sábado, 2 de octubre de 2010

Protestas Laborales y Resultados Electorales

A propósito de los resultados electorales del pasado domingo 26S, retomamos nuestra entrega en esta columna del pasado 11 de julio –“Protestas Sociales y Laborales-Se confirma que las protestas laborales han de seguirse por medios no oficiales, dada la deuda que el despacho del ramo tiene con esta obligación elemental de ofrecer pormenorizadamente las estadísticas laborales del caso.

El documento “Manifestaciones Públicas Enero-Junio 2010” –Provea y Espacio Público- da claramente cuenta de la tendencia del incremento de las protestas públicas. Esta tendencia es similar a la observada en el pasado año 2009. De tal manera que estos dos años son los que muestran la mayor conflictividad en las últimas dos décadas.

Los ocho estados con mayor conflictividad son en este mismo orden Zulia, Distrito Capital, Carabobo, Miranda, Aragua, Anzoátegui, Bolívar y Lara. Representan más del 80% de la conflictividad del país.

Lo otro importante para valorar los conflictos y composición de la población, es el hecho de que estos Estados concentran la mayor parte de la población del país. Los datos de nuestra fuente, destacan que el mayor porcentaje de las motivaciones de los conflictos es por asuntos laborales -30,61%-, se destaca en un análisis de veintiséis razones diversas que motivan la conflictividad social, pero las protestas laborales representan un alto peso, al punto de duplicar a la segunda causa de protestas; que refiere por cierto a necesidades de servicios básicos, por supuesto que nada ajenos a los trabajadores.

Con lo planteado lo que se trata de subrayar es la reemergencia de la protesta laboral como elemento a considerar en los análisis. Esto es importante por el hecho de que en el lapso que va desde 1999 hasta el 2008, la protesta laboral no fue predominante. Además el sector de los trabajadores mostraba algo de confianza en la conducción oficialista, dando margen a confiar en los dirigentes y en los mecanismos de intermediación oficialista.

Lo anterior obliga a mirar que ha pasado en estos estados con la mayor conflictividad laboral y con la mayor población del país. De esos ocho estados, en cinco de ellos el dominio oposicionista es amplio, casos como Zulia con una ventaja del 20%, Miranda con 16%, Anzoátegui con 11%, Carabobo con 10%. En Lara sumando las dos corrientes oposicionistas, sacan un 10% por encima del gobierno nacional. Pero en los dos estados en donde el oficialismo conserva su mayoría, comparando estos resultados con las elecciones pasadas –Referéndum Febrero 2009-. La ventaja del oficialismo se redujo en Aragua de un 22% a 4%, y en Bolívar de un 16% se redujo a 3%. El Distrito Capital de una ventaja del 4% se pasó la igualación.

Socialismo sin Movimiento de los Trabajadores

En el conjunto del país es de destacar que una propuesta autodenominada socialista es victoriosa en los estados en donde no hay predominio de los trabajadores organizados, más bien con un componente rural y de actividades tradicionales importante. En cambio muestra debilidades en los estados en donde si predomina el movimiento organizado de los trabajadores. Visto lo anterior, luce simplificador el uso de denominaciones de votación de la “ultraderecha” o de la “oligarquía”. Confiamos que pronto han de conocerse análisis que se adentren en este fenómeno, y se salgan de esquematismos.

Para terminar, es importante destacar que la creciente población prestando servicios al Estado, sea como trabajadores directos o indirectos, sea como contratistas, cooperativas, suman una porción importante de fuerza de trabajo. Véase que lo primeros –directos- ya van por los 2.300.000, agréguele los indirectos y las otras categorías mencionadas, y estaríamos llegando por lo menos a unos cuatro o cinco millones de trabajadores. Ahora, éstos y sus familiares ¿donde están votando? Fíjense que dejamos de lado a la amplia población misionera, por considerar que no se vinculan con el proyecto oficialista por razones productivas, sino por ser beneficiarios de tradicionales prácticas asistencialistas, aunque la calidad de la asistencia pudiera estar planteando reservas, pero ese sería un análisis en otro momento. El asunto es que el asistencialismo resta peso a las posiciones de autonomía de pensamiento y acción; lo que marca una diferencia clave con la vinculación por razones productivas. Por tanto, todo parece indicar que mucha gente en contacto directo con las políticas oficialistas, por su condición laboral, no ha sido cautivada por el proyecto socialista.