lunes, 15 de junio de 2015

LOS TRABAJADORES: ENTRE SOCIALISMO Y CAPITALISMO


El trabajo es universal, países con distintos niveles de desarrollo tienen en el trabajo la principal fuente de generación de bienes y servicios. Algunos más desarrollados con mayor uso de componentes de capital, de tecnología y conocimiento, y acuerdos de relaciones laborales y por tanto su producción es mayor. Pero los menos desarrollados igual van incorporando estos elementos para incrementar su producción, sean como periferia de los primeros o con proyectos afincados en búsqueda de más soberanía, o también una combinación de las dos situaciones. Es importante destacar que el trabajo sin el aprovechamiento de los conocimientos actualizados y del capital, no es suficiente para darle a una sociedad mejores niveles de bienestar.

  Donde hay trabajadores hay clase trabajadora, y con ello se crean las bases para que existan movimientos de trabajadores, cuya principal forma organizativa es la sindical, además de la partidista, comunitaria, social y económica. Los trabajadores mejor organizados son aquellos que laboran en empresas. Los organizados por oficio responden a una etapa del desarrollo ya superada en casi todo el mundo, como es la que corresponde al artesanado y a los oficios independientes; si bien persisten, pero no en papel preponderante para la producción de bienes y servicios.

  Las empresas vienen creando y reestructurándose para alcanzar formas adecuadas a la competencia y a su estabilidad, lo hacen por la vía del conocimiento, la tecnología, los valores y la cultura, las calificaciones, y las relaciones con sus trabajadores, los gobiernos y la sociedad toda, que es también la relación con el mercado.

  En ese ámbito los trabajadores igual corresponde plantearse y replantearse sus formas organizativas, tanto en los aspectos principistas y teóricos, como en sus estructuras para la práctica y la acción.

  En la organización general de la actividad productiva en la época moderna, el capitalismo ha demostrado mejores resultados para la provisión de bienes y servicios a la sociedad. Se le critica su dificultad para resolver las desigualdades, la atención a sectores frágiles así como proteger el ambiente. Queda en manos de los Estados y su capacidad reguladora encararlo y encontrarle salidas favorables para el conjunto de las poblaciones tanto las actuales como las generaciones futuras. La otra opción con la que se compara al capitalismo es el socialismo, el que a lo largo del siglo XX nació, creció y sucumbió. Los pocos países autodenominados socialistas de hoy se han abierto al capitalismo, algunos con esquemas capitalistas de los menos desarrolladas en cuanto al trato a los trabajadores.

  Lo que toca ahora es reflexionar si los trabajadores están mejor en socialismo o en capitalismo. Los movimientos de los trabajadores han logrado igualmente mejores resultados cuando se organizan con proyectos propios no subordinados ni al capital ni al Estado. Es decir que desarrollan proyectos propios que le permitan tratar en igualdad de condiciones con otros sectores  sean económicos, sociales, militares, religiosos.

  Para que el proletariado sea el “sepulterero del capitalismo”, como lo predestinaba Marx, quién veía en él el agente de la transformación social, aún no se han dado las condiciones. El capitalismo ha encontrado formas de mantener la supremacía como forma de producción y organización social capaz de superar sus crisis. Veamos que pasará con la actual China, que viene del socialismo y avanza al menos en lo económico al capitalismo, por tanto es un híbrido que ya se ubica como la segunda economía mundial, pero muy rezagada en cuanto a los niveles de bienestar y satisfacción de las necesidades de sus trabajadores, quienes por el contrario se desenvuelven en precarias condiciones,  que son justamente las que hacen atractivo al gran capital instalar sus capitales en esa sociedad.

  ¿Y Venezuela qué? venimos de un prolongado capitalismo periférico dependiente monoproductor, con una modesta industrialización que entró en proceso de desindustrialización acelerada, al tiempo que sin proyecto alternativo en cuanto a la producción de los bienes que se requiere, todo en un  continuado consumo de sus recursos petroleros y minerales con mínimo valor agregado, pretendiendo resolver las necesidades de la población y del aparato productivo sólo a base de importaciones. Quienes dirigen el Estado, y que por el Capitalismo de Estado predominante dirigen igualmente la economía, llaman a todo esto Socialismo del Siglo XXI.  

  En este contexto ¿que situación se presenta para la clase y el movimiento de los trabajadores? En los últimos años el Socialismo del Siglo XXI le ha costado bien caro, ya que se observa un acelerado proceso de deterioro, perdiendo parte de su modesto patrimonio institucional tanto en lo relativo a sus propias organizaciones, como en las condiciones de trabajo y de vida, a cambio de un aparente empoderamiento que viene acompañado de fomento de la discriminación y los enfrentamientos, y que finalmente no se convierte en más bienestar y calidad de vida.

  El socialismo aún aceptando que sus logros en materia económico se reconocen menos avanzados que el capitalismo, sí se ha considerado en aquellos países que lo vivieron que daba al menos para los trabajadores algunos logros en materia de ciertos servicios públicos como salud y seguridad por ejemplo. Resulta que ambos ámbitos fundamentales para el trabajador y el ciudadano en general eran mejores en el muy cuestionado capitalismo periférico y rentista que predominó en Venezuela antes de este experimento de socialismo del siglo XXI, realmente la conducción de este proceso, que destacamos no es de la clase y movimiento de los trabajadores, lo que ha hecho es revivir al menos teóricamente al capitalismo más que los propios capitalistas.