Que la meta superior es más importante que ellos, ya que a la larga la igualdad y la equidad que se buscan, al lograrlas compensarán con creces el haber rendido lo individual a lo colectivo. Es una vieja discusión que va y viene.
En los ámbitos productivos parecería estar la clave de la construcción de la sociedad. Se ha considerado desde determinados enfoques que el trabajo es lo esencial en la vida humana. Pero con la traída al debate de los llamados derechos inespecíficos laborales, y colocarlos frente a frente con los derechos laborales que en esta particular reflexión llamaríamos tradicionales, y que determinan que el operario u obrero de producción, o la oficinista del área administrativa porta en su persona, la condición de ciudadano, de vecino, de miembro de una organización política, religiosa, educativa, o una organización no gubernamental veladora de los derechos humanos, todo ello da lugar a que el trabajo y las otras instancias de vida y participación de la gente se integran y confunden.
El patronato autoritario, vertical, unilateral, desconsiderado e indiferente al avance social de los ciudadanos trabajadores tendrá más dificultades, que aquel que concilia y reconoce en la relación con la fuerza de trabajo que comparte con él el quehacer productivo, la clave del progreso de ambos.
Luce como que esa integración apunta al progreso y una mejor convivencia tanto en el mundo del trabajo y de la vida en general. Veremos si los patronos públicos y privados, respetan el desarrollo humano y social ya alcanzado en los textos constitucionales y legales.
domingo, 8 de mayo de 2011
TENDENCIA SOCIAL / LA VIGENCIA DEL MOVIMIENTO LABORAL
Los sindicatos pueden tener sus bajas pero nunca desaparecen
Los sindicatos persisten a lo largo del tiempo, “son como las empresas, no desaparecen y siempre existirán”. Aunque estén debilitados, renacen de sus cenizas como elAve Fénix.
En este contexto dijo que en la etapa de los gobiernos autoritarios del Cono Sur, los sindicatos se vinieron a menos, “pero luego en el renacer democrático se revitalizaron”.
En su opinión la importancia de los sindicatos radica en los beneficios extendidos a sus afiliados y a la sociedad en su conjunto.
Para una empresa pequeña su importancia no es notable, porque permite al dueño tener una relación personal “cara a cara” con cada uno de los trabajadores.
En cambio, en lamedida que sea una organización que agrupe a varias decenas de personas, el sindicato se constituye en un factor que facilita el intercambio y la convivencia.
Como toda organización colectiva, corre el riesgo de que su conducción sea influida por intereses diferentes a los de sus afiliados.
Se puede dar el caso que se confunden los intereses del patrono con los del sindicato y de sus afiliados.
“Ciertamente hay solapamiento en el interés de mantener la fuentede trabajo estable y económicamente
saludable, de ello depende el interés del empresario en recibir rentas y capitalizar su negocio, y para los trabajadores contar estabilidad en el empleo, percibir una remuneración y mejorar sus reivindicaciones para
elevar su calidad de vida. Pero lo anterior no significa que no existan intereses contradictorios. Los hay y no son menores”.
El precio de la fuerza de trabajo es uno de ellos. La aspiración empresarial en controlar los costos, es otro tema de controversia; ya que quién dirige tiene la tentación de reducirlos más.
La organización sindical democrática y participativa, ques ea genuinamente representante de la fuerza de trabajo es la reserva y defensa primaria con que cuentan los trabajadores.
En ese contexto un partido político puede ser un aliado importante, pero no hay que perder de vista que sus intereses son más diversos y pueden discrepar con los de los trabajadores, dijo.
-¿Qué sucede cuando surgen organizaciones paralelas como ocurrió en Venezuela?
Al sindicalismo se le señala críticamente su falta de unidad y dispersión. Conviene mirar hacia atrás para entenderlo. La estructura sindical con la cual nació el movimiento sindical venezolano, la establecida en la Leydel Trabajode1936, impuso un modelo que fragmentaba y atomizaba a los sindicatos.
