martes, 22 de septiembre de 2026

LA RECUPERACIÓN DEL SINDICALISMO PETROLERO Y DE LA ENERGÍA.

 El ámbito promovido por varias organizaciones de la sociedad civil, de debatir asuntos fundamentales de los trabajadores y sus esfuerzos organizativos, ha sido una iniciativa propositiva que permite expresar y debatir sus problemas del pasado y del presente, en ese marco se desarrolló el Foro “Los trabajadores petroleros ante la actual crisis política.”

 La unidad y la división del movimiento de los trabajadores es un viejo dilema que carga en su historia tanto el petrolero como en las demás ramas productivas. Cuanto ha ayudado o limitado a su fortalecimiento, no es nada fácil de concluir. La controversia existe y está ahí. Hay argumentos para la unidad, incluso son mayores y más poderosos que los que justifican las divisiones, pero éstas cuando existen hay que verlas de cerca y analizarlas. 


  El sindicalismo venezolano tiene con la modernización productiva, una falla de nacimiento, veamos, consideremos que ésta modernización proviene de la aceleración institucional que provino de la explotación  petrolera, que nos modernizó súbitamente desde los años treinta del siglo pasado, y se crearon sindicatos, incluso los primeros en los campos petroleros lo hicieron por rama productiva, es decir sindicatos petroleros, pero que fueron registrados circunscribiéndolos a pequeños espacios, en aquellos momentos lo de distritos, que hoy dejaron de existir y sustituidos por los municipios. La naciente legislación laboral -1936- y quienes ejercían la administración del trabajo, a partir de la creación del ministerio del ramo, condicionaron su registro a esos restringidos ámbitos espaciales. 


  Las configuraciones laborales que brindan más poder al sindicalismo, se caracterizan por organizaciones de amplios ámbitos espaciales, y que incluyan a actividades que son de la misma naturaleza, digamos de ramas productivas. Tanto empresas como gobiernos tendieron a imponer aquellos registros de ámbitos restringidos, por tanto a evitar los de ámbitos amplios. De ahí que cuando se publicaban los registros de sindicatos legalizados, que se había estado haciendo a lo largo de todo el período democrático, y ya por los inicios de los años ochenta  alcanza a más de diez mil legalizados en todos los sectores y en el país, cierto que muchos no existían, nacieron y se extinguieron con las empresas, ya que hasta predominaban los de establecimiento. Estos datos reflejan el exceso de paralelismo sindical existente. 


  Una precisión de cuantos sindicatos existían de verdad, ocurrió al momento de la convocatoria forzada a un referéndum, que ademas obligó a la renuncia de juntas directivas de centrales y federaciones,  derivado de las disposiciones transitorias en la Constitución Nacional de 1999 de la Asamblea Constituyente. De ahí el Consejo Nacional Electoral, publicó la existencia de 2.974 organizaciones sindicales, y de ellas realizaron elecciones impuestas un total de 2.852 sindicatos, de los cuales 2.044 afiliados a la CTV, 49 a CGT, 34 a Codesa y 847 no confederadas. CUTV y algunos pocos sindicatos no llevaron a cabo estas elecciones impuestas.


  El segundo hecho autoritario de imposición destacable en la evolución moderna del sindicalismo, es lo ocurrido con el sector petrolero, que para el cierre del siglo pasado incluía dos organizaciones sindicales largamente establecidas, Fedepetrol y Fetrahidrocaburos, a quienes se agregó una organización que fue legalizada en 1994, pero sus intentos por incorporarse a los procesos de negociación se habían frustrado, ya sea por la oposición empresarial o sindical. Al fin, en las negociaciones que se llevan adelante desde el pasado noviembre 1999, el Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros –Sintraip- logra sentarse en la mesa de negociaciones del convenio colectivo, junto a las organizaciones tradicionales, quienes se habían opuesto. Pero imponer a Sintraip era poco, para lo que impuso autoritariamente el patrón-gobierno petrolero, ya que obligó a todos a auto disolverse, especialmente a Fedepetrol, de mayor trayectoria histórico, y con ello hacerse parte de la nueva Federación Única de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV) auspiciada por el gobierno. Comparto la caracterización que de esta federación se hace desde sectores que aspiran e intentan reconstruir el movimiento sindical petrolero, al señalar que esa federación impuesta por el gobierno “ha cohonestado la destrucción de las condiciones de vida de los trabajadores, permitiendo el desmantelamiento de cinco convenciones colectivas y la pulverización del salario”. Es de esperar que con estas intromisiones estatales de consecuencias regresivas,  aceren la resistencia de organismos autónomos, unitarios y plurales, que bien tuvo el movimiento sindical petrolero en buena parte de su historia. 


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