Los esfuerzos por emprender la industrialización, se ubican a partir de la década del cincuenta y sesenta del pasado siglo. Un fenómeno tardío si se compara con otros países de la región. Se ha sustentado la tesis que la industrialización venezolana estuvo motivada a aumentar el consumo interno de bienes y servicios, para compensar los desequilibrios favorables de la balanza de pagos con los Estados Unidos de Norteamérica, es decir el país les exportaba (petróleo) pero no consumía, así que la industrialización le permitió al capital norteamericano asegurar un enclave para el consumo de sus productos (Malavé Mata, 1973: 56). Importa destacar que antes de la industrialización el ingreso per cápita del venezolano era de las más altas de América Latina.
También se ha destacado la tesis de la sobrevaluación del signo monetario; lo que afectó en una primera etapa las posiciones del sector agroexportador tradicional, benefició las importaciones, y no facilitó las exportaciones manufactureras. Estos signos se revierten con las devaluaciones que se inician en 1983 y que aún persisten (Baptista y Mommer, 1989). En tanto en los últimos años varios países latinoamericanos han sobrevaluado su moneda, en Venezuela la devaluación ha sido un fenómenos persistente en las últimas tres décadas.
Las inversiones estatales con recursos provenientes de las exportaciones petroleras, sirvieron para la instalación de las industrias básicas de energía y materias primas como el acero, la petroquímica y el aluminio, así como infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria recibieron cuantiosos recursos en los años cincuenta, sesenta y setenta. Todo esto respondía a una realidad, el Estado disponía de los recursos de la renta petrolera, lo que lo convertía en un distribuidor, y no sólo un redistribuidor de los ingresos derivados de la actividad productiva de capital y trabajo. De tal modo que la distribución factorial del ingreso en Venezuela es el resultado de dos procesos de distribución con características muy distintas entre sí (Baptista y Mommer, 1989:16); fortaleciendo así el peso del Estado en la determinación del modelo productivo.
En lo relativo al sector manufacturero, la década del sesenta fue clave para su establecimiento y crecimiento, ya que se adoptaron políticas estatales de estimulo y fomento. Fue un modelo que tuvo notables carencias en el limitado encadenamiento con la producción de materias primas e insumos nacionales, por tanto se le ha llamado un modelo ensamblador, que requería un fuerte componente de importaciones para su funcionamiento. Las inversiones extranjeras se sintieron atraídas por las facilidades otorgadas, y por otro lado, algunos pocos empresarios que detentaban riquezas adquiridas en la agricultura y el comercio, asumieron iniciativas en el sector secundario. Resultado de este proceso se alcanzó para los fines de los sesenta, una contribución del sector manufacturero al PIB de un 18%. Sin embargo a muy temprana fecha, el sector manufacturero empieza a vivir un acelerado proceso de cambio estructural con un marcado sesgo desindustrializador.
Algunos autores llaman la atención que la des-industrialización venezolana es de naturaleza temprana o prematura, pues parece haber comenzado a finales de los años ochenta cuando los niveles de PIB per capita eran bajos (Vera, 2009:89; Valecillos, 1993; Carmona, 2009). Hecho más llamativo y se toma en cuenta que la industrialización venezolana es de las más recientes en el continente, el despegue comenzó en los años cincuenta y se consolidó en los sesenta, es decir empezó sesenta años más tarde que Argentina, Brasil, Chile, México, e incluso veinte años más tarde que en Colombia. (Echavarría y Villamizar, 2010). Este proceso ha continuado persistentemente en los noventa y en lo que va del siglo XXI, en contrapartida ha ocurrido que la economía venezolana se ha primarizado, ya que su composición de actividades con valor agregado han venido a menos, a cambio de actividades basadas en la exportación de petróleo, así como en la importación de bienes de consumo.
Por supuesto que también ha ocurrido un amplio proceso de tercerización, que se expresa en que el sector servicios representa cerca del 70% de la estructura ocupacional, con énfasis en el empleo en la administración pública, en los servicios personales y en el comercio. El peso de los servidores al servicio gubernamental subió entre el 2004 y el 2008, con 517.600 nuevos trabajadores, para alcanzar a 2.257.126 (octubre 2009), representando un 18,2 % de la p.e.a. Para el 2003 el porcentaje era de 14%.
Un plan de re-industrialización es una tarea necesaria para el futuro del país. Es un tema para la discusión, el acuerdo y una visión amplia del país.
martes, 23 de febrero de 2010
sábado, 20 de febrero de 2010
REESTRUCTURACIÓN PRODUCTIVA EN VENEZUELA: BALANCE LABORAL
Con este título hemos venido elaborando contribución para publicación colectiva que reune análisis de autores de varios países. La obra es dirigida por Julio Cesar Neffa -Argentina- y Enrique de la Garza -México-, pero además reune contribuciones de Marcio Pochman y Giovanny Alves -Brasil-, Jorge Carrillo -México-, Fernando Urrea -Colombia- y la contribución nuestra, caso venezolano obviamente, cuyo índice es que sigue, aunque cada contribución presente su propio esquema:
• I Introducción. Rasgos sobresalientes del modelo productivo
• Industrialización Tardía y Desindustrialización Temprana
• Manifestaciones de agotamiento del modelo de desarrollo productivo previo; 1983-1989.
• Reestructuración Productiva: Apertura, Privatización, Descentralización, 1989-1998
• II Caracterización del funcionamiento laboral en Venezuela. Nuevas institucionalidades; ruptura del pacto tripartito; recentralización y tensiones políticas.
• Libertad Sindical
• Sindicalismo fragmentado. Paralelismo y consecuencias. Conflictos inter e intra sindicales. Violencia Laboral y Sindical.