Se puede señalar que fue una concesión,pero con el costo enorme de sus consecuencias.
También el procedimiento establecido para la constitución y registro de un sindicato fue altamente
intervencionista, dándole al gobierno suprapoderes en la concesión del registro. Dos plomos
en las alas de un incipiente movimiento.
Con el devenir del tiempo estas dos negativas características se consolidaron, y se acompañaron
de otros fenómenos, destacándose la partidización subordinadora del movimiento; y con ello la subordinación a los estamentos que estén en un momento dado controlando el Gobierno.
Es verdad que el movimiento sindical no puede estar ajeno a las construcciones y proposiciones,
de losmodelos de desarrollos políticos y económicos hacia donde ha de dirigirse la sociedad. Pero, sobre todo, ha de tener identidad y propuestas propias.
Cree que el asambleísmo puro en las relaciones laborales genera frustraciones y anarquía
Para Lucena algunos esfuerzos en momentos de ascenso ymovilizaciones, como en 1958-1959, y luego en el año 1980, permitieron al menos abrir un debate desde las bases que reconocieron la importancia de superar el modelo sindical dominante, como es de empresa.
De paso, este es elmodelo que ha promovido el neoliberalismo, ya que es más frágil y de menor
capacidad de acción. Es importante un alerta, ya que un aglutinamiento sindical impuesto, como una concesión estatal, puede resultar tan perverso como la misma fragmentación de hoy. Este es un fenómeno
que ha de nacer del propio movimiento.
-¿Considera la instauracióndel control obrero como un cambio necesario? Cuál es el
rol de estos contralores, dentro de las empresas?
Distinguir entre una conquista laboral alcanzada a partir de las acciones del movimiento de los trabajadores y una concesión recibida de los otros actores laborales, sean las Empresas o el Estado, es un problema
fundamental.
Las primeras son la resultante de un proceso genuino de acciones que implican en primer lugar la comprensión de lameta o asunto a alcanzar. En cambio las segundas –las concesiones-, de entrada
plantean interrogantes básicas ¿que hay detrás de esto? Este preámbulo es clave para las preguntas formuladas.
Esfuerzo propio “Se impone un análisis detenido para entender el mundo sindical” Cuando se le entregan concesiones al movimiento de los trabajadores, sea desde el Estado o desde el Patronato, que no responden
a un esfuerzo propio del movimiento de los trabajadores, se impone un análisis detenido; hay la necesidad de entender el propósito que persiguen.
Tambiénhayquetener presente, que hay heterogeneidad en el desarrollo de los diversos sectores
laborales, lo que en un sector puede ser una conquista, un avance, en otro puede no serlo.
Por ejemplo, con la implantación de los Directores Laborales en 1966 en el fondo se observaba
que tendía al fomento del burocratismo y de premio a las lealtades a las cúpulas sindicales y políticas
partidistas, ya que en una primera etapa eran escogidos por el dedo burocrático de la partidocracia,
y no por las bases laborales. De todos modos, una concesión puede ser transformada y puesta al servicio del movimiento de los trabajadores.
Como ocurrió posteriormente, cuando se reivindicó que los Directores Laborales fueran electos
democráticamente por la fuerza laboral de la institución en donde ejercerían sus funciones.
-¿Cómo encaja ahí la propuesta del control obrero?
Es conveniente un análisis de la muy breve experiencia del control obrero, propuesta apenas a mediados
del pasado año, pero así como se promovieron experiencias identificadas como Cogestión, Autogestión y Cooperativización en varias empresas públicas, luego se dejaron de lado y se pasa a otros esquemas productivos y organizacionales, sin detenerse aun mínimo esfuerzo de evaluación.
¿Quiénes en los niveles más elevados son responsables de haberlas promovido y bajo cuáles supuestos?
Que se le diga aquienes se sumaron o fueron adheridos, u obligados, y a la sociedad en general,al fin se trata de bienes públicos, porque estas experiencias no fueron continuadas, fracasaron. ¿Qué dejaron de bueno, cuánto se ha perdido en recursos humanos, financieros tiempo, y frustraciones. ¿Qué es lo que debe hacerse
para no repetir errores?
