lunes, 12 de diciembre de 2011

“Hay una brecha entre el discurso y los indicadores laborales”

A continuación texto de entrevista sostenida con periodista Clavel Rangel, y publicada en El Correo del Caroní, en su edición del lunes 12-12-11

Héctor Lucena, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Carabobo, analiza el escenario sindical venezolano y las políticas laborales en vísperas de un año eminentemente electoral.


Clavel A. Rangel Jiménez
crangel@correodelcaroni.com
Foto William Urdaneta

[El especialista en relacionales laborales Héctor Lucena destaca la importancia de escuchar las experiencias positivas en la administración de conflictos]

El especialista en relacionales laborales Héctor Lucena destaca la importancia de escuchar las experiencias positivas en la administración de conflictos
Héctor Lucena es un curioso del mundo del trabajo. Como estudioso de este campo ha escudriñado con rigurosidad los sucesos en el movimiento sindical, especialmente los convulsionados últimos 10 años de la Venezuela “revolucionaria”.

Por eso, cuando dice que la conformación de la Central Socialista Bolivariana de Trabajadores hay que verla “con prudencia”, lo sugiere como conocedor de esos ciclos.

Y para referirse a este nacimiento mira en retrospectiva. Se enfoca en los hechos que desencadenaron la génesis y agonía de la Unión Nacional de Trabajadores (Unete), la cual resume en la omisión de la discusión de base, entre otros agravantes.

“El origen de una central sindical deben ser las federaciones, y el origen de las federaciones deben ser los sindicatos, y de los sindicatos la asamblea de trabajadores, es decir, ése es el ciclo. Ese ciclo debe desembocar en una central sindical”, señala el coordinador del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Carabobo y autor de Las Relacionales Laborales en Venezuela y Lo Laboral en Tiempos de Transición.

Los últimos intentos del movimiento de los trabajadores no han tenido esas características. En principio, señala, porque no son súbitos. Al contrario, son lentos.

“La CTV nació en el año 36, por arriba, y duró poco, pero luego se reconstituyó en otro tiempo, en otro momento, y tuvo su estabilidad en una etapa importante; la Unete también nació de arriba. ¿Cuál es el balance? Se fragmentó rápidamente. Se volvió pedazos porque nació sin ese proceso. Nació por la facilidad que se le da desde el Gobierno en darle un registro y luego darle convocatoria, acceso y entrada”, expone.

La estructura de presidente y de secretarios generales planteada en la nueva organización, a diferencia de las coordinaciones planteadas en la Unete, no son garantía de que se resuelvan los problemas de fondo, como la estabilidad y la autonomía del movimiento.

“Si tienes buenas relaciones con el Gobierno, ese no es el pecado. Esa es una alianza importante para las metas, pero también es una alianza que tiene que tener unos límites en su modo de funcionar, porque de lo contrario se convierte en un instrumento del Ejecutivo, en una etapa donde hay decisiones importantes que son del interés del movimiento de los trabajadores”.

- Considerando las características con las que se constituye esta nueva Central Socialista, ¿hay perspectivas de que pueda cumplir un papel de liderazgo entre los trabajadores?

- Hay que verlo con prudencia. No es para brincar de alegría. Un gobierno, por más poderoso que sea, tiene prioridades que no son, necesariamente, las del movimiento de los trabajadores. Tiene prioridades electorales, de gobernabilidad, alianza con otros sectores, política exterior…

El proceso de hoy es más direccionado de arriba para abajo, y eso trae una dificultad de cohesión. Si se buscan los estatus de la Unete no existen, eso es muy revelador de un trato, desde la administración del trabajo, muy generoso.

Concepción universal
El investigador considera que Unete cumplió un papel invaluable para los objetivos del Gobierno: desplazar a la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV).

“Su pura presencia, su vocería en los escenarios internacionales, fue colocando a la CTV en situación cada vez más difícil hasta que hoy está casi invisible. El Gobierno le debe a la Unete que eso haya ocurrido. Una función que se sabía que estaba planteada, pero hay funciones que se plantean y no resultan. Pues ésta resultó”, asevera.

- Pareciera haber la intención de que la central sea un instrumento político que, si bien no cohesiona a los trabajadores, mediáticamente cumple sus objetivos.

- Una central sindical es una estructura que le sirve a cualquier Gobierno en cualquier país para que haya interlocución, para que haya diálogo, para que haya intercambio, sin necesidad de que eso se vea peyorativo. No es, para nada, peyorativo. Pero si en esa central sindical es el Gobierno quien determina cómo ha de cumplir esa función, esa no es una regla muy clara. Esa es una cosa que tienen que decidir las centrales, porque sino el movimiento pierde una oportunidad importante de definiciones propias.

- La participación a través del control obrero, ¿es un hecho positivo en sí o trae peligros para el movimiento sindical?

- Uno oye a algunos conocedores y participantes de la experiencia que reiteran que el control obrero y el sindicato no se solapan, que son definiciones muy delimitadas, pero no es fácil aceptar tal definición porque a quien sí se les tiene bien definidas las reglas del juego, de hasta dónde llegan sus facultades, es al sindicato. El sindicato es una concepción universal donde concurren corrientes diversas, pero el control obrero es una concepción del régimen con un sesgo mayor.

- Después de casi 10 años de la formación de Unete ¿Percibe un movimiento emergente de los trabajadores?