• La Violencia Sindical
• Criminalización de la Protesta Laboral
• El fomento de nuevas formas de representación.
• Los Delegados de Prevención
• Los Consejos de Trabajadores
• Los Consejos Comunales
• Las Milicias Obreras
• Las luchas reivindicativas: negociaciones colectivas
• La reforma de la Legislación Laboral
• Salarios Mínimos: Inflación, Dialogo, Cobertura y Dolarización
• Política Social
• III Estatización del aparato productivo. Nuevos esquemas productivos. Nuevas Relaciones de Trabajo, 2003-2008.
• Fomento del Cooperativismo
• Las Empresas de Producción Social
• Las Empresas de Propiedad Social
• Las expropiaciones
• Sistema Productivo y Relaciones Internacionales
• Conclusiones
• Bibliografía
• Apéndice Estadístico
Es un esquema de fenómenos controversiales en el desarrollo productivo y laboral de los últimos 25 años, y desde ya el mayor interés en intercambiar sobre los mismos.
• I Introducción. Rasgos sobresalientes del modelo productivo
• Industrialización Tardía y Desindustrialización Temprana
• Manifestaciones de agotamiento del modelo de desarrollo productivo previo; 1983-1989.
• Reestructuración Productiva: Apertura, Privatización, Descentralización, 1989-1998
• II Caracterización del funcionamiento laboral en Venezuela. Nuevas institucionalidades; ruptura del pacto tripartito; recentralización y tensiones políticas.
• Libertad Sindical
• Sindicalismo fragmentado. Paralelismo y consecuencias. Conflictos inter e intra sindicales. Violencia Laboral y Sindical.
• La Violencia Sindical
• Criminalización de la Protesta Laboral
• El fomento de nuevas formas de representación.
• Los Delegados de Prevención
• Los Consejos de Trabajadores
• Los Consejos Comunales
• Las Milicias Obreras
• Las luchas reivindicativas: negociaciones colectivas
• La reforma de la Legislación Laboral
• Salarios Mínimos: Inflación, Dialogo, Cobertura y Dolarización
• Política Social
• III Estatización del aparato productivo. Nuevos esquemas productivos. Nuevas Relaciones de Trabajo, 2003-2008.
• Fomento del Cooperativismo
• Las Empresas de Producción Social
• Las Empresas de Propiedad Social
• Las expropiaciones
• Sistema Productivo y Relaciones Internacionales
• Conclusiones
• Bibliografía
• Apéndice Estadístico
Es un esquema de fenómenos controversiales en el desarrollo productivo y laboral de los últimos 25 años, y desde ya el mayor interés en intercambiar sobre los mismos.
martes, 16 de febrero de 2010
Violencia Laboral en Carabobo
Quienes hacemos estudios de las Relaciones de Trabajo, hemos venido viendo paulatinamente la descomposición de su funcionamiento. Múltiples manifestaciones lo vienen mostrando. Y preocupa que se haga muy poco para contrarrestarlo. Un proceso de descomposición laboral avanza y hace la convivencia más difícil en los espacios productivos.
En ese marco parece ubicarse lo ocurrido el pasado jueves 12 del presente mes, con asesinato de gerente de Recursos Humanos de la empresa italiana Ghella C.A., constructora contratada para las obras del ferrocarril.
Todo parece apuntar a una víctima más de la existencia de anormalidades en el funcionamiento laboral que desembocan en la violencia. Hechos como la existencia de múltiples organizaciones sindicales, así como múltiples mecanismos de representación, - paralelismo pronunciado-, ya que además de la diversidad de sindicatos actuantes en un mismo sector productivo, y por encima de ellos las organizaciones sindicales de segundo y tercer grado (federaciones y centrales sindicales), funcionan los delegados de prevención y los comités de esa misma actividad, los consejos comunales que se vinculan con los repartos de los empleos, las “pseudocooperativas”, a todo ellos agréguese que se vienen promoviendo las milicias obreras, y los consejos de trabajadores. Con tal diversidad de instituciones imaginemos la complejidad y dificultad para el ejercicio de una representación laboral efectiva, autónoma y transparente. Para las empresas que se desenvuelven en esos escenarios la actividad productiva se torna heroica. Por eso la competitividad para un mejoramiento sustentable y sostenido de las condiciones de trabajo se convierte en una quimera.
El fenómeno de la violencia laboral adquiere magnitudes extremas a partir del 2005. El Informe de Provea, institución no gubernamental que lleva registros de violaciones de los derechos humanos, indica para ese año, el asesinato de 45 dirigentes sindicales, la amplia mayoría relacionados con la obtención de empleos en los sectores de la construcción y petrolero. El año siguiente -2006- el Informe de Provea correspondiente indica un número de 48 asesinados, el más alto en toda la historia del país; el fenómeno sigue ocurriendo por el acceso al empleo, en los sectores mencionados.
El número baja a 29 en el 2007, este año “se instala una mesa de dialogo de alto nivel constituida en el 2007 para buscar soluciones a esta problemática fue abandonada tanto por los trabajadores como por el gobierno sin haber logrado resultado alguno” (Provea 2008:128). Nuevamente en el 2009, se tienen 46 casos. La amplia mayoría ocurren en el sector de la construcción, y en menor proporción en el sector petrolero y el automotriz.
Con los datos anteriores Provea informa que ya para el año 2007 “Venezuela es el segundo país en el mundo más peligroso para los sindicalistas, luego de Colombia” . Sin embargo, comparando y analizando los datos recopilados por la Escuela Nacional Sindical –ENS-, resulta discutible esta afirmación, véase lo siguiente: Disponiendo de dos fuentes por un lado la ESN, que da cuenta de 22 homicidios de sindicalistas –Colombia- en el 2007 y de 34 en el 2008. Estos números son más bajos que los de Venezuela en esos mismos años. Aunque otra fuente importante como es la Confederación Sindical Internacional, a la cual está afiliado el sindicalismo colombiana, presenta un registro de 39 y 45 de asesinatos de sindicalistas para igual período.
