domingo, 5 de mayo de 2013

¿CUAL ES EL NIVEL DE DESARROLLO DE LA CIUDADANÍA Y DE LOS DERECHOS LABORALES ?




Los despidos y atropellos a trabajadores por el hecho de disentir políticamente del gobierno, llevan a plantearse y preguntarse ¿cual es el nivel de desarrollo de la ciudadanía y de los derechos laborales en nuestra sociedad? Incluso si se aceptara como cierto que no han ocurrido despidos, así  ha respondido el gobierno a las denuncias, es notoria y de carácter público las amenazas contra colectivos numerosos de servidores del Estado. Hasta un ministro fue grabado en plena amenaza a todo el personal de un ministerio, entonces hablamos de decenas de miles de amenazados en esa sola intervención.

El problema es masivo y por tanto es menester analizar esta anomalía. Comparemos que cuando un médico por ejemplo se equivoca en un acto quirúrgico y el paciente queda peor que antes de ingresar al quirófano o muere. Se expone el equipo responsable de este acto llamado de mala praxis,  a las consecuencias de las acciones judiciales de los familiares de la victima. Acciones en este sentido son cotidianas. 

En el ámbito del trabajo, quitar el empleo a quién lo ejerce rectamente es un acto atropellante y  violento contra el trabajador y su familia. Es un acto de mala praxis administrativa, y para el caso deja victimas, personas que pierden su inserción laboral, su carrera. Cuando son cientos o miles los afectados estamos en presencia de un genocidio o exterminio laboral.

Se entiende que puede haber responsabilidades de parte del trabajador por lo que su despido se justificaría solo en caso que medien faltas graves, las que están señaladas en la legislación. Incluso hay que demostrar y probar claramente las faltas en cuestión, y permitir el derecho a la defensa del acusado.

Si el despido es el caso extremo en la materia que tratamos, hay que tener presente y llamar la atención del acoso moral y el asedio laboral como agresiones cotidianas. Muy eficaz para el patronato abusador,  en un contexto caracterizado por la percepción de los trabajadores de la importancia de obtener un trabajo estable y por el miedo a perderlo. Las presiones en la vida diaria, en la jornada laboral, en un escenario de escasez de empleo genera un notable daño psicológico.

Pero bajo ninguna circunstancia se puede considerar falta el pensar diferente en lo político, salvo que este incurso el trabajador en acciones terroristas, y sea demostrado su ejercicio. Del lado del patrono, que tiene todo el poder administrativo es viable acopiar registros del trabajador para demostrarlo, en caso de ocurrir situaciones extremas que entren en esta categoría, hechos irregulares notorios por parte del trabajador, ya que el patrono cuenta con todo el aparato burocrático de control y seguimiento,  y en el caso de un patrono estatal se le agregan  los controles y registros de otras entidades del Estado que interactúan entre si.

Todo este aparataje gubernamental coloca al trabajador en situación de minusvalía y de extrema debilidad. Su defensa descansa en el desarrollo de la ciudadanía, de las instituciones, de los derechos laborales y de sus organizaciones autónomas. Todo lo que correspondería a un desarrollo democrático.

Existe un notable déficit de desarrollo de la ciudadanía y de las instituciones.  En nuestra contribución del pasado octubre “Asistencialismo y Ciudadanía” (  http://hectorlucena.blogspot.com/2012/10/asistencialismo-y-ciudadania.html ) destacábamos que es lo primero lo que realmente ha avanzado en los últimos catorce años, mas que el desarrollo de la ciudadanía, y que por otro lado ha dado convenientes réditos electorales a quién lo ha practicado en estos años de frecuentes elecciones.    

            El asistencialismo crea y refuerza la subordinación y el conformismo de la persona y la familia, ante quien te asiste. La ciudadanía por el contrario fortalece la capacidad de critica y reclamo ante quien administra los recursos de todos, porque los ciudadanos le otorgaron esa posibilidad. Tanto los que favorecieron con su voto al ganador, como los que optaron por alternativas diferentes, todos son ciudadanos iguales para sus relaciones con el Estado y las instituciones. Todos cumplen con sus responsabilidades de servidores del Estado, si es a él a quién prestan sus servicios, o en general el ejercicio de la ciudadanía ante quién percibe y administra los recursos de todos. Quién desde el Estado no respeta la ciudadanía, sino que la atropella, no merece ejercer esa función pública.

            La institucionalidad para atender el ejercicio de la ciudadanía, debe ser profesional y actuar con sentido de Estado, y no de parcela política determinada. De lo contrario las personas son discriminadas entre quienes están conmigo y quienes no, y eso mismo es insuficiente desarrollo de la ciudadanía. Quién ejerce el poder y no supera esta limitación se convierte en fuente de dificultades y a la larga de crisis política.

            Los derechos laborales se desenvuelven en el marco de lo que hemos descrito; severas limitaciones tendrán para su cabal expresión y cumplimiento, si no hay un genuino desarrollo de la ciudadanía y la institucionalidad.  Mas y nuevas leyes laborales se agregaran al inventario de regulaciones que se aplican con sesgos y discriminación, perdiéndose la oportunidad para la convivencia productiva y el bienestar de los que laboran.

            Se vive de frases efectistas como “tenemos la legislación laboral más avanzada del mundo”.. Para empezar se trata de un Decreto Ley que nació sin el debate parlamentario, sin la pluralidad que corresponde, y cuya institucionalidad en su primer año ignora atropellos en el propio patronato estatal, en donde laboran dos de cada cinco trabajadores del sector formal.