lunes, 2 de marzo de 2015

EL DEBATE COMO RIESGO Y DELITO


    La revolución bolivariana no se encontró al momento de su ascenso al poder con unas políticas marcadas por el neoliberalismo, en los niveles como predominaban en algunos países de América Latina, ya que en general estas políticas estaban extendidas a lo largo de los ochenta y noventa. Por supuesto que hubo intentos claramente neoliberales en el segundo gobierno de Carlos A Pérez, pero el sacudón de febrero de 1989 y los levantamientos militares de 1992, le obligaron a rectificar y más allá de ello pusieron plomo en el ala del gobierno, el que finalmente no pudo terminar su quinquenio. De ahí en adelante lo que hubo fue una transición a un nuevo régimen, primero con Ramón J Velazquez (mayo 1993-enero 1994) y luego con el quinquenio de Rafael Caldera II. Estos regímenes preservaron  un capitalismo de Estado que tuvo su impulso determinante con la nacionalización del sector petrolero en 1976, y se preservó el carácter de Estado distribuidor de recursos y orientación neodesarrollista.

 Pero la revolución promovió cambios de la institucionalidad y ruptura de procesos y mecanismos que se asocian al anterior régimen, y la creación de otras nuevas. Estas nuevas institucionalidades fueron apareciendo con limitada vinculación con  la academia nacional. Para la revolución bolivariana la academia organizada en las instituciones universitarias y de investigación no le ha sido de confianza. De hecho el gobierno ha preferido apelar a intelectuales de otros países en papeles influyentes para la construcción de  la teoría de sus planteamientos, antes que a los centros nacionales. Algunos de estos intelectuales pasaron y dejaron huella, otros son deliberadamente borrados.  De ellos mencionaremos algunos Ceresole, Giddens, Harnecker, Lebowitz, Dieterich, Boron, Ramonet, Monedero, Borrego.

El asumir el socialismo del Siglo XXI conlleva la asuncion de un marco teórico marxista. Sin embargo la auto definición del régimen fue reiterativa en el sentido de afirmar que no se trataba de un socialismo como el conocido en el siglo XX, por ello destacar que era un  socialismo del siglo XXI. Pero visto el acercamiento y acuerdos sobre temas de alta sensibilidad como relaciones internacionales, seguridad y defensa, inmigración, puertos, entre otros, con el gobierno de Cuba, ha dado lugar a que la influencia de Cuba sobre Venezuela y no al revés por ser este último el país mas grande y rico, conduce de hecho a un socialismo más parecido al viejo del siglo XX que a una alternativa diferente, por supuesto entendiendo que las propias condiciones económicas, sociales y políticas venezolanas son decisivas en determinar los resultados del tipo de régimen.   

En la relación entre Estado y Movimiento Sindical había predominado la teoría del  neocorporativismo, especialmente hasta el fin de los gobiernos de la IV república, procedente este tipo de relación desde los convulsos años sesenta hasta los noventa. La inestabilidad del primer régimen electo de R Betancourt (1959-1963) post un gobierno militar que dejaba oficiales en posiciones de comando de tropa, ya que su derrocamiento fue el resultado de una breve acción militar-civil fundamentalmente en la capital de la república,  al tiempo que se extendía la influencia de la revolución cubana en todo el continente,  creando un contexto sumamente frágil para cualquier gobierno, de ahí que se establecieron nexos de relación corporativa entre Estado y Sindicatos como necesidad de estabilizar la naciente democracia.   

Con la llegada de la   revolución bolivariana su relación con el mundo sindical es en una primera etapa de desconocer la importancia que había adquirido a lo largo de cuatro décadas de neocorporativismo, combatir al sindicalismo que encontró, luego intentar controlarlo, y al no poder lograrlo, promover medidas para erosionar sus cimientos, estimulando otras opciones de representación así como implantar mayores controles. No responde esta práctica sino a un estilo autoritario y militarista, ajeno a la auto definición de democracia participativa y protagónica de la primera etapa de la revolución, la que va de 1999 hasta el 2006,  así como la segunda que se auto define como de un socialismo XXI,  supuestamente distinto al viejo conocido del siglo XX.

A pesar de los tiempos revolucionarios que hemos vivido, el mundo del trabajo ha resentido la carencia de debates, como por ejemplo el ocurrido en el ámbito laboral poco antes del inicio de la revolución, en torno a la modificación del régimen de prestaciones sociales en 1997, debate observado antes, durante y después  de la discusión de reforma. Pero resulta que quince años mas tarde al ponerse en vigencia una nueva legislación laboral el régimen implantado 1997, tan cuestionado durante muchos años, se confirmó permaneciendo vigente  con la restitución del régimen que en aquel momento fue modificado, de tal modo que hoy están vigentes las dos opciones  y es el trabajador quién escogerá la que le ofrezca mayores ventajas. No deja esto de ser paradójico.  

Importante destacar sobre la importancia del debate, la Asamblea Constituyente -1999-, espacio privilegiado para el debate de proposiciones de un nuevo marco institucional para el funcionamiento global de la sociedad; sin embargo el avasallante liderazgo y carisma del recién electo Presidente Hugo Chávez obró en contra de permitir un debate profundo, los asambleístas   de la revolución carecían de votos propios, era un sistema llamado el quino de lotería, el gratificador de los resultados, trajo una desbalanceada  representación de asambleístas ajena a los resultados de votación. Agréguese que el desprestigio de las fuerzas políticas tradicionales las descalificaba para generar alternativas atractivas de modelos e instituciones. 

Finalizando, el contexto de polarización política dominante en los últimos años ha limitado el desarrollo de debates y confrontaciones teóricas. Los prejuicios niegan o restringen las  posibilidades que en un mismo escenario se confronten posiciones opuestas. La critica así como la reflexión  es evaluada no por su contenido y construcción, sino por quien la emite,  y por otro lado los medios de divulgación se hacen cada vez menos plurales. Evidencia se observa que publicar un documento de propuestas políticas y económicas de lugar a reacciones que lleven a la detención de autoridades electas o a ciudadanos es una señal regresiva en una sociedad democrática. 


@hl_lucena