- Por el lado de las corrientes tradicionales creo que ha habido un decantamiento a lo que ha sido AD (Acción Democrática) y Copei (Comité de Organización Política Electoral Independiente). Han aparecido personas con interés en constituir otras opciones, como el Fadess (Frente Autónomo en Defensa del Empleo, el Salario y el Sindicato) o el MSL (Movimiento Solidaridad Laboral). Claro, construir un movimiento implica voluntad y también recursos, (porque) hay que organizar actos, movilizar gente, etcétera. Fadess es un ensayo, pero pienso que es modesto en cuanto al alcance. Así que, pensar refundar o replantearse (el movimiento sindical) en un año como el que viene, donde se prioriza lo electoral, va a estar en un papel no prioritario.

Pienso que cualquiera sea el resultado de octubre, va a ser un momento bueno para los trabajadores porque significa el cierre de un ciclo.

- Se analizó, hace algunos años, que la crisis de los partidos, el ascenso de Chávez y la participación de la CTV en el paro petrolero dinamitaron las bases del movimiento sindical. ¿Ahora hay un retorno de los trabajadores a las organizaciones políticas?

- Lo que veo es mucho reclamo. La gente reclama y tiene más reclamos. Hay quienes dicen que es por la permisividad. Yo no le creo así, porque sino no hubiesen casos como los de criminalización de la protesta.

La conflictividad no siempre es expresada en parar la fábrica, o parar la planta, o hacer una marcha para ir al Ministerio del Trabajo… es la actitud, lo que se oye en la conversa de la gente.

- El Presidente ha fomentado esa actitud contestaría al promover la contraloría social y otros mecanismos de empoderamiento. ¿Eso se ha revertido hacia el propio Ejecutivo?

- El asistencialismo sigue siendo fuerte, y si la situación económica de las empresas es difícil y no se crean empleos y el país tiene un PIB estancado, entonces el movimiento encuentra dificultades estructurales para poder tener más garra como organización.

En una situación como esa, el asistencialismo encuentra más oportunidad, porque te brinda apoyo sin contraprestación del trabajo.



Históricamente, la conciencia la da para reclamar que eres explotado, subordinado, que creas riquezas para otros, pero ahora la conciencia también tiene que ver con el hecho de que no se te cumple con una beca o con una asignación que estaba programada, y eso ocurre porque se hace de eso mucha propaganda.

Allí hay un fenómeno que no es que se le escapa al Gobierno, sino que se le sobrecarga de asistencialismo y eso le crea la dificultad para crear empleos dignos, decentes y productivos.

- ¿Hasta cuándo ese discurso puede ser efectivo en los trabajadores?

- Ese discurso es efectivo en el nivel emocional; es empático, pero al final de los procesos el contrato colectivo está congelado y hay problemas de inserción laboral. Entonces, hay una brecha entre el discurso y la cotidianidad expresada en los indicadores laborales.

Un indicador importante laboral es cómo se distribuye el ingreso nacional entre trabajo y capital. Ya sabemos que capital es capital privado o público. El ingreso a lo largo de los últimos años se ha distribuido más hacia el capital que hacia el trabajo. Claro, el trabajador en la base lo siente de alguna manera.

Iban muy bien los indicadores de la disminución de la pobreza pero se han estancado, y combatir la pobreza no es exactamente igual a una mejor distribución de capital trabajo; se trata de otras aspiraciones mayores, lo que debe ser fluidez productiva, ambiente de convivencia, calidad de vida y progreso de la gente. Eso es lo que importa.

Marco legal

- ¿Es necesaria una reforma o una nueva Ley Orgánica del Trabajo?

- Eso hay que verlo. Hay quienes hablan de reformas puntuales que están en la Constitución, y hay quienes hablan de una nueva relación laboral. Hay que oírlos a todos pero, como este es un asunto muy amarrado al Presidente, hay que ver por cuál se inclina.

- En comparación con otras legislaciones del mundo, ¿Venezuela está regazada o todavía es una ley de avanzada?

- Hay países que tienen leyes más avanzadas pero cubren a más gente, y hay países que tienen leyes muy avanzadas pero cubren a menos gente. Aquí lo que importa es que de una población laboral de 13 millones, ¿cuántas están cubiertas por la legislación laboral?

- ¿Qué indicadores hay?

- Bueno, los indicadores son cómo está distribuida la población entre formales e informales. Eso es tajante. Y (además) cómo se observa en la justicia laboral en que la mayoría de los reclamos tiene que ver con que si es o no trabajadora dependiente.

-¿Qué riesgos se corren si no se da una discusión profunda?

- El primer riesgo es dificultades de aplicación, que no sea coherente, que no sea precisa y que genere más conflictos encontrados, y entonces se desate una cadena de problemas adicionales a los existentes. Y el otro riesgo que existe es que, por generar expectativas económicas determinadas, las empresas migren a cooperativistas, a contratistas y se produzca un retroceso.

La voluntad de los líderes a veces no encaja con la realidad económica ni con el sistema productivo, ni con las capacidades; para que encaje hay que debatir mucho, consultar y bajar a los empresarios, no sólo a los trabajadores.

Hay empresas como Polar, que es un grupo que cumple y trata de tener a la gente contenta. Menciono esa porque es casi un caso emblemático. Hay otros ejemplos menos sonoros. Esos ambientes, que funcionan bien, hay que oírlos porque esos son los mejores referentes. Los mejores referentes no son esas empresas que andan con tanto lío.

¿Quién es Héctor Lucena?

- Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Glasgow.

- Coordinador del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Carabobo.

- Autor de Las Relacionales Laborales en Venezuela y Lo Laboral en Tiempos de Transición, entre otras publicaciones.

- Titular de la columna Mundo laboral en el diario Correo del Caroní.