domingo, 29 de mayo de 2011

Pueblo contra Pueblo. Trabajadores contra Trabajadores

En los primeros años de la década del sesenta el país pasó rápidamente de la euforia del 23 de Enero a la confrontación política de manera radical. El espíritu de esa fecha permitió convocar rápidamente a elecciones, desarrollar una campaña de altura, a pesar de las amenazas de militares que añoraban el pasado perezjimenista, como fue la asonada dirigida por Castro León en julio de 1958. Se realizaron las elecciones presidenciales y legislativas, y a pesar de que se carecía de una tradición electoral, atrajo una entusiasta participación electoral de más del 92%. Compárese con las elecciones de los últimos veinte años, con participación electoral que van del 55% al 65%.

La confrontación de elementos que habían tenido una participación protagónica en la lucha contra la dictadura militar, no tardó en aflorar. Es así que se produjo un cisma entre las fuerzas políticas, dando lugar a una polarización que se mantuvo presente de manera aguda por varios años, incluyendo acciones terroristas de ambos lados, así como lucha armada focalizada en algunas zonas del país.

En el marco de la situación planteada, queremos recordar un aspecto peligroso en las etapas iniciales de la confrontación. Se trata de la promoción de lo que llamaríamos enfrentar a pueblo contra pueblo.

Justamente en los primeros años de la década del sesenta, 1960-1961, recordando a Barquisimeto, el Liceo “Lisandro Alvarado” era el epicentro de la protesta estudiantil, incluso un poco más allá de este sector, por vinculaciones existentes con líderes de otras esferas sociales. En dicho liceo convergían estudiantes de todo el estado Lara, era el único liceo público en todo el estado, además se incorporaban estudiantes provenientes de estados vecinos, Portuguesa y Yaracuy.

Lo que interesa destacar en este artículo es el hecho de que la protesta estudiantil lisandrista, la combatió el gobierno regional apelando a la estrategia de enfrentar pueblo contra pueblo. Para entonces el gobernador del Estado Lara, era Eligio Anzola Anzola, un dirigente acciondemocratista que había tenido participación relevante en su partido desde su misma fundación, y funcionaba como en todo el país, la alianza gubernamental con Copei.

Pues bien, la sede del “Lisandro Alvarado” era asediada por vehículos pertenecientes al Ministerio de Obras Públicas –MOP-. Se trataba de obreros y militantes del partido oficial que obstaculizaban las protestas que tenían como punto de partida el liceo, e incluso los militantes armados disparaban a los estudiantes. Las victimas no tenían adonde ir a plantear estos abusos, y los agresores gozaban de impunidad.

Después se multiplicaron las confrontaciones y radicalizaciones que ya nadie pudo detener. Al final de la década el balance mostraba un listado de víctimas, quizás minimizado por que la mayor parte de ellas eran obviamente del lado de los perdedores.

Hoy, cincuenta años más tarde, volvemos a observar la estrategia de promover la confrontación pueblo contra pueblo, y concretamente trabajadores contra trabajadores. Es por lo que vale la pena recordar aquel capítulo, ya que no sirvió para el avance de la sociedad ni para el bienestar del pueblo. Más bien, éste puso las victimas – sean muertos y heridos- así como a los agresores visibles, dejando traumas que pervivieron por años. Enfrentar consejos comunales con sindicatos, así como grupos de un sector productivo contra otros grupos laborales, es enfrentar pueblo contra pueblo y trabajadores contra trabajadores ¿A quién beneficia esta estrategia?