Hay que destacar que en Colombia se inició en el 2006 un programa de dialogo y varias medidas para combatir el problema – “Acuerdo sobre Libertad Sindical y Democracia”-, que incluye por cierto la instalación permanente de una misión de OIT coadyuvando a la solución del problema. La Comisión de Aplicación de Normas de la OIT informa de los adelantos, entre ellos el aumento de las sentencias condenatorias, la creación de un fondo de reparación para las víctimas de la violencia. La Comisión sigue considerando bajo el número de de condenas, y que las sentencias que han sido dictadas sólo se refieren a los autores materiales de la violencia y no a los instigadores.
Volviendo al caso del gerente de RRHH asesinado el pasado 12 del presente, hay que destacar, que hasta ahora, no ha habido ninguna declaración de funcionarios públicos sobre el particular, ni de la empresa ni de los sindicatos del ramo. En cuanto a la Administración del Trabajo, hace rato que se le ha venido escapando su papel orientador, pedagógico y vigilante de las relaciones entre empresas y trabajadores, para una convivencia favorable el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, y de una mejor producción para la sustentabilidad productiva y el bienestar general de sociedad.
En ese marco parece ubicarse lo ocurrido el pasado jueves 12 del presente mes, con asesinato de gerente de Recursos Humanos de la empresa italiana Ghella C.A., constructora contratada para las obras del ferrocarril.
Todo parece apuntar a una víctima más de la existencia de anormalidades en el funcionamiento laboral que desembocan en la violencia. Hechos como la existencia de múltiples organizaciones sindicales, así como múltiples mecanismos de representación, - paralelismo pronunciado-, ya que además de la diversidad de sindicatos actuantes en un mismo sector productivo, y por encima de ellos las organizaciones sindicales de segundo y tercer grado (federaciones y centrales sindicales), funcionan los delegados de prevención y los comités de esa misma actividad, los consejos comunales que se vinculan con los repartos de los empleos, las “pseudocooperativas”, a todo ellos agréguese que se vienen promoviendo las milicias obreras, y los consejos de trabajadores. Con tal diversidad de instituciones imaginemos la complejidad y dificultad para el ejercicio de una representación laboral efectiva, autónoma y transparente. Para las empresas que se desenvuelven en esos escenarios la actividad productiva se torna heroica. Por eso la competitividad para un mejoramiento sustentable y sostenido de las condiciones de trabajo se convierte en una quimera.
El fenómeno de la violencia laboral adquiere magnitudes extremas a partir del 2005. El Informe de Provea, institución no gubernamental que lleva registros de violaciones de los derechos humanos, indica para ese año, el asesinato de 45 dirigentes sindicales, la amplia mayoría relacionados con la obtención de empleos en los sectores de la construcción y petrolero. El año siguiente -2006- el Informe de Provea correspondiente indica un número de 48 asesinados, el más alto en toda la historia del país; el fenómeno sigue ocurriendo por el acceso al empleo, en los sectores mencionados.
El número baja a 29 en el 2007, este año “se instala una mesa de dialogo de alto nivel constituida en el 2007 para buscar soluciones a esta problemática fue abandonada tanto por los trabajadores como por el gobierno sin haber logrado resultado alguno” (Provea 2008:128). Nuevamente en el 2009, se tienen 46 casos. La amplia mayoría ocurren en el sector de la construcción, y en menor proporción en el sector petrolero y el automotriz.
Con los datos anteriores Provea informa que ya para el año 2007 “Venezuela es el segundo país en el mundo más peligroso para los sindicalistas, luego de Colombia” . Sin embargo, comparando y analizando los datos recopilados por la Escuela Nacional Sindical –ENS-, resulta discutible esta afirmación, véase lo siguiente: Disponiendo de dos fuentes por un lado la ESN, que da cuenta de 22 homicidios de sindicalistas –Colombia- en el 2007 y de 34 en el 2008. Estos números son más bajos que los de Venezuela en esos mismos años. Aunque otra fuente importante como es la Confederación Sindical Internacional, a la cual está afiliado el sindicalismo colombiana, presenta un registro de 39 y 45 de asesinatos de sindicalistas para igual período.
Hay que destacar que en Colombia se inició en el 2006 un programa de dialogo y varias medidas para combatir el problema – “Acuerdo sobre Libertad Sindical y Democracia”-, que incluye por cierto la instalación permanente de una misión de OIT coadyuvando a la solución del problema. La Comisión de Aplicación de Normas de la OIT informa de los adelantos, entre ellos el aumento de las sentencias condenatorias, la creación de un fondo de reparación para las víctimas de la violencia. La Comisión sigue considerando bajo el número de de condenas, y que las sentencias que han sido dictadas sólo se refieren a los autores materiales de la violencia y no a los instigadores.
Volviendo al caso del gerente de RRHH asesinado el pasado 12 del presente, hay que destacar, que hasta ahora, no ha habido ninguna declaración de funcionarios públicos sobre el particular, ni de la empresa ni de los sindicatos del ramo. En cuanto a la Administración del Trabajo, hace rato que se le ha venido escapando su papel orientador, pedagógico y vigilante de las relaciones entre empresas y trabajadores, para una convivencia favorable el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, y de una mejor producción para la sustentabilidad productiva y el bienestar general de sociedad.
jueves, 11 de febrero de 2010
Desarrollo Endógeno y Socialismo no Participativo
El modelo productivo dominante en el discurso promovido desde el Estado se le identifica como un modelo de desarrollo endógeno. Indudablemente bien distante a la orientación de un modelo abierto con proyección exportadora. Hay que recordar que el modelo productivo que se pretende sustituir tampoco llegó a alcanzar niveles de exportaciones importantes. El patrón de consumo dominante descansaba en una producción desarticulada sin encadenamientos productivos estables, con un alto nivel de importaciones.
