lunes, 18 de enero de 2016

Diálogo y negociación, ajustes o confrontación


En el mundo del trabajo empezamos el nuevo año haciendo referencia necesariamente al contexto político nacional, porque es dominante en el acontecer actual.
En lo político el 6D ocurrió un tsunami, primera derrota electoral contundente al oficialismo en sus 17 años de gobierno así como una cantidad cercana de procesos electorales. Tan sólo en dos de ellos la oposición había obtenido mayor número de votos, pero por diferencias menores, el referéndum de la reforma constitucional en el 2007 y las elecciones parlamentarias del 2010. De ambas derrotas el chavismo, con su líder fundador al frente, logró recuperarse y fortalecerse, pero ahora no está presente, aparte que la derrota fue aplastante.
Algunos comentaristas minimizan la victoria opositora al decir que sólo aumentó en 400 mil votos, pero lo hacen comparando con los resultados electorales de las pasadas elecciones presidenciales, y no con las pasadas elecciones parlamentarias que es donde corresponde, en donde las opciones opositoras alcanzaron el 51% y el Gobierno el 48%. Los votos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) fueron 5.3 millones, y en esta ocasión -2015- 7.7 millones, superando por 2.1 millones al gobierno. De paso hay que destacar que igualmente el gobierno subió ligeramente su votación al agregar más de 200 mil votos.
Obviamos hacer comparaciones con las elecciones parlamentarias del 2005, porque la oposición se abstuvo de participar, dando lugar a unas elecciones con sólo un 25% de participación.
Destacable que la participación electoral en estas elecciones alcanzó más de un 74%, frente al 66% de las parlamentarias anteriores. Se puede señalar que las parlamentarias fueron asumidas como una votación más allá de su ámbito, y trascendieron en el votante a emitir un juicio sobre el gobierno en su globalidad. Se puede afirmar que no se votó deliberadamente por el representante del circuito, sino que fue un voto plebiscitario.
Estado en campaña
Igual es importante reiterar que tal como ha sido habitual, el gobierno no dejó de poner en práctica múltiples acciones de ventajas por el uso abusivo de los recursos del Estado, además de amenazas a empleados públicos y a beneficiarios de los programas sociales, y por otro lado, poniendo en práctica todo de tipo de restricciones a los opositores, sea desde el propio Consejo Nacional Electoral (CNE), desde el TSJ, como desde todas las instancias públicas que controla.
A favor del gobierno hay que mencionar la masiva emigración de venezolanos en los últimos años, que ya alcanza cerca de los dos millones. ¿Cómo votarían personas que se han ido por falta de oportunidades, por temor a la inseguridad, por explorar futuro en otras sociedades? el sentido común lleva a inclinarse que serían ampliamente votos críticos de la política gubernamental.
Nuestra historia no registra una derrota de esta magnitud en unas elecciones parlamentarias en un momento cercano a la mitad de un período sexenal. Pero obviamente que un resultado como el ocurrido lleva a reflexionar sobre la sobrevivencia del gobierno, mucho más existiendo la figura del referéndum revocatorio. Recuérdese que el referéndum del 2004, no se planteó por resultado electoral alguno, sino por la crisis de gobernabilidad de abril 2002. El gobierno corrió hábilmente la fecha del referéndum hasta agosto del 2004, permitiendo recuperarse y vencer ampliamente a la oposición.
Tres escenarios
¿Cuál es la reacción de un gobierno que experimenta una derrota tan contundente este 6D, en donde a todas luces los votos que hicieron posible esta derrota no son solo los tradicionales votos opositores sino que también se agregan aquellos procedentes de la otrora votación gubernamental?
Veamos tres opciones de respuesta gubernamental. Una de diálogo y negociación; otra, de ajustes; y una tercera, de confrontación.
Diálogo y negociación: esta opción cuenta con la desventaja de encontrarnos con una institucionalidad deteriorada producto de un ejercicio del poder en un ámbito polarizado. La única negociación que recordamos en estos 17 años, fue la desarrollada bajo el patrocinio de organismos internacionales, la llamada Mesa de Negociación y Acuerdos instalada en noviembre del 2002, con el acompañamiento de la OEA, de PNUD y del Centro Carter. Fue un proceso largo y difícil, incluso involucró a los gobiernos de varios países, ya que  se constituyó el Grupo de Amigos del Secretario General de la OEA integrado por Brasil, México, EEUU, Chile, España y Portugal lo que también le dio más aire al proceso de negociaciones. Hoy, la nueva mayoría parlamentaria ha manifestado su interés en dialogar, pero también ha advertido que según las respuestas oficialistas dispone de un plazo de seis meses para buscar una salida  “por la vía constitucional, pacífica y democrática”.
Ajustes: nos referimos a los demandados por los votantes que se volcaron a hacerlo por la alternativa opositora. Se asume que parte de esta votación puede ser satisfecha si en las políticas gubernamentales ocurren medidas de ajuste que den respuesta a sus aspiraciones. Algunos llaman “voto castigo” a quienes votaron en contra del gobierno, pero que si éste rectifica en sus políticas especialmente en materia económica, de seguridad, de convivencia y paz, asumirían una postura neutral o de apoyo implícito al gobierno. Con la denominación de ajuste, se asume que de hecho hay ajustes a lo largo del 2015, ya que el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos y quienes aquí residen es por ajustes regresivos, que lesionan sin corregir ningunas de las falencias del sistema económico y social existente. Pero se trata de construir ajustes para resolver problemas que vayan a su fondo y no a su apariencia.
Confrontación: En las pocas semanas posteriores al 6D lo más visible ha sido la confrontación. Así lo hemos visto desde el principio en la misma Asamblea Nacional con la mayoría derrotada, desde el Ejecutivo, desde el Poder Judicial actuando más como instancia política que como el poder que aplica justicia.
Los principales voceros del partido oficial utilizan argumentos confrontativos, aquellos pocos que apelan a la autocrítica y a señalamientos de las deficiencias en las políticas responsables de la derrota no logran ejercer suficiente influencia en el gobierno.
El partido oficial ha sido tradicionalmente poco dado a debatir, ha asumido más bien ser un seguidor de esquemas y conceptos que a pesar de los resultados fallidos no logra influir en el aparato burocrático gobernante.
Los ciudadanos amante de la paz y la convivencia han de estar preocupados.

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