No debería hablarse de control obrero sin un mínimo de control social. Cierto que existen instituciones como la Contraloría General de la República, pero parece que este ámbito no existe para ella. Por otro lado, instituciones como las organizaciones comunales, tienen prioridades en la vida de la comunidad misma,
en sus carencias y problemas. No están dotados de los elementos para incursionar en algún tipo de control
en los ámbitos productivos y en los problemas propios de éstos.
-¿En Venezuela ha habido un esfuerzo de fragmentación?
En cuanto a las posturas sindicales, hay que tener presente que una de las características de la política
laboral en los últimos años, ha sido la puesta en práctica de mecanismos que fragmentan a los colectivos laborales.
El surgimiento de nuevas propuestas de representación, que hacen vida en los mismos espacios
productivos en donde desde décadas existen los sindicatos, indudablemente crea y fomenta problemas como roces institucionales.
No es descartable que a la larga sindicatos y las nuevas formas de representación logren una suerte
de refuerzos mutuos, pero la interferencia de elementos externos a ambos, no lo hace fácil.
La autonomía de las organizaciones sindicales, siempre está en riesgo; sea por aspiraciones patronales de restarle influencia entre los trabajadores, o por aspiraciones gubernamentales de ponerlas
acríticamente al servicio de su proyecto.
Por supuesto, hay espacio para que las organizaciones sindicales a partir de sus propios proyectos
coincidan y apoyen propuestas políticas, que se promueven desde el Estado.
Pero se trata de un sindicalismo que acompañe el accionar reivindicativo con la acción socio política.
Estodemandaestudios y debates. No es espontáneo que la formación socio política florezca. No
es lo dominante en nuestro caso. Sin embargo,hay algunos momentos y experiencias que son rescatables
en ese sentido.
Siempre nacen “Los sindicatos siempre tendrán un papel que jugar”
-¿Dirigentes sindicales afirman que el surgimiento de nuevas organizaciones podría
contribuir a la desaparición de los sindicatos?
Los sindicatos cíclicamente han tenido sus bajas y altas, pero persisten a lo largo del tiempo, es
igual que las empresas, no desaparecen siempre existirán. Pueden desaparecer unas, pero nacen
otras. Así pasa con los sindicatos.
Por otro lado,en cuanto a los ciclos políticos también se observan declinación y auges.
En la etapa de gobiernos autoritarios del Cono Sur, los sindicatos no podían operar plenamente
en los espacios restringidos existentes, pero luego en el renacer democrático, al cual los sindicatos
contribuyeron decisivamente, ahora se han revitalizado, y juegan un papel determinante en
la construcción institucional democrática. En Mercosur son actores que hacen sentir sus posiciones y aspiraciones.

lunes, 2 de mayo de 2011
¿Qué sucede cuando surgen organizaciones sindicales paralelas? ¿Qué mejoras traen consigo estas organizaciones paralelas?
Al sindicalismo se le señala críticamente su falta de unidad y dispersión. Conviene mirar hacia atrás para entenderlo.
La estructura sindical con la cual nació el movimiento sindical venezolano, la establecida en la Ley del Trabajo de 1936, impuso un modelo que fragmentaba y atomizaba a los sindicatos. Se puede señalar que fue una concesión, pero con el costo enorme de sus consecuencias. También el procedimiento establecido para la constitución y registro de un sindicato fue altamente intervencionista, dándole al gobierno suprapoderes en la concesión del registro. Dos plomos en las alas de un incipiente movimiento.
Con el devenir del tiempo estas dos negativas características se consolidaron, y se acompañaron de otros fenómenos, destacándose la partidización subordinadora del movimiento; y con ello la subordinación a los estamentos que estén en un momento dado controlando el Gobierno. Es verdad que el movimiento sindical no puede estar ajeno a las construcciones y proposiciones, de los modelos de desarrollos políticos y económicos hacia donde ha de dirigirse la sociedad. Pero ha de tener identidad y propuestas propias.