Para alcanzar sus propósitos se ha fomentado un mayor control del sistema productivo por parte del Estado. Hay que señalar que las primeras medidas de control, que fueron enunciadas y aprobadas a fines del 2001, generaron inmediatamente una relación tirante con el empresariado, que se ha profundizado año tras año, a pesar de ciertas muestras de acercamiento que buena parte del empresariado parecería estar dispuesto a aceptar, si al menos el gobierno hiciera algún gesto. Pero éste recurre sistemáticamente a recordar hechos ocurridos en el 2002 y 2003, para invocar y justificar el distanciamiento y hasta la "lucha de clases".
El modelo productivo y las consecuencias en las Relaciones de Trabajo se hacen más impactantes, a partir del fomento de formas de propiedad y organización del trabajo por parte del Estado. En este sentido se destacan el reimpulso al Cooperativismo que ha resultado más bien en pseudocooperativismo, el fomento de nuevas organizaciones productivas, como son las Empresas de Producción Social por un lado, y más recientemente la Empresas de Propiedad Social. A ello hay que agregar las estatizaciones, fundadas en un primer momento en el carácter de sectores productivos estratégicos, en otros casos la ansiada búsqueda de la soberanía alimentaria, en otros casos como resultado de situaciones conflictivas laborales, no siempre bien conducidas por la Administración del Trabajo, y finalmente estatizaciones que no expresan claramente sus fundamentos, en donde las justificaciones surgen es a posteriori de la propia estatización, sin ningún debate con nadie ni en ningún ámbito que pueda corresponder con la más mínima dosis de participación, resultando algo así como "Socialismo no participativo", que caso tras caso van minando la capacidad productiva del país, y no vamos ni al desarrollo exógeno, ni al endógeno, más bien al no desarrollo.
Para alcanzar sus propósitos se ha fomentado un mayor control del sistema productivo por parte del Estado. Hay que señalar que las primeras medidas de control, que fueron enunciadas y aprobadas a fines del 2001, generaron inmediatamente una relación tirante con el empresariado, que se ha profundizado año tras año, a pesar de ciertas muestras de acercamiento que buena parte del empresariado parecería estar dispuesto a aceptar, si al menos el gobierno hiciera algún gesto. Pero éste recurre sistemáticamente a recordar hechos ocurridos en el 2002 y 2003, para invocar y justificar el distanciamiento y hasta la "lucha de clases".
El modelo productivo y las consecuencias en las Relaciones de Trabajo se hacen más impactantes, a partir del fomento de formas de propiedad y organización del trabajo por parte del Estado. En este sentido se destacan el reimpulso al Cooperativismo que ha resultado más bien en pseudocooperativismo, el fomento de nuevas organizaciones productivas, como son las Empresas de Producción Social por un lado, y más recientemente la Empresas de Propiedad Social. A ello hay que agregar las estatizaciones, fundadas en un primer momento en el carácter de sectores productivos estratégicos, en otros casos la ansiada búsqueda de la soberanía alimentaria, en otros casos como resultado de situaciones conflictivas laborales, no siempre bien conducidas por la Administración del Trabajo, y finalmente estatizaciones que no expresan claramente sus fundamentos, en donde las justificaciones surgen es a posteriori de la propia estatización, sin ningún debate con nadie ni en ningún ámbito que pueda corresponder con la más mínima dosis de participación, resultando algo así como "Socialismo no participativo", que caso tras caso van minando la capacidad productiva del país, y no vamos ni al desarrollo exógeno, ni al endógeno, más bien al no desarrollo.
martes, 19 de enero de 2010
Salarios Mínimos:Inflación, Dialogo, Cobertura y Dolarización
Con el establecimiento del salario mínimo por primer vez en 1975, conviene llamar la atención que hasta entonces, la inflación no era un problema en la economía petrolera venezolana del siglo XX; cincuenta años con una inflación anual entre 1 y 3 %. La estabilidad concluye en los años del primer boom, cuando por primera vez se llega a los dos dígitos en 1974, como se puede ver en la gráfica “Inflación 1950-2008”, de ahí su implantación, como decisión unilateral del Poder Ejecutivo.
Posteriormente en 1990 con la nueva Ley Orgánica del Trabajo se establece un mecanismo de Dialogo Social, que coloca primeramente en las negociaciones entre empleadores y trabajadores la determinación del porcentaje de incremento. Este es colocado en manos del Poder Ejecutivo quien lo confirma o modifica, para luego ser planteado al Legislativo. Desde 1991 hasta 1999 este mecanismo se practicó regularmente, en el mes de enero de cada año se instalaba la comisión y lo concertado pasaba al Ejecutivo y Legislativo, apuntando a ser anunciado y puesto en vigencia con motivo del 1 de Mayo, Día del Trabajador.
En la última década este mecanismo se ha practicado de manera diferente, no obstante que no se han modificado los textos legales del caso. El hecho central es que no se convoca a los actores empresariales y sindicales. En los primeros años se convocaba a un espectro de diversas instituciones, originando que las tradicionales organizaciones representativas de los actores, presentaran quejas ante la OIT por la deformación y ruptura del Dialogo Social. Finalmente las confrontaciones abiertas, entre por un lado el gremio empresarial de Fedecamaras y la CTV, y por el otro el Gobierno Nacional, determinaron que el salario mínimo resulta solamente establecido por este último.
