miércoles, 15 de junio de 2016

LECTURAS DE UN GOBIERNO TEMEROSO DE ELECCIONES


 

  Un régimen que se planteó alcanzar el socialismo como forma de organización de la sociedad, contando para ello con la más extraordinaria riqueza que país alguno haya percibido, así como con un control casi total de los poderes públicos y una costosa maquinaria de propaganda e ideologización, pero luego de más de tres lustros los resultados de gestión no le permiten tener la confianza de ganar una contienda electoral nacional, e incluso con perspectivas de similares resultados en casi todas las elecciones regionales previstas para fines del presente año, así como tampoco perspectiva de ganar muchas de las elecciones en un área determinada como la  sindical, por ejemplo. De ahí el papel obstruccionista del CNE para que no se realicen elecciones sindicales en múltiples empresas o entes estatales.

 

 La abierta postura oficialista de impedir el referéndum revocatorio presidencial, impidiendo con ello el ejercicio de un derecho constitucional por el cual ha optado la oposición, vistas las dificultades para el funcionamiento democrático institucional y responsable entre el Ejecutivo y el Legislativo en ejercicio desde el principios de año. Los dos únicos poderes de elección directa por parte del soberano. Recordemos que los miembros del Poder Judicial, Electoral y el Moral -Fiscal, Contralor y Defensor del Pueblo-, todos son electos por procedimientos que se llevan a cabo en el ámbito del Poder Legislativo. 

 

  La postura gubernamental contraria al referéndum revocatorio tiene en sus explicaciones el que todo apunta a que difícilmente podrá evitar la derrota en las urnas. Por ello su objetivo es que no se realice la consulta, al menos en lo que queda del 2016, que es la que llevaría a convocar a una nueva elección presidencial. 

 

  Los resultados de las parlamentarias del pasado 6 de Diciembre del 2015, casi en la mitad del período presidencial, son de hecho un referéndum. En un régimen de tipo parlamentario, por ejemplo como el de España, con esos resultados hay inmediatamente un cambio de gobierno. En cambio, en un régimen presidencialista como el nuestro, se dispone de la figura del referéndum revocatorio. Estimamos que un ejercicio de gobierno sustentado en acuerdos ciertos de gobernabilidad entre el Ejecutivo y el Legislativo hubiese sido una alternativa para evitar el referendum, pero vista la pugnacidad reinante es evidente que esta es una hipótesis descartada. Si ya el país estaba polarizado antes de las elecciones parlamentarias, en este primer semestre del 2016 la difícil convivencia entre el Ejecutivo y el Parlamento ha agudizado la polarización.   

 

 Recordemos que H Chavez también estimaba en un principio que los resultados del referéndum de aquel 2004 no le eran seguros. Recuérdese que ese no se planteó por resultado electoral alguno, sino por la crisis de gobernabilidad de abril 2002 -vacío de poder y golpe de Estado-. El gobierno corrió bilmente su fecha hasta agosto del 2004, permitiendo recuperarse y vencer ampliamente a la oposición. Este resultado oxigenó política y electoralmente  a Chavez, que lo llevó a confiar en volver a promover un referéndum como lo hizo en el 2007 y 2009.  

 

  La revolución bolivariana había sido exitosa en promover y ganar elecciones, así lo demuestran los resultados desde 1998 hasta el 2015, salvo un par de resultados adversos. Con ese aval se mostraba orgullosamente tanto adentro como afuera del país.  

 

  La revolución bolivariana ha gobernado hegemónicamente, con una oposición en situación de permanente minoría. Es en este 2016, cuando le toca gobernar por primera vez con una mayoría parlamentaria que no controla, por cierto fenómeno que recién antes del primer triunfo de Chávez, estaba presente en el segundo gobierno de R Caldera. 

 

  Los pocos meses del intento de ejercicio plural en la política venezolana, al existir uno de los poderes públicos nacionales con mayoría opositora, han mostrado una manifiesta incapacidad del establecimiento bolivariano por conciliar y entenderse con opositores. Los triunfos en ámbitos regionales y municipales en los últimos años ya habían mostrado este talante. Así se desprende de haber creado gobernaciones o alcaldías paralelas en aquellas jurisdicciones donde el chavismo fue derrotado electoralmente.  

 

  En la Venezuela civil de 1959 en adelante se gobernaba por pactos entre partidos en los primeros tres lustros o gobiernos, ya que eran períodos quinquenales. Luego, con el primer gobierno de Carlos A Pérez se pasó a gobiernos de un sólo partido, así también fueron los que le siguieron, el de Luis Herrera, Jaime Lusinchi, y de nuevo, Carlos A Pérez. Con R Caldera -II- fue un gobierno multipartidista, la sorna criolla los llamaba el “chiripero” porque todos eran pequeños partidos. Importante destacar que el Poder Legislativo era un poder de convivencia entre las distintas alternativas partidistas. 

 

  La convivencia se viene tornando día a día más compleja. Por un lado la situación económica de crisis, con escasez de elementos indispensables para la vida, y una creciente implementación por parte del Ejecutivo de esquemas que no resuelven lo fundamental de las carencias como es revertir el modelo económico que permita recuperar la producción, sino que más bien se ponen en práctica medidas unilaterales sin discutirlo con quienes representan en este momento a la mayoría del soberano. 

 

  Todo luce como perseverar en una política de choques y confrontación, que evidentemente no contribuye a la salida a la crisis sino a su agudización. Tanto en la cuarta como en la quinta, el país asimiló que las salidas a las crisis han de ser electorales, y es anti histórico pretender resolver rehuyendo a ellas, y menos aún quienes llegaron al poder en elecciones respetadas y reconocidas por quienes tenían el control de los poderes.