martes, 29 de enero de 2008

Revolución Bolivariana y Sindicalismo

Publicado en El Nacional el 15-1-08, pag.14

Un proceso revolucionario sugiere una relación estrecha entre quienes dirigen el gobierno y el movimiento de los trabajadores. Este movimiento en su expresión sindical dispone de una capacidad de movilización y acción que es significativa para quienes ejercen el gobierno. Sin embargo algunas de estas lógicas no se han cumplido en el caso venezolano.

El gobierno bolivariano se plantea en un principio despojar al movimiento sindical de las prebendas que fueron acumuladas en el régimen anterior. Medidas que no se veían con malos ojos, tanto desde las bases sindicales, como de otros sectores de la sociedad venezolana.

Para quienes no dudaban de la orientación revolucionaria del régimen, se trataba de combatir a un movimiento sindical reaccionario al servicio de la derecha. Para combatirlo se promovió y alentó a otras corrientes sindicales.

La revolución bolivariana nace con poca fuerza sindical. Sin embargo acumula un historial de triunfos electorales nacionales. Hay que tener presente que la población trabajadora no sindicalizada es mayoritaria, especialmente por la informalidad. Ha aumentado el número de sindicatos, pero no la población sindicalizada, más bien lo que ha venido ocurriendo es un continuado proceso de fragmentación, el denominado paralelismo sindical, que refiere a la legalización de sindicatos en donde ya los hay, generando tensiones y fricciones entre los propios trabajadores.

Por otro lado la UNT en su nacimiento -2003- no deja de observarse rasgos que conllevan limitaciones que plantean consecuencias en el corto plazo. En primer lugar, el hecho de que su nacimiento es parte de una retaliación organizacional hacia el movimiento cetevista. La UNT, no obstante la ventaja que otorga disponer del apoyo oficial, nace sin celebrar un congreso fundacional y sin estatutos, en condiciones apresuradas, beneficiándose del apoyo y facilidades del Ministerio del Trabajo, tras un acuerdo de las principales corrientes y dirigentes que venían enfrentando al liderazgo de la CTV, ya sea en su seno o desde afuera. Este nacimiento se caracteriza por ser del tipo “acuerdista”, es decir por arriba, sin asambleas constitutivas. Sus dirigentes lo justifican por la crisis política reinante para entonces. Nace como la propia acción de los dirigentes, en un ambiente estrecho, de una convergencia de dirigentes, y algunos de ellos sin una cierta y efectiva trayectoria sindical.

Pero al poco tiempo se evidencian contratiempos para satisfacer los elementos mínimos de una organización democrática, como es la definición de sus estatutos y reglas de funcionamiento, así como la elección directa de manera democrática de sus autoridades. Obstáculos en su propio seno y dificultades derivadas de las políticas del propio gobierno han impedido un funcionamiento democrático de esta central.

Sus dirigentes se fijaron un año para hacer un congreso y unas elecciones por la base. Pasó el primer año, el segundo y sólo es al cabo del tercer año – mayo 2006- cuando se celebra el II congreso, pero en un ambiente de pugnacidad que no permite su realización ni la aprobación de los estatutos en discusión.

Posterior a este evento, la crisis interna en la UNT persiste, cinco corrientes se disputan las posiciones de poder. Realizar las elecciones por la base de la dirigencia de la UNT se ha convertido en un vía crucis. Pretextos y explicaciones surgen para postergarlas y evadirlas.

Finalmente el fomento de nuevas formas de organización del trabajo – consejos socialistas de trabajadores- y de la propiedad, apunta hacia una erosión paulatina de las bases de sustentación de un movimiento sindical, como es la autonomía e independencia de los trabajadores. La promoción desde las políticas gubernamentales del cooperativista, el misionero, el cogestor, el trabajador comunitario y el trabajador voluntario, son figuras que complican el desenvolvimiento de la organización autónoma de los trabajadores.