El tema de la estructura en los setenta y cinco años que van de 1936 al presente, no ha sido posible dar el salto a una estructura sindical de ramas productivas. Algunos esfuerzos en momentos de ascenso y movilizaciones, como en 1958-59, y luego en el año 1980, permitieron al menos abrir un debate desde las bases que reconocieron la importancia de superar el modelo sindical dominante, como es de empresa. De paso, este es el modelo que ha promovido el neoliberalismo, ya que es más frágil y de menor capacidad de acción. Es importante un alerta, ya que un aglutinamiento sindical impuesto, como una concesión estatal, puede resultar tan perverso como la misma fragmentación de hoy. Este es un fenómeno que ha de nacer del propio movimiento.
Importancia de los sindicatos para las empresas
La importancia de los sindicatos es en primer término para sus afiliados, es decir los trabajadores, y por extensión a sus familiares. Luego se podrá considerar la importancia para la empresa y la sociedad en general.
Para la empresa, en tanto sea de pequeño tamaño la importancia del sindicato no es notable. Además una pequeña unidad productiva, permite al dueño tener una relación personal “cara a cara” con cada uno de los trabajadores. En cambio, en la medida que sea una organización que agrupe a varias decenas de personas, a cientos y a miles, la representación de los trabajadores por una organización propia y auténtica de ellos, se constituye en un factor que facilita el intercambio y la convivencia
La efectividad del papel de los sindicatos para sus representados, está en concordancia con el nivel de participación democrática que esta organización practique. Como toda organización colectiva, corre el riesgo de que su conducción sea influida por intereses diferentes a los de sus afiliados, como pueden aquellos que confunden los intereses del patrono con los del sindicato y de sus afiliados. Ciertamente hay solapamiento en el interés de mantener la fuente de trabajo estable y económicamente saludable, de ello depende el interés del empresario en recibir rentas y capitalizar su negocio, y para los trabajadores contar estabilidad en el empleo, percibir una remuneración y mejorar sus reivindicaciones para elevar su calidad de vida. Pero lo anterior no significa que no existan intereses contradictorios. Los hay y no son menores.
El precio de la fuerza de trabajo es uno de ellos. La aspiración empresarial en controlar los costos, es otro tema de controversia; ya que quién dirige tiene la tentación de reducirlos más por lo que tiene que ver con los trabajadores, que aquello que tiene que ver con los propietarios. La organización sindical democrática y participativa, que sea genuinamente representante de la fuerza de trabajo es la reserva y defensa primaria con que cuentan los trabajadores. Un partido político puede ser un aliado importante, pero no hay que perder de vista que sus intereses son más diversos, pueden discrepar con los de los trabajadores.
domingo, 1 de mayo de 2011
SALARIOS MINIMOS E INVOLUCION INSTITUCIONAL
La manera como se ha venido determinando el salario mínimo y las políticas de remuneraciones en el funcionamiento laboral venezolano, muestran signos de retroceso institucional.
En Venezuela no existió un salario mínimo legal nacional sino hasta 1975. Por supuesto que con la estabilidad en los precios que caracterizó a la economía venezolana de las décadas precedentes, no se demandaba esta institución. La economía petrolera que se hace dominante en los años veinte, brindó una moneda fuerte y una estabilidad económica que desde entonces hasta mediados de los años setenta fuimos la economía más estable de América Latina. A lo sumo en algunos convenios colectivos se incorporó el salario mínimo.
El que se estableciera el salario mínimo por decreto presidencial, como ocurrió en su inicio -1975-, se interpretó como un avance, ya que en este año por primera vez se alcanzo una inflación de dos dígitos, un 11%. Cabe destacar que la media de los salarios equivalía a una y media más que el salario mínimo. Es decir lo superaba en un 150% por ciento. Muy diferente a la actual situación donde el salario mínimo y la media de los salarios reales no es muy diferente, y que un 60% por ciento de la población trabajadora devenga el mínimo.
