lunes, 13 de octubre de 2014

PROPUESTAS DE EMPLEO Y DE FUTURO PARA LOS JOVENES


La puesta en vigencia de una ley para estimular el primer empleo en el marco de la ley habilitante,  dio lugar a la firma del decreto Ley de Empleo Juvenil y Emprendimiento Productivo,  este martes 7 del presente mes y año. El hecho mismo de que su aprobación haya sido en el marco de una ley habilitante nos plantea como consecuencia el haber sido considerada al margen de la discusión parlamentaria, lo cual le quita a la sociedad la oportunidad de conocer el debate y análisis que el caso amerita. 

  Con esta ley se repite lo ocurrido con la aprobación del Decreto con rango y fuerza de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y Trabajadoras, sobre la cual se hizo algo de ruido, con noticias y declaraciones de diversos voceros del ejecutivo, con el nombramiento de una comisión presidencial de integración unilateral con respecto a las visiones y perspectivas que el tema trabajo implica, de aquí que al final el país se enteró de lo aprobado como un hecho cumplido, en un texto que la sociedad conoció cuando ya estaba redactada en la propia gaceta oficial; incluso ocurrió que algunos miembros de la comisión presidencial no logran explicar el porque de ciertos textos incluidos en la versión definitiva del Decreto-Ley. Al final criterios desconocidos, se hicieron presente en un texto tan vital para la convivencia y la producción. 

  Volviendo a esta Ley de Empleo Juvenil y Emprendimiento Productivo, a la fecha de hoy el texto  aun no ha aparecido en gaceta oficial, sin embargo ello no obsta que nos permita ejercicios de análisis del tema, así como estimular reflexiones entre los involucrados. 

  Sobre las leyes habilitantes siempre ha de manifestarse que es un mecanismo que transfiere la función legislativa de su lugar natural como es el parlamento al poder presidencial, y que sólo aplica para situaciones de emergencia. Realmente el tema del empleo para los jóvenes no es un tema de emergencia, no por eso menos importante, sino más bien que es un tema estructural que adolece el mercado laboral en nuestro país y en las sociedades latinoamericanas en general. El tema amerita un genuino debate parlamentario y muy especialmente del debate de toda la sociedad que le compete el tema, que obviamente no es sólo a los jóvenes y a su familia que los apoya económicamente, sino también a los adultos y muy especialmente a las instituciones vinculadas con la actividad productiva y educativa, obviamente además de las políticas públicas relacionadas. 

   El joven es un actor en una condición etaria que se distingue claramente de los niños, de los adultos y de la tercera edad. En el ámbito de las estadísticas demográficas la categoría se ubica entre los 15 y los 24 años. Esto es importante para fines de la comparabilidad entre países y en un mismo país a lo largo del tiempo. 

  Sobre los jóvenes en los tiempos actuales hay que destacar que cuentan con competencias, calificaciones e informaciones mucho mayores que las que tuvieron los adultos de hoy en esa misma etapa etaria. Digamos que quienes hoy son adultos y/o de la tercera edad tuvieron menores competencias en varios campos como idiomas, en uso de tecnologías, en acceso a la información universal de todos los ámbitos humanos, todo ello les permite a los jóvenes estar más conectada con el mundo y el acceso a mayores posibilidades de identificar salidas y respuestas a interrogantes de los problemas que aquejan a la sociedad, no sólo en lo relativo a los problemas de su edad, sino de la sociedad en su conjunto. En las redes sociales, de tanto protagonismo hoy y se estima que para mañana, predominan los jóvenes. 

  Los adultos que han manejado el país, y por tanto han dirigido las instituciones sociales, económica y políticas, en buena medida han errado en sus conceptos y funciones, sino como se explica el fracaso que señalaron quienes accedieron al poder en 1998 y luego el estado que el país muestra tres lustros más tarde. La más cuantiosa riqueza que país alguno en el continente haya recibido en su historia ha sido despilfarrada, dejando un oscuro panorama para los jóvenes de hoy y de mañana. Los señalamientos caben para generaciones que han gobernado en las pasadas tres décadas y media. Dejamos de ser la sociedad del ascenso desde el inicio de los ochenta al día de hoy.

  Por primera vez existe en el mundo la diáspora venezolana. Cantidades de ciudadanos de este país dispersos por todo el mundo. Algunos por exclusión para el ejercicio de sus capacidades laborales y profesionales, digamos que la otrora tristemente celebre lista Tascón aventó una porción de venezolanos a otros lugares, también el genocidio laboral con el cual se cerró el paro petrolero y nacional de diciembre 2002-enero 2003. Pero la emigración sigue su ritmo, fuga de talentos con formación superior. Se agregan otros móviles, entre ellos la inseguridad, los bajos salarios, la poca calidad de los empleos, el deterioro de las condiciones de vida. Casi todos los países de la región ofrecen mayores posibilidades para sus jóvenes, sin riqueza petrolera pero administrando mejor lo que tienen. A los jóvenes les inquieta la incertidumbre de lo que vendrá mañana. 


  Los adultos que hoy gobiernan y los dirigentes en general, les ofrecen a los jóvenes un tratamiento de como si estuviéramos en tiempos ya pasados, con soluciones que buscan más bien entretener sean en propuestas deportivas con canchas e implementos para juegos, emprendurismos  improvisados y sin resultados probados, conciertos y bailoterapias, graffitis y tatuajes. Algunos jóvenes que acceden a posiciones de altas responsabilidades políticas igual se contagian de estas salidas, envejecen desde las alturas del poder con retóricas dogmáticas. Proposiciones que no asumen el eje que inquieta a los jóvenes, que es su aspiración a ser tratados como actores de transformación social de su realidad incierta y opaca. En definitiva, los jóvenes son más adultos de lo que se cree.