El alcance del salario mínimo ha venido resultando un incremento de salarios para un número cada vez mayor de trabajadores. Si bien en los primeros años de su establecimiento, de 1975 a 1987 existía un diferencial notable entre el ingreso laboral real promedio y el salario mínimo -al respecto existen datos demostrativos-. Pero desde 1988 el diferencial se ha reducido, en principio por la disminución del primero, pero desde 1989 ocurrió otro tanto con los salarios mínimos. Una de los factores de este decrecimiento fue la bonificación salarial, práctica que permitía a los empleadores pagar a sus trabajadores con bonos que no tenían carácter salarial y éstos llegaron a superar ampliamente el salario, perjudicando a la larga los ingresos anuales y de la vida laboral de los trabajadores, ya que los bonos no eran tomados en cuenta para pagos como vacaciones y utilidades, ni para la seguridad social. En 1997 se reforma el régimen legal y se le fija un límite a esta práctica, dando lugar a un mejoramiento del salario mínimo.Hoy persiste el generalizado ticket de alimentación que conserva tal carácter, ya no repercute en prestaciones de liquidación por terminación de servicios y mucho menos en la seguridad social del trabajador.
En cuanto a la población que recibe el salario mínimo como remuneración regular, datos oficiales la ubican en 5.023.726, lo que representa el 40% de la población económicamente activa.
El poder adquisitivo del salario mínimo es objeto de controversias por el hecho de que las mediciones del INE son cuestionadas por entidades no gubernamentales que mes a mes publican resultados de sus encuestas, las más importantes y acreditadas son el Cenda y el Cendas.
Mientras los datos del INE tienden a mostrar que con el salario mínimo se cubre la canasta alimentaria, al menos así lo muestran sus registros desde el 2006 para acá, los de las entidades no gubernamentales demuestran que sólo alcanza para cubrir parte de la misma, tan poco como solamente el 45% caso del año 2008 hasta años mejores sobre el 60% como el 2006 y el 2007, por ejemplo.
La diferencia entre estos datos y los del INE se debe a dos consideraciones metodológicas, ya que por un lado no es la misma cesta y lo segundo es que las entidades no gubernamentales hacen su encuesta con los precios reales. En cambio el INE lo hace con los precios regulados.También hay que registrar que sus datos son recogidos a nivel nacional, en cambios las entidades no gubernamentales se refieren es al Area Metropolitana. Para ver las diversas metodologías se recomienda consultar a Venescopio, centro de análisis y métodos de datos sociales, su web http://www.venescopio.org.ve/docs/reporte_octubre.pdf -consultado 18-1-2010-
La representación del salario mínimo en dólares de los EEUU, plantea la dificultad de que han existido dos tasas cambiarias en los diversos controles de cambio a lo largo de los años ochenta, noventa y en este siglo. Incluso en algunos momentos se han llegado a manejar tres tasas, y de ellas dos oficiales, y una no oficial pero no marginal por los montos que transa. Entonces si se trata de expresar el salario mínimo en dólares EEUU, habría que expresarlo en las distintas tasas cambiarias.
Finalmente lo deseable es que los salarios mínimos sean referenciales, como fueron en sus primeros doce años (1975-1987), en donde era notable la brecha entre los salarios promedios y el mínimo. El grueso de estos era resultado de la propia relación entre las partes, que contractualmente fijaban según las posibilidades y características de los centros productivos sus propios salarios mínimos, por supuesto siempre por encima del referencial que habían convenido empresarios, trabajadores y gobierno.
Posteriormente en 1990 con la nueva Ley Orgánica del Trabajo se establece un mecanismo de Dialogo Social, que coloca primeramente en las negociaciones entre empleadores y trabajadores la determinación del porcentaje de incremento. Este es colocado en manos del Poder Ejecutivo quien lo confirma o modifica, para luego ser planteado al Legislativo. Desde 1991 hasta 1999 este mecanismo se practicó regularmente, en el mes de enero de cada año se instalaba la comisión y lo concertado pasaba al Ejecutivo y Legislativo, apuntando a ser anunciado y puesto en vigencia con motivo del 1 de Mayo, Día del Trabajador.
En la última década este mecanismo se ha practicado de manera diferente, no obstante que no se han modificado los textos legales del caso. El hecho central es que no se convoca a los actores empresariales y sindicales. En los primeros años se convocaba a un espectro de diversas instituciones, originando que las tradicionales organizaciones representativas de los actores, presentaran quejas ante la OIT por la deformación y ruptura del Dialogo Social. Finalmente las confrontaciones abiertas, entre por un lado el gremio empresarial de Fedecamaras y la CTV, y por el otro el Gobierno Nacional, determinaron que el salario mínimo resulta solamente establecido por este último.
El alcance del salario mínimo ha venido resultando un incremento de salarios para un número cada vez mayor de trabajadores. Si bien en los primeros años de su establecimiento, de 1975 a 1987 existía un diferencial notable entre el ingreso laboral real promedio y el salario mínimo -al respecto existen datos demostrativos-. Pero desde 1988 el diferencial se ha reducido, en principio por la disminución del primero, pero desde 1989 ocurrió otro tanto con los salarios mínimos. Una de los factores de este decrecimiento fue la bonificación salarial, práctica que permitía a los empleadores pagar a sus trabajadores con bonos que no tenían carácter salarial y éstos llegaron a superar ampliamente el salario, perjudicando a la larga los ingresos anuales y de la vida laboral de los trabajadores, ya que los bonos no eran tomados en cuenta para pagos como vacaciones y utilidades, ni para la seguridad social. En 1997 se reforma el régimen legal y se le fija un límite a esta práctica, dando lugar a un mejoramiento del salario mínimo.Hoy persiste el generalizado ticket de alimentación que conserva tal carácter, ya no repercute en prestaciones de liquidación por terminación de servicios y mucho menos en la seguridad social del trabajador.
