martes, 23 de junio de 2015

DE LA DESINDUSTRIALIZACION A LA REINDUSTRIALIZACION


Persiste la escasez de las más diversas gamas de productos en las cadenas comerciales, hay desasosiego y desesperanza para los consumidores tanto familias como negocios de distintas áreas. La escasez nos lleva a recordar la grave situación de los sectores productores de bienes para la sociedad, aquellos que llevan sus productos a los anaqueles como son los sectores primario y especialmente el secundario; nuestra producción agrícola y pecuaria, la minería y la producción de bienes agroindustriales e industriales han venido retrocediendo.

  En algunos momentos críticos y de urgencia por satisfacer las necesidades de la población, las autoridades optaron por promover y realizar masivas importaciones, como se entendió en los años de crisis del 2002-3. Pero el problema destacable en el presente artículo es el hecho de la continuada importación masiva, más allá de los momentos de crisis y urgencias, reconociéndose que no es posible manufacturar o producir en el país todo lo que necesitamos. Pero el hecho regresivo es que estamos importando lo que antes hacíamos aquí, e incluso algunos de ellos los exportábamos. Por lo demás las masiva importaciones ocultaban para el consumidor y toda la sociedad venezolana la grave crisis que se venía incubando.

  El pasado año y el que va corriendo con menores ingresos de divisas ha dado lugar a una abierta crisis de abastecimiento, que ha venido siendo explicada por el gobierno con argumentos que cada día alcanzan menos credibilidad, como son el de la "guerra económica" o el de las conspiraciones de empresarios. Las recientes sesiones de rendición de informes sobre el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Pidesc -ONU), dejó en evidencia que estos argumentos no tienen consistencia (http://hectorlucena.blogspot.com/2015/06/examen-internacional-de- las-politicas.html)

  La escasez de productos del sector manufacturero es algo más complejo que el mismo fenómeno con los productos del sector primario, ya que en muchos casos no se ven en los anaqueles o en las cadenas de distribución porque a los fabricantes les falta un determinado componente del proceso de producción, sea una materia prima, o también elementos del empaque, o un permiso específico del rubro, o un servicio de apoyo para la producción y/o distribución. Los productos del sector agrícola igual requieren insumos como maquinarias, semillas, abonos y otros productos biotecnológicos, se puede afirmar que la producción en general es parte de sistemas y encadenamientos, con distintos niveles de complejidad e interdependencia.

 La tendenciosa mentalidad importadora dominante en la política pública, lleva a plantear la sustitución de productos nacionales, que específicamente tienen dificultades de producción por un ausencia de determinado componente central o accesorio, a decidir importar productos terminados que quitan mercados al fabricante nacional que es quien da empleos directos y además agréguense los indirectos, que también paga impuestos nacionales y municipales, que hace compras en el país, que está integrado social y culturalmente con la sociedad nacional, lo que se deja ver en los productos que elabora y como los hace llegar al merado. El tejido productivo que se ha venido sustituyendo con estas políticas desindustrializadoras llevó largas década para su construcción. El sector manufacturero tiene plantas y talleres en un alto número de estados del país, aunque la mayor parte se concentra en los estados más populosos, los cuales resienten estas políticas.

 Lo más regresivo que se ha anunciado es la importación ya no solo de productos terminados sino de plantas industriales completas, como el reciente caso de baterías, tratándose de un bien que tienen plantas de fabricación en el país con personal venezolano conocedor de los procesos,  y que viven dificultades por la política económica que afecta a empresarios, trabajadores y consumidores.

  Importar plantas industriales de productos que no hemos elaborado tiene mayor sentido, ya que ademas es un alternativa para el aprendizaje tecnológico, en ese orden se puede mencionar a manera de caso particular la instalación de planta para la fabricación de taladros petroleros, o de fabricación de teléfonos celulares, de etanol. La instalación de estas plantas se ha efectuado, y bien debiéramos tener mayor información del estado de estos proyectos.

  La desindustrialización la hemos estudiado y es un fenómenos claramente visible para el momento que se inició la revolución bolivariana, como lo investigamos y publicamos en “La industria venezolana, auge y ocaso a través de tres modelos productivos” (Lucena-Carmona en http:// www.bdigital.unal.edu.co/29915/).

  Lo que es significativo en la década y media transcurrida luego de estos análisis es que poco se hizo para contrarrestar el proceso de desindustrialización, sino todo lo contrario ya que se aceleró con las masivas y crecientes importaciones en desmedro de la modesta industria nacional. Los costos de esta políticas económica están por determinarse, pero tengamos presente la cantidad de instalaciones productivas cerradas, o subutilizadas, la población que perdió sus empleos, trabajadores que no ejercen sus calificaciones adquiridas en los proceso formativos que incluyen a esas instalaciones industriales, hay un aprendizaje perdido porque mañana cuando se reactiven esas instalaciones, algunas ya habrán caído en notables grados de obsolescencia así como habrán evolucionado los conocimientos para el quehacer productivo correspondiente, y debamos correr para ponernos a tono. De no actuar oportunamente en la producción nacional más que emprender un enorme esfuerzo de reindustrialización, se corre el riesgo que las instalaciones y los colectivos humanos involucrados sean más bien sujetos de análisis arqueológicos y antropológicos.

hector.lucena@gmail.com
@hl_lucena