miércoles, 11 de noviembre de 2015

DEL CONTROL OBRERO AL CONTROL DE LOS TRABAJADORES


Hace cinco años y medio, el Gobierno trajo el anuncio de la implantación del control obrero en las empresas estatales. Para entonces, se sabía muy poco de qué se trataba la propuesta. Guayana fue el escenario para que el nuevo ministro titular del despacho de las Industrias Básicas y Minería, y presidente de la Corporación Venezolana de Guayana, José Khan, se estrenara en su visita a esta zona, y tuviera su primer contacto directo con trabajadores, quienes, para entonces, vivían en plena efervescencia de la recurrente conflictividad laboral. Se percibió que la propuesta de control obrero aparecía en un momento necesario para aplacar la conflictividad. El nuevo ministro trajo en su maletín una propuesta que ofrecía que los mismos trabajadores eligieran a los directivos y gerentes de estas empresas.

Los trabajadores pedían, como histórica y habitualmente demandan, mejores salarios y condiciones de trabajo, que se firmen y cumplan los convenios colectivos, basados en el hecho de trabajar y producir riqueza para la sustentación de la empresa y de quienes en ella trabajan. Pero el patrono se apareció con el llamado control obrero. 

De esta propuesta se conocía muy poco, al menos para los trabajadores mismos era una sorpresa. En general, en las tradiciones demandas sindicales sean de orientación marxista, socialdemócrata u otras corrientes, no lo habían planteado ni en Guayana como tampoco en otras regiones del país. Tan sólo se hablaba de control obrero en muy pequeños grupos de militantes que se informaban de lecturas de experiencias europeas de principios del siglo XX, procesos que no tuvieron continuidad incluso en los mismos países del socialismo real. Por lo demás, tampoco tenían una influencia considerable en las bases sindicales. 

Un testimonio local sobre su implantación señala : “En la empresa se trató de realizar cambios en la organización del trabajo con el llamado control obrero, donde se inició estableciendo mesas de diálogo con trabajadores seleccionados con tendencia a sustituir a las gerencias tradicionales, digo con tendencia, porque en la realidad nunca fueron sustituidas… estas mesas de trabajo no tenían objetivos claros, por lo que se daban discusiones estériles y se tomaban decisiones basadas en la conveniencia de uno u otro grupo, sin considerar lo que realmente era conveniente para la empresa y hasta para el mismo trabajador”. 

La evidencia sí muestra que hubo durante algunos pocos meses un activo proceso de reuniones con personas seleccionadas por niveles superiores de las empresas y del partido oficial, claro sustentado en afinidades ideológicas con el propósito de redactar la propuesta, lo que, por tanto, dejó evidenciado que lo traído por el nuevo ministro era apenas una intención, una consigna que había que llenar de contenido. 

El propósito de las mesas o reuniones de trabajo era, por un lado, intentar suplantar a los sindicatos, incluso se dejaron de lado hasta aquellos que tenían una directiva con mayoría del partido oficialista. Por otro, se pretendía crear dos grandes corporaciones que fusionarían en una entidad a las empresas del hierro y del acero, así como se crearía otra corporación para las del aluminio. Total que 17 empresas se convertirían en dos corporaciones, integrando procesos tecnológicos, productivos, logísticos, financieros, de recursos humanos, de finanzas y de mercadeo.  

Lo que tenemos cinco años más tarde es que las empresas básicas son dirigidas casi todas por militares, nombrados por el Ejecutivo, sin participación alguna de los trabajadores; más bien aquellos con formación y experiencia en las áreas de estas empresas, han visto que sobre ellos han nombrado a personas sin conocimiento y sin carrera, en las complejidades de los procesos productivos y gerenciales de estas grandes empresas propiedad de la nación. 

¿Cuáles resultados podemos ver hoy? 

* Las empresas sufrieron al mermar su producción y agudizar su deterioro tangible en lo que se refiere a sus instalaciones;

* También ocurrió deterioro en los valores y la cultura, al romperse tradiciones de ascenso y carrera que, en alguna medida, se mantuvieron por largos años;

* A los trabajadores de base se le hicieron levantar falsas expectativas, y a personas con formación y experiencia se les ignoró;

* Todo lo anterior se convirtió en duros golpes a la identidad construida por los trabajadores con las empresas a lo largo de décadas. 

* El propósito de integración de las empresas en dos corporaciones no se materializó.

* Este intento de cambio generó anarquía y molestia en los trabajadores.

Hoy, ante un nuevo proceso electoral, violando normas constitucionales, laborales y electorales, así como principios de respeto y convivencia, resulta que quienes dirigen estas empresas plantean exigencias, ya no de control obrero, sino más bien de control sobre los trabajadores al obligarlos a una sumisión electoral determinada, así como amenazas directas a quienes tengan legítimas posturas diferentes inclinadas a alternativas electorales diferentes a las oficialistas, como es normal en cualquier sociedad civilizada y respetuosa del trabajo digno o decente, que ha de ejercerse sin discriminaciones por razones políticas, religiosas, de sexo u otro derecho humano fundamental.

El pretendido control de los obreros en las empresas estatales a propósito de sus preferencias electorales, nos lleva a recordar que con este premonitorio bautizo fue como los mismos trabajadores identificaron la propuesta de control obrero, que fue llevada desde el Ejecutivo a estas empresas en la zona de Guayana en el año 2010.