En cuanto a la población que recibe el salario mínimo como remuneración regular, datos oficiales la ubican en 5.023.726, lo que representa el 40% de la población económicamente activa.
El poder adquisitivo del salario mínimo es objeto de controversias por el hecho de que las mediciones del INE son cuestionadas por entidades no gubernamentales que mes a mes publican resultados de sus encuestas, las más importantes y acreditadas son el Cenda y el Cendas.
Mientras los datos del INE tienden a mostrar que con el salario mínimo se cubre la canasta alimentaria, al menos así lo muestran sus registros desde el 2006 para acá, los de las entidades no gubernamentales demuestran que sólo alcanza para cubrir parte de la misma, tan poco como solamente el 45% caso del año 2008 hasta años mejores sobre el 60% como el 2006 y el 2007, por ejemplo.
La diferencia entre estos datos y los del INE se debe a dos consideraciones metodológicas, ya que por un lado no es la misma cesta y lo segundo es que las entidades no gubernamentales hacen su encuesta con los precios reales. En cambio el INE lo hace con los precios regulados.También hay que registrar que sus datos son recogidos a nivel nacional, en cambios las entidades no gubernamentales se refieren es al Area Metropolitana. Para ver las diversas metodologías se recomienda consultar a Venescopio, centro de análisis y métodos de datos sociales, su web http://www.venescopio.org.ve/docs/reporte_octubre.pdf -consultado 18-1-2010-
La representación del salario mínimo en dólares de los EEUU, plantea la dificultad de que han existido dos tasas cambiarias en los diversos controles de cambio a lo largo de los años ochenta, noventa y en este siglo. Incluso en algunos momentos se han llegado a manejar tres tasas, y de ellas dos oficiales, y una no oficial pero no marginal por los montos que transa. Entonces si se trata de expresar el salario mínimo en dólares EEUU, habría que expresarlo en las distintas tasas cambiarias.
Finalmente lo deseable es que los salarios mínimos sean referenciales, como fueron en sus primeros doce años (1975-1987), en donde era notable la brecha entre los salarios promedios y el mínimo. El grueso de estos era resultado de la propia relación entre las partes, que contractualmente fijaban según las posibilidades y características de los centros productivos sus propios salarios mínimos, por supuesto siempre por encima del referencial que habían convenido empresarios, trabajadores y gobierno.
martes, 29 de diciembre de 2009
RAFAEL CALDERA Y LOS INICIOS DE LAS REGULACIONES LABORALES
La desaparición de Rafael Caldera este 24 de diciembre, invita a una reflexión sobre su vida y obra en el ámbito de los estudios del trabajo, ya que la misma estuvo signada por este campo y la política. Tan dilatada trayectoria exige un esfuerzo considerable que una breve nota no puede pretender sino sugerir algunas ideas preliminares.
Centrándose en sus contribuciones en el ambito de los estudios del trabajo, hay que empezar por destacar su temprana inclinación por estos asuntos. Habiendo nacido en 1916, que ya en 1939 haya publicado su obra “Derecho del Trabajo”, es decir con apenas 23 años de edad, y que la misma haya tenido un impacto que aún hoy se siente, es una evidencia de su precocidad en el análisis y la profundización de estos temas. Su temprana inclinación por indagar los asuntos relativos a la normativa laboral, en un país que para el tiempo de sus estudios universitarios de Derecho en la década del treinta, era sumamente atrasado. Hay que recordar que Venezuela, como se ha repetido tantas veces, entra en el siglo XX en el año de 1936 en adelante. De aquí que el haber escogido la temática laboral como centro de sus preocupaciones académicas ya es un postura visionaria.
En la construcción de los análisis de los asuntos del trabajo para entonces dominaron la marxista, la utilitaria y la doctrina de la Iglesia Católica. En nuestro país, las dos primeras aún no habían prendido en los contados medios académicos. En cambio la tercera sí contaba con notable influencia. La encíclica "Rerum Novarum" (1.891) del papa León XII, había tenido notable influencia en el mundo católico mundial, e incluso se le señala como una de las fuentes que inspiraron las primeras legislaciones laborales en nuestro continente. La temprana vinculación de Rafael Caldera con estas fuentes contribuyó a marcar su inquietud por lo laboral.
La creación de la primera entidad gubernamental dedicada al tema trabajo, la Oficina Nacional del Trabajo creada en febrero de 1936 tuvo a Caldera con apenas veinte años de edad, como Subdirector. Ha de destacarse que esta Oficina era parte del programa que tuvo que diseñar y presentar públicamente el régimen de López Contreras, ante las presiones populares de Febrero de 1936. A esta Oficina se le asigna como tarea central preparar un proyecto de Ley del Trabajo. Desde la década pasada, los veinte, ya un movimiento favorable a la construcción de legislaciones laborales estaba en pleno desarrollo en toda América Latina. Era parte de una respuesta a los acuerdos de paz al terminar la I Guerra Mundial, firmados por casi todos los países de la región, que incluían un capítulo de derechos de los trabajadores y comprometía a las autoridades a su implementación.
Es significativo destacar en la formación y oportunidad que tuvo Rafael Caldera en el ejercicio de la responsabilidad asignada en la Oficina Nacional de Trabajo, que Venezuela es receptora de la primera misión de asistencia técnica brindada por la Oficina Internacional del Trabajo, creada en 1919 y que ya había alcanzado una importante influencia mundial en las regulaciones laborales. Aquí se destacan dos hechos que brindaron una oportunidad que el joven estudiante de derecho Rafael Caldera no desaprovechó, una el haber contado con la asesoría de dos experimentados profesionales destacados por la OIT para apoyar en la elaboración de la Ley del Trabajo inicialmente, y luego su Reglamento dos años más tarde, se trata de David Blelloch en 1936 y de Wilfred Jenks, el cual estuvo casi un año en Venezuela para conocer el país y revisar los términos del proyecto de código del trabajo de 1938. Vinculado con esta relación profesional Rafael Caldera fue el primer corresponsal de la OIT en Venezuela.
