sábado, 10 de agosto de 2013

EVOLUCION DE MODELOS PRODUCTIVOS Y EL PROBLEMÁTICO CASO VENEZOLANO



            La historia industrial en el siglo XX se desarrolló dando lugar a tres fases claramente distinguibles.  Una primera caracterizada por una producción artesanal, donde obreros de oficio calificados –artesanos- producían bienes a partir de su propio dominio de los procesos de trabajo. El resultado de este esfuerzo laboral era una diversidad de productos que venían a satisfacer las demandas de las categorías sociales superiores, las que contaban con los medios para acceder a bienes personalizados.

            Una segunda fase se alcanza con el desarrollo de las fábricas y la producción masiva en serie de productos estandarizados, por parte de obreros con poca o ninguna calificación, cuyas funciones operativas estaban rigurosamente predeterminadas en descripciones de cargos y en manuales operacionales. Esta fase permitió que estos productos industriales estandarizados fueran accesible por sus costos y cantidades a los propios obreros que lo elaboraban.  

            Finalmente el siglo concluye con una tercera fase, la denominada producción ajustada. Japón fue el epicentro de estas prácticas productivas, que luego se extendieron a otros países. En esta fase se pasa a productos diversificados elaborados por trabajadores más calificados que los de la fase anterior, a precios competitivos, de calidad, a proveedores asociados a las marcas líderes en los distintos bienes que se distribuyen en todo el orbe.

            Pero la producción ajustada no pudo sostenerse como el modelo universal de la producción industrial más exitosa. Tanto el país –Japón- en donde logró asentarse con mayor profundidad, como las firmas emblemáticas  de este esquema, tuvieron necesidad de reestructurarse y en muchos casos asociarse con grupos extranjeros y retomar prácticas que en un momento se consideraron menos eficientes.  Por tanto las características mas sobresalientes del modelo fueron reemplazadas por otras más convencionales. El encanto que despertó la producción ajustada en casi todo el mundo fue disipándose. 

            Estas fases, y especialmente la emergencia de la tercera y sus dificultades de universalización, han sido foco de investigación de Gerpisa (Grupo de Estudio e Investigación Permanente sobre la Industria y los Salarios Automotrices) –  y se recogen en R Boyer y M Freyssenet  “Los modelos productivos” Edit Lumen, 2001. El sector automotriz es el más estudiado de todos las actividades productivas. Su capacidad innovadora, su complejidad organizativa, su vinculación con una amplia gama de sectores industriales, su nivel de desarrollo de las relaciones de trabajo, son factores que llevaron a cientistas sociales, tecnólogos, gerentes, hacedores de políticas públicas y la academia en general a interesarse minuciosamente por su funcionamiento. Un resultado del conocimiento que a nivel global se tiene sobre este sector es lo que se evidencia en obras como la citada.

            La industria es una actividad empresarial muy demandante de exigencias a quienes la asumen. En primer lugar los requerimientos de capital, de conocimientos y calificaciones, de riesgos. Una instalación industrial en plena producción no es resultado de la improvisación ni de la suerte. Es el concurso de la empresarialidad,  de liderazgo productivo, de políticas públicas adecuadas y de una plantilla de gente laboriosa.

            En nuestro país cada vez se nos coloca más lejos disponer de una estructura productiva industrial equivalente a nuestras necesidades como sociedad y nación. Hemos venido perdiendo industrias, ya porque se han ido a otros lugares, ya porque se han reconvertido a importadores o comercializadores, ya porque han cerrado.

            Un problema neurálgico a debatir es el tema de la ganancia, de la renta. No hay posibilidades de construir o preservar una estructura industrial sino se admite como un hecho normal la renta del capital, es decir la ganancia.  El debate incluye un nivel de renta que tome en cuenta complejidades, riesgos, cuantía del esfuerzo, en fin todo lo que ya quienes gobiernan han experimentado, al tener en sus manos la administración de miles de unidades productivas de todos los sectores y ramas que no han podido manejar con eficiencia, y que se les han venido deteriorando.

            Un avis raris en el conjunto de empresas industriales en manos del gobierno que venía funcionando satisfactoriamente, es Industria Diana. Pero ¿que ha pasado que de la noche a la mañana un ministro, decide cambiar la Dirección General y el equipo directivo?, los trabajadores reaccionan y se oponen a los que consideran los interventores. Se plantea un conflicto pero trabajando normalmente. Sin embargo la represión se hace presente, se militariza la instalación productiva, se promueve una campaña de desinformación, se niega el acceso de los planteamientos de los trabajadores a los medios de comunicación estatal, se intervienen teléfonos, se niegan los permisos para que los productos salgan a los centros de distribución y luego al consumo.

En fin uno se pregunta en que modelo productivo estamos  en Venezuela. Más importaciones, más dependencia, menos soberanía. El desespero por encontrar un camino productivo lleva a medidas improvisadas, que golpean lo que se tiene sin construir para el futuro. Las victimas son no solo los empresarios confiscados, sino los trabajadores que han perdido empleos, o que con la estatización pasan a tener empleos de menor calidad y más incertidumbre. O descendientes formados que miran al exterior como alternativa. Mientras tanto hay desagües de recursos por malversación, corrupción e incompetencias en ensayos sin éxito ni futuro. Por otro lado comprometemos nuestra soberanía, con presencia extranjera cada vez más voraz en actividades productivas nacionales.