jueves, 3 de marzo de 2016

CUANDO NO SE DIALOGO CON LA MAYORÍA


Terminábamos nuestro artículo de la semana pasada “Relaciones Laborales en tiempos de inflación” señalando a lo preguntado al inicio “¿Qué pueden hacer las relaciones laborales para proteger a los trabajadores y, para ser parte de un sostenible y autentico desarrollo productivo?”,  a lo cual se respondió que el puro ámbito de los centros de trabajo no era suficiente para que tanto los trabajadores como la dirección de las empresas puedan materializar los elementos de desarrollo productivo, así como preservar y mejorar los aportes que hacen los trabajadores al cumplimiento de las metas productivas. Se reconoce que hay un factor condicionante que está por encima, que es el escenario político y la necesidad de diálogo entre gobierno y oposición. 

  El problema que se observa cotidianamente es que la conducción política del país no acierta en poner en practica estrategias y planes que deriven en resultados positivos. Las excusas de la guerra económica y los bajos precios petroleros, han sido rebatidos por los propios hechos. Lo primero, la tal guerra económica, se cae cuando el Gobierno ha impuesto controles en todos los órdenes de la actividad productiva; y lo segundo, hay que destacar que los resultados negativos empezaron antes de la baja de los precios petroleros a los niveles que se han visto en el 2015 y el presente año. Además, qué descuido no haber tomado las precauciones a sabiendas de la volatilidad del mercado petrolero. 

  Si las estrategias y planes económicos han fallado, ¿Por que no reconocerlo y hacer los ajustes que sean necesarios? Luce sencillo aparentemente. La amplia mayoría de los venezolanos, esperan un cambio de la conducción política y económica. Haber favorecido a la oposición para que asuma la mayoría calificada de la Asamblea Nacional, es para que el gobierno reconozca el parecer de los electores y dialogue con quienes recibieron tal apoyo. De lo contrario es ponerse de espaldas al soberano. 

  Desde el gobierno se sigue viendo el acontecer político como resultado de las acciones del imperio y de la burguesía. Para los electores venezolanos que votaron ampliamente por la opción opositora, es un insulto ignorar su pronunciamiento y excusarlo con tan simplistas ideas. Indudablemente hay dogmatismo, una sólo manera de ver la realidad. Un contraste con los hermanos Castro en Cuba, avanzan en sus relaciones de acercamiento con el Gobierno de Obama.

  Ahora ¿por qué la dificultad en dialogar con quienes  recibieron tan amplio apoyo electoral?. Se teme por la sobrevivencia de la revolución bolivariana. Quizás sea oportuno reconocer que desde el principio de estos 17 años, nunca hubo revolución en el sentido clásico. Se trata de un régimen caudillista con programas de redistribución, pero al mismo tiempo dilapidando cuantiosos ingresos de la nación, para beneficios de pequeños círculos de privilegiados. Además, las clásicas revoluciones latinoamericanas, son aquellas que llegaron al poder por la vía de la guerra derrotando a un ejército e hicieron cambios radicales dando inicio al nuevo régimen, como la mexicana a principios del siglo XX, la cubana que llegó al poder en 1959 y la sandinista en Nicaragua que llegó al poder en 1979, luego lo perdió y lo volvió a recuperar.

  En Venezuela, Hugo Chávez llegó al poder aprovechando la antipolítica y el desprestigio de la representatividad de los partidos políticos mayoritarios de entonces, y por un proceso electoral convencional administrado por las instituciones de entonces, que nadie polemizó sobre los resultados, al árbitro no se le hicieron reparos como los que hemos visto en las elecciones de los últimos años, incluyendo especialmente la misma elección presidencial del 2013. El ganador se comprometió en Unasur en hacer un reconteo de votos, que luego ignoró.

  A partir de 1999 se asumió la profundización de la democracia, destacando ampliar la participación y el protagonismo, en ese orden se construyó la nueva constitución. Pero,  el Gobierno se fue radicalizando paulatinamente hasta que llegó a asumirse como el nuevo socialismo del planeta, el del siglo XXI. La chequera petrolera alimentó unas relaciones internacionales, con costosa propaganda y una burocracia para darle aliento a este esquema. Pero, en lo económico, la producción nacional en todos los rubros no reflejaba desarrollo alguno. Las importaciones y la propaganda cubrían los déficits productivos nacionales.

  Las relaciones laborales son diálogo y negociaciones. Los trabajadores aspiran preservar y mejorar sus conquistas y calidad de vida, los empleadores producir y alcanzar metas para brindar productos y servicios a la sociedad. Tanto empresas como trabajadores requieren funcionar un una sociedad en donde el diálogo sea aceptado, donde los diversos se reconozcan y se acepten. Los intereses de las empresas y de los trabajadores algunos son coincidentes y otros son distintos, pero la naturaleza de la relaciones laborales implica la convivencia. Igual ha de ser en el plano de la política en sus distintos niveles. Los actores han de reconocerse. Entendemos que para que los actores sean reconocidos han de ser validados por los representados y tener sentido en función de aquellos intereses comunes de la sociedad. 

  Por ejemplo, no es fácil entender como se ha dialogado con los pranes de las cárceles, o con los líderes negativos que manejan bandas delictivas bien pertrechadas con armas de guerra que atentan contra la vida y los bienes, pero que al mismo tiempo no se dialogue con los representantes del pueblo en el espacio plural y de debate como es el Parlamento, ya que ante las decisiones que este adopta, el Gobierno usa escaramuzas aprovechando su control del Tribunal Supremo de Justicia para negarlas, y con ello el diálogo mismo.   


  La economía en bancarrota, el sistema productivo postrado, el Gobierno responde con mayores controles, más exacción fiscal, pero todo esto sin diálogo con la entidad política que constitucionalmente existe para tal fin. La incertidumbre domina. La calidad de vida se deteriora aceleradamente para todos los niveles de ingresos, por supuesto que con mayores consecuencias en los bajos, las amplias mayorías. Las relaciones laborales están en situación defensiva. Se reclaman salarios, empleos, condiciones básicas de vida, pero no hay diálogo para la construcción de soluciones sustentables en el plano nacional.