Seguro que pronto habrá oportunidad para intercambiar sobre su obra en este campo, en donde Rafael Caldera deja una huella profunda, que aún hoy después de su obra pionera de hace setenta años, sigue siendo citado por los interesados en los temas de derecho del trabajo.
Centrándose en sus contribuciones en el ambito de los estudios del trabajo, hay que empezar por destacar su temprana inclinación por estos asuntos. Habiendo nacido en 1916, que ya en 1939 haya publicado su obra “Derecho del Trabajo”, es decir con apenas 23 años de edad, y que la misma haya tenido un impacto que aún hoy se siente, es una evidencia de su precocidad en el análisis y la profundización de estos temas. Su temprana inclinación por indagar los asuntos relativos a la normativa laboral, en un país que para el tiempo de sus estudios universitarios de Derecho en la década del treinta, era sumamente atrasado. Hay que recordar que Venezuela, como se ha repetido tantas veces, entra en el siglo XX en el año de 1936 en adelante. De aquí que el haber escogido la temática laboral como centro de sus preocupaciones académicas ya es un postura visionaria.
En la construcción de los análisis de los asuntos del trabajo para entonces dominaron la marxista, la utilitaria y la doctrina de la Iglesia Católica. En nuestro país, las dos primeras aún no habían prendido en los contados medios académicos. En cambio la tercera sí contaba con notable influencia. La encíclica "Rerum Novarum" (1.891) del papa León XII, había tenido notable influencia en el mundo católico mundial, e incluso se le señala como una de las fuentes que inspiraron las primeras legislaciones laborales en nuestro continente. La temprana vinculación de Rafael Caldera con estas fuentes contribuyó a marcar su inquietud por lo laboral.
La creación de la primera entidad gubernamental dedicada al tema trabajo, la Oficina Nacional del Trabajo creada en febrero de 1936 tuvo a Caldera con apenas veinte años de edad, como Subdirector. Ha de destacarse que esta Oficina era parte del programa que tuvo que diseñar y presentar públicamente el régimen de López Contreras, ante las presiones populares de Febrero de 1936. A esta Oficina se le asigna como tarea central preparar un proyecto de Ley del Trabajo. Desde la década pasada, los veinte, ya un movimiento favorable a la construcción de legislaciones laborales estaba en pleno desarrollo en toda América Latina. Era parte de una respuesta a los acuerdos de paz al terminar la I Guerra Mundial, firmados por casi todos los países de la región, que incluían un capítulo de derechos de los trabajadores y comprometía a las autoridades a su implementación.
Es significativo destacar en la formación y oportunidad que tuvo Rafael Caldera en el ejercicio de la responsabilidad asignada en la Oficina Nacional de Trabajo, que Venezuela es receptora de la primera misión de asistencia técnica brindada por la Oficina Internacional del Trabajo, creada en 1919 y que ya había alcanzado una importante influencia mundial en las regulaciones laborales. Aquí se destacan dos hechos que brindaron una oportunidad que el joven estudiante de derecho Rafael Caldera no desaprovechó, una el haber contado con la asesoría de dos experimentados profesionales destacados por la OIT para apoyar en la elaboración de la Ley del Trabajo inicialmente, y luego su Reglamento dos años más tarde, se trata de David Blelloch en 1936 y de Wilfred Jenks, el cual estuvo casi un año en Venezuela para conocer el país y revisar los términos del proyecto de código del trabajo de 1938. Vinculado con esta relación profesional Rafael Caldera fue el primer corresponsal de la OIT en Venezuela.
Seguro que pronto habrá oportunidad para intercambiar sobre su obra en este campo, en donde Rafael Caldera deja una huella profunda, que aún hoy después de su obra pionera de hace setenta años, sigue siendo citado por los interesados en los temas de derecho del trabajo.
domingo, 29 de noviembre de 2009
La distribución del tiempo de trabajo y no trabajo
En el año 2007 la propuesta no aprobada de reforma constitucional promovida por el gobierno introdujo planteamiento sobre la reducción de la jornada. Nuevamente en el borrador de propuesta, que viene circulando a propósito de la reforma de la ley orgánica del trabajo, se incluyen varios artículos dirigidos a la reducción del tiempo de trabajo.
Un denominador común de las propuestas, la primera del ejecutivo y la segunda un borrador de comisión legislativa, es que no hay razonamientos que las acompañen. De todos modos, en la segunda - la propuesta legislativa- se abre un período para el intercambio, ya que inicialmente se planteaba con una sorprendente celeridad y afán aprobatorio. Lo importante es razonar, tanto en lo que tiene que ver con el interés en reducir el tiempo de trabajo, como en cualquier otra alternativa que afecte el tiempo de trabajo.
Algunas consideraciones necesarias a ser parte del análisis, incluirían en primer lugar disponer de datos del desenvolvimiento que ha venido ocurriendo en el tiempo de trabajo. El sólo tener como referente las jornadas legales anteriores, no nos dice mucho. Sería necesario conocer dos datos gruesos, por un lado cual es el tiempo real o efectivo de trabajo en el aparato productivo venezolano, entendido en sus más heterogéneas instituciones productivas y usuarias de fuerza de trabajo. En segundo lugar disponer de información de los patrones de uso del tiempo, en las diversas actividades que forman parte del llamado tiempo reproductivo, que se refiere al tiempo de no trabajo, pero que demanda de las personas que trabajan invertir tiempo suyo, aquí va el transporte, la familia, la educación, los servicios para la vida familiar y comunitaria, que incluiría asuntos como la salud, el recreo, la seguridad, entre otros.