En los años sucesivos el salario mínimo se hace parte de la agenda laboral nacional. Ya no regresamos más a la inflación de un dígito. Se destaca que el salario mínimo no se revisaba anualmente, quedaba un tanto a la voluntad y sensibilidad del Poder Ejecutivo, ya que los sectores de trabajadores más organizados que podían ejercer mayores presiones, negociaban sus salarios mínimos en los convenios colectivos, y estaban sustancialmente por encima del mínimo nacional.
A mediados de los años ochenta, rasgos neocorporativos en el comportamiento laboral venezolano fueron dando lugar a negociaciones con participación sindical y empresarial en la definición del salario mínimo. En una primera instancia los actores laborales, concretamente CTV y Fedecamaras, negociaban y luego presentaban sus acuerdos al Poder Ejecutivo. Problemas de representatividad ya se advertían muy especialmente en el lado de los trabajadores. Especialmente porque el modelo organizacional sindical predominante en nuestro país, era el de empresas, y por tanto privilegió y facilitó la organización de los trabajadores en aquellas de gran y mediano tamaño, dejando de lado sin organización a los de las pequeñas y a una gran cantidad de microempresas y trabajadores independientes, donde se congregaba la mayor cantidad de la población trabajadora.
Evidencia de lo indicado en el párrafo anterior, se deja ver que al ocurrir los acontecimientos del 27 y 28 de Febrero de 1989 (“caracazo” o “sacudón”), se estaba justamente negociando el salario mínimo, con las tradicionales tácticas de pedir mucho de un lado y ofrecer poco del otro, todo con poco sustento técnico, simplemente una relación de fuerza e influencias, pero ante el desarrollo de los acontecimientos callejeros, que se seguían minuto a minuto por la televisión, rápidamente uno de los voceros de estas negociaciones, Cesar Olarte, para entonces Secretario General de la CTV, anunció que habían llegado a un acuerdo, de llevar el salario mínimo a nueve bolívares diarios.
Con la entrada en vigencia de la nueva Ley Orgánica del Trabajo -1990-, se incorporan formalmente los mecanismos de negociación tripartita y las consultas a órganos especializados como el BCV y el Consejo de Economía Nacional, en la determinación preliminar del salario mínimo, y su presentación al Poder Ejecutivo. Realmente este mecanismo fue un avance en la definición del salario mínimo y el funcionamiento laboral. Cuestionamientos a los órganos que ejercían la representación del trabajo y del capital, significaba un problema más bien de las fuerzas que en su seno se imponían o se subordinaban.
Paso siguiente, el Poder Ejecutivo recibía el resultado de las negociaciones, en las cuales también expresaba sus posiciones, luego era portador de su presentación ante la instancia parlamentaria. Aquí lo analizaban y el Congreso tenía la potestad de rechazar, regresarlo o modificar. Toda esta arquitectura institucional es de creación colectiva, nadie tiene los elementos para atribuirse el patrimonio de su construcción.
Mientras tanto las negociaciones colectivas seguían atendiendo a los sectores más organizados del mundo de la producción y de los servicios públicos, y con ello los diferenciales salariales se mantenían, ya que se revisaban los salarios por encima del mínimo.
Viendo el modus operandi en las definiciones salariales de los últimos años, ha habido una involución. Por un lado el salario mínimo refiere a un elevado porcentaje de la población laboral, cuando más bien ha de ser un monto para el ingreso al trabajo y sólo para categorías sin experiencia ni mayor calificación; en segundo lugar, se observa un achatamiento de las escalas salariales, por el rezago y los obstáculos impuestos al desarrollo de las negociaciones colectivas; y finalmente porque se ha sustituido el dialogo y la participación de los actores laborales por la hegemonía presidencial, que además impone su criterio a los otros poderes .
