lunes, 11 de mayo de 2015

La identidad en el trabajo


 En toda actividad productiva es importante la existencia de una identidad de la persona con aquello que realiza o ejerce, es decir el hecho trabajo y su múltiple vinculación, por un lado la organización empleadora, así como las que los trabajadores crean para su propia representación en los centros de trabajo, llamemos sindicatos. De no existir la identidad sino solo la necesidad o la obligación de trabajar, al final  se ejecuta la actividad productiva pero con tendencias a ser percibida como penosa o incomoda,  y obviamente en el fondo se gestan condiciones propicias para la evasión de obligaciones.

  Igualmente cabe afirmar que si el empleador es un incumplidor o evasivo en materializar sus obligaciones con la gente que trabaja a su lado, crea condiciones para que también ocurran evasiones como contrapartida.  

  En el mundo del trabajo históricamente los oficios crean identidad, la que nace del tener un conocimiento y un hacer que permite insertarse laboralmente y servir a la sociedad produciendo. Cuando las empresas absorben los procesos productivos e integran oficios a los procesos de las estructuras de máquinas y sistemas, la identidad de oficio se diluye pero se mantiene la identidad de trabajador, porque sigue siendo su aporte necesario para lograr el producto o el servicio, por eso la identidad en el fondo es la de productor.

  Existe una confusión en los discursos dominantes al asignar la condición de productor sólo al empresario, lo que no negamos, sólo que esto es tan cierto como que también cada trabajador que labora en una empresa es un productor. Por tanto una empresa es una aglomeración de productores, y junto a ello un sindicato es una organización de productores, como lo es la empresa misma.

  La condición de productor da identidad, por ejemplo un empresario reivindica su identidad porque crea empleos, crea productos y servicios. Pero los trabajadores que igualmente son productores, con ellos es como se crean esos productos y servicios, igualmente los empleos se crean con su fuerza y talento al servicio de la producción. 

  Por supuesto que estamos hablando de la empresa y del sindicato responsables del papel que les corresponde en la vida socio productiva, es decir producir eficientemente, reconocerse mutuamente en esa convivencia y distribuir los beneficios de los esfuerzos en condiciones de equidad y justicia. Se sabe que hay empresas de maletín, empresas para delinquir, para el fraude no sólo al Estado sino a los usuarios y a los propios trabajadores; pero también en el mundo sindical hay deformaciones de organizaciones que no asumen la vida productiva y el ejercicio de la representación de manera responsable, llegando a casos extremos hasta de exterminio de personas. En los dos lados hay entidades que forman parte de un submundo sórdido y oscuro. Adecentar y depurar las empresas y sindicatos de prácticas anti democráticas, oscuras, represivas, y hasta criminales, eso si sería una auténtica revolución. El gran problema que tenemos es que hoy no se ven fuerzas efectivas para encarar esta situación e ir resolviéndola. 

  Y ¿que decir del Estado ante el problema planteado? Las autoridades gubernamentales son parte del problema. Sólo basta mirar como gestionan las entidades públicas sean de la administración central como descentralizada y empresas bajo su dirección. No obstante su carácter público, son las menos inspeccionadas, las más opacas, y a pesar de los altos costos que representan para la sociedad, los privilegios de los cuales disfrutan y que en muchos casos funcionan monopólicamente, los  resultados productivos y de servicios no siempre son los mejores.   


  Recuperar la identidad de la condición de trabajador como productor, así como de sus organizaciones seguro fortalece su papel en la sociedad, eleva su propia estima y le permite encarar una lucha que mira más allá de lo circunstancial y lo prepara para reclamar no sólo lo reivindicativo económico sino también lo reivindicativo político.