miércoles, 18 de febrero de 2015

FORMACIÓN PARA EL EJERCICIO DE LA REPRESENTACIÓN



  Desenvolverse en las relaciones de trabajo demanda formación. Es un campo de la vida de una sociedad que juega un papel importante en el desenvolvimiento productivo y económico general. Se trata de la relación y convivencia de capital y trabajo. Por lo que además tiene implicaciones más allá de lo productivo y se extiende a la estabilidad, al progreso y a la justicia de esas relaciones en tanto sus contenidos y madurez contribuyen o no al desarrollo político y social.

  Las empresas son empleadoras de quienes son formados en los centros de educación superior tanto privados como públicos. Elemental tener presente que quienes van a los centros de formación  van con la expectativa de que al concluir, quieren y necesitan conseguir empleo e ingresos para vivir. Esas posibilidades las ofrecen los empleadores, predominantemente los privados aunque en los últimos años el empleo público ha crecido notablemente, pero sigue siendo mucho menor. En algunos campos del conocimiento la inserción laboral es predominantemente en entes estatales, como en educación por ejemplo.

  Visto lo anterior, tenemos que las organizaciones sindicales como aquellas que crean los trabajadores para su propia representación ante los empleadores y ante el Estado, no funcionan como entes empleadores de profesionales, lo que da lugar a una situación de desventaja ante sus interlocutores. En tanto estos últimos destinan porciones importantes de sus ingresos y presupuesto para asegurarse la disponibilidad de equipos de profesionales de las diversas disciplinas que atienden las relaciones de trabajo y sus cada vez más complejos problemas, pero para ejercerlos en su propia representación es decir de la dirección o gerencia,  pero por el otro lado las organizaciones de los trabajadores dependen de los esfuerzos y la voluntad de quienes en su seno muestran interés por la representación. A las desigualdades de poder se agregan estos hechos que ahondan las diferencias. 

  Siendo las relaciones de trabajo actividades estratégicas para los intereses y poderes del patrono y del Estado, es por lo que éstos con mayores recursos y medios se inmiscuyen en los asuntos de las organizaciones de los trabajadores, interviniendo más allá de las relaciones de interlocutores de la vida laboral y productiva, lo que hace a estas organizaciones objeto de un constante acoso que erosiona su autonomía y deforma sus principios y postulados.

  Haciendo un balance de las últimas décadas se observa que  la formación existente en el país en estudios del trabajo y dentro de ello por supuesto lo que tienen relación directa con las relaciones de trabajo, vemos que en las universidades venezolanas al tema se le ha prestado poca atención. Pero como ya lo explicamos, se trata de egresados que van a incorporarse a las filas de las posiciones disponibles en los entes empleadores, de paso cada vez menos por la situación de deterioro productivo sostenido por ya largos años. 

  Se reconoce que en el país se han consolidado algunas instituciones de educación superior que se ocupan de estudiar los temas vinculados al trabajo, y particularmente las relaciones de trabajo. En los últimos años la educación universitaria privada ha privilegiado este campo, pero con énfasis en el enfoque de recursos humanos al servicio de la gerencia. Igual ocurre con la oferta de postgrados. 

  A pesar de la larga historia del movimiento de los trabajadores,  hoy presenta una situación de desventaja con respecto a la formación de sus dirigentes y cuadros en general. Es lamentable reconocer que en el propio ámbito sindical e institucional el balance en materia de instituciones y recursos para la formación es más bien regresivo. Sirva esta reflexión para llamar de nuevo la atención sobre el hecho de que en los últimos años, el sindicalismo venezolano ha venido perdiendo espacios e instituciones que realmente le hacen falta. 

  Una de ellas es la Universidad de los Trabajadores de América Latina (Utal), fundada por la Central Latinoamericana de Trabajadores de América Latina -CLAT- en la privilegiada ubicación de San Antonio de los Altos, en la periferia de Caracas, que sirvió de sede a  una continuada programación de eventos de capacitación, documentación e investigación de temas de interés directo del movimiento de los trabajadores latinoamericanos. De sus servicios se destacaba el centro de información y documentación, hasta su cierre uno de los más completos centros de documentación laboral existente en el país. Su cierre se relaciona con la fusión de dos centrales sindicales de ámbito continental, la Organización Interamericana de Trabajadores (ORIT) y la (CLAT), que dio nacimiento a la Central Sindical de las Américas. Esto implicó también perder otro organismo en nuestro territorio ya que la CLAT funcionaba en Venezuela y fue quién impulso a la UTAL. La otra central sindical continental, la ORIT también estuvo algunos funcionando en Caracas, luego de su mudanza desde México.

Más recientemente la pérdida del Instituto de Altos Estudios Sindicales (Inaesin) en Caracas, creado por la CTV en los primeros años de la década del ochenta y cuya crisis tuvo consecuencias directas sobre dicho instituto y en 2012 cerró sus puertas.  Este caso está asociado a divisiones internas del propio movimiento sindical, aunque al momento de su cierre ya había perdido buena parte de su papel formativo. 

  La situación que hoy se tiene en materia de formación de dirigentes y cuadros para  el movimiento de los trabajadores, evidencia la carencia de instituciones y en particular escuelas de investigación y formación en este campo, todo ello ahonda las desigualdades. A las organizaciones de los trabajadores se le plantean dos opciones para avanzar en el tema de la formación, uno hacerse así mismo de su propia formación, y junto a ello hacer alianzas con centros formativos.