domingo, 24 de abril de 2011
ADMINISTRACION DEL TRABAJO: DE LA CIVILIDAD A LA MILITARIZACION
Entendiendo lo anterior, es llamativo como se viene desarrollando una tendencia a la militarización de esta área de la civilidad, como es la Administración del Trabajo. Hay que aclarar que este texto no tiene como propósito el tema de la puesta bajo gobierno o gerencia militar de una gran cantidad de instituciones productivas y de servicios cuyos objetivos son eminentemente civiles, como es manejar entes para producir o distribuir alimentos, de viviendas, salud, educación, tributarios, petróleo, papel, entre otros. Igualmente no analizamos el caso de las políticas antisindicales que se observan en las llamadas empresas militares, que cuentan con una numerosa fuerza de trabajo civil sujeta de la legislación laboral, como es el caso de Cavim. No son de menor importancia estos asuntos, pero su tratamiento requiere un análisis aparte.
La inquietud anterior viene a propósito del funcionamiento de un área prototipo de la civilidad, como es la Administración del Trabajo. Que como se sabe, comprenden las políticas, instituciones y procedimientos que atienden las relaciones entre capital y trabajo a los fines de la convivencia en el ámbito productivo, resguardando los derechos y obligaciones de las partes involucradas. Es una temática cuyos principales instrumentos de acción descansan fundamentalmente en el dialogo y las negociaciones. La controversia, las posiciones opuestas, el ejercicio de mecanismos la presión de una parte sobre la otra, son los comportamientos a los cuales ha de enfrentarse la Administración del Trabajo, por ello herramientas como la inspección, mediación, la conciliación y el arbitraje son puestas en ejercicio para lograr sus fines.
La intervención de la Administración del Trabajo incluye como asuntos relevantes, el tema de los conflictos. Uno se pregunta ¿Con cuales herramientas e instrumentos específicos, dispone el ámbito militar para aportar a estas situaciones de la controversia laboral? El hecho de que la nación le ha otorgado el monopolio de las armas de la República y de los poderes para las situaciones de emergencia más extrema, más bien se contraponen para el ejercicio de la búsqueda de soluciones en donde armas y este tipo de fuerza, estarían demás. Se entiende que los trabajadores y los patronos hacen uso de sus mecanismos de fuerza para imponer o defender sus posiciones, pero ellas están enmarcadas en procedimientos para los cuales la Administración del Trabajo ha de intervenir.
Cabe plantearse si la Administración del Trabajo ha permitido la militarización de las actividades que son de su ámbito, ¿o es que desde el ámbito militar hay una estrategia para minimizar al Ministerio que se ocupa del Trabajo? Llevar los conflictos laborales y los procesos que tienen que ver con la Administración del Trabajo a ser objeto de convocatoria, conducción y gestión, en los espacios militares y bajo la temida mirada vigilante de oficiales de la Fuerza Armada, es inédito en las Relaciones de Trabajo. Lo llamativo del asunto es que dirigentes sindicales oficialistas empiezan a admitir con normalidad este fenómeno, aunque también es destacable que otros la condenan por razones de principio.
Elecciones en ámbitos estadales de alguna manera se interponen en el problema que analizamos, y en aquellos estados con una nutrida población laboral industrial – casos de Carabobo y Aragua, por ejemplo-, se hace visible que el afán electoral juegue a practicar una Administración del Trabajo Militarizada, que no tiene sustento en la institucionalidad de las Relaciones de Trabajo.
La nación espera y confía de su Fuerza Armada el resguardo y la atención de sus fronteras, mares y cielos, brindar la seguridad para la vida productiva y social. Se sabe que temas como la vida cotidiana en las comunidades urbanas y rurales, calles y carreteras venezolanas se han tornado espacios que parecen estar en estado de guerra, como elocuentemente lo demuestran los registros de victimización a las personas y a los bienes. Se espera que quienes cuentan con el monopolio de las armas y de la fuerza, la pongan en práctica ahí, de esa manera los ciudadanos reforzaran sus lazos y afectos con los hombres y mujeres de las armas legítimas, que con el esfuerzo de todos financia la República.