Abarcar lo anterior implica involucrar en el análisis del tiempo de trabajo, también el tiempo de no trabajo, y con ello al trabajador, a la familia, a la comunidad y las dadores de los servicios esenciales, así como a la administración de la ciudad. Con esto se va perfilando que abordar el tiempo de trabajo y su distribución no es un asunto ligero, ya que no reposa en los puros intereses de la producción. Que de paso, son muy importantes en escenarios de dificultades económicos como las que se vienen experimentando, y no se menciona esto por el hecho de haber transcurridos dos trimestres consecutivos de decrecimiento económico, y expectativas de otros trimestres con similares resultados; sino que el modelo productivo imperante en el país, que descansa en exportar un productor primario, casi sin diversificación y más bien en un continuado proceso de desindustrialización temprana, nos coloca ante un escenario muy incierto, en el sentido de darle viabilidad y sustento a las aspiraciones de reducir el tiempo de trabajo. Aqui cabe preguntarse haste que punto somos una sociedad productiva y en cuanto somos una sociedad rentista.
Dejamos sólo esta inquietud inicial, con el deseo de continuarla, pero si pudiéramos contar con los datos que el Ejecutivo está obligado a suministrar, de temas como los indicados, el avance sería mucho mayor. Lo otro que resulta de interés consistiría en hacer análisis en ciertas zonas pilotos del país y en ciertas actividades productivas, que tengan algún grado de representatividad, para de ahí derivar propuestas para la discusión. Es evidente que esto no es tarea de una sóla institución, ni de un solo sector. Ojala debatir sobre este particular encuentre eco y a la vuelta de un proceso de análisis interdisciplinario del problema, nos encontremos más conscientes de adonde dirigirnos. Aunque mientras tanto, los actores laborales en sus convenios colectivos han adelantado propuestas que se deben conocer y considerar, sin ignorar el hecho de la vasta participación en el mercado laboral, de los sectores no beneficiarios de la actividad laboral contractualizada - los informales-, para quienes en muchos casos las jornadas legales no dicen mucho. Por eso el tiempo efectivo de trabajo es tan importante.
Un denominador común de las propuestas, la primera del ejecutivo y la segunda un borrador de comisión legislativa, es que no hay razonamientos que las acompañen. De todos modos, en la segunda - la propuesta legislativa- se abre un período para el intercambio, ya que inicialmente se planteaba con una sorprendente celeridad y afán aprobatorio. Lo importante es razonar, tanto en lo que tiene que ver con el interés en reducir el tiempo de trabajo, como en cualquier otra alternativa que afecte el tiempo de trabajo.
Algunas consideraciones necesarias a ser parte del análisis, incluirían en primer lugar disponer de datos del desenvolvimiento que ha venido ocurriendo en el tiempo de trabajo. El sólo tener como referente las jornadas legales anteriores, no nos dice mucho. Sería necesario conocer dos datos gruesos, por un lado cual es el tiempo real o efectivo de trabajo en el aparato productivo venezolano, entendido en sus más heterogéneas instituciones productivas y usuarias de fuerza de trabajo. En segundo lugar disponer de información de los patrones de uso del tiempo, en las diversas actividades que forman parte del llamado tiempo reproductivo, que se refiere al tiempo de no trabajo, pero que demanda de las personas que trabajan invertir tiempo suyo, aquí va el transporte, la familia, la educación, los servicios para la vida familiar y comunitaria, que incluiría asuntos como la salud, el recreo, la seguridad, entre otros.
Abarcar lo anterior implica involucrar en el análisis del tiempo de trabajo, también el tiempo de no trabajo, y con ello al trabajador, a la familia, a la comunidad y las dadores de los servicios esenciales, así como a la administración de la ciudad. Con esto se va perfilando que abordar el tiempo de trabajo y su distribución no es un asunto ligero, ya que no reposa en los puros intereses de la producción. Que de paso, son muy importantes en escenarios de dificultades económicos como las que se vienen experimentando, y no se menciona esto por el hecho de haber transcurridos dos trimestres consecutivos de decrecimiento económico, y expectativas de otros trimestres con similares resultados; sino que el modelo productivo imperante en el país, que descansa en exportar un productor primario, casi sin diversificación y más bien en un continuado proceso de desindustrialización temprana, nos coloca ante un escenario muy incierto, en el sentido de darle viabilidad y sustento a las aspiraciones de reducir el tiempo de trabajo. Aqui cabe preguntarse haste que punto somos una sociedad productiva y en cuanto somos una sociedad rentista.
Dejamos sólo esta inquietud inicial, con el deseo de continuarla, pero si pudiéramos contar con los datos que el Ejecutivo está obligado a suministrar, de temas como los indicados, el avance sería mucho mayor. Lo otro que resulta de interés consistiría en hacer análisis en ciertas zonas pilotos del país y en ciertas actividades productivas, que tengan algún grado de representatividad, para de ahí derivar propuestas para la discusión. Es evidente que esto no es tarea de una sóla institución, ni de un solo sector. Ojala debatir sobre este particular encuentre eco y a la vuelta de un proceso de análisis interdisciplinario del problema, nos encontremos más conscientes de adonde dirigirnos. Aunque mientras tanto, los actores laborales en sus convenios colectivos han adelantado propuestas que se deben conocer y considerar, sin ignorar el hecho de la vasta participación en el mercado laboral, de los sectores no beneficiarios de la actividad laboral contractualizada - los informales-, para quienes en muchos casos las jornadas legales no dicen mucho. Por eso el tiempo efectivo de trabajo es tan importante.
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